TERUEL EN EL SIGLO XIX

 

 

INTRODUCCIÓN

La crisis agraria de finales del siglo XVIII, la ausencia de un auténtico proceso de industrialización, las nefastas consecuencias de la Guerra de la Independencia y  las sucesivas contiendas carlistas del siglo XIX, sumieron a la provincia de Teruel en un estado de postración que desembocó en un creciente malestar social, con algunos motines populares como el de la propia ciudad en 1890, y en una oleada emigratoria del ocho por ciento anual a principios del siglo XIX. Aunque la población experimentó posteriormente un ligero crecimiento, no hay que olvidar los dramáticos efectos de la epidemia de cólera de 1885, que supuso la muerte en la provincia de 6.960 personas  y alrededor de 21.900 inválidos. Llegado el año 1900 la provincia alcanzaría los 246.000 habitantes y veinte años después 253.000.
Desde 1833, la capital de la provincia queda asignada a Teruel, lo que le confiere la condición de centro administrativo, judicial, docente, comercial y de comunicaciones. Aunque las dimensiones provinciales actuales son las de 1833, las dos anteriores  (la de José Bonaparte en 1810 y la del Trienio Constitucional en 1822), fueron menores.

 

LA HISTORIA FUE TETIGO

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) Teruel nunca aceptó someterse a las fuerzas francesas. Se alió con el frente antifrancés, asistiendo a las Cortes Extraordinarias de Aragón que convocó el general Palafox en Zaragoza el seis de junio de 1808. Bajo el mandato de su presidente liberal Isidoro de Antillón, diputado en las Cortes de Cádiz en 1812, y tras ser ocupada por los franceses, se reveló contra ellos, unida a la Junta Central Suprema, para derrocar a José Bonaparte, desde las enérgicas proclamas y manifiestos de la Junta de Defensa de Teruel.
La provincia de Teruel, y en especial su capital, tuvo una destacada significación política de signo republicano durante buena parte del siglo XIX. Ello se debió fundamentalmente a la labor y tenacidad política del turolense Victor Santos Pruneda Soriano, uno de los primeros y más destacados republicanos españoles, y miembro activo en todos los movimientos revolucionarios de signo progresista y democratizador que se sucedieron a lo largo de este agitado siglo.
A partir de 1841 el ideal republicano comenzó a extenderse por toda la provincia, arraigando con fuerza en las zonas de Teruel, Alcañiz, Montalbán y el valle del Jiloca. Más tarde, en 1868, tras ser destronada Isabel II, Pruneda y el republicanismo turolense alcanza su momento de mayor pujanza política, y especialmente con la fundación del Partido Republicano Democrático de Teruel.
Durante el Sexenio Democrático (1868-1874), los republicanos turolenses intentaron implantar la República Federal, pero se encontraron con una coyuntura política muy adversa y una creciente insurrección carlista, que no permitieron que la breve I República  de 1873 apenas cuajase en tierras turolenses. No obstante, después del golpe de estado que permitió al general Pavía acabar con la I República en 1874, Victor Pruneda y sus seguidores todavía fueron la base de la defensa de la ciudad de Teruel frente a los ataques carlistas del tres de julio y del cuatro de agosto.

Isidoro de Antillón Victor Santos Pruneda Domingo Gascón y Guimbao

Con la proclamación de Alfonso XII como rey, el último día de 1874, llegaba la Restauración monárquica, y el nuevo sistema político ideado por Cánovas ilegalizaba el movimiento republicano, fragmentándose en distintos grupos políticos permanentemente enfrentados. Pero, pese a ello, el ideal republicano todavía mantuvo un significativo arraigo político y social en la provincia y especialmente en la ciudad de Teruel, a pesar de que la nueva legislación establecida obligaba a nombrar a los alcaldes con arreglo a la Real Orden.
En las primeras elecciones de la Restauración (1891) concurrieron, bajo las siglas de Unión Republicana, los partidos republicanos Histórico, Federal y Progresista; pero de nada sirvió porque el sistema de restauración canovista continuó con los mecanismos electorales viciados de siempre. Ante tal adversidad los republicanos no desistieron y continuaron presentando opciones políticas diferenciadas, recurriendo a candidatos de gran talla y prestigio como fue el caso de Domingo Gascón y Guimbao, que en las elecciones de 1893, a pesar de ser conocido como un entusiasta defensor de los intereses de Teruel, no pudo vencer al candidato liberal L. Torán. Incluso fracasaron sistemáticamente en las alianzas, coaliciones y fusiones que ensayaron durante la Restauración.
A pesar de todo los antiguos republicanos federales del PRDF unidos a los del PRP apoyaron en 1903 a la nueva Unión Republicana impulsada por Salmerón y se unieron, algunos años más tarde, al nuevo Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, siendo sus principales dirigentes los antiguos federales prunedistas José Borrajo, Miguel Vallés y Miguel Ibáñez. En un último esfuerzo los viejos republicanos todavía intentaron armonizar los ideales democrático-republicanos  con un republicanismo de izquierdas: el Partido Republicano Socialista Autónomo de Alcañiz (1916). Pero todos estos intentos quedaron superados por la aparición de nuevas fuerzas emergentes dispuestas a combatir al régimen de la Restauración: el Socialismo y el Movimiento Liberal Anarquista.
La otra fuerza política, al margen de todo lo anterior, fue el Carlismo, que, además de presentar un conflicto dinástico, suponía una revuelta del campesinado contra la nueva oligarquía liberal enriquecida tras el proceso de desamortización. El temor a las sublevaciones armadas se convertiría en una constante preocupación para la buguesía turolense.
Finalizada en la provincia de Teruel la tercera guerra carlista (marzo de 1876) y después de unos años de cierta tranquilidad, se produce, a partir de 1896, un resurgimiento de la actividad carlista en la capital,con diversos incidentes entre republicanos y carlistas, que casi provocan un alzamiento armado en la primavera de 1897, de no haber sido porque se optó por los votos en lugar de por las armas.
En el umbral del siglo XX la aplastante hegemonía de los conservadores frenó en gran medida el auge electoral del carlismo, si bien siguió manteniendo un apoyo social de cierta importancia en toda la provincia.

POLÍTICOS DE TURNO

A lo largo de todo el siglo XIX el poder político en la provincia turolense quedó absorvido por los representantes de la nobleza tradicional y los grandes propietarios agrícolas enriquecidos tras las desamortizaciones. Esta oligarquía política y económica que había ayudado a la implantación del régimen Francisco Santa Cruz Pachecoliberal en toda la provincia, arrancaba del reinado de Isabel II y en ella se apoyó el régimen de la Restauración. Para lograr el poder político y garantizarse sus intereses económicos, los dos partidos de turno, oligarcas por igual (el Partido Conservador de Cánovas y el Partido Liberal de Sagasta), recurríeron a los mismos métodos: la adulteración de los sufragios y a la corrupción electoral.
El Partido Conservador tuvo como principales dirigentes turolenses a Francisco Santa Cruz Pacheco, a Juan Antonio Iranzo, a Carlos Castel padre (1892) y a Carlos Castel hijo. Tras la ruptura del Partido Conservador en 1892, se divide en dos grupos: los seguidores de Cánovas (conservadores ortodoxos) y los partidarios de Silvela, que mantuvieron un abierto enfrentamiento electoral hasta principios del siglo XX.
El Partido Liberal (constituido en 1880), aun siendo coprotagonista del “turno” siempre evidenció una clara debilidad orgánica y organizativa en la provincia. Contó con personalidades turolenses como: el conde Iranzo, la familia Igual,  la familia De Pedro, Casimiro Cabañero y Juan José Gasca (jefe del liberalismo provincial). El desastre de 1898 supuso un serio desgaste para los liberales en el gobierno. A ello se debe en gran medida que, a partir de 1899, el liberalismo perdiera protagonismo en la política provincial en beneficio del Partido Conservador.

ECONOMÍA  Y CULTURA

A lo largo de este siglo, la pobre agricultura y la escasísima industria vienen a dañar la nueva estructura ferroviaria turolense, que desvía el tradicional comercio a Valencia, por lo que la principal aspiración es el Ferrocarril de Teruelferrocarril Central de Aragón, que uniría, a finales del XIX, Calatayud con Teruel y Sagunto, mientras que otro ferrocarril privado transportaría el mineral de hierro desde Ojos Negros al mismo destino. No llega a plantearse en serio el proyecto de unir por tren Teruel y Cuenca, y el muy ambicioso proyecto de Teruel-Caspe-Lérida, realizado durante la dictadura de Primo de Rivera, queda construido pero sin llegar a utilizarse. La ciudad, limitada, pues, a centro administrativo de una provincia semidespoblada, mantiene algunos molinos, diversos oficios artesanos, comercio y una hostelería de explotación familiar. Las epidemias de 1834, 1855 y especialmente la terrible del cólera de 1885, en la que mueren casi 7.000 personas en toda la provincia, frenan aún más el lento crecimiento urbano y económico. Como ejemplo cabe mencionar que la propia ciudad contaba con 10.433 habitantes en 1860, descendiendo a 9.486 en 1877 y a 9.423 en 1887.
Las desamortizaciones llevadas a cabo en la provincia, así como la exclaustración, también disminuyen la riqueza y poder de la Iglesia que, sin embargo, continúa con una gran ascendencia social en la diócesis, abundando el clero catedralicio y parroquial, y diversas órdenes religiosas
En lo que a cultura se refiere, este siglo contó con un cierto desarrollo al crearse el Instituto de Enseñanza Media, la Escuela Normal (1843), la Sociedad Turolense de Amigos de París (1877), el Círculo Mercantil, etc. También es notable destacar la aparición de una prensa cada vez más política ( hasta 25 periódicos, desde que en 1841 aparece el Centinela de Aragón hasta el 1897 con El Republicano, publicándose entre otros: El Turia, el Heraldo de Teruel, El Ferrocarril, La Verdad, El Ateneo, El Correo de Teruel …) en la que destaca el fenómeno de la Miscelánea Turolense (1891-1901) promovida por Domingo Gascón y Guimbao, un grupo de escritores como Federico Andrés, el literato Polo y Peyrolón, el historiador Cosme Blasco, el maestro Gabino Enciso o eruditos como Severiano Doporto.

Miscelánea Turolense Heraldo de Teruel El Republicano

A finales de siglo surge la figura del turolense Segundo de Chomón, pionero de la cinematografía en París. La ciudad, que experimenta un notable progreso económico, se prepara para adornar sus plazas y calles con la interesante arquitectura modernista.
En la última década, coincidiendo con movimientos simultáneos ocurridos en Cataluña y el País Vasco, surge en Teruel, por parte de la burguesía, el primer intento de un ideario regionalista con dos objetivos claros: la recuperación de la identidad “regional” y el desarrollo económico. Una especie de reacción ante la permanente indiferencia con que el poder central trataba a la provincia de Teruel.

EL REGENERACIONISMO TUROLENSE

El Regeneracionismo es un concepto clave para entender la sociedad española de finales del siglo XIX. De él surgen diversos tipos de proyectos y propuestas para modernizar la economía y la política, europeizar la cultura, y regenerar una patria medio moribunda, especialmente tras el desastre de 1898 y la pérdida de nuestras colonias.
Joaquín CostaEntre los regeneracionistas de la época sobresalen algunos aragoneses como Joaquín Costa y Lucas Mallada.
La ideología regeneracionista caló fundamentalmente entre las clases medias urbanas y rurales, sectores profesionales y mercantiles, pequeños y medianos campesinos, y fue formulada por intelectuales próximos a una sociedad que pretendía tutelar, orientar y mejorar. Su objetivo fue la creación de riqueza mediante la mejora de las explotaciónes agrarias (pantanos, regadíos, obras hidráulicas, enseñanza agrícola, abonos, maquinaria, etc.), para lo cual era necesario desarrollar las condiciones de comercialización de los productos que a su vez exigía la creación de nuevos caminos, ferrocarriles, carreteras, etc.
Los regeneracionistas solían situarse fuera del partido liberal y del conservador; la mayoría pertenecían a grupos republicanos o a asociaciones de agricultores y comerciantes, instrumentalizadas como medios de presión para hacer llegar al Estado determinadas reivindicaciones y propuestas.
La crisis agraria de finales del XIX repercutió fuertemente en todo Aragón, pero de modo particular en la provincia de Teruel, donde descendieron drásticamente los precios de todos los productos agrícolas y consiguientemente los beneficios, que afectaron tanto a grandes propietarios como al pequeño campesino, creando el consiguiente malestar y un descenso demográfico.
Una serie de publicistas, empresarios, abogados, ingenieros, propietarios, periodistas, politiccos… turolenses, ante el temor de que la provincia cayese en un atraso irremediable, comenzaron a elaborar propuestas regeneracionistas para el desarrollo de las comarcas turolenses. Para ello articularon un programa coherente de actuaciones en defensa de los intereses generales de la provincia y una serie de proyectos que se irían desarrollando en las primeras décadas del siglo XX: reivindicación del ferrocarril para dar mayor y mejor salida a los productos agrícolas y los recursos mineros al mercado nacional, programas razonados encaminados a aumentar la producción agraria, y la construcción de pantanos para asegurar el regadio, los cuales se llevaron a cabo a lo largo del siglo XX (Santolea en 1932, San Blas en 1960, Matarraña, Escuriza, etc.)

Pantano de Valderrobres (Teruel) Locomotora La Casual, del ferrocarril de Ojos Negros. Teruel 1922

La empresa más representativa de este regeneracionismo provincialista adaptado a la defensa de los intereses de las comarcas turolenses fue la Miscelánea Turolense, una publicación periódica que tuvo una vigencia de diez años, desde 1891 hasta 1901. Dirigida por Domingo Gascón y Guimbao, recogía una adaptación del genérico discurso regeneracionista a los problemas concretos y las reivindicaciones más compartidas de la sociedad turolense. En sus páginas se exponen y defienden, de manera insistente, unos programas de reforma y desarrollo económico ciertamente realistas y viables.

EVOLUCIÓN URBANA DE LA CIUDAD DE TERUEL

Llegados a este siglo XIX, podemos afirmar que es el menos rico e interesante artísticamente. A lo largo de él tanto la capital como la provincia llevaron una vida lánguida desde los puntos de vista económico y social, que indudablemente influyeron en el campo artístico. Únicamente cabe constatar que las tierras turolenses se sumaron a las corrientes modernas y que el neoclasicismo pervivió hasta mediados de este siglo XIX. Producto de un neoclasicismo tardío son algunas iglesias provinciales como: la iglesia de Santa María la Mayor (1818), en Pitarque; la parroquia de Frías (1833); la parroquial de Villarluengo (1851); y algunas otras.
En la propia ciudad de Teruel, estas fueron algunas de las obras más notables llevadas a cabo:

LA PRIMERA PLAZA DE TOROS

En 1849 se construyó la primera plaza de toros en los llanos de San Cristóbal. Como la plaza Mayor o del Mercado ya no se utilizaba para las corridas de toros, se destruyó la fuente (1858) que era obra de Pièrres Vedel y se colocó en el centro de la plaza la que actualmente podemos contemplar (con El Torico) y que dista mucho de ser un monumento del valor que tenía la que incomprensiblemente se destruyó.

La Glorieta (Teruel) Antigua plaza de toros de San Cristóbal (Teruel)

CONSTRUCCIÓN DEL NUEVO AYUNTAMIENTO

Se llevó a cabo en 1873 en el solar del Almudí, en la plaza del Gobernador y muy próximo al anterior. Es una obra de escaso valor arquitectónico. Tras un incendio en los años cuarenta, que afectó a los desvanes, se procedió a su restauración: se doblaron el número de columnas de la entrada y se amplió el balcón principal.
Últimamente se ha reformado todo su interior para adaptarlo a las necesidades municipales.

EL INSTITUTO DE ENSEÑANZA MEDIA

El primer instituto se instaló en el convento de los Trinitarios, tenía 104 alumnos y se inauguró en el año 1845. En el año 1848 fue trasladado a la Casa de la Comunidad, propiedad de la Diputación. En el año 1854, al ocupar la Diputación la Casa de la Comunidad, el instituto se trasladó de nuevo a unas dependencias del antiguo convento de Santo Domingo, en lo que antes había sido la ciudadela. En 1862 se compró el antiguo y abandonado edificio del Ayuntamiento del siglo XV ( hoy Escuela de Hostelería) y se construyó allí inaugurándose en el año 1876.

Puente de La Reina (Teruel) Ayuntamiento de Teruel

LA GLORIETA

Se construyó también en este siglo XIX. Se hizo en la parte sur de la ciudad, donde está actualmente, y para ello se demolieron los restos que quedaban de la Ciudadela.

EL PUENTE DE LA REINA

Fue edificado en 1835 para conectar la ciudad con el barrio de San Cristóbal o de Las Viñas y con otras localidades.

EL NUEVO PEDESTAL DEL TORICO
Fue levantado en 1858. La mentalidad romántica debió ser la propiciadora del popular monumento al Torico, en la plaza Carlos Castel de la ciudad de Teruel: debió ser muy romántico el deseo de evocar el mítico origen de la ciudad, señalado por un toro y una estrella.

Monumento a Francés de Aranda Fuente y pedestal de El Torico

EL MONUMENTO A FRANCÉS DE ARANDA
Monumento de estilo romántico dedicado al venerable Francés de Aranda, fundador de la Santa Limosna, personaje del medievo que fue reivindicado por Mariano Muñoz, para lo cual el arquitecto Garriga diseñó el pedestal pétreo en 1894, sobre el que se colocó dos años más tarde la estatua realizada por Carlos Palao



BIBLIOGRAFÍA
* "La Restauración en la provincia de Teruel" – José Ramón Villanueva Herrero - Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 2002.
* "El Regeneracionismo turolense" - Carlos Forcadell Álvarez - Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 2002.
* "La expresión artística turolense" - Santiago Sebastián López - Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja - Teruel, 1972.
* "La transformación urbana de Teruel a través de los tiempos" – Angel Novella Mateo – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 1988.
* "Teruel" – Vidal Muñoz Garrido – Excmo Ayuntamiento de Teruel - Teruel, 2004.

 

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*LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
*EL CARLISMO TUROLENSE
*CRÓNICA GENERAL DE TERUEL EN EL SIGLO XIX

 

 

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