TERUEL EN EL SIGLO XX

 

INTRODUCCIÓN

Las halagüeñas perspectivas  de comienzos del siglo XX y los deseos de cambio, tanto en España como en la provincia de Teruel, se verán truncados con el estallido de la Guerra Civil de 1936-39. La singular posición estratégica de la provincia de Teruel y de su ciudad en particular, será el motivo que propiciará su posesión por ambos  bandos contendientes. Tras ser conquistada la ciudad por el ejército republicano a finales de diciembre de 1937, será tomada por las tropas franquistas en febrero de 1938. Continuos bombardeos arruinarann los monumentos más significativos de la ciudad destruyendo, además, calles, edificios y plazas. Más de veinte años se tardará en reconstruir la ciudad con la Dictadura del General Franco y bajo la dirección de Regiones Devastadas, organismo oficial creado para la reconstrucción y reforma de los desastres bélicos.
La guerra y sus efectos colaterales dificultarán el crecimiento y su industrialización, tanto de la ciudad como de la provincia. La revitalización de los años treinta se paralizará y tan sólo se apreciará el peso de la administración pública. La ciudad de Teruel se circunscribirá de nuevo a su casco antiguo, hasta los años sesenta en que comenzará la expansión urbana del Ensanche en torno a las avenidas Ruíz Jarabo, Aragón, Sagunto y el nuevo hospital. A pesar de contar con algunos ministros turolenses (Ibáñez Martín, Navarro Rubio, Enrique de la Mata y Martínez Estercuelas), de poco sirvió ya que la congelación política, social y económica fue evidente.
Tras la muerte de Franco llega la democracia, y con ella el reinado de Juan Carlos I, iniciándose unos procesos electorales libres en los que las más diversas ideologías pueden ser representadas a través de sus partídos políticos. Los procesos electorales a Cortes Generales con sus dos cámaras (Parlamento y Senado) se verán fortalecidos con la aprobación de la Constitución en el año 1978, los nuevos ayuntamientos democráticos, las Diputaciones Provinciales y las  17 Comunidades Autónomas.
La ciudad de Teruel llegará a alcanzar una población de 26.495 habitantes en 1980 y 28.487 en 1990. Se ampliará el suelo urbano y se consolidará el sector servicios y la administración. Por el contrario, la agricultura comenzará a perder peso y la industria no llegará a alcanzar un dinamismo prometedor.

 

LOS AÑOS VEINTE

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

El 13 de septiembre de 1923, el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se sublevó contra el Gobierno de España dando un golpe de Estado con el apoyo de la mayoría de unidades militares. La reunión prevista de las Cortes Generales para fechas inmediatamente posteriores con el objetivo de Alfonso XIII y Miguel Primo de Riveraanalizar el problema de Marruecos y el papel del ejército en la contienda, fue el detonante de dicha sublevación. A esta situación se unió una grave crisis del sistema monárquico que no acababa de encajar en un siglo XX marcado por una revolución industrial acelerada, un papel no reconocido de la burguesía, las tensiones nacionalistas y unos partidos tradicionales incapaces de afrontar un régimen democrático pleno.
La nueva dictadura fue bastante bien recibida entre los turolenses, aunque sin demasiado entusiasmo, salvo en las clases dirigentes fuera el régimen que fuera. Según datos oficiales, en 1928 había en toda la provincia afiliados al Somatén en 282 localidades. Por su parte la Unión Patriótica (partido único del régimen) contaba en toda la provincia con 204 comités y 13.132 afiliados en 1925.
La ciudad de Teruel fue un caso insólito: Para formar Ayuntamiento fue preciso recurrir a la vieja y denostada clase política, siendo imposible retener ni a alcaldes ni concejales poco interesados en cargos de escaso provecho y donde parecía que apenas podían hacer nada. En los pocos años de la dictadura riverista se sucedieron once alcaldes y un enorme número de concejales. Entre todos ellos destacó el ingeniero José Torán (durante los primeros años veinte), impulsor de la realización de la Escalinata (1922) y el Viaducto (1929), y editor de varios periódicos.
En lo relativo a la oposición al régimen, aparte de los inoperantes viejos políticos, el movimiento obrero fue muy escaso. De UGT apenas surgieron tres o cuatro nuevos grupos en la capital, y fuera de ella los restos de anarquismo sindicalista eran muy escasos. Por el contrario predominaron los sindicatos católicos comprometidos con el nuevo régimen, contabilizándose hasta 126 con 6.474 socios en el año 1926.

POBLACIÓN Y ECONOMÍA

Durante el primer tercio del siglo la población de la provincia de Teruel llegó a crecer alrededor de un 10%, pasando de 246.000 habitantes en 1901 a 269.827, y todo esto teniéndose en cuenta el notable descenso de la natalidad y la mortalidad. A pesar de este leve crecimiento es evidente que existió un cierto estancamiento debido fundamentalmente a los movimientos migratorios. La tasa  migratoria de Teruel fue la quinta de España entre 1901 y 1930, llegándose a alcanzar la cifra de 52.590 emigrados en toda la provincia en el año 1920. Los destinos más frecuentes, entre otros, fueron Zaragoza, Valencia y Barcelona.
De la agricultura poco podía esperarse en una provincia en la que el 62% de las tierras se hallan por encima de los  mil metros de altitud y tan sólo cuenta con un 30% de tierras llanas y ricas, en las que los cultivos principales eran cereales (con una docena de fábricas de harina), frutales, olivos (con  varias fábricas de aceite en el Bajo Aragón), leguminosas, remolacha azucarera (con dos fábricas azucareras: la de Santa Eulalia (1910) y la de La Puebla de Híjar (1912) ), azafrán, prados artificiales, cultivos de regadío, zonas de pastos, y explotaciones forestales.

Minas de Ojos Negros (Teruel) Ferrocarril Calatayud-Teruel-Sagunto

La ganadería se basaba fundamentalmente en el ganado ovino y el mular. Cosa bien diferente fue la minería  en la que comenzaron  aparecer diversas empresas dedicadas a la explotación de: lignitos en la cuenca de Ariño, hierro en Ojos Negros y azufre en Libros. A todo lo anterior cabe añadir la industria textil derivada de la lana en Calamocha, Aliaga y Villarluengo;  tres fábricas de curtidos;  varias serrerías de madera; algunas fábricas de resinas; y una fábrica de cristales ópticos en Mas de las Matas que empezó a funcionar en 1927
Recién estrenado el siglo, llega el ferrocarril Central de Aragón, uniendo Calatayud con Teruel y Sagunto, un revulsivo para el desarrollo de las pequeñas industrias. Otros fueron los proyectos ferroviarios de alto costo y escasa rentabilidad que se intentaron llevar a cabo, pero el único verosímil y  que realmente se puso en marcha, durante la Dictadura de Primo de Rivera, fue el de la línea Teruel-Alcañiz-Caspe-Mequinenza-Lérida que, atravesando todo el Bajo Aragón, hubiera vertebrado la provincia, suponiendo un cambio radical en sus comunicaciones y vinculando al Bajo Aragón con la capital. Pero tampoco este proyecto llegó a su fin, pues tras realizar todos los desmontes y construirse numerosos puentes, túneles, y estaciones, se interrumpió la obra en 1930 por complicaciones económicas y jurídicas, sin que llegara a circular tren alguno.

LA II REPÚBLICA

En las elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931 las candidaturas antimonárquicas se alzaron con el triunfo en todas las capitales de provincia españolas y, por supuesto, también en la ciudad de Teruel. Diez concejales republicanos y cuatro socialistas formaron una sólida mayoría en el ayuntamiento de Teruel, capaz de arrinconar a los cinco del viejo sistema monárquico agonizante. La alcaldía sería presidida por el alcalde republicano José Borrajo. En Teruel, al igual que en el resto de Proclamación de la II República en la Puerta del Sol (Madrid)España, la proclamación de la II República constituía una enorme esperanza de cambio político y social para amplios sectores, como las clases medias, obreros y campesinos, marginados por la política de la Restauración. Sin embargo, fuera de la ciudad de Teruel los resultados electorales fueron bien diferentes, pues las candidaturas republicanas y socialistas sólo consiguieron imponerse en Alcorisa y Cella; ello fue debido a que, según el artículo 29 de la Ley Electoral, allí donde se presentaba una sola candidatura ésta era proclamada ganadora. Debido a ello, casi el 46% de los electores turolenses no pudieron emitir su voto y muchas localidades continuaron bajo el control de los conservadores de antaño.
Con la llegada de la democracia se generó un clima de intensa movilización social que se tradujo en la expansión de nuevas fuerzas políticas. El republicanismo consiguió atraer a personalidades importantes como José Borrajo, Emilio Vilatela, Vicente Iranzo y otros, pero su fuerza y proyección fueron ampliamente superadas por las organizaciones obreras. La CNT llegó a tener 2.000 afiliados y el PSOE amplió su base gracias a la UGT que consiguió alrededor de 6.000 afiliados desde los sectores minero, azucarero y campesino, logrando extenderse por Albarracín, Calamocha y Teruel.
La República intentó reformar con numerosas leyes el ineficaz estado que había legado la Restauración. Se buscaron soluciones negociadas al paro obrero y se tomaron decisiones importantes que apostaban por un Estado más laico. Las mayores complicaciones se produjeron en el mundo agrario, pues el medio rural turolense estaba dividido entre una mayoría de campesinos pobres y un núcleo importante de terratenientes que veían amenazados sus intereses por una Ley de Reforma Agraria con las consiguientes expropiaciones de tierras, que no llegó a aplicarse. Estas esperanzas “no cumplidas”, junto a la pervivencia de profundos desajustes estructurales y los efectos de la crisis económica, fueron las causas de la conflictividad social que se disparó en los años treinta: huelgas, insurrecciones libertarias (la de Alcorisa y Castel de Cabra en 1932 y las de Beceite, Valderrobres y Mas de las Matas en 1933), anticlericalismo, ocupaciones ilegales de fincas, etc.
En las elecciones de febrero de 1936 la derecha turolense consiguió un éxito aplastante en toda la provincia, pero la victoria global del Frente Popular en el resto de España, permitió a los municipios turolenses retomar la vocación reformista que se había frustrado en 1931. Se intentaron resolver los problemas de nuevo por la vía del parlamentarismo, pero resultó inútil para toda una población turolense que, sumida en la miseria, se vio obligada a la ocupación ilegal de fincas. A lo largo de la primavera de 1936, las élites conservadoras del país apostaron de manera decidida por por una solución violenta, que se materializaría en el Alzamiento Nacional de julio de 1936.

EL ALZAMIENTO EN TERUEL

LOS ACONTECIMIENTOS

El día 19 de julio de 1936, el comandante militar de Teruel (Mariano García Brisolara), recibió de la Capitanía General de Zaragoza la orden de sumarse a la sublevación; ante sus vacilaciones, el comandante Virgilio Aguado (segundo jefe de la Caja de Reclutas), asumió la responsabilidad de adhesión al golpe, declarando el estado de guerra en Teruel el 20 de julio. Por su parte, la Benemérita, con el poder que le conferían las armas, se encargó de extender la sublevación al resto de la provincia, sustituyendo los ayuntamientos frentepopulistas por otros derechistas. Los militares insurrectos contaron con la adhesión incondicional de la Falange Española de Teruel y con organizaciones como las Milicias Civiles de Acción Ciudadana y la Guerrilla de Aguado. El triunfo de los rebeldes en la capital se consolidó gracias a los sucesos de la Puebla de Valverde, donde una columna de guardias civiles, procedentes de Castellón, protagonizaron un altercado que se saldó con el fusilamiento de varias decenas de milicianos.
Cartel anunciador de la entrada de las tropas nacionales en la ciudad de TeruelEn la propia capital no existieron intentos serios de resistencia; los obreros intentaron manifestar su oposición al golpe con una huelga que fue desmantelada con un bando militar del 23 de julio. Aun así los ferroviarios prolongaron su resistencia hasta finales del mas de julio paralizando la línea Teruel-Zaragoza. Más contundente fue la actuación de los mineros de Utrillas, pues no sólo se defendieron con eficacia sino que garantizaron la lealtad a la República en casi todo el partido judicial de Montalbán. A partir del 25 de julio, las columnas de milicianos procedentes de Cuenca, Guadalajara, Levante y Cataluña, recuperaron la mitad oriental de la provincia y un sector de la Sierra de Albarracín.
A mediados de agosto de 1936 la línea del frente estaba ya definida en Aragón, con su población y su superficie dividida en dos zonas: las tres capitales y los núcleos urbanos más importantes quedaron controlados durante toda la guerra por los militares franquistas, mientras que la zona republicana incluía los principales focos mineros y algunas poblaciones importantes como Barbastro, Caspe y Alcañiz.
A finales de agosto de 1936, la provincia de Teruel quedaba dividida por un frente de guerra en el que los sublevados habían perdido los partidos judiciales de Alcañiz , Valderrobres, Castellote, Híjar, Aliaga y Mora de Rubielos; estaban divididos Albarracín, Montalbán y Teruel; y sólo había pasado completo al bando de los sublevados el partido judicial de Calamocha. Esta línea de batalla se mantendría fija hasta marzo de 1938 con excepción de los avances franquistas en la Sierra de Albarracín y la zona del río Alfambra.
Soldados franquistas en el frente de Mora de RubielosEn los lugares donde triunfó la sublevación, los militares franquistas y quienes le apoyaban no tardaron en poner en marcha un proyecto violento para eliminar los “elementos incómodos”. De esta forma estuvieron en el punto de mira todos los políticos republicanos, socialistas o anarquistas; militantes de las organizaciones políticas y sindicales de izquierda; obreros y campesinos de izquierda; y , sobre todo, quienes habían ocupado cargos públicos durante la etapa republicana. La declaración del estado de guerra llevaba implícito el código de justicia militar y garantizaba que el ejército tuviera el control absoluto sobre la violencia.
En la capital, los falangistas y la guardia civil registraban los domicilios conduciendo a los detenidos a los sótanos del Seminario donde los encarcelaban, para trasladarlos al amanecer a los Pozos de Caudé y fusilarlos.
Paralelamente a este ejercicio de “limpieza”, el franquismo comenzó a controlar todas las instituciones locales. Alcaldes, concejales y miembros de la corporación provincial fueron destituidos y sustituidos por otros de corte conservador, bajo un control exhaustivo de las autoridades militares. Otra de las primeras tareas que se llevaron a cabo fue la depuración del funcionariado mediante la aplicación del decreto 108 de la Junta de Defensa Nacional (13-IX-1936) y, luego, la orden del 12 de marzo de 1939. Con tantas cribas, pocos funcionarios municipales y provinciales dudaron en adherirse al nuevo régimen franquista.

LA REVOLUCIÓN EXPROPIADORA Y LAS COLECTIVIZACIONES CAMPESINAS

Tras la derrota de la sublevación militar en Castellón, Valencia, Tarragona y Barcelona, varios miles de milicianos armados partieron, desde esas ciudades, hacia Aragón con la intención de recuperar las tres capitales, ocupadas por fuerzas de la V División desde el 19 de julio de 1936. Aunque nunca lograron su objetivo, si que llegaron a dominar un extenso territorio en el que difundieron la revolución expropiadora y colectivista por algunas comarcas rurales.
Cartel RepublicanoBajo su amparo comenzaron a surgir en todos los pueblos los comités antifascistas locales, creados para suplir el vacío de poder y organizar la vida en común. Aunque algunos republicanos y socialistas participaron en su organización, los principales instigadores de la nueva situación fueron campesinos sindicalistas que habían emigrado a Barcelona en los años veinte, dirigentes de la CNT de Aragón, y veteranos anarquistas aragoneses muy ligados a las tendencias más radicales del sindicalismo catalán.
La acción combinada de milicias y comités desencadenó una sangrienta persecución contra grandes propietarios, caciques, derechistas y cuantos habían apoyado la sublevación. Algunos de ellos optaron por la huida, otros permanecieron en sus pueblos adhiriéndose a los revolucionarios y los que no tuvieron opción fueron asesinados.
Era una lucha contra las personas y los símbolos, una respuesta a los numerosos asesinatos cometidos en la zona franquista. La obsesiva persecución clerical también estuvo presente mediante hechos como: quema de imágenes religiosas y objetos de culto; utilización de iglesias como hospitales, establos y almacenes; fundición de campanas para munición, supresión de los actos religiosos; asesinatos de miembros del clero; e incluso exhumación de curas y monjas.
En lo que a las colectivizaciones campesinas se refiere, comenzaron durante el verano de 1936, con la explotación común de aquellas tierras que habían sido abandonadas por sus propietarios, o en fincas incautadas directamente a los ricos y propietarios asesinados por los grupos armados y  los comités revolucionarios. Así se llevaron a cabo por ejemplo en Alcañiz, Alcorisa, Mas de las Matas, Valderrobres y Mora de Rubielos. Generalmente, para procamar el colectivismo se reunían en asamblea los cenetistas más cualificados y los milicianos. El esquema de la colectivización se basaba en la asignación del trabajo de acuerdo con la aptitud de los miembros de la comunidad y la distribución de bienes y riquezas según las necesidades de cada uno. Según fuentes anarquistas, en el territorio republicano de Teruel  se crearon unas 105 colectividades con 55.000 colectivistas aproximadamente, siendo sus impulsores y cuidadores del buen funcionamiento dirigentes sindicalistas urbanos, maestros y periodistas revolucionarios.
Interior de una iglesia utilizada como hospital.Las colectivizaciones vivieron sus mejores momentos en los últimos meses de 1936 y el primer trimestre de 1937, auxiliadas por el Consejo de Aragón, el órgano de gobierno anarquista creado en octubre de 1936 y la Federación Regional de Colectividades. Pero todo comenzaría a cambiar en la primavera de 1937 con la salida de Largo Caballero y los ministros anarquistas del Gobierno, el creciente poder del Partido Comunista y la oposición de muchos pequeños propietarios, conservadores y de derechas, cuyas tierras habían sido expropiadas por la fuerza.
El decreto de disolución del Consejo de Aragón en agosto de 1937, abrió la caza del colectivista, que duraría hasta marzo de 1938, momento de la ocupación franquista de todo el territorio republicano de Aragón. Los principales propagandistas del colectivismo y del Consejo de Aragón fueron encarcelados y las colectividades de mayor arraigo disueltas.
La conclusión parece clara: mientras que para unos la colectivización fue la expresión natural del sistema de valores campesinos (basado en la igualdad social y el autogobierno local), para otros violaba la propiedad privada, la verdadera seña de identidad del agricultor.

LAS SECUELAS DE LA GUERRA

En abril de 1938, la guerra había terminado en la provincia de Teruel tras la ocupación del ejército franquista de los territorios de la mitad oriental, que se habían mantenido leales a la República. Pero la liberación del yugo franquista no fue seguida de paz, pues casi la mitad de los fusilamientos del franquismo  se ejecutaron tras el avance del frente y la declaración oficial del fin de guerra, el 1 de abril de 1939. El terror se ejercía fundamentalmente desde las Auditorías de Guerra. Los “enemigos de España” eran detenidos, encarcelados, puestos a disposición militar y sometidos a un consejo de guerra. De esta manera,por ejemplo, en Santa Eulalia del Campo se dictó sentencia para 19 turolenses republicanos entre mayo y julio de 1938, y la misma suerte corrieron otros 65 en la capital entre octubre de 1939 y julio de 1940; y muchos más a lo largo y ancho del territorio turolense; y todo  esto sin contar con los 235 que fueron trasladados a Zaragoza en el periodo que va desde el avance del frente hasta bien entrados los años cuarenta. En total, más de un millón de turolenses cayeron víctimas de la represión franquista, muchos de ellos cuando ya no había ninguna guerra que ganar.
Los Pozos de Caudé.Los fusilamientos fueron sólo la punta del iceberg de un proyecto violento que impregnó la vida cotidiana. Aquellos que no finalizaron sus vidas ante un pelotón de fusilamiento experimentaron otras formas más sutiles de terror y exclusión. Alrededor de dos mil turolenses sufrieron la apertura de un expediente de responsabilidades políticas desde febrero de 1939, otros tantos fueron encarcelados, y muchos condenados al exilio. Para los que se quedaron en sus pueblos o regresaron a ellos tras años de cárcel y exilio, la memoria de aquellos acontecimientos se esfumó rápidamente debido a la eficaz combinación del sabor amargo de la derrota, la persecución, la propaganda franquista y el miedo a ser denunciado.
Si la semilla de la discordia se había sembrado en la etapa republicana, sólo la declaración del estado de guerra en julio de 1936, que se mantuvo hasta 1948, hizo que los viejos conflictos se solucionaran por métodos ajenos a la negociación y las palabras.
Tal y como se ha comentado antes, los años de la posguerra no fueron fáciles ni tranquilos. Toda la provincia se vio sacudida por una inusitada ola de violencia fruto de los enfrentamientos de la guerra y de las fracturas y tensiones existentes en la sociedad turolense. La guerra no había solucionado estas fracturas, bien al contrario, las posiciones se habían enconado de tal forma que el restablecimiento de la convivencia era sumamente difícil. Por otra parte, ante esta situación de represión, la oposición política al régimen desarrolló una táctica de lucha armada contra éste y se crearon grupos guerrilleros cuyas acciones, así como la reacción represiva que provocaron en las filas franquistas, convulsionaron de forma notable la vida cotidiana de la provincia hasta su desaparición en 1952. La población los bautizó con el nombre de “maquis”, y esta es la denominación que ha pervivido a lo largo del tiempo en la memoria popular.

 EL FRANQUISMO

Tras la victoria de los sublevados, la dictadura franquista precisaba de unas instituciones fuertes para consolidar el nuevo régimen y asegurar la unidad profunda del sistema social y el aparato estatal. En este orden, la figura de los gobernadores civiles tuvo una importancia fundamental y un protagonismo importante: nombraban, proponían o destituían autoridades locales, actuaban como correa de transmisión entre el poder central y el local, presidían todos los actos públicos, difundían las consignas gubernamentales y marcaban las directrices que se habían de seguir.
Manuel Pizarro En Teruel, todos menos uno fueron foráneos, lo que, unido a la breve permanencia en el cargo, dificultó que cuajase una política provincial consistente. Entre ellos caben destacar: Francisco Labadíe (1942-1944) (regularizó los abastecimientos y reorganizó la Falange turolense); Manuel Pizarro (1947-1954) (el de mayor permanencia en el cargo. Acabó con el maquis e impulsó la reconstrucción de edificios en la ciudad como el Seminario, la Catedral, el Palacio de Archivos y Bibliotecas, el grupo escolar Juan Espinal, la sede de la Diputación, los edificios de Sindicatos y las Hermandades de Labradores, y la Residencia Sanitaria del Seguro de Enfermedad); José Ramón Herrero (1958-1961) (realizó pequeñas obras de desarrollo rural ); Ulpiano González (1969-1972) (impulsor de obras benéficas, construcción de viviendas y de la formación profesional); Luis Rojo (1974-1981) (último gobernador turolense que continuó como tal en el periodo de la transición y abrió el periodo democrático).
El segundo de los pilares del franquismo sería la Falange. Tras la victoria franquista, llegó a contar con 16.000 afiliados en esta provincia en el año 1943. El periodo comprendido entre 1938 y 1943 se caracterizó por la existencia de fuertes enfrentamientos entre los dirigentes de FET y de las JONS y las autoridades gubernativas y locales. A partir de la década de los cincuenta, Falange fue un instrumento burocrático completamente domesticado que careció de autonomía, pero fue útil como cantera de personal político, instrumento de control político y electoral, y órgano difusor de la propaganda y directrices del poder.
El tercero de los pilares de consolidación estaría constituido por los sindicatos verticales. Su organización fue un proceso lento y en el que fue esencial la herencia de los antiguos sindicatos católicos; un proceso con grandes deficiencias, importantes dosis de corrupción y frecuentes cambios de personal. A partir de los años cuarenta, el gobernador Manuel Pizarro dotó a los sindicatos de una infraestructura material y propagandística y se consolidaron las funciones sindicales básicas procurando que no afectaran al régimen político vigente: asesoramiento laboral y divulgación de leyes sociales, elaboración de informes económicos, desarrollo de algunas actividades asistenciales y recreativas, reparto de cupos de productos intervenidos, y expresión de reivindicaciones de tipo profesional. Por supuesto la organización sindical contaría con el apoyo de la Iglesia para la cristianización de las masas obreras, como medio más eficaz para desarraigar en ellas el marxismo y la lucha de clases. A finales de los años sesenta la organización sindical turolense, secundada por los consejos de trabajadores y empresarios comenzaron a adoptar un tono reivindicativo con la política del gobierno: solicitud de un estatuto especial para las provincias pobres, incremento del salario mínimo y de las prestaciones familiares, instalación de industrias en la provincia, construcción de la térmica de Andorra…Algunos de los logros conseguidos durante los años sesenta y setenta, fruto de la labor sindical, serían: la construcción de viviendas sociales, el impulso de las cámaras agrarias a la Escuela de Capacitación Agraria de San Blas, el decreto de ordenación rural del Jiloca, la creación  del internado de la Escuela Sindical Santa Emerenciana…A pesar de todo, el predominio de las actividades agrarias, de tipo minifundista, la falta de industrialización, y el bajo nivel de vida, ya había provocado  desde los años cincuenta una sangría migratoria, que seguiría agudizándose en los años sesenta, hacia grandes ciudades en busca de un futuro más prometedor.

Manifestación de adhesión a Franco en la Plaza de San Juan (Teruel) Comedor del Auxilio Social en Alcañiz  atendido por mujeres falangistas al final de la guerra civil

El cuarto pilar en el que se apoy ó la dictadura sería la Guardia Civil. Desempeñó un papel político fundamental en toda la provincia, al decidir en los primeros momentos el triunfo del alzamiento militar. Terminada la guerra centró su actuación en la persecución de los “delitos políticos”, siendo el año 1939 el de su mayor actividad represora. Al mismo tiempo realizó multitud de propuestas e informes para depurar y cubrir los cargos políticos y administrativos y se encargó de la represión de la guerrilla de los maquis. A partir de los años cincuenta, Teruel viviría una situación de calma social, pero con un fuerte control político.
Tras la muerte de Franco en 1975 llegará la democracia, y con ella el reinado de Juan Carlos I. Se iniciarán unos procesos electorales libres en los que las más diversas ideologías estarán representadas a través de sus partídos políticos. Los procesos electorales a Cortes Generales con sus dos cámaras (Parlamento y Senado) se verán fortalecidos con la aprobación de la Constitución en el año 1978, los nuevos ayuntamientos democráticos, las Diputaciones Provinciales y las Comunidades Autónomas.
Por el Real Decreto del 17 de marzo de 1978 se aprobará el régimen de preautonomía para Aragón, cuyo estatuto de autonomía llegará en 1982, constituyéndose las primeras Cortes Aragonesas en 1983.

RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD DE TERUEL TRAS LA GUERRA CIVIL

Terminada la guerra civil se procedió a la rápida reconstrucción de la ciudad dado el lamentable estado en el que había quedado, pues tanto algunos puntos del casco antiguo como la zona del Seminario y de la Comandancia, que estaba cerca de la plaza de San Juan, habían quedado seriamente dañados.
Para proceder a dicha reconstrucción se llevó a cabo un proyecto de reforma por parte del Servicio Nacional de Regiones Devastadas y a continuación se comenzó la reconstrucción que consistió en:
- Ensanchamiento de la calle San Juan y la calle Yagüe de Salas.

Ruinas del Seminario de Teruel Iglesia de San Juan y hospital de la Asunción (Teruel)

- Ampliación de la Plaza de San Juan, para lo cual fue necesario derribar el hospital de la Asunción y la iglesia de San Juan (único ejemplar románico que quedaba) cuyo mural románico del ábside semicircular fue destruido sin quedar restos de él ni fotografía alguna para la posteridad.
- Arreglo y adecentamiento de la plaza del Seminario cuya estructura no ha cambiado.
- Reconstrucción del Seminario el cual sufrió grandes destrozos por haber sido uno de los puntos de mayor resistencia.
-  Edificación de la actual Casa de la Cultura sobre el lugar que ocupaba la cárcel y la antigua mezquita.
- Reparación de desperfectos causados en edificios históricos, torres mudéjares, iglesias, etc.
- Reformas varias para conseguir mayor anchura en determinadas calles sin afectar a su trazado vial.

CONSTRUCCIONES MÁS DESTACADAS DE TERUEL EN EL SIGLO XX

Con el recién estrenado siglo XX diversos edificios comienzan a cambiar el aspecto de la ciudad. Entre ellos caben destacar los siguientes:

OBRAS ARQUITECTÓNICAS DEL MODERNISMO CATALÁN
A principios del siglo XX, Pablo Monguió, arquitecto tarraconense, se estableció en Teruel y realizó, tanto en la capital como en la provincia, diversas obras arquitectónicas de estilo modernista catalán. La mayoría de ellas eran promovidas por órdenes religiosas para Asilos o Colegios e incluso para edificios públicos. En todas juega un papel importante la utilización conjunta de la piedra y el ladrillo, y en algunos casos, la incorporación de elementos modernistas como la madera, la forja y los colores azules y rojizos, acompañados, en ocasiones, de franjas de azulejos.
Dichas obras resultan ser un hecho singular y diferenciado en Aragón cuyos factores de desarrollo no son otros sino: La aparición de la burguesía en el siglo XIX con su correspondiente poder económico, los valiosos artesanos turolenses de aquel entonces y la llegada y asentamiento en Teruel de Pablo Monguió. Entre sus obras caben destacar:

EL PÓRTICO DE LA CATEDRAL
Lo realizó en 1909. En él, Monguió intentó armonizar el portal con la torre de la catedral. Para ello realizó una triple arquivolta con arco de medio punto y sobre ella un friso de pequeños arcos de medio punto entrecruzados, similares a los de la parte baja de la torre. También conjugó la piedra, el ladrillo y la cerámica vidriada, pero sin llegar a conseguir un correcto equilibrio.
En esta portada catedralicia es digna de destacar la forja de la reja de entrada (1909), de estilo gótico flamígero, del rejero Matías Abad, autor también de las rejas del coro de la iglesia de San Pedro. La del coro de la catedral corresponde a Sánchez Escriche y fue realizada en 1945.

Actual portada de la catedral de Teruel Edificio de Tejidos el Torico. (Teruel) Casa Ferrán (Teruel)

LA CASA DEL TORICO
Está situado en plena plaza del Torico. Perteneció al comercio de Tejidos el Torico. La construcción de este edificio modernista fue realizada por Monguió en 1912, momento en que el comercio turolense se hallaba en pleno florecimiento.El edificio consta de cuatro plantas y planta baja. La primera planta posee de una amplia galería abierta con siete columnas rematadas en capitel floral. La segunda contiene un balcón sostenido por las siete columnas de la planta primera. La tercera planta tiene tres balcones individuales y de distinto diseño a los de la segunda. Finalmente la fachada queda rematada en su ángulo izquierdo por un torreón circular con igual balconcillo. La forja es obra de Matías Abad.

LA CASA DE FERRÁN
Al igual que la anterior también está situada en la plaza del Torico. Fue y es todavía un comercio de tejidos denominado Casa Ferrán. Con este edificio, en 1910, Monguió y Abad hicieron lo mismo que con el del Torico. Aunque la piedra y el hierro se utilizaron sabiamente, la obra pierde monumentalidad por falta de una amplia visibilidad.

EL EDIFICIO DE LA MADRILEÑA
Está situado también en la misma plaza. Es otra de las obras de Monguió y de Abad construida en 1917. Aunque es un edificio estrecho también posee su belleza y graciosidad por su alero y los vanos trazados en formas curvilíneas.

Edificio de La Madrileña (Teruel)
Las Graduadas del Arrabal (Teruel)
Casa de Timoteo Bayo (Teruel)

LAS GRADUADAS DEL ARRABAL
Durante las guerras carlistas existieron en el mismo lugar un grupo de casas que fueron incendiadas. Sobre sus ruinas, en 1912, Monguió construyó un grupo escolar con sabor a modernismo catalán. Esta es sin duda una de las más bellas obras de Monguió en las que supo armonizar sabiamente la piedra y el ladrillo. Actualmente está ubicado en ellas el Archivo Histórico Provincial.

Otras obras de la ciudad de Teruel en las que el tarraconense Monguió asentó el modernismo fueron:  La casa de Alejandro Escriche, en la calle Temprado (1918); la casa de Natalio Ferrán, en la calle de San Francisco (1917); la casa de Timoteo Bayo, en la Plaza Bretón (1902); los edificios del Hospital Provincial, en la carretera de Zaragoza (1914); y el primitivo Teatro Marín (1916-18). 

EL COLEGIO SAN NICOLÁS DE BARI
El antiguo Asilo de San Nicolás de Bari, construido entre los años 1907 y 1909 e inaugurado en 1910, fue proyectado por el arquitecto D. Francisco López Pascual, pagando el coste de las obras Dña. Dolores Romero, con la finalidad de dedicarlo a la atención de niños huérfanos de la provincia de Teruel. Antiguo Asilo de  San Nicolás de BariSeguramente es el edificio más extenso construido en la ciudad según la impronta modernista.
Se halla ubicado en un amplio solar de la calle Dolores Romero nº 39 del actual barrio de San Nicolás y presenta un esquema en H simétrico y claramente funcional. En la fachada principal, el cuerpo central forma con las alas laterales un amplio ámbito de acogida presidido por el módulo levemente resaltado que contiene el acceso principal y está rematado con un frontón de marcado carácter representativo. La unidad del conjunto queda reforzada por el tratamiento común de las fachadas, realizadas en  mampostería de piedra con las esquinas resaltadas en piedra de sillar y huecos exteriores recercados con labores de ladrillo y piedra. Compositivamente los huecos se disponen de forma proporcionada y homogénea, confiriendo al conjunto una gran elegancia y armonía.
La rejería, atribuida a Matías Abad, combina formas lineales con curvas y motivos florales. Destaca la de la puerta principal del edificio, dado que es una de las forjas modernistas más importantes de la ciudad de Teruel.
Se trata de un edificio muy bien resuelto, que manifiesta con claridad los detalles propios de su estilo en el cerramiento, en la traza del alero y en el característico aspecto del conjunto.
Por otro lado, cabe destacar que fue una de las instituciones benéficas y educativas más arraigadas en Teruel capital y su provincia, ya que han sido miles los niños y jóvenes turolenses que han pasado por sus aulas, gracias a la labor desarrollada por los hermanos Terciarios Capuchinos.
Teniendo en cuenta los valores históricos, artísticos y técnico-constructivos, del edificio en cuestión, la Dirección General de Patrimonio Cultural, a finales del año 2007, consideró adecuada la inclusión del Antiguo Asilo de San Nicolás de Bari como Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.
Otros edificios de similares características a éste ese son Las Antiguas Escuelas del Arrabal (actualmente El Archivo Histórico Provincial), la fachada principal del Asilo de Ancianos, la ampliación del Convento de los Franciscanos y la Iglesia del Salvador (en el barrio de Villaspesa).

LA ESCALINATA
Se construyó entre los años 1920-22 bajo el patrocinio de Carlos Castel. La obra fue llevada a cabo por el ingeniero José Torán de la Rad, con la finalidad de superar el gran desnivel existente entre la estación de ferrocarril y el casco urbano. En esta obra puede apreciarse la impronta del neomudéjar y la influencia del modernismo, abundando el ladrillo, la cerámica de Teruel y diversos remates de forja semejantes a los del modernismo. En la bifurcación de la escalera se instaló el relieve de Los Amantes, obra de Aniceto Marinas. Toda la estructura queda coronada con dos torreones neomudéjares abiertos al Paseo del Óvalo.

La Escalinata El Casino turolense

EL CASINO TUROLENSE
Es un edificio neomudéjar sito en la plaza de San Juan. Su construcción data del año 1922. Para su construcción se derribó la casa de los Sánchez Muñoz.

LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL CARMEN
Es un edificio de pequeñas dimensiones situado a escasos metros de la cárcel alctual. Fue proyectado en 1903 por el arquitecto valenciano José María Cortina Pérez. En esta pequeña obra con aire de maqueta de gran templo, se dan cita elementos historicistas (fundamentalmente neomudéjares y neogóticos), eclecticistas y modernistas.

Ermita de la Virgen del Carmen (Teruel) Mercado antiguo de Teruel Casino Mercantil (Teruel)

EL CASINO MERCANTIL
Se construyó en el año 1921 a mitad de la calle Ramón y Cajal. No deja de ser un edificio con una fachada de ambicioso afán de suntuosidad.

EL MERCADO PÚBLICO
Se construyó sobre el Paseador. Edificio de mal gusto y peor construcción que hubo que derribar para hacer otro peor.

EL VIADUCTO
Viaducto de TeruelObra de Fernando Hué. Es una obra gigantesca con un solo arco central de 34 metros de altura y 39 de luz. El segundo de Europa, por su tamaño, en aquel entonces. Se construyó en el año 1929 con una doble finalidad: desviar la carretera de Valencia y proporcionar a la ciudad un nuevo barrio o zona denominada el Ensanche, en la que surgiría una ciudad jardín, cuyos edificios, que todavía se conservan hoy, respondían a la idea urbanística de viviendas unifamiliares. En la parte de su desembocadura hacia el Ensanche se colocó en 1935 el monumento de Victorio Macho dedicado a José Torán, propulsor de varias reformas en la ciudad de Teruel. Paralelamente a esta expansión urbana hacia el Sur de la ciudad, surgen edificaciones en los Llanos de San Cristóbal, aprovechando el paso por el puente  de la Reina, y también en el Pinar de la Muela. Todo este crecimiento urbanístico que va experimentando la ciudad se consolidará después de la guerra.

LA ACTUAL PLAZA DE TOROS
Actual plaza de toros de TeruelFue inaugurada en 1935, en las fiestas tradicionales de San Fernando. El día 30 de mayo se lidió la corrida de inauguración, con toros de Maria Montalvo que lidiaron los diestros Villalta, Armillita y Domingo Ortega.
La plaza, de estilo arquitectónico neomudéjar, cuenta con todos los servicios necesarios y está ubicada al sur de la ciudad, en la parte del nuevo ensanche. Tiene un aforo de 6.300 espectadores.
Anteriormente Teruel contaba con una plaza de toros en el extremo norte de la ciudad, en los llanos de San Cristóbal, sobre una loma desde la cual se domina toda la población. Fue construida a mediados del siglo pasado, terminándose las obras en el verano de 1850. Las primeras corridas se celebraron los días 8, 9 y 10 de septiembre de dicho año. Posteriormente se realizaron obras de reconstrucción y ampliación, que se inauguraron en 1924. Era un polígono de 24 lados, con un diámetro del ruedo de 50 metros, y una capacidad para 9.000 espectadores, repartidos en 72 palcos, grada cubierta y tendido.Entre sus dependencias se contaban: café, enfermería, guardanés y cuadra. Fue derruida por el Ayuntamiento el año 1933 y, con toda premura, comenzó la construcción de la nueva plaza.

ARTISTAS TUROLENSES DEL SIGLO XX

Más que en el campo arquitectónico, el legado turolense de este siglo ha sido notable desde el punto de vista escultórico y pictórico, y no por obra de artistas venidos de fuera, sino por artistas turolenses de amplia proyección internacional.
En sus inicios, pintores como Ricardo Arredondo (nacido en Cella) y Juan José Gárate (de Albalate del Arzobispo) exaltaron los paisajes y tipos de España. No se puede hablar de una escuela propia, ya que se formaron en distintos focos, insertándose en las grandes corrientes de la plástica contemporánea. Después de ellos, otros artistas como Ángel Novella, Valero Lecha, José Lapayese y Luis Berdejo, han tenido una dilatada trayectoria profesional obteniendo el reconocimiento a su obra tanto a nivel nacional como fuera de nuestras fronteras. Como caso especial merece ser citada Enriqueta Trullenque dentro del estilo naif. En 1907 y 1910 nacieron, respectivamente, el pintor y artista del metal Eleuterio Blasco Ferrer (Foz-Calanda) y el escultor Pablo Serrano (Crivillén). Ambos son figuras de gran prestigio y sus obras están presentes en los principales museos europeos y americanos.

Cabaret - Luis Berdejo, 1922 Boveda para el hombre  (Pablo Serrano) Arreglando a San Roque - Enriqueta Trullenque, 1984

En Blasco Ferrer se advierten tres intenciones cuando corta, modela y une las placas de hierro: primeramente crea curvas con un ritmo puramente decorativo, luego logra valores plásticos con juegos de sombras y luces, y finalmente expresa un significado sincero y emotivo.
Pablo Serrano se delata como un escultor vanguardista. En su evolución fue pasando de un barroco expresionista al  arte abstracto y a los ritmos espaciales, pero desde 1962 intenta dotar a su obra de un contenido filosófico, con temas como “Hombres con puerta” y “ Unidades-Yunta”  con los que invita al ser humano al diálogo y a la comunicación.
La segunda generación de artistas turolenses del siglo XX es la generación de la posguerra, y está representada por dos artistas nacidos en Rubielos de Mora en 1929: el pintor Salvador Victoria y el escultor José Gonzalvo, quien ha sabido sacar al hierro sus posibilidades expresivas tanto en pequeñas obras como en obras monumentales tales como el Hotel Reconquista de Alcoy o el Monumento al Tambor en Alcañiz. Salvador Victoria es el artista turolense más vanguardista. Ha sabido dar a sus collages un trazo curvilíneo de carácter orgánico, suavemente perfilado por la valoración de las tintas y de las veladuras y cargado de una honda poesía por el dominio de las transparencias espaciales. También son dignos de mención los pintores de la familia Alegre,  y Alejandro Cañada, enriquecedor de la iglesia de Burbáguena con un conjunto de ocho enormes lienzos.
En los últimos años, encabezan las tendencias más recientes del arte turolense artistas como: Enrique Trullenque, Gonzalo Tena, Charo Pradas, Joaquín Escuder, Fernando Navarro …
Finalmente merece la pena destacar el renacimiento de la artesanía turolense, pues si bien gran parte de nuestras artesanías desaparecieron en el siglo XIX ante la producción industrializada, últimamente se ha producido un resurgir de lo artesanal en distintos y diversos talleres artesanos distribuidos a lo largo y ancho de la provincia, donde se han recuperado los modos y formas tradicionales de nuestra artesanía. Entre las industrias artesanas turolenses, hoy recuperadas, destacan dos fundamentalmente: la cerámica y la forja del hierro.

Puerta del Casino Mercantil de Teruel - José Gonzalvo Jarra de cerámica de Teruel. Siglo XV Reja del pórtico de la catedral de Teruel

El renacimiento de la cerámica tradiciona policroma se debe en primer lugar al interés que despertó, en el primer tercio del siglo XX, entre coleccionistas y anticuarios; y en segundo lugar a la consecución de la técnica de pintar sobre baño de esmalte sin vidriar; papel interesante desempeñó en esta recuperación de las técnicas antiguas la Escuela de Artes y Oficios de Teruel. La artista más destacada en cerámica policroma, esmaltada y vidriada con carácter decorativo es Teresa Jassa Case, de Calaceite; la cerámica en verde, morado y azul la elaboran los alfareros turorenses Domingo Punter Loscos e Ismael Górriz Valero.
La forja del hierro tuvo en esta provincia varios centros: Linares, Orihuela, Torres de Albarracín, etc. Figura cumbre de este ramo fue Canamache a finales de la Edad Media, maestro hábil que fue imitado en este siglo XX por los artesanos turolenses Matías Abad y Sánchez Escriche.

 


BIBLIOGRAFÍA
* "La República y la Guerra Civil en Teruel " – Ángela Cenarro Lagunas - Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 2002.
* "Las colectivizaciones campesinas" - Julián Casanova Ruiz - Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 2002.
* "El Franquismo" - Gaudioso Sánchez Brun – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 2002.
* "La transformación urbana de Teruel a través de los tiempos" – Angel Novella Mateo – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 1988.
* "La expresión artística turolense" - Santiago Sebastián López - Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja - Teruel, 1972.
* "Teruel" – Vidal Muñoz Garrido – Excmo Ayuntamiento de Teruel - Teruel, 2004.

 

 

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