Cabeza de diosa romana - Azaila (Teruel)

TERUEL EN LA ÉPOCA ROMANA

 

 

LA CONQUISTA DE HISPANIA (218 a.C – 49 a.C)

Desde el siglo III a.C. cartagineses y romanos mantuvieron una  pugna por la hegemonía en el Mediterráneo. En el año 218 a.C, tras desembarcar los ejércitos romanos en la costa mediterránea (en Ampurias), dirigidos por Cneo Escipion, comenzaron la conquista de la Península Ibérica. En primer lugar derrotaron a los cartagineses y posteriormente penetraron en el interior de la península Ibérica, sometiendo a los pueblos indígenas entre los que se encontraban los pueblos que habitaban el territorio aragonés: ilergetes, celtas, sedetanos, íberos, vascones, etc., El sometimiento se produjo a veces mediante pactos diplomáticos, otras recurriendo a la fuerza militar. La guerra entre cartagineses y romanos en nuestro suelo marcó el inicio de la romanización de las tierras aragonesas.
La abundancia de materias primas en la Península Ibérica influyó en que los grupos políticos de la propia Roma decidieran llevar a cabo una intensa ocupación del territorio, obligando a los indígenas a pagar fuertes tributos, suministrando minerales, aportando granos, etc. La voracidad de los funcionarios y su deseo de enriquecerse rápidamente a costa de los indígenas, fue la causa de una larga lista de levantamientos y represiones. La presencia de Roma supuso, en algunos casos, una solución traumática, pero, en conjunto, las tierras turolenses se adaptaron pronto al nuevo dominio y a la nueva situación, sobre todo, a partir de la estabilización que se produce con César y Augusto.
La provincialización del territorio hispano se inicia realmente cuando el Senado romano encarga a Escipión la organización de las regiones sometidas. En el año 197 a.C., Hispania estaba dividida en dos provincias gobernadas por sus pretores correspondientes: la Citerior, en la que estaba integrada la actual provincia de Teruel, y la Ulterior. Poco tiempo después, tras producirse una sublevación generalizada en todos los pueblos peninsulares, Roma envía (en 195 a.C.) un potente ejército comandado por el cónsul romano Marco Porcio Catón que, unido a las dos legiones de los pretores establecidos en Hispania, somete a todos los pueblos sublevados y obliga a destruir las murallas de todas las ciudades hispanas.Tras la caída de los cartagineses en el 206 a.C. los ilergetes se sublevaron contra los romanos pero fueron derrotados por Publio Cornelio Escipión. Entre el 181 y 179 a.C. se produjo la primera guerra celtibérica en la que Flacco logró dominar el valle del Jiloca y conectar, a través de los llanos turolenses, el valle del Ebro con Levante. En el 133 a.C., con la caida de Numancia a favor de Publio Cornelio Escipión, finalizó la resistencia celtíbera, aunque en el siglo siguiente surgieron las guerras civiles de los romanos en las que se vio envuelta toda la región aragonesa.

Mapa de asentamientos romanos en la provincia de Teruel

El periodo de estabilidad iniciado tras la superación del problema celtibérico permite un notable desarrollo y la creación de una red viaria esable y de nuevas ciudades en todo el cuadrante nororiental de la Península, a menudo asentadas en llano y con una planta regular, perfectamente planificada; ejemplo de ello es la ciudad de La Caridad, de Caminreal (Teruel), una ciudad construida para centralizar y controlar el territorio, no como una ciudad-estado independiente al estilo de sus predecesoras celtibéricas, sino integrándola en una administración provincial mucho más extensa. Esta ciudad fue levantada según modelos urbanísticos romanos, pero con unos restos arqueológicos que demuestran la preeminencia del substrato cultural celtíbero. La ciudad acuñaba moneda, emitía documentos y mantenía una administración pública que se encargaba de gestionar el territorio mediante funcionarios, recaudando los tributos y exacciones que deberían pagar las aldeas más próximas.
En las formas de vida se produce una sustancial modificación, reflejada en los cambios en la concepción de los núcleos habitados y las técnicas de construcción, los sistemas de explotación agraria, el desarrollo en la tecnología de fabricación de herramientas y utensilios agrícolas y artesanales, el comercio, o la incorporación de elementos como la escritura y la moneda, vinculados directamente a la presencia de Roma.
Las lenguas utilizadas en este periodo, a pesar del avance del latín, fueron las indígenas, manteniéndose además y en gran medida las estructuras sociales, costumbres y rituales religiosos o funerarios propios.
El último episodio bélico registrado en el territorio turolense durante la primera etapa de ocupación romana fue la guerra sertoriana, manifestación en la Península de un episodio de política interior romana: el enfrentamiento de los partidarios de Mario con los aristócratas, dirigidos por Sila, que tomaron el control de la República e impusieron una importante reorganización estatal. Las repercusiones de la intensa actividad militar llevada a cabo en el territorio turolense fueron notables: tanto en el curso de la guerra como en la represión posterior efectuada por los vencedores, especialmente por el ejército de Pompeyo, gran parte de las ciudades y poblaciones tanto romanas como indígenas, fueron arrasadas: Azaila, El Palomar de Oliete, La Caridad de Caminreal y, en general la mayor parte de los poblados ibéricos, que ya no volvieron a ser ocupados tras su destrucción.
Las campañas de César, en su enfrentamiento con los partidarios de Pompeyo, se desarrollaron en nuestro territorio alrededor del año 49 a.C., pero con escasa incidencia en los núcleos de población. A partir de este momento desaparecen los episodios bélicos y avanza el proceso de romanización.

EL AUGE DE LAS CIUDADES (Siglos I a.C – III d. C)

A partir del siglo I a.C. Roma fomentó un proceso de homogeneización cultural intenso, imponiendo su lengua, derecho, religión, tradiciones y modelo de ciudad, borrando casi definitivamente las huellas de las culturas precedentes. El proceso se intensificó bajo el gobierno de Vespasiano (70 d.C.) mediante la concesión del rango de municipio latino a todas las ciudades de Hispania, y se culminó en 212 d.C. con el decreto de Caracalla el cual otorgaba la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio.
Puente romano de Luco de Jiloca (Teruel)En esta etapa las ciudades se constituyen en la unidad territorial, económica y social más característica, en el método para adecuar los nuevos territorios integrados en el sistema romano. La ciudad centraliza las ventas e intercambios de los productos, agrupa los espacios administrativos y religiosos, y constituye el lugar de formación, inquietud intelectual y el centro de espectáculos públicos y diversiones. Los ciudadanos son fundamentalmente agrícolas. La ciudad está formada por un núcleo urbano y un territorio rural con núcleos de población menores como aldeas, alquerías, granjas y otros similares.
En el territorio turolense, además de las ciudades promovidas por los romanos, existían otras que habían mantenido su importancia desde la etapa anterior. Los núcleos de población más importantes de esta época en la actual provincia de Teruel son los localizados en el Palao de Alcañiz, el Cerro de San Esteban de El Poyo del Cid, la Muela de Hinojosa de Jarque, el Castillo de Cedrillas, la ciudad existente en Cella y el Morrón del Cid en la Iglesuela del Cid. Todos ellos presentan unas características comunes: están ubicados sobre cerros elevados, junto a zonas de gran valor agrícola y a vías de comunicación, y son una prolongación del anterior poblamiento indígena. Ciertos indicios llevan a deducir la existencia de otras ciudades o núcleos de cierta importancia en Rubielos de Mora y en la Sierra de Albarracín.
La sustitución del papel rector que desempeñaba la ciudad localizada en el cerro junto a El Poyo del Cid, por el cercano yacimiento de La Loma de Fuentes Claras (que perduró hasta el siglo IV d.C.), indica un retorno al hábitat en el llano, sin defensas, junto a los campos de cultivo y quizás la sustitución del papel político-administrativo que pudo desempeñar, a principios del siglo I a.C., El Poyo del Cid, por una función fundamentalmente económica.  
A pesar del interés que poseía la ciudad en la vida romana, la mayor parte de la población vivía en pequeños asentamientos rurales, a modo de aldeas, como por ejemplo el de Torres de Albarracín, o en villas agrícolas (granjas y alquerías), conocidas ya en el siglo I d.C., aunque su generalización se produce especialmente en el siglo II d.C. Ejemplo de ello son los núcleos de La Virgen de la Langosta, en Alpeñés; Campo Palacio y Val de Nuria, en Híjar; La Ferradura, en La Puebla de Híjar, y otras varias localizadas.

Dupondio de Nerón - Cella (Teruel) Relieve con cabeza de Toro - La Loma de Fuentes Claras (Teruel) Anillo con representación antropomorfa - La Caridad (Caminreal)

En esta época se crean también villas agrícolas de mayor extensión, con amplios territorios dependientes, que permiten la construcción de espacios residenciales lujosos. Tal es el caso de las villas de La Loma del Regadío, en Urrea de Gaén; El Camino de la Vega de Albalate, de Calanda; el Cabezo de la Guardia, de Alcorisa; y La Regadía, en Los Olmos.
En la distribución de las provincias del Imperio realizada por Augusto, la actual provincia de Teruel estaba integrada en el Convento Caesaraugustano, con capital en Caesaraugusta (Zaragoza), uno de los más extensos del territorio peninsular.
Bajo el gobierno de Augusto, y posteriormente de Tiberio, se constituyeron y potenciaron las principales vías de comunicación que atraviesan el territorio turolense, tal y como indican los miliarios (postes indicadores de distancias e identificadores de las vías), localizados en Jatiel y en San Blas. El primero corresponde a una vía paralela al río Ebro, que servía de comunicación con las ciudades y poblados de la margen derecha del río. El segundo, con mención al emperador Tiberio, correspondía a un tramo de la vía que comunicaba Caesaraugusta con Laminio (en Ciudad Real).
A este periodo corresponde también la construcción del excepcional acueducto que trasvasaba agua del río Guadalaviar desde Albarracín hasta Cella, indicio claro del interés económico y del grado de desarrollo conseguido en estas tierras, además de la gran importancia que debió alcanzar la ciudad romana de Cella.

Exterior del acueducto Albarracín-Cella Interior del acueducto Fuente de Cella

La llegada al poder de la dinastía Flavia (Vespasiano y sus hijos Tito y Domiciano) supuso la potenciación de la integración política de este territorio, mediante la trascendental concesión de los derechos de ciudadanía latina a los habitantes libres de Hispania.
El periodo de desarrollo y prosperidad generalizada continuó bajo los Antoninos (Nerva, Trajano, Adriano, Antonio, Marco Aurelio y Cómodo), etapa a la que pertenece el monumento funerario de la Iglesuela del Cid.

DESARROLLO DE LAS VILLAS EN EL MEDIO RURAL (Siglos III-V d.C)

El final del siglo II d.C. y el inicio del siglo III d.C. están marcados por los emperadores de la casa Severa (Septimio Severo, Caracalla, Heliogábalo y Severo Alejandro), y especialmente por su política de concesión de la ciudadanía romana a todos los habitantes  del Imperio, introduciendo un factor de igualación que, junto a la promoción de funcionarios y oficiales del ejército, provocaría grandes cambios sociales reduciendo el papel de las élites locales y de su implantación en el gobierno de la ciudad.
Las consecuencias se observan en la reducción de la política monumental urbana, la desaparición de las tumbas monumentales y, en general, en el inicio de un proceso de ruralización entendido como el desentendimiento parcial de la política de la ciudad y la concentración de los esfuerzos de los nobles en basar su poder en la explotación directa del territorio.
Algunas ciudades del territorio turolense debieron desaparecer en este momento, más como consecuencia de la imposibilidad de mantener los programas urbanos por parte de las élites locales, que debido a la tradicional explicación de las invasiones de los pueblos bárbaros.
La reducción de la actividad económica tiene su reflejo también en los asentamientos rurales y agrícolas.

Esquilas - La Caridad  (Caminreal) Tijeras de hierro - La Caridad (Caminreal) Vaso de cerámica vidriada - Camino de La Vega de Albalate (Calanda)

El gran número de villas que se construyen a lo largo del siglo II se reduce en la centuria siguiente, mostrando unos niveles casi generalizados de destrucción e incendio, y un proceso inmediato de reconstrucción y reorganización de espacios, quizás explicable por una reordenación de cultivos, una mayor concentración de la propiedad y consecuentemente un incremento en las instalaciones agropecuarias. Algunos autores explican este proceso como consecuencia de un cambio en la propiedad de las villas, muchas de ellas en manos de campesinos libres hasta ese momento, que pueden ser adquiridas, en gran número de ocasiones por la fuerza, por los grandes propietarios que antes residían en la ciudad y ahora lo hacen en sus propiedades rurales durante la mayor parte del año.
El siglo IV d. C. es, en lineas generales, una época de desarrollo y prosperidad en el medio rural, pues la mayoría de las ciudades, exceptuando las de mayor tamaño como Caesaraugusta, prácticamente habían desaparecido. La reforma en los sistemas de explotación, especialmente la  reforma fiscal de Diocleciano, condujo hacia la implantación de un sistema de colonato, con vinculación directa y permanente de los campesinos a la tierra y a su propietario. Las villas de Urrea de Gaén y Calanda, y los asentamientos de Alcañiz el Viejo, La Redehuerta o Mosaico de Ponz, en el entorno de Alcañiz, mantienen su actividad durante este periodo, incorporando espacios lujosamente decorados que reflejan el gusto de los propietarios por los signos que denotan su poder y su superioridad social. Las villas se constituyen en núcleos prácticamente autosuficientes y cerrados, reflejo de una economía que se dirige, directamente, hacia la autarquía.

Mosaico de la villa Camino de la Vega de Albalate (Calanda) Mosaico de la Loma del Regadío (Urrea de Gaén)

Otros asentamientos como La Calzada de Tornos, o El Caño del Cura, de Villalba de los Morales, nos informan sobre la persistencia de núcleos rurales vinculados a la explotación de las minas de hierro.
En el siglo V d. C se observa el abandono progresivo pero definitivo de gran parte de las villas. A partir de este momento el hábitat más característico será en castella, lugares asentados en cerros fortificados, y en cuevas, además de los núcleos menores junto a los terrenos aluviales. Las villas reflejan una ocupación residual y episódica, como las del entorno de Alcañiz o Mas de las Matas. En general se detecta una reducción de la explotación agrícola y un incremento de la actividad ganadera, y por consiguiente una mayor ocupación de las zonas montañosas, que ofrecen una mayor seguridad frente a incursiones y revueltas. La caza, la explotación forestal, la ganadería y el cultivo limitado de pequeños valles montañosos, caracteriza el periodo siguiente, fuera ya de la etapa de dominación romana. No obstante la continuidad del comercio de objetos de lujo, como indican las sítulas (calderos o pozales) de bronce y plata halladas en Bueña, sólo puede responder al mantenimiento del poder económico por parte de la nobleza y, consecuentemente, a una continuidad de sus fuentes de ingresos.

LA METALURGIA

La actividad metalúrgica en el territorio turolense es importante durante toda la época romana. Está constatada la explotación de las minas de Sierra Menera al menos desde el siglo II a.C., midiante una organizada red de asentamientos que asegura la extracción, un primer refinado del material - realizado en núcleos al pie de las minas- y su transporte a centros de transformación y elaboración.
En La Caridad de Caminreal (Teruel), ciudad romana republicana, se han localizado varios hornos de reducción del mineral, destinados a separar el metal de la escoria, obteniendo los “panes” que eran transformados posteriormente en barras y bloques aptos para ser trabajados en las fraguas por herreros especializados.

Puñal, lanzas y proyectiles romanos - La Caridad de Caminreal Ruedas de carro romano - La Caridad de Caminreal Placa y llaves de cerradura - La Caridad de Caminreal

El hierro fue, en la época romana, una materia prima fundamental, destinada a la eleboración de una gran variedad de objetos y herramientas. Una muestra de esta diversidad se encuentra en el conjunto metálico de Caminreal, con herramientas agrícolas (hoces, azadas, hachas, horcas, picos, etc.) artesanales de distintos oficios (tenazas de forja, sierras, formones, cuchillas, debastadores, etc.) armas (espadas, lanzas, escudos…) y, especialmente, elementos muy variados de carpintería relacionada con la construcción (clavos, escarpias, bisagras, cerraduras, llaves) o con la realización de carros.
También se continuó trabajando el bronce, tanto fundido como forjado, para la obtención de elementos decorativos y de adorno personal, o la confección de vajilla.
El plomo, además de ser usado en las aleaciones para la fabricación de bronce, fue intensamente utilizado para la realización de pesas, como elemento de unión y ajuste (por ejemplo en los molinos), y en la reparación de vasijas de cerámica fragmentadas, mediante lañas o grapas. La presencia de goterones e instrumentos específicos, como las tenazas de leñador, confirman la realización de estos trabajos en el interior de las ciudades.

EL MUNDO FUNERARIO

El ritual funerario más generalizado hasta el Bajo Imperio, fue la incineración y el enterramiento tumular o en monumentos de tipología diversa, aunque son escasos los ejemplos para documentar esta forma de enterramiento en la actual provincia de Teruel. La mayor parte de los restos funerarios conocidos se vincula a ciudadanos de los grupos hegemónicos, que basaban su riqueza en las explotaciones agrícolas fundamentalmente. A estos grupos corresponden los restos de monumentos encontrados en El Morrón del Cid, de la Iglesuela del Cid, o en los alrededores de Alcañiz. Un carácter similar poseen las lápidas funerarias localizadas en diversos puntos del territorio turolense:en Calomarde, en Torremocha o en Hinojosa de Jarque.

Lápida romana de Puertomingalvo (Teruel) Lápida romana de Calomarde (Teruel) Elementos funerarios romanos de la ermita de la Virgen del Cid - Iglesuela del Cid

Resulta significativa la persistencia de inhumaciones infantiles en el interior de las viviendas, documentada ampliamente en época ibérica (El Palomar de Oliete), y que continúa tanto en ambientes urbanos durante el siglo I d.C.(en restos de viviendas altoimperiales, como por ejemlo en Cella), o en asentamientos rurales del siglo II d.C.(el Terminillo de Torres de Albarracín). En ambos casos el ritual es similar, sin elementos de ajuar ni indicios de ningún tipo de sacrificio.

EL CABEZO DE ALCALÁ (AZAILA)

El yacimiento ibero-romano del Cabezo  de Alcalá (Azaila), catalogado como Bien de Interés Cultural, fue descubierto a finales del siglo XIX, en el valle del río Aguasvivas, por  Pablo Gil y Gil, y posteriormente investigado por conocidos investigadores como  Joan Cabré, Antonio Beltrán y Miguel Beltrán.
Cabezo de Alcalá (Azaila)Su posición geográfica le confiere un gran valor estratégico en una zona especialmente apta para las comunicaciones entre el valle del Ebro y el territorio de la Celtiberia Citerior. Está encaramado en lo alto de un cerro y ocupa una superficie de 20 hectáreas. Muy próximos a él se hallan otros yacimientos arqueológicos como: el Cerro de la Bovina en Vinaceite, el Castillejo de la Romana en la Puebla de Híjar y el Pueyo en Belchite.
Constituye uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Aragón, prototipo y modelo de vida de una ciudad Ibérica del Valle Medio del Ebro, ciudad que fue tempranamente romanizada y cuyos habitantes adoptaron con entusiasmo las costumbres romanas, pero sin perder sus raíces, idioma, artesanía, etc. Así también, sus hallazgos resultan imprescindibles para el conocimiento de la historia de los pueblos prerromanos y del fenómeno de la romanización en España.
Gracias a los estudios realizados por diveros investigadores se ha llegado a determinar que el origen de la ciudad se remonta al siglo IX a.C, en la llamada Edad del Bronce Final, y que su declive acaeció durante las Guerras Civiles romanas, entre los años 80 y 76 a.C.
La estratigrafía de los hallazgos ha dado como resultado tres ocupaciones sucesivas en el mismo terreno:
La primera ciudad: Ocupó el terreno desde mediados del siglo VII a.C hasta su destrucción a finales del siglo III a.C durante los enfrentamientos romano-púnicos.
La segunda ciudad: Fue ya una ciudad ibero-romana conocida con el nombre de  Beligio. Se levantó sobre las cenizas de la anterior, ocupó toda la totalidad del Cabezo de Alcalá y  también sufrió una violenta destrucción entre los años 76 y 72 a.C.
La tercera ciudad: Fue levantada inmediatamente sobre las ruinas y restos de la anterior, aprovechando sus materiales y siguiendo el trazado urbano original. Al ser la última ocupación, es la que hoy podemos contemplar. Esta última ocupación es la que más datos ha proporcionado, si bien son también numerosos los hallazgos que se conservan de los otros asentamientos anteriores. La ciudad urbanísticamente se divide en dos partes: la acrópolis y la ciudad baja. La acrópolis estaba amurallada y era el lugar de refugio de la población; en ella se localizaban los edificios más representativos. La ciudad baja era el lugar ocupado por el pueblo llano.
Túmulo funerario del cabezo de Alcalá (Azaila)Los restos ibéricos encontrados son numerosos, tanto escritos, como monedas, o el grupo escultórico de bronce, consistente en una figura masculina, una cabeza femenina y un caballo con tres patas. Destacables son también las abundantes cerámicas ibéricas conservadas, instrumentos de hierro, agujas de bronce y otros objetos de cultura material.
La arqueología ha constatado que la ciudad del Cabezo de Alcalá tuvo un trágico final, al terminar sus días arrasada, tras un feroz ataque por el ejército pompeyano, el cual, rellenando el foso que defendía la ciudad, y utilizando poderosas máquinas de asalto, derribó su muralla y permitió la entrada de las fuerzas sitiadoras que destruyeron la población partidaria de Sertorio. La destrucción acaeció en el año 49 a.C, dispersándose sus habitantes por el resto del territorio.
Actualmente, el visitante puede evocar su esplendoroso pasado recorriendo sus calles, con sus edificaciones y viviendas, la muralla, el puente sobre el foso, las termas, el aljibe y la necrópolis donde enterraban a sus muertos. Además cuenta con un Centro de Interpretación de su patrimonio arqueológico, cuya visita facilita la comprensión de los restos de este impresionante yacimiento.

LA CIUDAD DE LA CARIDAD EN CAMINREAL (TERUEL)

Constituye un claro ejemplo de asentamiento construido mediante una estricta planificación urbanística, por iniciativa del estado romano. Tiene una considerable extensión (12,5 Ha), y un urbanismo caracterizado por la implantación de un plano reticular, con calles perpendiculares entre sí, que definen manzanas de casas de 75 x 30 metros. Cada casa está dividida en varias viviendas (entre tres y cinco, en función del tamaño de cada una de ellas).
Las calles están dotadas de aceras y, en un caso, de un canal para la recogida y evacuación de aguas pluviales y residuales.
Casa de LikineUna de las casas excavadas más importante es la denominada Casa de Likine, una gran vivienda helenística, con una superficie en planta de 900 metros cuadrados. Su distribución está marcada por la presencia de un gran patio porticado, en torno al que se sitúan las diferentes habitaciones, tanto las destinadas a residencia (dormitorios, comedores, salas, etc), como las de almacenamiento, transformación de productos agrícolas y realización de actividades metalúrgicas y artesanales.
La casa de Likine, propiedad posiblemente de un personaje procedente de la ciudad de Osicerda, poseía mosaicos de tipo opus signinum en las estancias principales (salón y dormitorios). En uno de estos pavimentos se conserva la inscripción, en lengua y alfabeto ibérico, que da nombre a la casa.
Los pobladores de La Caridad fueron fundamentalmente celtíberos, tal y como se deduce de las inscripciones sobre los distintos tipos de cerámica localizada. Posiblemente se trate de veteranos de las tropas auxiliares romanas, junto a colonos ibéricos, que adoptaron completamente las formas de vida romana.
La ciudad de La Caridad se construyó a finales del siglo II a.C., posiblemente tras la pacificación del territorio celtibérico, y fue destruida violentamente muy poco después, durante las guerras sertorianas, sin que volviese a ser ocupada.

LA VILLA DE LA LOMA DEL REGADIO DE URREA DE GAÉN (TERUEL)

La villa romana de La Loma del Regadío (Urrea de Gaén), fue descubierta casualmente en 1959, cuando al realizar obras de acondicionamiento de un camino agrícola, se localizó un gran mosaico geométrico, posteriormente excavado, extraído y trasladado al Museo de Teruel, con el fin de garantizar su conservación. La villa está ubicada en un amplio valle junto al río Martín, cerca de la cofluencia con el río Ebro, en una región transformada ya en la antigüedad y con una irrigación apropiada para el cultivo de productos hortícolas, cereales, con praderas para el ganado, y por consiguiente densamente poblada.
Villa de La Loma del Regadío - Urrea de Gaén (Teruel)Desde el punto de vista arquitectónico, los restos excavados documentan claramente la existencia de, al menos, dos fases: la primera perteneciente al siglo II d. C y la segunda al siglo IV d. C. En esta fase la villa experimenta una gran transformación, inutilizando diversas habitaciones, silos y otras dependencias agrícolas, y construyendo las estancias nobles, destinadas al alojamiento de la familia propietaria. También se modifica la parte agrícola, instalando un mayor número de prensas y depósitos de aceite y vino.
En la villa se distinguen dos zonas. En la parte rústica o productiva se identifican cuatro estancias con pavimento de pequeños ladrillos, o con mortero de cal y fragmentos de cerámica, en cuyo interior se conservan las bases de cuatro prensas de aceite o vino, con conductos para verter el líquido en varias vasijas. También se ha constatado la existencia de dos depósitos para contener líquidos, con una pequeña depresión en el centro para facilitar la decantación de impurezas. Delante de estas estancias se encuentra una gran sala con dos prensas más, y tres grandes silos subterráneos.
La parte urbana o residencia del propietario y su familia, se ordena en torno a un patio con columnas, que sirve para comunicar las distintas estancias. La zona central y no cubierta del patio debía estar ajardinada. Los dos tramos de pasillos conservados estaban pavimentados con mosaicos decorados con complejos motivos geométricos. Una de las estancias de este sector conservaba parte de las pinturas murales, con coloridos motivos geométricos y vegetales, y estaba dotada de un sistema de calefacción, mediante la circulación de aire caliente por conductos subterráneos, cubiertos con losas. En la estancia principal, posiblemente el salón o el comedor, se localizó un mosaico con representación del mito de Belerofonte y la Quimera.

EL PALAO DE ALCAÑIZ

El poblado íbero-romano de El Palao está situado sobre una colina a unos cuatro kilómetros al Suroeste de la ciudad de Alcañiz. Constituye el enclave urbano ibero-romano de mayor tamaño existente en el territorio del Bajo Aragón. Iniciadas las excabaciones a principios del siglo XX, por mosén Bardavíu y del Centro Hispánico de Burdeos, sus resultados ya indicaban que se trataba de un recinto fortificado, con acrópolis, foso y dos templos, uno de ellos indígena. Tras las últimas investigaciones, parece situarse aproximadamente entre el siglo IV a.C y el año 70 d.C.
Se halla ubicado sobre un estratégico cerro amesetado y aislado desde el que se domina un extenso territorio. En su cima aparecen dos sectores separados por un camino-foso que da acceso a un amplio espacio que bien pudo desempeñar las funciones de plaza.

Lucerna - El Palao de Alcañiz El Palao de Alcañiz Asa de lucerna - El Palao de Alcañiz

En las distintas excavaciones realizadas, se han descubierto: importantes estructuras constructivas (algunas de carácter monumental como por ejemplo una gran cisterna), un área de posibles templos o edificios públicos, un torreón, conjuntos habitacionales correspondientes a los siglos I a.C. y I d.C. con cerámica ibérica decorada con elementos fitomorfos y con bandas, abundancia de materiales metálicos y hallazgos numismáticos de bronce, correspondientes a la ceca indígena de Orosis y a acuñaciones de Claudio. Mención especial merecen las dos grandes esculturas de caballos y una serie de estelas funerarias cuya presencia parece resaltar la importancia de este enclave urbano que muy posiblemente debió ejercer las funciones de “capitalidad” de este territorio en época ibero-romana.

 

 

BIBLIOGRAFÍA
* "La presencia de Roma en la actual provincia de Teruel " - Jaime D. Vicente Redón – Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002.
* "Rutas Aragonesas" - José L. Acín y Ramón Acín - Grupo Zeta - Zaragoza, 1998.

 

 

 

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