TERUEL DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

 

INTRODUCCIÓN

El siglo XVII supuso para la provincia turolense una gran regresión demográfica y, por consiguiente, económica. Hambres, malas cosechas, etc, y ante todo, la expulsión de los moriscos (1610) constituyeron las causas de tal regresión. Teruel participó del ocaso cultural, social y económico como el resto de Aragón, agudizado en el siglo XVIII por la guerra de Sucesión (1705-1714). A pesar de que la ciudad fue partidaria de Felipe V, no se vio favorecida a la hora de la abolición de sus Fueros.

 

LA GUERRA DE SUCESIÓN EN ARAGÓN

Felipe VTras la muerte , sin hijos de Carlos II (1705), las monarquías francesa y austríaca comenzaron a disputarse el trono de España. Felipe V, nieto del rey de Francia (Luis XIV) fue quien subió al trono, pero con la oposición del archiduque José Francisco Carlos, hijo del emperador de Alemania, que se consideraba legítimo heredero, y quien prometió respeto a los fueros y privilegios, justicia social, e incluso abolición del régimen señorial.
El archiduque, tras desembarcar en Cataluña con un poderoso ejército, se dirigió hacia Aragón, y aunque las tropas de Felipe V intentaron hacerle frente, fueron derrotadas en dicienbre de 1706. Como consecuencia de ello la mayoría de las localidades turolenses reconocieron como rey al archiduque. Pero despues de dos años de combate y ocupar Valencia y Zaragoza, Felipe V se apoderó de Teruel, Albarracín y Alcañiz, siendo reconocido por sus habitantes como rey.
Hasta finalizar la guerra en 1714, fue necesario mantener a un gran ejercito y para ello se aplicaron ciertas medidas sobre los vencidos aragoneses: confiscaciones, multas, contribuciones, alojamiento de tropas, etc. Hasta el final de la guerra, la provincia de Teruel tuvo que soportar continuos ataques y emboscadas en las proximidades de Castellón y Tarragona.

ABOLICIÓN DE LOS FUEROS

Fuero de TeruelEl nuevo rey ,Felipe V de Borbón, consideró que la Corona de Aragón, al rebelarse contra él, era culpable de traición, pues sus gentes habían optado por el archiduque Carlos y habían perdido la guerra. Por tal motivo tomó como represalia la abolición de los fueros.
Desde la Edad Media, Cataluña, Aragón y Valencia eran independientes jurídicamente y cada una de ellas contaba con su propia moneda, leyes y administración privada; tan sólo estaban vinculadas por un rey común que, a partir de los Reyes Católicos lo sería también de Castilla. Pero a partir del siglo XVIII, con Felipe V, se unificaría la legislación, y así, con los Decretos de Nueva Planta (1707) se abolieron las Cortes de Aragón, el Justicia, la Diputación y el autogobierno de los municipios. El objetivo era sustituir la normativa foral por la castellana.
A partir de entonces comenzaron a implantarse los corregidores en las ciudades aragonesas más importantes, correspondiéndole a la provincia de Teruel cuatro: los de Daroca, Albarracín, Teruel y Alcañiz. Cada corregidor era nombrado por el rey y constituía la máxima autoridad política y militar. Dirigía su municipio y  territorio correspondiente e impartía justicia tanto civil como criminal. Además, aquellas comunidades de aldeas, que hasta el siglo XVIII estuvieron dirigidas por un procurador general, fueron reorganizadas en 1708 y 1725, y pasaron a depender del corregidor.
La reforma institucional emprendida se completó con la reestructuración de la Audiencia de Zaragoza, suprimiendo el antiguo Consejo de Aragón e incorporándolo al de Castilla. Con esta medida los aragoneses habían perdido sus instituciones, pero a cambio se les abría una nueva posibilidad que supieron aprovechar algunos ilustrados turolenses: poder alcanzar cargos y honores fuera de Aragón.
El principal problema generado por estas nuevas instituciones del siglo XVIII fue el endeudamiento. A la destrucción bélica había que añadir las multas y contribuciones forzadas para hacer frente al mantenimiento del ejército. Los municipios y comunidades, incapaces de pagar tales gastos, no tuvieron otra opción que endeudarse.

LAS CLASES SOCIALES TUROLENSES

LA NOBLEZA

Puerta del palacio del Marques de Tosos - Rubielos de Mora (Teruel)En todo Aragón los nobles podían gozar de un título de conde, duque, marqués o barón, o ser simples caballeros. Algunos de ellos como los duques de Híjar o Aliaga, los condes de Fuentes, Priego o la Florida y el barón de Escriche, mantuvieron importantes patrimonios en la provincia de Teruel. A semejanza de la realeza, solían casarse entre sí para acumular títulos, riquezas y posesiones inmensas. Por lo general solían residir fuera de Teruel, en grandes palacios de Zaragoza, Madrid, etc, dejando al cargo de sus posesiones a un administrador el cual gestionaba el cobro de las rentas a los campesinos, impartía justicia en nombre de su señor y le rendía cuentas periódicamente de su gestión.
En lo que respecta a la provincia de Teruel los señoríos fueron escasos, ya que la mayoría del territorio era de jurisprudencia real, bien bajo la forma de comunidades y ciudades, bien como encomiendas de Órdenes Militares. La nobleza más bien provenía de aquellos que, durante la Edad Media, se comprometieron a servir al rey con sus armas a cambio de la exención de impuestos. En Teruel y Albarracín un tres por cien de la población fueron señores y constituyeron la verdadera clase dirigente. Disponían de tierras y ganado, se dedicaron a actividades comerciales y ocuparon los principales cargos en los ayuntamientos pasando de padres a hijos. Aunque con la llegada de los corregidores perdieron gran parte de su poder político, siguieron manteniendo su estatus social. Como nobles que eran, ostentaban públicamente sus armas y eran quienes representaban a las ciudades en Cortes.

EL CLERO

Portada del Palacio Episcopal de Albarracín (Teruel)En el siglo XVIII existían en la provincia de Teruel tres jurisdicciones eclesiásticas con dos obispados:  Las diócesis de Teruel y Albarracín, que se correspondían con el territorio de sus antiguas comunidades de aldeas, y el Bajo Aragón perteneciente a la archidiócesis de Zaragoza. A ello hay que añadir las colegiatas de Rubielos, Mora y Alcañiz. En total alrededor de 715 clérigos distribuidos en tres grupos:
El Alto Clero, formado por obispos y vicarios generales, procedentes de familias nobles que al no ser primogénitos no podían heredar el patrimonio familiar y se les orientaba a la profesión eclesiástica. Sus rentas anuales eran superiores a los 100.000 reales de vellón.
El Clero Medio, estaba compuesto por canónigos, rectores y vicarios de las parroquias más importantes de las ciudades, como por ejemplo la de Teruel que, desde la Edad Media, estaban agrupadas en un capítulo general eclesiástico y reservadas, por derechos de sangre, para los hijos de las familias de la oligarquía urbana. Sus rentas oscilaban entre los 5.000 y los 20.000 reales anuales.
El Bajo Clero, en el que quedaban incluidos los párrocos rurales, presbíteros, capellanes y clérigos que, aunque disponían  de algunas rentas, solían ser tan escasas que tenian que dedicarse a otros menesteres para sobrevivir.
Los ingresos de la iglesia eran de tres tipos:  los que procedían de los pagos de los actos de culto, aportados por particulares; los procedentes de los diezmos (una décima parte de los productos de los cristianos: cereal, cáñamo, lino, ganado, etc.), y los ingresos provenientes de las rentas anuales vitalicias y de los préstamos a municipios y particulares. Aunque gozaba de ciertos privilegios fiscales, a partir del concordato de 1753 se vio obligada a pagar impuestos y contribuciones por los bienes adquiridos.
Grabado de Francisco PiquerEn el ámbito cultural y educativo turolense, la iglesia tuvo un papel muy destacable. Los principales ilustrados turolenses del siglo XVIII fueron clérigos, y muchos eclesiásticos pudieron salir de la provincia a cursar estudios en las universidades de Zaragoza, Huesca y Valencia, transmitiendo, a su vuelta, las nuevas corrientes científicas y pedagógicas.
Como consecuencia de este interés cultural se crearon importantes colegios de gramática: los Jesuitas en Teruel (1744), los escolapios en Alcañiz, Tramacastilla y Albarracín, y los dominicos que impartían estudios en sus conventos.
El único centro de enseñanza superior turolense fue el Seminario Conciliar, dedicado a la formación de clérigos, tras la expulsión de los Jesuitas en 1767. Para financiarlo fueron necesarias la mitad de los diezmos y primicias de Mosqueruela y el 3% del diezmo de toda la diócesis.
Otro aspecto a destacar en la labor de la iglesia fue el de asistencia a los pobres, y dentro de él no puede olvidarse la figura del padre Francisco Piquer, de Valbona, que fundó en Madrid un Monte de Piedad a principios del siglo XVIII, origen de las cajas de ahorro.

EL ESTADO LLANO O PECHERO

A finales del siglo XVIII la población de la provincia de Teruel ascendía a unas doscientas mil personas, correspondiendo la mayoría de ellas a lo que los censos llamaban estado llano o pechero. No gozaban de estatuto o privilegio alguno que los amparase y debían pagar sus impuestos al rey, a la iglesia y a los señores a los que estaban sometidos. 
Las familias con ingresos mayores los obtenían de la tierra, del ganado y del comercio. Por debajo de los nobles, el clero y los grandes propietarios, existía una pequeña oligarquía rural dueña de grandes propiedades agrícolas y rebaños, que les garantizaban una cierta estabilidad económica. Se dedicaban a la compraventa de cereales y ganado para abastecer a las ciudades. Algunos de ellos daban estudios a sus hijos o los colocaban como clérigos para de esta manera poder progresar en la escala social; ejemplo de ello fueron: el alcañizano y periodista Francisco Mariano Nipho, Andrés Piquer, médico de la cámara de Carlos III; Isidoro de Antillón, diputado en las Cortes de Cádiz; y Tadeo Calomarde, que llegó a ser Ministro de Gracia y Justicia de Fernándo VII. De este mismo grupo social procedían la mayor parte de médicos, maestros, abogados y letrados de la época.
La mayoría de los trabajadores estaban agrupados en gremios según su actividad, para de esta manera controlar la productividad y garantizar los precios. Existían de casi todas las profesiones, pero destacaron sobre todo los relacionados con el negocio de la lana: pelaires, cardadores, tintoreros y tejedores que dieron fama y gran auge a la industria textil turolense hasta el año 1770.

Campos de cereal en Argente (Teruel) Ovejas abrevando

La otra gran ocupación de los turolenses junto a la ganadería fue la agricultura, dedicada fundamentalmente al cultivo del cereal, además de almendros, viñedos y frutales. Al aumentar la población un 50 % durante este siglo (alrededor de 4.700 habitantes en la ciudad de Teruel), fue necesario aumentar la producción agrícola. Como consecuencia de ello, hacia 1770 los agricultores comenzaron a abancalar y cultivar ribazos y laderas de montañas que, aunque producían poco y exigían un gran trabajo y esfuerzo, les permitían la subsistencia. Pero por el contrario se dañaron los espacios de pasto para el ganado, por lo que se incrementó la trashumancia de rebaños hacia Valencia y la Mancha, con la consiguiente desaparición de los gremios relacionados con la lana y de la artesanía textil. Aún así, en los años de escasez la pobreza se apoderaba de ellos y era el germen de revueltas y desórdenes, como por ejemplo los motines de Zaragoza, Alcañiz y Madrid. Los métodos empleados para atajar esta pobreza pasaron desde la caridad cristiana, hasta acciones más extremas como la captura de vagabundos para enviarlos a la Armada en Cartagena o incorporarlos como reclutas al ejército. A medio camino entre estas dos soluciones surgió la del obispo de Teruel: la construcción de un edificio donde recoger a toda esta gente pobre, enseñarles un oficio, y ponerlos a trabajar. De esta manera es como surgió la Casa de la Misericordia, que posteriormente pasaría a ser el Hogar del Comandante Aguado.

POBLACIÓN Y DESARROLLO ECONÓMICO DE LA PROVINCIA DE TERUEL

A finales del siglo XVIII la provincia de Teruel tenía una población que era una vez y media la de finales del siglo XX; en 1786 alcanzó los 190.000 habitantes y al año siguiente 205.000. La superficie de la Grabado de un vendedor aragonésprovincia era el 31% de la aragonesa y su densidad de población semejante a la del conjunto de Aragón. La distribución de esta población era bastante equilibrada, si bien el partido de Alcañiz tenía una densidad superior a la media.
Dentro del territorio turolense, únicamente destacaban dos núcleos urbanos: Teruel con 6.270 habitantes en 1786 y Alcañiz con 5.552. Tras ellas se situaban Albalate del Arzobispo y Calanda con entre tres y cuatro mil habitantes, y otras nueve localidades que superaban los dos mil. La ciudad de Teruel reunía una serie de características que le otorgaban un carácter urbano y la capitalidad de la provincia: era la residencia de la autoridad civil del partido (el corregidor), la sede de un obispado, disponía de voto en las Cortes de Castilla…
En lo referente a economía, durante el siglo XVIII se sentaron las bases del atraso científico y técnico de la provincia de Teruel con respecto al resto de España. Para otras regiones fue el siglo de la Ilustración, del desarrollo y de las innovaciones técnicas y científicas, pero a Teruel no llegó nada de ésto. La base de la economía estaba constituida fundamentalmente por la agricultura y la ganadería, pero los beneficios generados por estos dos sectores no se supieron invertir lo suficiente en otras actividades más productivas. Algunas zonas del Bajo Aragón aumentaron el plantío de olivos, especializándose en la producción y exportación de aceite, las Tierras Altas (las comarcas de Albarracín, Teruel, Maestrazgo y Gudar-Javalambre) estaban ya especializadas en la ganadería y la transformación de la lana. La economía se basaba en unas relaciones comerciales de exportación de excedentes e importación de productos necesarios. Los excedentes de trigo de las Tierras Altas se vendían en el Reino de Valencia y se importaba vino, aceite, jabón, pescado, hortalizas, cáñamo, lino, seda, hierro y cobre. La producción textil se comercializaba en Aragón, Castilla, Cataluña, Valencia y Murcia. El aceite de la Tierra Baja era exportado a Zaragoza, Navarra, País Vasco, Soria, Valencia y Barcelona. En conjunto, el comercio más intenso era el llevado a cabo con el resto de Aragón, Valencia, Cataluña y las dos Castillas, aunque también afectaba a Murcia y Andalucía. Otras actividades no menos importantes fueron: la elaboración de sillas, serones, alpargatas, sarrias, espuertas y esteras a base de cáñamo; y la explotación de minas de hierro, cobre, plomo, manganeso, carbón y azufre. En definitiva, y a pesar de las difíciles comunicaciones, las tierras turolenses se encontraban perfectamente integradas en el sistema de producción y distribución  existente en esta época, a pesar de las deficientes vías de comunicación que había y la carencia de unas necesarias líneas de ferrocarril.Grabado anónimo de una posada turolense
Gran parte de los beneficios derivados de la economía, pasaban a manos de grupos rentistas y la otra parte era consumida por la burocracia estatal y municipal, que debía hacer frente a los salarios de sus oficiales y pagar los intereses de la deuda pública, acudiendo incluso al Consejo de Castilla para poder afrontar los pagos más corrientes. Con lo poco que sobraba apenas si había para mantener una población en continuo crecimiento.
Por su parte, las clases dirigentes tampoco se esforzaron por reflotar la situación, más bien optaron por asegurar su patrimonio invirtiendo en tierras, casas, solares y ganado.
Anclado en su sector primario y una tímida industria, Teruel llegaba al siglo XIX con ciertas dificultades para adaptarse al mundo moderno.

EL ARTE TUROLENSE DE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

EL BARROCO TUROLENSE

Durante los siglos XVII y XVIII todavía pervivió el esquema espacial de nave única en los templos turolenses, en algunos casos cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos. Bastantes fueron los edificios medievales que sufrieron la moda barroca, revistiendo su interior con estucos. Al fin, durante el siglo XVIII penetraron los aires renovadores del barroco, que dieron novedad y diversidad a los esquemas espaciales. Entre los modelos seguidos en estas tierras turolenses destacan los siguientes:
El modelo de Vignola: Fue un modelo muy seguido en toda la provincia. Los templos son de una o tres Ex Colegiata de Alcañiznaves y con cúpula en el crucero. El crucero no siempre se destaca al exterior, sino más a menudo en su alzado sobre la planta rectangular. La cúpula a veces presenta un tambor, aunque casi siempre se apoya directamente sobre las pechinas. Este tipo de templos barrocos suelen tener pilares cruciformes con un trozo de entablamento sobre los capiteles. Los muros interiores suelen presentar dos tipos de decoración: unos están decorados con ornamentación esgrafiada, como por ejemplo la iglesia de las Carmelitas de la ciudad de Teruel; y otros presentan una decoración de frisos, capiteles, arcos y cúpulas con estucos vegetales, angelotes, etc, como es el caso de las iglesias de Villalba Baja, Villarquemado y Galve.
En la fase final del modelo vignolista, la rocalla suele ser el adimento decorativo que le otorga una marcada personalidad. Sirva como ejemplo la iglesia de Capuchinas, de Gea de Albarracín.
Una ampliación de este modelo, pero con la interferencia del esquema bramantesco del templo del Pilar de Zaragoza, fue la ex colegiata de Santa María de Alcañiz cuya planta, similar a la del Pilar de Zaragoza, es un rectángulo de tres naves de la misma altura, crucero con cúpula, capillas laterales y cuatro torres en los ángulos.
El modelo de girola cuadrada: Vino a constituirse como esquema turolense en el tránsito de los siglos XVII al XVIII. El punto de partida fue la iglesia de Santa María de Mediavilla (actual catedral), y a ella siguieron otros como la ermita de la Virgen del Cid, en la Iglesuela, que tras ser reformada en 1728, la nave única quedó transformada en tres  en su cabecera; la parroquial de Villafranca del Campo, en la que el tramo de la cabecera quedó separado del presbiterio por el retablo; y la iglesia arciprestal de Cantavieja, construida en el segundo cuarto del siglo XVIII y que superó al de la propia catedral de Teruel.
El modelo de plantas centralizadas: Es un modelo un tanto arcaico ya que debería haberse producido en el siglo XVI. La modalidad más común de planta centralizada es de cruz griega, cubierta con cúpula y con brazos terminados en ábsides. Estos modelos turolenses son barrocos por la fecha, pero renacentistas por la forma.

Ermita de San Roque (Loscos) Ermita del Pilar (Hinojosa de Jarque) Ermita del Santo Sepulcro (Lagueruela)

Generalmente se realizó en pequeños edificios, por lo que parece que fue el modelo adecuado para construcciones eclesiásticas menores (ermitas por lo general) tales como: la ermita del Santo Sepulcro en Lagueruela, las de Cucalón, Loscos y Santa Cruz de Nogueras, y la ermita del Pilar en Hinojosa de Jarque (modelo excepcional) . El modelo más antiguo de este estilo es la ermita del Salvador en Cedrillas (1595), de planta cuadrada y con cúpula decorada con estucos geométricos.
A finales del XVIII alcanzó vigencia la planta circular, tal y como se muestra en las ermitas de la Virgen del Tremedal en Tronchón y la del Calvario en Rubielos de Mora, de 1790 y en la que se combina la planta circular interior con un exterior octogonal.
Modelo de planta elíptica: Aunque con un gran retraso, se produjo al fin una planta auténticamente barroca, la de la ermita de San Bernardo en Torre de Arcas. En ella el barroquismo se manifiesta no sólo en la planta sino en la cúpula de forma elíptica. Fue edificada en 1801 y decorada con pinturas y esculturas desaparecidas durante la guerra civil.
Pero el barroco no sólo se manifestó en las plantas de los templos, sino también en la piedra de sus portadas-retablo. Dignos ejemplos son los de la ex colegiata de Alcañiz y las parroquiales de Mas de las Matas (1744), Calaceite (1706), Valjunquera (1738) y el pequeño templo del Pilar en La Fresneda.

Portada de la iglesia de Mas de las Matas Portada de la iglesia parroquial de Calaceite Portada de la parroquia de Santa María la Mayor (Calamocha)

En algunas de estas portadas se advierte la presencia de un elemento arquitectónico poco frecuente, el estípite, que aunque es de origen manierista, se desarrolló ampliamente hasta adquirir singular riqueza e importancia en el barroco. Tal soporte es un pilar o pilastra cuya parte inferior va estrechándose y cuyo fuste está formado por varios cuerpos o molduras rematados por un capitel corintio. Un ejemplo de estípite pétreo, entre otros muchos, lo encontramos en la portada de la iglesia de Villarquemado (1703).

EL ROCOCÓ TUROLENSE

A pesar de que el barroco del siglo XVII se perpetuó en modelos de retablos, traspasado el primer tercio del siglo XVIII se produce un cambio en los gustos estilísticos con la aparición del rococó, que se mantendrá hasta el final de este siglo. Además de la típica decoración de rocalla, los retablos se caracterizan principalmente por sus composiciones movidas, a base de curvas y contracurvas.
El punto de partida de esta evolución es la ermita de la Virgen del Molino en Santa Eulalia del Campo (1722), dotada de un ampio camarín con azulejos de Manises referidos a la vida de Judit. El retablo mayor presenta una planta muy movida con curvas y contracurvas. En él destaca la calle central por su anchura y tensión vertical. La decoración está completada con rocalla.
El rococó fue decisivo para la construcción de la portada-retablo de Calamocha, la cual se cobija bajo un arco con dos cuerpos: el inferior con columnas salomónicas y el superior con estípites. La iconografía presenta a la Virgen titular y a los santos patronos. En su interior destaca el altar-baldaquino, el único en tierras turolenses. Tiene planta elíptica y cúpula abierta. En el centro, sobre el altar , se levanta el sagrario con base en seis columnas, presentando en sus puertas y costados finos relieves eurísticos. De la misma época debe ser la labor de estuco de las puertas de las sacristía situadas a uno y otro lado del presbiterio.

Retablo de la ermita "La Virgen del Molino (Santa Eulalia del Campo) Altar baldaquino de la iglesia parroquial de Calamocha Retablo de la ermita de la Purísima (Alba del Campo)

Otra obra de esta etapa, la más lograda, es la ermita de la Purísima en Alba, la joya del rococó de toda la provincia de Teruel. Tiene planta cuadrada muy pequeña y está cubierta con cúpula y lunetos; la decoración es de guirnaldas y la heráldica del matrimonio Antonio Valero de Liria y Teresa Dolz. El punto culminante es el retablo rococó con tallas de la Inmaculada y San Miguel.

EL NEOCLASICISMO TUROLENSE

Iglesia de Urrea de GaénLas tierras turolenses no escaparon a la manifestaci ón neoclásica iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII. El arquitecto Agustín Sanz, llevó esta tendencia a la Tierra Baja, donde gracias al mecenazgo del duque de Híjar se levantaron las iglesias de Vinaceite, Urrea de Gaén y la Puebla de Híjar.
El templo de La Puebla de Híjar es un modelo de tres naves con cúpula en el crucero (1766), pero son más interesantes los de Urrea de Gaén (1782) y Vinaceite, dado que se trata de construcciones de una sola nave con gran cúpula elíptica en el crucero. Presentaban mobiliario homogéneo, hoy desaparecido, con retablos de Joaquín Arali en La Puebla y Vinaceite. El pintor Ramón Bayeu trabajó en las tres iglesias, pero la más favorecida fue la de Urrea de Gaén, que además contó con lienzos de José de Castillo y Francisco de Goya. El academicismo encontró poco eco en la ciudad de Teruel, pues sólo se manifestó en el baptisterio y en la capilla de los Reyes en la catedral. El primero fue diseñado por Vicente Gascó (1792), director de la Real Academia de Valencia, quien efectuó la cubrición con una cúpula ovalada y revistió los muros con azulejos de Manises representando escenas marianas. La capilla de los Reyes se terminó con un arte frío que contrasta con el barroquismo general. Obra tardía del neoclasicismo en la ciudad fue el ayuntamiento, inaugurado en 1837, el cual mantiene el carácter de época a pesar de las transformaciones posteriores.
Fuera de la ciudad, varias son las obras neoclásicas que pueden citarse: las iglesias parroquiales de Monreal del Campo y de Libros, las de Cortes de Aragón y Castelserás, la iglesia de La Cañada de Benitanduz (1793), la iglesia de Pitarque (1818), las iglesias de Frias de Albarracín y de Calomarde…

EVOLUCIÓN URBANA DE LA CIUDAD DE TERUEL

Panorámica de Teruel en el siglo XVIIILas circunstancias políticas, sociales y económicas, tras la expulsión de los moriscos, influyeron en la evolución urbana de la ciudad y se planteó la expansión de la misma. En el tránsito del siglo XVII al XVIII, la demolición de la antigua Ciudadela y la edificación en sus solares del convento de Santo Domingo, junto con el derribo del Portal de Valencia y parte de la muralla hasta el torreón de Ambeles, permitió urbanizar y renovar el trazado urbano del érea sur de la ciudad en 1708. Se renovaron los espacios entre el Portal de Zaragoza y el Portal de San Miguel, creando un amplio paseo, el paseo de la Ronda. También se destruyó el área amurallada de la Puerta de Guadalaviar, junto a la iglesia del Salvador. A su vez se comenzó la reforma de algunas iglesias y la se edificación de nuevos conventos.

REFORMAS DE SANTA MARÍA EN EL SIGLO XVII

Durante estos siglos las reformas que se llevaron a cabo en esta iglesia dieron como resultado la transformación del urbanismo de su entorno. La iglesia perdió parte de su belleza como consecuencia de la desaparición del portegado y de los ábsides. Aunque al portegado se le hicieron una serie de reparaciones en 1669 y 1676, fue en 1697 cuando desapareció totalmente a causa de la construcción de una nueva portada que quedó como atrio saliente de la fachada general.
La capilla de los Reyes se hizo en la nave de la epístola, frente al segundo pilar de la nave central. Con el paso del tiempo, y por detrás de esta capilla, se añadió la sacristía de los beneficiados, a la cual se le dio entrada por la capilla de los Reyes e igualándola exteriormente con la del Venerable Francés de Aranda. El resultado de todo esto fue la desaparición del cementerio anexo a Santa María y la modificación exterior de esa parte de la iglesia

CONVENTOS FUNDADOS DURANTE EL SIGLO XVII

EL CONVENTO DE LOS CARMELITAS

Fue fundado en1668, si bien los terrenos fueron pagados con anterioridad por D. Gregorio Royo, un caballero de Teruel, muy empeñado en su fundación. Ocupó lo que hasta hace poco tiempo fue el cuartel de la Guardia Civil, hoy transformado, en cuyo patio se alzaba la iglesia.

EL CONVENTO DE LOS DOMINICOS

Fue construido en el fuerte de Teruel, tras firmar Felipe III una orden por la que se cedía dicho fuerte (casi toda la Ciudadela) a los dominicos para que alzasen allí su convento.
A partir de la desamortización de Mendizábal se instaló en parte del convento el Instituto de Enseñanza Media, y durante la guerra civil se instalaron allí el Gobierno Civil y la Delegación de Hacienda.

EL CONVENTO DE LOS CAPUCHINOS

Se construyó entre los años 1625 y 1633 en la zona del Óvalo, muy próximo al convento de los Dominicos. Fue un convento que pasó a la historia de Teruel sin dejar suficientes datos relativos a su edificación. Fue destruido en la guerra francesa.

EL CONVENTO DE LAS TERESAS

Se fundó en 1660, si bien la iglesia fue terminada en 1666. Se construyó todo de nueva planta, comprándose algunos terrenos colindantes con el nuevo convento y con el de Santa Clara.
Es un magnífico edificio de estilo aragonés con mampostería, ladrillo visto y bonitas arcadas bajo el alero. Su interior está decorado con interesantes esgrafiados.

REFORMA DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN EN EL SIGLO XVIII

Desde el siglo XII hasta el siglo XVIII no está suficientemente documentado que sobre la primitiva iglesia de San Martín se construyese otra tras levantarse la torre de San Martín en el siglo XIII.
La iglesia que hoy podemos visitar se edificó en el año 1704, en el mismo lugar, de planta, pero un poco mayor porque ocupó también lo que era la calle del Adalid. A su vez, y a fin de que pudiese disponer de una plaza , se destruyeron también unos graneros que había enfrente.

EDIFICACIÓN DEL SEMINARIO A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII

Seminario de Teruel en el siglo XVIIILas obras de este imponente edificio se comenzaron en 1746 bajo la dirección del notable arquitecto turolense Martín de Aldehuela, autor también del puente y de la plaza de toros de Ronda.
El edificio se alzó sobre lo que hasta entonces fue el Estudio de Artes o Estudio de Gramática, sus anexos y la ermita y claustro de la iglesia de San Marcos.
La fachada era de estilo barroco, pero de ella no queda resto alguno por haber sido destruida totalmente durante la guerra civil de 1936. Toda la iglesia estaba profundamente decorada, destacando en ella su impresionante altar barroco.

REFORMAS DE SANTA MARÍA EN EL SIGLO XVIII

En 1699 se destruyeron las capillas de San Antonio, Santa Isabel y Santa Emerenciana. Esta última se volvió a construir en el lugar que ocupó anteriormente la de San Antonio, pero invadiendo una parte del claustro y quedando muy próxima a la puerta del mismo, la cual tuvo que ser trasladada al interior de la capilla del Venerable Francés de Aranda.
A continuación se llevó a cabo la construcción de la girola, para lo cual se derribaron los dos ábsides laterales y se prolongaron las naves, con lo cual se redujo gran parte de la plaza de la Comunidad además de suprimirse los jardines y la fuente de Juan Pérez.
En 1721, en gran parte de lo que quedaba del claustro se construyó la sala capitular y por esta misma época se hizo también la gran sacristía.
En 1731 en lo que quedaba de claustro se abrió una calle (la calle Nueva) para comunicar la plaza de Santa María con la plaza de la Comunidad. Actualmente es la calle de Santa Emerenciana.

 

BIBLIOGRAFÍA
* "El siglo de la Ilustración" – José Luis Castán Esteban - Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002.
* "La expresión artística turolense" - Santiago Sebastián López - Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja - Teruel, 1972.
* La economía de las tierras turolenses durante el Antiguo Régimen" - Antonio Peiró Arroyo - Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002
* "La transformación urbana de Teruel a través de los tiempos" – Angel Novella Mateo – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 1988.
* "Teruel" – Vidal Muñoz Garrido – Excmo Ayuntamiento de Teruel - Teruel, 2004.

 

 

 

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