TERUEL EN EL SIGLO XVI

 

INTRODUCCIÓN

A principios del siglo XVI concluyó oficialmente la presencia del Islam en España. En 1502 fueron los Reyes Católicos quienes plantearon a los mudéjares castellanos y también a los de Teruel y Albarracín la disyuntiva de abrazar el cristianismo o dejar definitivamente el solar de sus mayores. Carlos I hacía lo propio con los de la Corona de Aragón en 1526.
La mayoría de ellos apostó por el bautismo, siendo conocidos desde entonces como nuevos cristianos, nuevos bautizados o nuevos conversos, y también como moriscos, término que se impuso tras la expulsión, al sintetizar en su significado la condición de renegados y traidores de los desterrados.

 

POBLACIÓN Y SOCIEDAD MORISCA TUROLENSE

La mayoría de los moriscos aragoneses se asentaton en la provincia de Zaragoza, al lo largo de la ribera del río Ebro y de sus afluentes por la derecha, mientras que apenas tenían presencia en Huesca. En la de Teruel el núcleo fundamental, ubicado en el Bajo Aragón se completaba con algunas pequeñas comunidades diseminadas por el resto de la provincia.
Durante el siglo XVI, en consonancia con la coyuntura alcista de la centuria, los nuevos convertidos de Teruel pasaron de los 830 fuegos del año 1495 a los 2.483 del momento de la expulsión. Si comparamos la población de las distintas provincias encontramos que en 1610 la de Teruel con sus 2483 fuegos era muy superior a la de Huesca con 412, pero muy distante de la de Zaragoza con 11.368 fuegos. En total, los moriscos sumaban en todo Aragón 14.263 fuegos en 128 poblaciones y 64.183 habitantes (el 15% de la población total). Este porcentaje convertía al reino de Aragón en el territorio con mayor población morisca después de Valencia, donde rondaba el 25%.
El hecho de que los moriscos de la ciudad de Teruel se convirtiesen antes fue debido a que les interesaba liberarse de las cargas de los préstamos recibidos para mantener sus propiedades y los arrendamientos relacionados con la Iglesia, pues en su intimidad conservaban la fe y sus costumbres islámicas.

Se dedicaron básicamente a la agricultura, alfarería, herrería, carpintería, cerámica, al comercio en la Plaza Mayor y el Tozal, a la curtición de pieles, y demostraron ser afamados trajineros o transportadores de mercancías y ganados.
Siguieron viviendo en la antigua Morería, a cuyo espacio la Iglesia cambiaría el nombre por el de Andaquilla y sobre su mezquita se construiría la iglesia de la Trinidad.
Aunque se pretendió integrarlos en la sociedad turolense, siempre existió la dualidad de cristianos viejos o verdaderos y los nuevos conversos, que eran considerados por la jerarquía eclesiástica como falsos cristianos, por lo que fueron perseguidos por la Inquisición.
El Capítulo General de Racioneros, el Concejo, los Sánchez Muñoz y otros Señores les exigieron los impuestos de tiempos pasados para mantener su capacidad de poderío económico, social y político. Se negaron a pagar los impuestos que satisfacían como mudéjares, con lo que la coexistencia con las autoridades y la sociedad señorial se fue resquebrajando en el transcurso del siglo XVI. Cuando en el verano de 1610 fueron expulsados (por mandato del rey castellano Felipe III) en Teruel existían en torno a 150 fuegos de moriscos, unos 700 u 800, lo que suponía el 21% de los 3.300 o 3.400 habitantes de la población ciudadana.
La expulsión de los moriscos de la ciudad de Teruel hizo desaparecer una clase social de tipo medio, que cultivaba muy bien las tierras, manejaba a la perfección la alfarería y sabía comercializar su producción. Se quebró la estructura social y económica, cuya recuperación fue muy lenta hasta que fueron sustituidos por nuevos cantareros catalanes y castellanos, para trabajar la cerámica.
En la ciudad quedaron espacios vacíos, concretamente en el área que ocupa hoy la plaza del Seminario, la calle de San Martín y el Tozal, pero la ruina afectó a toda la actividad económica y especialmente a la de los Señores, como muestra el hecho de que en 1663 el Capítulo General de Racioneros se lamentara afirmando: “No se pagan los censos y además se han dejado destruir los edificios del barrio de la Andaquilla”.

LA ECONOMÍA MORISCA

El morisco, además de vasallo, fue mayoritariamente campesino pero sin tierras propias; viéndose obligado a trabajar las de su señor. Salvo excepciones era un aparcero que trabajaba sus campos  bajo la fórmula de la propiedad compartida. Los señores le habían cedido sus parcelas a perpetuidad a cambio de una renta anual. Los derechos del señor recibían el nombre de dominio directo y los del morisco, que le garantizaban la explotación libre de sus tierras, cederlas en herencia o venderlas, dominio útil.
La renta de la tierra constituía el gravamen de mayor incidencia sobre la economia campesina. Así por ejemplo, los cabreos (inventario de los bienes, derechos y rentas del señor) nos muestran que en el Bajo Aragón predominaba la tributación proporcional de la cosecha ( un tercio o un cuarto de la cosecha de regadío y un sexto de la de secano), pero había también tierras que sólo pagaban una cantidad fija en dinero o en especie y en ocasiones insignificante (treudo). Otra forma de tributación eran las zofras, jornadas de trabajo que los campesinos entregaban a su señor.
Piezas de arcilla secándose al sol en una ollería de TeruelEn cualquier caso, y habida cuenta de que, entre la parte de cosecha que había que entregar al señor y la que había que guardar para sembrar ascendía al 50% , en las pequeñas explotaciones suponía renunciar a la mitad de la producción o vivir en el umbral de la pobreza y, en general, fue la condición de la mayoría del campesinado morisco de los lugares de señorío. Pero no es menos cierto que existieron tambien tierras propias por las que no debían dar cuenta a nadie y cristianos viejos que pagaban rentas menores por propiedades mayores, aunque sus diezmos eran mayores, hecho por el que se igualaban económicamente con los cristianos nuevos. Generalmente los grandes propietarios eran siempre cristianos viejos: clérigos, infanzones, caballeros, ciudadanos, etc.
A pesar de las cargas, la comunidad morisca aparece claramente diferenciada. Junto a la masa de campesinos pobres existían también capas medias y acomodadas, aunque la diferencia social venía impuesta por la práctica de otras actividades económicas paralelas a la agricultura: ganaderos, tejedores, aljeceros, carpinteros, herreros, notarios, trajineros, alpargateros, jaboneros, pintores, cantareros, esparteñeros, tratantes, sastres, jornaleros, mercaderes, etc. Toda esta diversificación económica permitió un nivel de poblamiento muy superior al que ofrecían los recursos de la tierra. Por tal motivo, tras la expulsión algunos lugares tardaron largos años en alcanzar la vecindad que tenían antes de 1610.
Su integración en la producción y la economía explica que su destierro fuera un duro golpe y una quiebra para la economia y la vida aragonesa y también la turolense.

ACOSO Y EXPULSIÓN DE LOS CONVERSOS

Tal y como se ha mencionado anteriormente, los moriscos aragoneses fueron expulsados en 1610 según rezaba en el bando publicado en Zaragoza el 29 de mayo. La condena no era nueva, pues apenas recibieron el bautismo fueron calificados por la Inquisición y la monarquía de ser cristianos en apariencia mientras en su fuero interno seguían fieles al Islam; de formar un solo pueblo unido por la fe, avivada por la represión; y de sentir un odio profundo hacia todo lo cristiano incluido el propio rey.
Bando de expulsión de los moriscos aragoneses (1610). Su pasado islámico, la carencia de adoctrinamiento, el peso de la costumbre y, por supuesto, su fidelidad al Islam convirtieron al nuevo cristiano en presa fácil de la Inquisición.
Pronto se encontraron argumentos que denunciaban su infidelidad a la monarquía. Se les acusó de convivencias con los turcos, de apoyar las razzias de los piratas berberiscos y de conspirar con los protestantes y hugonotes franceses. Convencidos de su desafección, cualquier actuación, hasta la más inocua, fue interpretada como expresión de esta enemistad.
El Bajo Aragón fue considerado como punto de concentración de todos aquellos que habían decidido abandonar el reino. La misma Inquisición denunciaba un comercio permanente de armas y pólvora que desde Aragón discurría a través de Valencia hasta Argel, siendo los agentes de este mercado moriscos de Gea y Calanda.
El morisco, como tal, fue considerado siempre como un peligroso enemigo al que era preciso vigilar y controlar. De este temor dan buena cuenta la prohibición de llevar armas dictada en 1558 y los desarmes de 1575 y 1593 que, según parece no afectaron a los de Teruel y Albarracín.
Hoy las cosas empiezan a verse de otro modo. Los archivos locales almacenan numerosos datos que ponen en tela de juicio la visión monolítica de inquisidores y políticos. Evidentemente nadie duda de que entre los moriscos hubiese fervientes seguidores del Islam porque no todos se acercaron al bautismo con la misma predisposición, pero parece más sorprendente que todos ellos vivieran en semejantes confabulaciones, especialmente los aragoneses y castellanos.
En definitiva, todos los datos obtenidos hasta la fecha contradicen a la Inquisición y a sus seguidores, y también cuestionan la propia expulsión, justificada hasta ahora por la imposibilidad de asimilar a los nuevos bautizados. Por eso cada vez se abre paso con más firmeza la idea de que el destierro fue una medida política de un poder débil que pretendía demostrar que era fuerte.

EL ARTE TUROLENSE DEL SIGLO XVI

EL RENACIMIENTO PICTÓRICO

Retablo de San Jorge - Iglesia de la Merced (Teruel)A comienzos del Cinquecento la vida política turorense inició su decadencia con la implantación de la Inquisición. El siglo XV comenzó en la ciudad con las luchas entre los Muñoz y los Marcilla, teniendo que producirse la intervención real que pondría fin a los fueros y libertades de Teruel.
Generalmente se ha venido afirmando que el renacimiento fue introducido en Teruel por los maestros franceses Pierres Vedel (arquitecto) y Gabriel Joly (escultor). Hoy se sabe que la pintura fue anterior, pues en 1515 plasmaba sus obras en Teruel el pintor Jerónimo Martínez, cuyas italianizadas obras estaban influidas por los pintores Hernando Yáñez y Hernando Llanos, los cuales importaron al ambiente levantino los ecos de la pintura de Leonardo  da Vinci. Jerónimo Martínez fue conocido con anterioridad como el Maestro de Alcoraz pues así lo demuestra el retablo de San Jorge (1525) de la iglesia de la Merced de Teruel. Este retablo es obra de gran significación histórica ya que fue encargado por la Real y Militar Compañía de San Jorge, creada por Jaime I en 1225. En su iconografía se trata de exaltar las virtudes guerreras de San Jorge, patrón de Aragón. Otras obras de este mismo autor son:
Las tablas de San Roque y San Sebastián de la iglesia de Santiago, en Albarracín.
Las tablas de San Pedro, Santiago y la Crucifixión, ensambladas en 1712 en un retablo barroco de la capilla de la catedral de Albarracín.
El retablo de la Visitación, su obra más lograda, actualmente en la catedral de Teruel.
De estas mismas fechas son algunas obras de la ex colegiata de Alcañiz, de maestro anónimo, en las que también se denota la influencia valenciana: varias tablas que representan a San Pedro, San Blas, San Cosme y San Damián, Santa Apolonia, y algunas más.

LA ESCULTURA RENACENTISTA

En las tierras turolenses, al igual que en el resto de Aragón el aporte de la escultura fue notable. Buena prueba de ello son las obras de Damian Forment, Gabriel Jolí, Cosme Damián Bas y otros escultores, cuyas obras se han conservado en Teruel, Albarracín y otras localidades turolenses.
Aunque la obra de Damián Forment , referida al sepulcro renacentista (de alabastro) del comendador alcañizano Juan de Lanuza (1537), ha quedado deteriorada con el paso del tiempo, todavía puede apreciarse en ella la finura de su modelado. La obra fue un fiel exponente del gusto clásico del renacimiento, en la que este escultor levantino supo intuir mejor el espíritu de la antigüedad.
Del escultor francés Gabriel Joly se sabe que vivió en Zaragoza desde 1514 y que en 1532 se estableció en la ciudad de Teruel para realizar el retablo mayor de la catedral, muriendo en ésta ciudad en 1538. El retablo, al no haber sido policromado ni dorado a lo largo de los siglos posteriores a su ejecución, ha llegado a nuestros días tal y como fue concebido en sus orígenes, pudiéndose apreciar el toque directo de la gubia y los trazos vivos y nerviosos del escultor sobre la madera. Está compuesto por cuatro cuerpos y tres calles, siendo su tema central el homenaje que tributa la Iglesia a la Virgen en su Asunción. Los intercolumnios del resto del retablo están adornados con los doce apóstoles y la calle central tiene como escena principal la Asunción, influida por la de Damián Forment del Pilar de Zaragoza. En lo alto del retablo se halla el típico óculo aragonés, y las calles laterales están dedicadas a Cristo.

Retablo del Altar Mayorde la catedral de Teruel Retablo de la Virgen del Rosario - Iglesia de la Asunción (Calamocha) Retablo del Altar Mayor de la iglesia de San Pedro (Teruel)

La última obra realizada por este mismo escultor es el retablo de los Santos Cosme y Damián (1537) en la iglesia de San Pedro, en la ciudad de Teruel. Comparada con el retablo de la catedral, éste resulta menor, y está compuesto bajo el esquema del arco triunfal disponiendo tondos en las calles laterales y un óvalo en el remate. Además de los santos médicos Cosme y Damián, vestidos a la manera renacentista, destaca la pieza central de la Piedad.
En el año 1566 el gran escultor Cosme Damián Bas realizó el retablo mayor de la catedral de Albarracín, si bien con anterioridad había realizado el sagrario de la iglesia turolense de San Pedro y el retablo del altar mayor de la iglesia de Cella (1562). De su mismo taller también son el retablo de San Juan en la iglesia de Santa Eulalia del Campo y el de San Onofre en la ermita de la Virgen del Molino de la misma localidad.
En el valle del Jiloca, el principal foco escultórico se desarrolló en Calamocha y San Martín del Río. La pieza más notable es el retablo de la Virgen del Rosario, de Pedro Martínez (1606), que ocupó el presbiterio de la parroquial de Calamocha hasta que fue relegado a una capilla lateral. En él cabe destacar el escaso desarrollo de la calle central y la concepción de la hornacina como un óvalo. Resulta interesante su temática dedicada a la Virgen del Rosario, si bien el retablo, en su conjunto, es un tanto anómalo por la disposición de las escenas del rosario y por la incorporación de San José, San Fabián y San Sebastián. Como el retablo es una imagen de las alegorías de la Iglesia, en los zócalos de las columnas se colocaron relieves de los Padres de la Iglesia como soportes de su doctrina.
El retablo de la iglesia de San Martín del Río (1590) fue realizado por el escultor Andrea Fortunato de Peregrinis y está dedicado también a la Virgen del Rosario.

LA ARQUITECTURA DEL SIGLO XVI

Interior del Cimborrio de la catedral de TeruelLa modalidad mudéjar del renacimiento aragonés se magnifica en la arquitectura civil: así se generalizó un tipo de casa con ingreso en arco de medio punto, balcones volados en el piso noble y arriba una serie de ventanas corridas de medio punto, coronándolo todo un alero saliente. Los antecedentes de este tipo de construcción hay que buscarlos en la arquitectura gótico-mudéjar aragonesa, desaparecida en buena parte. Hay que tener presente que la arquitectura aragonesa tiene un marcado carácter popular y tradicional, pues los artífices fueron los moriscos y mudéjares que permanecieron en Aragón durante un periodo de tiempo mayor que en otras partes de España.
Los materiales utilizados fueron fundamentalmente el ladrillo, el yeso y la madera. En las edificaciones de palacios y casas no se aportaron soluciones técnicas, mientras que en las edificaciones religiosas se mantuvieron las estructuras tradicionales.
Como obra más significativa de esta tradición mudéjar destaca el cimborrio de la catedral de Teruel, que vino a sustituir a otro anterior. En éste del siglo XVI aparecen hermanadas las corrientes gótico mudéjar y la renacentista, y su renovación hay que relacionarla con el de la Seo de Zaragoza (1505-1520).
Además de la arquitectura mudéjar, durante este siglo XVI comenzó a difundirse en las tierras turolenses el modelo de templo gótico con nave única, capillas laterales y bóveda gótica complicada; pues el modelo de templo netamente renacentista no se dio en estas tierras.
Aunque son varios los templos de este estilo existentes en la provincia turolense, caben destacar los siguientes:
La Catedral de Albarracín: Se levanta a los pies del desmoronado alcázar. Lo más llamativo es su airosa y voluminosa torre. La primitiva catedral fue inaugurada en el año 1200 y restaurada posteriormente en 1395. La fábrica actual se levantó en varias fases a lo largo del siglo XVI: la cabecera en 1527, el coro en 1536, la nave entre 1556 y 1560 y realizada por Pierres Vedel, el mismo que realizó los famosos Arcos de Teruel para conducir el agua desde la Peña el Macho hasta la ciudad.
Para la solución espacial se recurrió a la planta de nave única con capillas laterales y cubrición a base de complicadas bóvedas estrelladas. En su nave destacan la capilla mayor central, con función de enorme ábside pentagonal; y el coro, cubierto de la misma forma que la capilla mayor. Las capillas laterales fueron agrandadas posteriormente.
La parroquia de Santa María la Mayor, de Calamocha: Construida en este siglo XVI, vino a sustituir al ejemplar gótico anterior. Constituye la más bella iglesia de este tipo de todo el valle del Jiloca y cuenta, en su concepción espacial, con la luminosidad del renacimiento. Su diseño es el de un templo de amplia nave con capillas laterales entre los contrafuertes comunicadas entre sí; los pilares quedan embebidos en el muro y presentan unas molduras en lo alto que recorren a lo largo toda la iglesia. Su bóveda de crucería es una muestra de las complicaciones a que se llegó en esta época en Aragón. La torre fue realizada por Melchor de Luzón en 1675.

Iglesia parroquial de Santa Eulalia del Campo Catedral de Albarracín Parroquia de Santa María la Mayor (Calamocha)

La iglesia parroquial de Santa Eulalia del Campo: En su construcción intervino el arquitecto francés Quinto Pierres Vedel hacia 1560. Aunque no se sabe a ciencia cierta si el diseño fue suyo, sí presenta muchas semejanzas con la iglesia de Santa María de Albarracín, construida por él y que dejó sin concluir al morir en 1567. Consta de una nave con testero semihexagonal y capillas hornacinas bastante profundas entre los contrafuertes. Su portada es renacentista y junto a la iglesia destaca la cruz de término (1566) labrada en piedra, la cruz más bella que dejó el renacimiento en estas tierras turolenses.
La iglesia de Santa María, de Albarracín: Obra del gran maestro Pierres Vedel que,  dejó inconclusa al morir en 1567 y donde fue enterrado. Fue terminada en 1572. En su construcción Vedel estuvo ayudado por albañiles de la tierra, responsables de los diseños mudéjares con ladrillo de la parte exterior. Su interior sigue el ejemplo de una amplia nave con capillas hornacinas entre los contrafuertes.
Las decoraciones platerescas son casi inexistentes en todas las iglesias turolenses de esta época; como excepción caben señalar la portada de la iglesia de Torrelacárcel (principios del XVI) y la iglesia de Terriente. La ausencia de estas decoraciones platerescas se debió por una parte al inadecuado material pétreo de estas zonas y por otro lado a que cuando el renacimiento floreció en esta zona turolense, las fantasías decorativas estaban ya superadas y el estilo pasó a fases de mayor austeridad y clasicismo.

Ayuntamiento de Alcañiz Ayuntamiento de Valderrobres

De todas las modas estilísticas del XVI, la mejor representada en tierras turolenses fue el manierismo, un estilo que supuso una vuelta a los ideales del gótico en cuanto a las proporciones, por lo que no es extraño que los artistas turolenses cayesen en soluciones manieristas al tratar de interpretar las composiciones clasicistas, fundamentalmente en el ornato; así que aparecerá con frecuencia en la decoración, ya se trate de estuco o de madera. No faltan los soportes llamados estípites cuyos ejemplares más antiguos son los los de la Casa de la Comunidad de Teruel, los soportes antropomorfos como los del ambón del púlpito de la iglesia de Santa María en Albarracín, y los retablos de la iglesia del Carmen (de Teruel) del siglo XVII. Otros elementos de raigambre manierista, muy frecuentes en los retablos del siglo XVII son las columnas melcochadas y las de fuste estriado en espina. Diseños de la misma procedencia son los estucos de carácter geométrico, destacados por una brillante policromía. Los ejemplares más notables se encuentran en las iglesias de Bronchales, Monterde y la iglesia de Santiago en Albarracín, todas ellas de finales del siglo XVI. En cuanto a monumentos caben destacar la portada de la iglesia de Cretas y la portada de la parroquial de Andorra (1597-1609), portada de mayores caracteres manieristas.
Dentro de la arquitectura civil del siglo XVI, derivada del siglo anterior, destacan: la fachada del ayuntamiento de Alcañiz, la Casa de la Comunidad de Teruel, la Casa de la Sirena (en Jabaloyas), algunas casas de Mosqueruela y el ayuntamiento de Puertomingalvo. Pero sin duda, la obra de arquitectura civil más importante del siglo XVI es el Acueducto de los Arcos de Teruel, obra del arquitecto francés Quinto Pierres Vedel, que constituye la mejor interpretación del renacimiento en tierras turolenses, y como obra hidráulica la mejor conservada de cuantas existen en España de este siglo. Está fajado sobre unas pilas muy anchas que son las que soportan los arcos de un puente o viaducto, sobre el cual se apoyan los arcos superiores del acueducto. El tránsito de las personas por la parte del viaducto se hace por medio de unos huecos que atraviesan las pilas, las cuales se ensanchan después de pasar los enormes machones. La obra fue ejecutada entre los años 1537 y 1558 con un coste superior a los cincuenta mil escudos.

Portada de la Iglesia parroquial de Andorra Casa Guijarro (Iglesuela del Cid) Portada de la iglesia de Cretas

Como consecuencia del esplendor que tuvo la vida comunal en Aragón, los edificios públicos de este siglo XVI adquirieron verdadera magnificencia y monumentalidad. Buen ejemplo de ello son los ayuntamientos de Terriente y Orihuela del Tremedal, la Casa de la Comunidad de Teruel, varias casas de La Iglesuela del Cid y Mirambel, el ayuntamiento de Torre del Compte, el ayuntamiento de La Fresneda, el ayuntamiento de Valderrobres (pieza selecta), el ayuntamiento de Cella, y varios más.
En la arquitectura doméstica merecen ser destacadas:  Las mansiones de la Casa Grande, Daudén y Guijarro en La Iglesuela del Cid; la Casa de la Encomienda en La Fresneda; y las casas de Castellot, Aliaga y Villarroya en Mirambel.

TRANSFORMACIONES URBANAS DE LA CIUDAD DE TERUEL EN EL SIGLO XVI

Entre las transformaciones que se llevaron a cabo en la ciudad de Teruel caben destacar:

LA CAPILLA DEL VENERABLE DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA

En 1347, el arzobispo de Zaragoza concedió su licencia al vicario de la iglesia de Santa María para edificar la capilla y altar de los santos Abdón y Senén. En principio fue una capilla pequeña que posteriormente pasó a ser más grande, si bien se desconoce cuando y quién la transformó. En cualquier caso debió acabarse hacia 1542. En principio se le llamó la capilla de los Miedes, pero a partir del siglo XV, y hasta nuestros días, se le ha llamado sucesivamente capilla de los pobres, de la limosna y del Venerable Francés de Aranda.

EL CIMBORRIO DE SANTA MARÍA
Tiene una gran influencia renacentista y prescinde de decoración cerámica.
Fue construido por  Martín de Montalbán en 1538, si bien sus trazas se adjudican a Juan Lucas, alias Botero, artífice también de los cimborrios de Tarazona y Zaragoza. En el fascinante ejemplar turolense puede observarse cómo el rectángulo de la planta se convierte en un octógono por medio de un sistema de trompas a juego, aveneradas y decoradas con los bustos de los evangelistas; de los ángulos del octógono parten cuatro parejas de nervios que se cruzan formando otro octógono central, del cual parten una linterna de nervios coincidentes en la clave central. Cada cara del otógono está rasgada por un ventanal ajimezado, con guarniciones del protorrenacimiento en el mainel, jambas y arquivolta, y un medallón en la albanega central. Por el exterior este cimborrio turolense tiene más gracia que el zaragozano, ya que los contrafuertes se adornan con pináculos decorados con diseños mudéjares de rombos y esquinillas.
La personalidad de esta obra se patentiza por el ensamblamiento de formas góticas, mudéjares y renacentistas, todas ellas sabiamente combinadas para producir un espacio religioso que impresiona profundamente al expectador cuando las luces del día consiguen filtrarse por la serie de pantallas que interpuso el arquitecto.

Cimborrio de la catedral de Teruel
Torre mudéjar de la iglesia de La Merced (Teruel)

LA IGLESIA DE LA MERCED

Culmina la arquitectura mudéjar en Teruel, ya que se construyó durante el siglo XVI.
Su torre-campanario ha sido restaurada recientemente, recuperando así sus formas y pasando a ser la quinta torre mudéjar de la ciudad.
Esta torre no es completamente mudéjar, ya que el tercer cuerpo, es fruto de una ampliación posterior durante el Barroco, quizás por ello no fue declarada Patrimonio de la Humanidad como sus hermanas por la UNESCO.


LOS ARCOS

Entrados ya en el siglo XVI, el acontecimiento más destacado fue la llegada del agua a Teruel. De todo ello se encargó el ingeniero francés Pièrres Vedel mediante la construcción de arcos y túneles. El agua Los Arcos de Teruelfue conducida desde el manantial de la Peña del Macho hasta la propia ciudad por el sistema de aguas rodadas. La obra se inició en 1537 y en su curioso recorrido encontramos desde arquetas hasta múltiples arcos (como el del Arquillo en el actual barrio del Carrel), puentes y túneles que fue necesario construir para salvar los desniveles del terreno, hasta finalizar con el famoso acueducto-viaducto de los Arcos de Teruel que está pegado a la muralla y a escasos metros del portal de San Miguel.

Al llegar a Los Arcos el agua circulaba por su parte superior, seguía muralla adelante, cruzaba el torreón de la Lombardera y llegaba a las antiguas Carnicerías Altas (antiguo parque de bomberos). Desde allí, y siguiendo el trazado de la muralla, se distribuía por toda la ciudad a los distintos zafariches, aljibes y fuentes como: fuente de Juan Pérez, fuente de San Miguel, fuente de la Plaza Mayor, fuente de San Andrés, fuente de San Juan, fuente del Fuerte, fuente del hospital, fuente de Santa María (la que hoy podemos observar, delante de la casa del Dean, aunque también es de Pièrres Vedel es la que había en el Arrabal donde no se usaba. Se diferencia de la auténtica en que la actual tiene pilastras y la otra tenía columnas.), fuente de Santiago y fuente de la plaza Mayor (Obra también de Pièrres Vedel. Era una fuente monumental que se colocó en la plaza, pero al comienzo de la calle del Tozal a fin de poder celebrar los espectáculos taurinos. Cuando en 1849 se construyó la plaza de toros, como la plaza ya no se utilizaba para las corridas de toros, se destruyó la fuente (1858) y se construyó en el centro de la plaza la que actualmente podemos contemplar y que dista mucho de ser un monumento del valor de la que incomprensiblemente se destruyó).
Los Arcos son el único y más bello ejemplar de acueducto-viaducto renacentista existente en España. Están formados por dos filas de arcos, los primeros forman el viaducto por donde circulaba y circula la gente y los segundos son los que desempeñaban la función de acueducto propiamente dicha.

LA CASA DE LA COMUNIDAD

Aunque ya existía desde el siglo XII, también le llegó el turno de la renovación en el siglo XVI. Se le conocía como la Casa o Mesón de la Comunidad de Teruel y sus aldeas. La obra comenzó en 1591 previa destrucción de la antigua por su mal estado. La nueva es la que hoy podemos visitar.
La fachada principal es de sillería y se diferencia de otros edificios aragoneses de la misma época en que tiene añadido un cuarto cuerpo sobre el alero que forma una galería arcada dividida por columnas dóricas. El portal de entrada es adintelado entre paredes de columnas estriadas. Está rematado con un frontón curvo y partido, en cuyo centro puede apreciarse el escudo de la Comunidad.
El cuerpo principal corresponde al salón de reuniones, y en su parte que da a la calle de la Comunidad, existe un nicho semicircular, que sobresale de la fachada, en el que existe un retablo barroco con las imágenes de los patronos de la ciudad.
Actualmente en este edificio se encuentra alojado el Museo Provincial.

Antigua Casa de la Comunidad de Teruel (Actualmente Museo Provincial) Palacio Episcopal de Teruel

EL PALACIO EPISCOPAL

Detrás de la catedral se halla el Palacio Episcopal, edificio construido entre los siglos XVI y XVII. En su interior se guardan importantes colecciones de arte sacro. La obra maestra es el retablo del Patrocinio de la Virgen, que procede de la iglesia de San Pedro. Es del siglo XV y su autor aunque es anónimo se le conoce como el Maestro de Teruel.
El edificio tiene unas claras formas y características barrocas, entre las que destaca especialmente el claustro, alzado sobre unas columnas jónicas, y con una bella galería de arquillos en su parte superior. En la actualidad, el Palacio, y más concretamente el claustro, alberga la colección de arte sacro del Museo Diocesano, donde se han conservado objetos artísticos y litúrgicos de las diferentes poblaciones de la Diócesis.

LA PLAZA DE SAN JUAN

En 1538 Felipe II decidió acabar con los Fueros y libertades de Teruel. Para ello envió al duque de Segorbe y un pequeño ejército el cual entró en la ciudad cometiendo toda clase de atropellos. En lugar de hospedarse en la casa del rey, junto a sus tropas que estaban alojadas en el fuerte del rey Pedro, expulsó a los Muñoz de su propia casa, que estaba en lo que hoy es la plaza de San Juan, y se estableció allí.
Si bien las tropas se dedicaron a reconstruir la zona del fuerte, por orden del rey, terminada la contienda, el duque humilló a los Muñoz destruyendo su vivienda y todos los extensos anexos que ocupaba frente al hospital de la Asunción: cuadras, jardines, etc. A la gran plaza que surgió se le denominó plaza del Rey, hoy plaza de San Juan.

 

BIBLIOGRAFÍA
* "Los moriscos de la provincia de Teruel" – Gregorio Colás Latorre – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 2002.
* "La expresión artística turolense" - Santiago Sebastián López - Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja - Teruel, 1972.
* "La transformación urbana de Teruel a través de los tiempos" – Angel Novella Mateo – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 1988.
* "Teruel" – Vidal Muñoz Garrido – Excmo Ayuntamiento de Teruel - Teruel, 2004.

 

 

 

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