TERUEL EN LA BAJA EDAD MEDIA

 

 

INTRODUCCIÓN

La expansión musulmana por tierras turolenses comienza en el año 714. La posición extrema de Teruel respecto al Al-Andalus dio lugar a una autonomía política muy propicia a la disidencia y a las luchas como en el resto de Aragón. Dentro del período musulmán merece especial mención el reino taifa de Albarracín, gobernado por los Ben Razín que, enmarcado por las peculiaridades orográficas de la serranía, alcanzó autonomía frente a la tutela cordobesa en el siglo XI. Cien años después, los almorávides acabaron con la independencia de Ben Razín. El resto del territorio turolense apenas destaca históricamente a lo largo de la presencia musulmana, siguiendo, por tanto, la tónica general tras el hundimiento del Califato (1010).
El territorio que configura la actual provincia de Teruel fue conquistado por los aragoneses entre 1120 y 1222. Se tardó, por lo tanto, un siglo en llevar a cabo la tarea de ocupar un territorio que durante la época musulmana había pertenecido a dos reinos taifas: el de Zaragoza y el de Albarracín.

 

LA RECONQUISTA TUROLENSE

El comienzo de la ocupación cristiana de las actuales tierras turolenses fue obra del rey Alfonso I el Batallador, quien el 17 de junio de 1120 derrotó a un ejército almorávide en Cutanda, de modo que todas las tierras existentes entre Zaragoza y el alto Jiloca quedaron en manos aragonesas. En esa lid, una de las batallas más relevantes de toda la historia de Aragón, participaron alrededor de seiscientos caballeros franceses comandados por el duque Guillermo de Aquitania. La victoria supuso para los aragoneses ganar Calatayud y Daroca, y junto con ellas todas las demás localidades de los valles del Jalón y del Jiloca. En 1122, para asegurar sus conquistas, Alfonso I mandó fortificar Daroca y la convirtió en “cabeza de la frontera”, y en 1124 entregó la villa de Singra al monasterio de San Juan de la Peña y se creó una orden militar (La Milicia de Cristo) en Monreal del Campo. Según afirma Zurita en los “Anales de Aragón”, la villa de Monreal se fundó porque desde Daroca hasta Valencia era todo un amplio territorio deshabitado y yermo y era necesario habitarlo para asegurar las rutas de conquista hacia Valencia.
Alfonso II con los adalides aragoneses en 1171. Salvador Gisbert, 1900Durante los años 1125 y 1126, Alfonso I realizó una expedición militar por tierras de Andalucía, tras la cual regresó a las tierras turolenses firmando en 1127 un tratado con el rey Alfonso VII de Castilla, mediante el cual se repartieron ambos reyes los territorios que habían conquistado a los musulmanes, fijando a su vez las fronteras comunes. Tras lo anterior Alfonso I conquistó y fortificó la villa de Cella y desde allí asedió la villa musulmana de Molina de Aragón ocupándola definitivamente en 1128.
Una vez asegurada la frontera sur con las fortificaciones de Daroca, la orden militar de Monreal y los castillos de Cella y Singra, Alfonso I ocupó los últimos años de su reinado en conquistar los territorios al este de su reino, pero la muerte le sorprendió en 1134 tras el asedio de Fraga. Su muerte provocó cierto pánico y el dominio aragonés en el Jiloca se retrasó hasta Daroca, donde se estableció la línea de frontera que hasta ese año estaba en Singra y Cella.
Tras la muerte de Alfonso I retomó la reconquista Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón por su matrimonio con Petronila, hija del rey Ramiro II. Después de conceder a Daroca un nuevo fuero (1142) que mejoraba y ampliaba el otorgado por Alfonso I antes de 1129, consolidó el avance en el Jiloca y se dedicó a la conquista del Bajo Aragón y del Maestrazgo, asegurando una línea fortificada desde Segura de Baños a Torrecilla del Rebollar, Torre los Negros, Castel de Cabra y Torre de Arcas.
En 1154 extendió su campaña hacia la cuenca del río Martín. En 1157 conquistó Alcañíz y amplió su reconquista entre el Ebro y Montalbán, incluyendo además Calanda, Híjar, Monforte de Moyuela y Huesa del Común, que sesenta años antes habían sido conquistadas por el Cid.
El avance aragonés se mostraba imparable y los musulmanes apenas conservaban hacia 1162 las tierras del sur de Teruel, algunas aldeas del alto Maestrazgo y las serranías de Albarracín, gracias a unas treguas firmadas entre los aragoneses y rey Ibn Mardanis de Murcia, a quien los cristianos llamaban el rey Lobo.
Alfonso II, hijo de Petronila y de Ramón Berenguer IV y primer soberano que lucía los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona, era apenas un niño cuando subió al trono en 1162, pero pronto comenzó a participar en el ejército. Tan sólo tenía once años de edad cuando firmó un tratado con el rey Sancho VI de Navarra en el cual acordaban conjuntamente la conquista de Valencia y Murcia. En dicho acuerdo los aragoneses se reservaban el derecho de conquistar la sierra de Gúdar, el Campo de Monteagudo y la cuenca de Teruel.
Hasta el año 1168, lo que hoy es la cidudad de Teruel había sido una aldea musulmana denominada Tirwal, en el camino de Córdoba a Zaragoza. Aunque había adquirido cierta importancia a lo largo del siglo XII, sobre todo desde que Daroca cayó en manos de los cristianos en 1120, seguía teniendo una escasa relevancia.
Pero con la nueva frontera entre cristianos y musulmanes, su posición estratégica en la confluencia de los ríos Alfambra y Guadalaviar le confería un alto valor y por ello Alfonso II, que contaba apenas con 16 años, se fijó en este lugar para llevar a cabo su primera gran conquista y el centro de sus ambiciosos planes de expansión.
Para ello rompió las treguas que había firmado con el soberano musulmán de Murcia, el rey Lobo, y a finales de 1169 y principios de 1170, en pleno invierno, comenzó una guerra en el sur de Aragón.
El éxito fue inmediato, pues ante el desconcierto musulmán los aragoneses ocuparon la aldea de Teruel en marzo de 1170. En este mismo mes el rey Alfonso II entregó al obispo de Zaragoza las iglesias de Teruel, junto con las de Cella, Monreal, Zuera y Albarracín..
Inmediatamente después de la conquista de Teruel, Alfonso II se apresuró a firmar nuevas paces por cinco años con el rey Lobo de Murcia, ahora mediando en el acuerdo el rey Alfonso VIII de Castilla, quien pasó buena parte del verano de 1170 junto a Alfonso II.
Mapa de la Reconquista en AragónEn estos meses el noble navarro Pedro Ruíz de Azagra daba un atrevido y espectacular golpe de mano y se apoderaba del señorío de Albarracín, el viejo reino taifa que había estado en poder del rey Lobo desde 1147. La instalación de los Azagra en Albarracín, donde actuaron como señorío independiente hasta 1284, fue debida a la entrega que realizó el rey Lobo, si bien existen autores que señalan que pudo propiciarse merced a un pacto acordado entre navarros y aragoneses en 1168.
Todo parecía discurrir por el buen camino para los aragoneses, pero en 1172 se produce un cambio radical. En la primavera de ese año el reino de Murcia, el último de los reinos de taifas, caía ante la presión de los almohades, una nueva secta de musulmanes norteafricanos empeñados en recuperar la iniciativa para el Islam. Al igual que ocurrió en 1120 con los almorávides, los territorios aragoneses reconquistados parecían estar de nuevo en peligro, pues al otro lado de la frontera sur de Aragón ya no había un reino débil como el de Murcia, sino el poderoso imperio almohade; es por ello por lo que Alfonso II optó por asegurar lo ya ganado antes de iniciar nuevas aventuras. Decidió convertir a Teruel en la plaza fuerte del sur de su reino, como hiciera Alfonso I con Daroca medio siglo antes, y nombró a Berenguer de Entenza, tenente de la fortaleza turolense.
El mismo Alfonso II dedicó buena parte del año 1172 a acabar con los últimos focos de resistencia musulmana que todavía perduraban en las riberas de los ríos Guadalaviar y Alfambra. Una vez logrado su objetivo centró todos sus esfuerzos en crear el cinturón de seguridad de Teruel, fortificando los castillos de Alcalá de la Selva y de Alfambra y estableciendo en Teruel la orden militar de Montegaudio.
Pero Teruel tuvo que esperar algunos años para alcanzar el rango de cabeza del territorio meridional aragonés. Fue en 1177, al regreso de Cuenca (sitio donde se firmó la paz entre Aragón y Castilla en agosto de ese año), en cuya conquista por Alfonso VIII de Castilla había ayudado Alfonso II, cuando el rey de Aragón concedió a la aldea de Teruel sus propios fueros.
Las últimas conquistas aragonesas fueron realizadas por los reyes Pedro II (Manzanera en 1202 y Rubielos de Mora en 1203) y Jaime I que conquistó Linares de Mora en 1222. Precisamente fue Jaime I quien al crear el reino de Valencia acabó con los derechos de expansión de la nobleza aragonesa, y así se fijaron los límites fronterizos del sur de Aragón con el nuevo reino cristiano de Valencia.
Pero todavía faltaba Albarracín por incorporarse al reino de Aragón. Independiente desde 1170 bajo los Azagra, los señores de Albarracín sólo se consideraban vasallos de Santa María. Hasta finales del siglo XIII había sido un estado señorial entre Castilla y Aragón, que había logrado mantener su independencia frente a ambos poderosos ejércitos, pese a que el mismo Jaime I había intentado sin éxito su conquista en 1220.
Pedro III, tras un largo y férreo asedio logró la rendición de la ciudad en 1284 y con ella la anexión de Albarracín y las aldeas de su señorío a los dominios aragoneses. Con la conquista de Albarracín se culminaba la incorporación de toda la actual provincia de Teruel al reino de Aragón.

REPOBLACIÓN DE LAS TIERRAS TUROLENSES

Comenzó inmediatamente después de la conquista. Tras la ocupación militar y política del territorio era absolutamente necesario poner en marcha un plan de repoblación con cristianos llegados del norte (aragoneses, navarros y francos fundamentalmente), a fin de fijar esas conquistas.
En el siglo XII, y aunque estaba creciendo con respecto a la centuria anterior, la población aragonesa era muy escasa. Apenas había contingentes para poblar las tierras conquistadas a finales del siglo XI (Huesca, Barbastro) y a principios del XII (Cinco Villas, Zaragoza, Tarazona, Calatayud y Daroca). No obstante, Alfonso I concedió fueros dotados de amplios privilegios para los pobladores que acudieran a las tierras por él conquistadas (Daroca, Soria, Calatayud). Así entre 1124 y 1134 algunos pobladores navarros, francos y aragoneses se instalaron en los valles del río Jalón y del Jiloca, pero la muerte de Alfonso I, tras las heridas sufridas en el asedio a Fraga, hizo que la población establecida en el alto Jiloca, entre Daroca y Cella, abandonara sus efímeros asentamientos para recluirse tras los muros de la poderosa fortaleza darocense; se abandonaron Cella, Singra, Monreal y todo el alto Jiloca, y hubo que empezar de nuevo.
Habrá que esperar hasta que Ramón Berenguer IV, una vez asegurada la posesión y repoblación de Zaragoza y su entorno, dé un nuevo y gran impulso al conceder a Daroca su fuero en 1142.
Inicio del Fuero de Daroca:
“Yo, Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona,  príncipe de Aragón y señor de Zaragoza y de Daroca, que está en la frontera con los sarracenos, hago esta carta y confirmación a los barones y pobladores de Daroca y les doy en fuero que sean libres e ingenuos y tengan sus casas exentas y todos sus bienes, donde quiera que los tengan, y no paguen portazgo ni montazgo en tierra ni en parte alguna...”
Tropas cristianas plantando el estandarte en Teruel en 1169. Salvador Gisbert, 1895El fuero de Daroca es el primer gran instrumento jurídico para la repoblación de casi toda la mitad occidental de la actual provincia de Teruel. Los límites del fuero, que quedaban excluidos del mismo, eran los siguientes: “ de Villafeliche a Altea, a Cimballa, a Cubel, a Cubillejo, a Zafra, a Ródenas, a Santa María (Albarracín), a Castielfabib, a Ademuz, a Sarriella, a Alpuente, a Cirat, a Torralba, a Montalbán, a Linares, a Río Martín, a Huesca, a Tosos, a Villanueva de Huerva, a Longares, a Cosuenda, a Codos, a Miedes, y de nuevo a Villafeliche”. Algunos de estos términos amplísimos todavía no estaban en manos aragonesas, como la propia villa de Teruel y su entorno.
El fuero de Daroca provocó la afluencia de gentes en busca de las libertades allí concedidas y la creación de un amplio espacio (en torno a los 7.500 kilómetros cuadrados) en el que no había otro dominio señorial que el del rey. Sin duda, el territorio del fuero de Daroca se convertía en el espacio de libertad más extenso de toda la Europa del siglo XII.
Las tierras del Bajo Aragón fueron repobladas siguiendo otro modelo distinto. Ramón Berenguer IV y su hijo Alfonso II tenían unos ideales políticos muy diferentes a los de Alfonso I, quien se había apoyado fundamentalmente en la burguesía emergente para llevar a cabo sus planes repobladores. Ramón Berenguer IV y Alfonso II aplicaron en el Bajo Aragón los modelos más clásicos de repoblación europea y otorgaron las tierras conquistadas a grandes señores, sobre todo eclesiásticos. Así, Alcañiz recibió una carta de población en 1157, siguiendo el modelo del fuero de Zaragoza, que nunca llegó a cuajar, pues en 1179 el rey Alfonso II entregó los términos de Alcañiz a la Orden de Calatrava, manteniendo los límites concedidos en la carta puebla de 1157 por Ramón Berenguer IV.
Carta de población de Alzañiz:
“Yo Ramón Berenguer IV os doy a vosotros, a todos los pobladores de Alcañiz, como es tenido, contenido y terminado en los términos infradichos de este modo: que lo pobléis a fuero de Zaragoza y hagáis allá casas, salvada mi fidelidad y la de toda mi posteridad por los siglos de los siglos. Excepto que retengo para mí y para mis sucesores el castillo de Alcañiz para hacer mi voluntad, y de esta heredad que retengo del castillo para mi obra, y dos molinos en la acequia, uno para mi obra y otro para la obra del castillo…”
La villa de Alfambra fue confiada en 1174 al conde de Sarriá, comendador de la Orden de Montegaudio, para que crease allí una encomienda que procediera a su repoblación, lo cual ocurrió en 1178. Se mantuvo bajo esta orden hasta el año 1196 que pasó a los Templarios.
Las tierras de Montalbán fueron repobladas según el fuero de Zaragoza. Fue el rey Pedro II quien en 1208 le concedió un fuero a semejanza del deAlcañiz, si bien fue entregado a la Orden de Santiago dos años después.
Fuero de Montalbán:
“De este modo, primero estatuimos que los Jurados y nuestro Justicia juzguen a la villa y las aldeas de Montalbán de acuardo con Dios, sin fraude alguno, mediante sus fueros; y que nadie, rico o pobre, tenga en Montalbán otra voz que la suya propia o de su hombre propio, si supiera y quisiera tenerla, y si no quisiera o supiera tenerla, poséanla fielmente de cualquiera que sea jurado y no de cualquier otro...”.
A principios del siglo XIII la repoblación turolense fue decayendo poco a poco, si bien en 1210 Pedro II concedió al Monasterio de Piedra autorización para poder comprar o vender las granjas de Peralejos y Villar del Sanz y la facultad de poblarlas como quisieran y por el fuero que prefirieran.
Según Ledesma, “para evitar que los pobladores fueran a Teruel , los templarios imitaron y trataron de equipar el estatus de sus vasallos con el que disfrutaban sus vecinos de las tierras de realengo”; así, la Orden del Temple poblaba en 1212 el territorio de Molinos y en 1225 el de Cantavieja.
Durante la primera mitad del siglo XIII apenas existió iniciativa repobladora, la cual sólo vuelve a aparecer en la segunda mitad de este siglo, una vez que ha pasado la masiva afluencia de repobladores al recién conquistado reino de Valencia. En 1262 Jaime I ordenó al concejo de Teruel que eligiera seis o siete vecinos para repoblar Mosqueruela, Valdelinares, Peña Calva y otros lugares.
Finalmente fueron repobladas por los templarios (entre 1194 y 1272) las tierras altas del Maestrazgo (Villarluengo, La Cuba, La Iglesuela del Cid, Mirambel y Tronchón), pasando a ser tierra de frontera defendida por templarios y calatravos.
En la segunda mitad del siglo XIII quedó asentado el modelo repoblador claramente dividido en dos espacios: las tierras de realengo, en la mitad occidental de la actual provincia de Teruel, con las comunidades de Daroca, Teruel y Albarracín recién creadas, las cuales incluían decenas de aldeas, pero estaban excluidas las villas que les daban nombre, luego convertidas en ciudades, y por otro lado las tierras de señorío, en la mitad oriental, pertenecientes a las órdenes militares (Calatrava, el Temple, San Juan del Hospital y Santiago), a la iglesia (los dominios eclesiásticos del obispo de Zaragoza, el obispo de Tortosa y el monasterio de Selva Mayor) y unas dos docenas de aldeas a señores laicos.

REPOBLACIÓN Y FUERO DE LA VILLA DE TERUEL

 “[…] Sea conocido por todos presentes y venideros que nos, Alfonso II, por la gracia de Dios rey de Aragón, conde de Barcelona, marqués de Provenza, franca y espontáneamente, hago y pueblo una villa en el lugar que se llama Teruel. Y para que los habitantes y pobladores que lleguen habiten allí más segura y gustosamente, y para que otros deseen venir, les concedo y hago esta carta de población, costumbre y franqueza, y será válido a perpetuidad fielmente lo que allí está escrito […]. En primer lugar doy y concedo, a los pobladores de Teruel que ahora son y que más tarde vendrán todos los susodichos términos, libres e inmunes, a saber: desde el Poyo de San Ginés hasta Singra, etc (relación extensa de términos.[…], para que dichos pobladores de Teruel tengan por siempre estos términos francos y libres con todas sus pertenencias, yermos y poblados, llanuras y montes, prados y bosques, aguas y ríos, y fuentes, con sus entradas y salidas en sus propias heredades para que hagan su propia voluntad, éstos y sus hijos, y todas las generaciones, por los siglos de los siglos sin fin[…]. Pero hago saber que en estos términos me reservo para mi señorío Santa Eulalia con sus términos y señoríos. Y todos los vecinos y pobladores de Teruel, tengan libres estos términos citados. Doy además a dichos pobladores todos aquellos fueros y costumbres solicitadas y que puedan solicitar en adelante y de algún modo.
Dado en Teruel, en las kalendas de octubre de la Era MCCXIIII (1 de octubre de 1176, pues por la Era Hispánica se deben descontar 38 años)”
Portada de los Fueros de Teruel impresos en Valencia en 1565Desde su conquista en 1169 Teruel fue una más de los dos centenares de localidades incluidas en los términos del fuero de Daroca. Pero Alfonso II quiso significarla otorgándole un fuero propio a semejanza del de Daroca.
La fecha de concesión del primitivo fuero hay que fijarla en 1177, aunque se fue complementando con nuevos artículos hasta completar su forma definitiva entre 1230 y 1247. La mencionada concesión del fuero a Teruel fue realizada por Alfonso II desgajando la mitad sur del territorio adscrito a Daroca en 1142. La división se hizo en base a las fechas de conquista. El territorio conquistado por Alfonso I (hasta Singra) quedó para Daroca, mientras que las tierras conquistadas por Alfonso II se otorgaron a Teruel.
El fuero supuso la conversión de la pequeña aldea de Teruel en uno de los más notables centros urbanos de Aragón, y al abrigo que ofrecían sus libertades acudieron pobladores que se establecieron tanto en la nueva villa como en sus aldeas. La pequeña aldea de Teruel se transformó urbanísticamente. Para ello fue necesario aplicar unas medidas repobladoras a partir de la repartición de los solares según los criterios igualitarios contenidos en el fuero.
Llegados a este punto, cabe recordar que el antiguo Tirwal, estaba ubicado en la en la parte más alta de la meseta, o sea, en el barrio de la Judería, pues hacia el torreón de Ambeles hay una zona a la que siempre se le ha llamado “El Castillo”. De este castillo no se ha encontrado resto alguno porque parece ser que posteriormente, y con gran urgencia, fue destruido por los cristianos para amurallar la ciudad con los restos del mismo y convertirla en un gran fuerte en el que poder albergar las tropas de la reconquista y defenderse del enemigo moro. El mencionado castillo musulmán estaba situado al este y ocupaba lo que todavía es hoy el torreón de Ambeles. En la parte oeste estaba asentado el pequeño poblado, el cual llegaba hasta lo que son actualmente la calle Joaquín Costa, calle Abadía y Plaza del Torico.
Con anterioridad a la planificación que estableció el fuero, la aldea cristiana de Teruel tenía una extensión de apenas una hectárea y encerraba unas cien parcelas, con una población de entre 400 y 500 habitantes. La nueva planificación que siguió al fuero de 1177 consistió en delimitar la nueva villa con una muralla de 1740 metros de longitud, cuarenta torreones y siete puertas, siguiendo las líneas del nivel de la muela sobre la que estaba asentada, incluyendo en su interior a la vieja aldea musulmana y planificando los nuevos espacios urbanos en función de los criterios de reparto igualitario, basados en la entrega a los repobladores de solares cuadrangulares de entre 4 y 5 metros de fachada por 12 a 15 de profundidad, los cuales dieron lugar a unos espacios urbanos, calles y manzanas, regulares. El ensanchamiento de la villa hacia el sur fue más uniforme y con él se pobló el casco urbano desde el portal de Zaragoza hasta el de Guadalaviar. A continuación se urbanizó la zona comprendida entre el centro y las puertas de Daroca y San Miguel. En esta zona el trazado fue más regular y con calles paralelas.
La superficie del nuevo espacio amurallado era de 16,6 hectáreas (16 veces mayor que el de la anterior aldea musulmana), espacio suficiente como para albergar a una población de entre 2.500 y 3.000 habitantes.
El fuero y sus delimitaciones obtuvieron tal éxito que los límites fijados en 1177 perduraron pese a todos los cambios políticos que se produjeron en el siglo siguiente y que acabaron por delimitar las tierras turolenses: el tratado definitivo de fijación de fronteras entre Aragón y Castilla en 1204, la conquista y creación del Reino de Valencia entre 1236 y 1238, y la incorporación del señorío de Albarracín al reino de Aragón en 1284.
Grabado de la ciudad de Teruel en la Edad MediaEl fuero de Teruel convierte a Teruel en cabeza de la comunidad de sus aldeas regulando la vida política y social. Marca las actividades penales, religiosas y culturales que sirvieron para estructurar unas reglas comunes para la convivencia, en unos momentos donde había que organizar un área geográfica reconquistada que había que repoblar y donde convivirán cristianos, judíos y mudéjares.
La mención a las murallas, plazas, disposiciones de aspectos higiénicos con sanciones reglamentadas, la regulación de la estructura, medidas y materiales para la construcción de las casas (prohibiendo techos de paja para evitar incendios), representan una preocupación y una previsión digna de una época más reciente.
Ordena quemar a los adúlteros, bígamos, homosexuales, alcahuetas o a los que violan a mujeres casadas. Se entierra al asesino debajo del muerto. Se deja morir de hambre a quien no paga las multas por infracciones a la ley. Se mutilan las partes del cuerpo con las que se ha realizado una falta o agresión. La blasfemia supone que la tercera parte de la multa debe ir a las obras de la iglesia de Santa María.
La horca será el elemento coercitivo más utilizado para satisfacer las penas, por lo que se levantaron dos cadalsos en lugares destacados: la Plaza de Santa María y la Puerta de Zaragoza, frente al Arrabal.
El Fuero certifica la igualdad legal, haciendo una declaración de tipo democrático, al pregonar que “infanzones y villanos que habiten en Teruel tengan un único fuero”. Recoge las normas para una población, donde todos son iguales ante el Fuero.
Se abre la posibilidad de acceso a todo cargo político del Concejo a cualquier hombre de la villa, aunque para ello deberá ser caballero, según las directrices del Fuero.

En definitiva, el fuero regulaba todo tipo de relaciones personales y colectivas, militares y civiles, jurídicas y económicas; de ahí la importancia del mismo dada su supervivencia autónoma hasta finales del siglo XVI, cuando el resto de Aragón tenía una foralidad común desde mediados del siglo XIII.

LA VILLA DE TERUEL SE CONVIERTE EN CIUDAD

Concesión del título de ciudad a la villa de Teruel:
“Nos, Pedro IV, por la gracia de Dios, rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Cerdeña, de Córcega, y conde de Barcelona […]. Pensando que la real diadema de nuestro poder se ensalza tanto cuanto se incrementan los lugares insignes de nuestros reinos, […] entre otras villas y lugares sometidos a nuestra potestad, a causa de los muchos, inmensos y gratísimos servicios prestados por la villa de Teruel y su comunidad de aldeas desde tiempo atrás […], y atendiendo también a que la villa de Teruel con sus aldeas se ennoblece entre las restantes villas del reino […], por deseo nuestro, con este presente privilegio de validez  permanente […] queremos, creamos, ordenamos, estatuimos y erigimos a dicha villa de Teruel en ciudad, para que en adelante dicha villa sea denominada como ciudad...”.
El siguiente paso importante en la ordenación y organización del espacio turolense desde la conquista por Alfonso II fue la configuración de la Comunidad de aldeas de Teruel, así como la constitución de la Comunidad de Albarracín, alcanzando la expansión aragonesa desde Teruel hasta Rubielos y Albentosa, el rincón de Ademúz y Camarena en la sierra de Javalambre.
En resumen, ya en el siglo XIII, la configuración histórica del territorio turolense, con la estabilización de la frontera meridional aragonesa y la red de poblamiento establecida sobre la base de las cartas de población, presentaba la siguiente distribución:

  1. El Bajo Aragón con sus órdenes militares y la nobleza señorial laica.
  2. El Maestrazgo en manos de los Templarios primero y de los Hospitalarios Sanjuanistas después.
  3. El Señorío independiente de Albarracín.
  4. Los establecimientos agrarios colectivos, dominios catedralicios y episcopales de Zaragoza y Tortosa.
  5. Lo perteneciente a la orden de Santiago.
  6. El Concejo de Teruel con la villa y el alfoz.
  7. Las comunidades de aldeas de Teruel y Albarracín, ambas con regímenes propios.

Dicha configuración reflejaba, igualmente, la diferente distribución de la propiedad y dominio de la tierra, según los diversos sistemas jurídicos y señoriales que la reordenación territorial había ido condicionando sobre el espacio de sur ibérico aragonés, y así pervivió en buena parte durante el resto de la Edad Media al menos.
Pedro IV concede a Teruel el título de ciudad. Salvador Gisbert, 1901Inicialmente la colonización de la villa de Teruel dependió de aragoneses, navarros y castellanos. Las aldeas sufragaron muchos de los gastos de la villa en cuanto a murallas o cargos municipales. Los turolenses se beneficiaron del patronato de sus iglesias, disfrutando de los cargos parroquiales de la villa, y los diezmos y primicias de las iglesias del término (casi cien) se atribuyeron a los clérigos, apareciendo parroquias enriquecidas por disponer de rentas en abundancia.
Teruel, al ser capital de frontera meridional de los dominios del rey de Aragón, fraguó una mentalidad peculiar como refugio de inmigrantes, punto de partida de las huestes que prepararon la campaña valenciana culminada en 1238 o la murciana de 1266, así como de espacio repartido entre la coexistencia de cristianos, judíos y mudéjares o solar natural de las milicias concejiles y de la caballería villana. Precisamente en este marco general y heterogéneo de intereses, procedencias y aspiraciones resulta verosímil la situación que recoge la tradición sobre Isabel de Segura y Diego de Marcilla, cual reflejo de la diferencia de clase y de influencia social.
Las operaciones previas a la empresa desplegada por Jaime I (1213-1276) sobre el territorio valenciano y las consecuencias posteriores de la incorporación del nuevo reino de Valencia a la Corona del rey de Aragón conllevaron, entre otros resultados y efectos, la posibilidad de saqueo en el espacio meridional levantino y la probabilidad de hacer fortuna para regresar con favores y botín o de instalarse en los nuevos dominios regios, el aprovechamiento de los repartos de bienes, la mejora social y económica, la disponibilidad de pastos de invierno para el ganado local, la recaudación por el Concejo de los pastos de verano en el amplio término municipal, la repoblación meridional en aldeas, la ampliación agraria, la potenciación del mercado de Teruel, la explotación forestal, las actividades profesionales y productivas o la fijación de la feria de San Bartolomé.
La conquista de Valencia facilitó todo un conjunto de potencialidades tras el alejamiento del peligro musulmán, que había constreñido los primeros sesenta años de vida de la nueva villa; también favoreció una profunda transformación social a través del paso de una incipiente foralidad y jerarquía jurídica altomedieval (finales del siglo XII y principios del XIII) hacia una municipalidad y rango político-administrativo primero (entre los siglos XIII y XIV) y una jerarquización socio-económica después (para los siglos XIV y XV).
Los resultados de las primeras transformaciones antes de la conversión de la primitiva villa en ciudad en 1347 fraguaron en una monopolización del poder por los caballeros, la diversificación de las fuerzas productivas y de las funciones sociales y económicas, la aparición de cofradías, enfrentamientos sociales y un crecimiento demográfico espectacular.
En lo cultural, es la época de esplendor del arte mudéjar, materializado sobre todo en la arquitectura de las esbeltas torres elevadas entre 1257 y 1344(San Pedro, Santa María de Mediavilla, El Salvador y San Martín), o en el decorativo artesonado de la actual catedral.
La concesión del título de ciudad representó, desde el punto de vista social, la superación de la foralidad primitiva y el establecimiento de la municipalidad, con la consolidación de la sociedad civil, reglada y ordenancista, contenida aún en sus aspiraciones y enfrentamientos pero dispuesta a fortalecer sus vínculos familiares, sociales y económicos por encima de todo. Situación que se encrespa en momentos de dificultades o crisis, como los derivados de la guerra de la Unión (1347-1348), la peste (1348-1350) o la guerra con Castilla (1356-1375) con intermitencias de treguas y rupturas, durante el largo reinado de Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387).
Esta fue la nueva ciudad que iba a tener que enfrentarse desde el comienzo con los retos que la nueva época le iba a plantear. Una ciudad, Teruel, elevada a tal rango por privilegio de 7 de septiembre de 1347 por la lealtad de los turolenses a la causa real de Pedro IV en su enfrentamiento contra la Unión Aragonesa, derrotada definitivamente en el verano de 1348, y respondiendo aquellos de manera eficaz al ayudar al rey en la extinción de la Unión Valenciana el mismo año. Luego vino la presión de losPedro I de Castilla castellanos sobre las tierras turolenses, en lo que históricamente se conoce como “la guerra de los Pedros” (Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla), llegando las tropas  de Pedro I a las puertas de Teruel a finales de abril de 1363, e iniciándose con ello otra etapa de la historia de Teruel en la época medieval.
En esta etapa medieval, un célebre episodio durante la guerra de los Pedros ha quedado señalado para el recuerdo: El juez de Teruel, como máxima autoridad de la ciudad, ante el peligro de verla destruida por las tropas de Pedro I de Castilla, abrió al enemigo castellano el portal de San Miguel el 3 de mayo de 1363, llegando a controlar los castellanos toda la ciudad durante algún tiempo. Desde aquel entonces pasó a conocerse y denominarse en lo sucesivo como el Portal de la Traición.
Ello acarreó tal enfado por parte de Pedro IV, que anuló temporalmente los fueros y privilegios hasta la reconciliación real de 1366, instigada por el maestre del Hospital de San Juan de Jerusalén, Juan Fernández de Heredia, quien luego se preocupó personalmente de la restauración del recinto amurallado turolense, así como de regalar a la ciudad las reliquias de Santa Emerenciana, la cual llegaría a ser su patrona.
Las luchas de bandos, los enfrentamientos entre la ciudad y las aldeas, o la celebración de Cortes en la ciudad en el año 1427, causaron la presencia real en la ciudad. Otros monarcas anteriores ya la habían visitado, al igual que harían posteriormente los Reyes Católicos el 7 de enero de 1428 para jurar los fueros en la iglesia de Santa María.
La ciudad de Teruel sufrió epidemias y alteraciones diversas y, tras un progresivo aumento demográfico y después de los efectos de la peste de 1348, contaba a finales del siglo XIV con una población aproximada de 4.000 personas, de las que alrededor de 300 eran mudéjares. Tal aumento se transformaría en un acusado descenso a lo largo del siblo XV.
La ciudad también se enfrentó a la propia Corona, hostigó a los judíos en muchos momentos y se resistió a la instauración de la Inquisición (1484-1485).
La plaza de Santa María, corazón de un recinto amurallado y continuamente transformado, constituía el centro neurálgico del conjunto medieval, donde se encontraban las casas del concejo y la iglesia de Santa María, colegiata desde 1342 y catedral a partir de 1587.
Sólo el arrabal de mediados del siglo XIII quedaba extramuros en principio, con murallas propias desde los años treinta del siglo XIV, llegando a acoger a finales del mismo unas 120 familias.
En la otra plaza principal, la del mercado, se celebraron los espectáculos públicos y los oficiales, y en la parte más elevada, junto al alcázar real y a espaldas del torreón de Ambeles, se situaba la judería, cuyos miembros estaban protegidos por el rey desde el propio fuero, con dos sinagogas y unas cincuenta familias recluidas tras un recinto propio cuando la presión de San Vicente Ferrer en 1412 obligó a ello.
Al lado mismo de la mezquita y junto a las llamadas casas del rey o castillo mayor, actualmente barrio de la Andaquilla, se ubicaba el barrio de la “morería chica”.  Esta morería quedaba intramuros y acogió alrededor de cincuenta familias en los siglos medievales. Al otro lado del barranco, en unas cuevas (las cuevas del siete) vivía el resto de la población mora, la cual tenía su propio cementerio in situ. Lo que actualmente es el barrio del Carrel también estaba ocupado por alfareros moros, pues la arcilla que utilizaban para sus trabajos la extraían allí mismo.
En lo que a la iglesia respecta, desde la fundación de la ciudad de Teruel la iglesia turolense quedó encomendada al obispo, luego arzobispo de Zaragoza, con un arcipreste en representación del prelado cesaraugustano y un arcediano administrador de los bienes eclesiásticos. Por otro lado el clero adscrito a Santa María de Mediavilla y el resto de iglesias de la ciudad, se ordenó en capítulo de racioneros a mediados del siglo XIII con un prior al frente, siendo siete las parroquias  que acogían los respectivos distritos de la ciudad: Santa María, San Martín, Santiago, El Salvador, San Pedro, San Andrés, San Juan y otras iglesias menores.
Aparte de la actividad propia del clero, las devociones y fiestas religiosas inundaron la vida cotidiana, como por ejemplo la de los santos patronos, la del Salvador y la de Santa María.
La influencia de los clérigos en la ciudad fue siempre muy importante, dejándose notar en muchas manifestaciones de la vida pública y privada.
El componente esencial de la sociedad turolense de esta época era el agrícola y el militar, sin una alta aristocracia, pero con fuerte influencia de los caballeros, grado al que pudieron aspirar las gentes de oficios y con movilidad ganadera y comercial, dada la posición de la ciudad.
En realidad el modelo social turolense quedó fijado en el fuero primitivo que, naturalmente, sufrió modificaciones con el paso del tiempo, si bien siempre conservó su textura primigenaria. La base principal de dicho modelo fue el concejo, el cual elegía anualmente a los diversos cargos responsables del regimiento de la ciudad: el juez (magistrado principal de la justicia, administración y recaudación), los alcaldes (hasta un máximo de cuatro, para juzgar y ejecutar sentencias), el escribano (registrador por escrito de los diversos actos), el almotacén (para inspeccionar las actividades económicas y comerciales), los andadores (también cuatro, a modo de alguaciles para mantener el orden) y el sayón o pregonero. Para acceder a los cargos mencionados había que tener un caballo al menos y una casa en la parroquia o barrio al que le correspondía ejercer la autoridad. Por otro lado, los turolenses de la villa estaban exentos de contribución real, no así los de las aldeas, que tenían sus obligaciones con el rey o con el señor de sus señoríos.

CRISTIANOS, MUDÉJARES Y JUDÍOS

A lo largo de la Baja Edad Media las gentes de la villa de Teruel, cristianos, mudéjares y judíos veneraron a un solo Dios bajo tres religiones distintas, pero los mudéjares y judíos sufrieron diversas por cuestiones teológicas o por prácticas religiosas.
Los Cristianos se agrupaban entorno a nueve parroquias, citadas desde el año 1196 y siendo el elemento básico para la vida, tanto religiosa como social y política de los mismos. Éstos se avecinaban en el barrio y se hacían parroquianos de la iglesia que les interesaba para poder presentarse a los diferentes procesos electivos de los cargos del Concejo.
La distribución de las parroquias se desarrolló de forma estratégica para dominar los accesos a la ciudad por la muralla: Santa María de Mediavilla, gran dominadora, en el centro de la villa; San Martín, junto al Portal de Daroca; El Salvador, junto al Portal de Guadalaviar; San Juan, junto al Portal de Valencia; San Miguel, al lado del portal de su mismo nombre; San Pedro y San Andrés, ante la Judería; San Esteban, próxima al Portal Nuevo; y Santiago, la más pequeña, cerca de la muralla.
Entre los cristianos existieron varios sectores, de entre los cuales caben destacar dos:
Los Privilegiados: Eran el sector dominante. Detentaban el poder económico, social, cultural y religioso. Organizaban, controlaban y dirigían el Concejo y la Iglesia. Por mandato del Fuero no pagaban impuesto alguno. Este sector lo constituían los nobles, caballeros, clero, notarios, médicos y juristas.

Mapa de las comunidades judías de Teruel en la Baja Edad Media


El Común: Era un grupo muy variado con diferencias económicas muy marcadas. Estaba formado por los trabajadores, el sector oprimido que carecía de privilegios y sobre el que recaían las cargas fiscales; un grupo social que no tenía posibilidad alguna de llegar a ser caballero. Lo componían los tenderos, comerciantes, artesanos, labradores, pastores, menestrales, juglares y , en general, todos los asalariados, a los que cabe añadir forasteros, vagabundos, prostitutas y pobres.
Los Mudéjares, como ya se ha dicho, ocuparon la Morería (zona de la iglesia de San Martín y la Andaquilla), parte de la actual calle de los Amantes y algunas casas de la calle del Tozal. Fueron buenos agricultores, destacando también en actividades artesanales, especialmente como olleros, alfareros y ceramistas. Entre ellos también existieron herreros, carpinteros, tejedores, alarifes o maestros de obra y albañiles.
Los Judíos, ocuparon desde finales del siglo XIII, la Judería, en la zona más alta de la población, junto al torreón de Ambeles. Su actividad más sobresaliente fueron las finanzas, siendo los protagonistas en la concesión de los préstamos a la sociedad turolense.
Entre las tres sociedades, la villa de Teruel contaba con 6.600 habitantes, de los que unos 260 eran mudéjares y alrededor de 300 judíos. No obstante las pestes continuadas, a partir de 1348, y las inclemencias del tiempo, influyeron tanto en la población que se inició una considerable disminución demográfica : de los 3.800 habitantes de mitad del siglo XV se bajó a 2.300 tras ser expulsados los judíos en el año 1492.

EL GOBIERNO DE TERUEL DURANTE LA BAJA EDAD MEDIA

La estructura organizativa y el funcionamiento de la vida municipal de la villa de Teruel siguió la letra del Fuero. El órgano supremo de gobierno de la vida municipal turolense, hasta mitad del siglo XIII, fue el Concejo o Asamblea general de vecinos. Se convocaba a son de trompeta con un pregón dado en la Plaza Mayor y en la torre de la iglesia de Santa María. Se celebraba en la puerta principal de Santa María, bajo el pórtico de la iglesia, presidido por el Juez o su lugarteniente. Para las reuniones del domingo por la mañana no era obligatoria la asistencia de toda la vecindad, pero sí durante el martes de Sello del Concejo de Teruel con los símbolos del toro y la estrellaPascua, jornada en la que se procedía a la elección de cargos.
Desde 1250 el poder máximo se desplazó hacia el Consejo, una asamblea de carácter restringido, antecedente del Ayuntamiento actual. Estaba constituido por los oficiales mayores: el juez, los cuatro alcaldes, el escribano y el almotaçaf o vigilante de mercados e inspector de la alimentación. Los restantes oficios oscilaban en número, aunque  siempre persistían los procuradores y tres de Concejo, los jurados y, a partir del siglo XIV, los registradores. Otros cargos de menor peso u oficiales menores fueron: el sayón, el pregonero, los andadores o alguaciles, el vezadero o dulero (pastor del ganado de los vecinos), el portero, el cerrajero y los centinelas de la muralla.
El sistema de elección de todos los cargos se realizaba, anualmente, el martes después de Pascua de Resurrección. Para acceder a los puestos municipales había que reunir las condiciones forales de caballero: tener caballo valorado en 200 sueldos, armas y una casa en Teruel desde un año antes.
Los aspirantes a los distintos oficios eran elegidos previamente por los parroquianos de las distintas iglesias de la ciudad, pudiendo repetir por su misma parroquia, mientras que los alcaldes, el escribano, los procuradores y el mayordomo eran cargos rotatorios, perteneciendo cada año a una parroquia diferente.

TERUEL DEFIENDE SUS DERECHOS  FORALES

La excepcionalidad del ordenamiento foral de Teruel, debido al espacio fronterizo, particularizaba un concejo fuerte, aunque obedecía a un Señor o Tenente puesto al frente de la villa por el Rey. No obstante, Teruel mantuvo su autonomía jurídica frente al Tenente, por disposición foral, a pesar de ser un Concejo de realengo.
El hecho de imponer el rey a la villa un Tenente como delegado real, supuso entregarle el poder total para cuidar del gobierno civil y militar, presidir el Concejo, y administrar sus tierras, recaudando los impuestos correspondientes para satisfacer las prestaciones que se establecían en la donación del feudo y para invertirlos a su antojo. A su vez controló la pecha o imposición tributaria como reconocimiento del dominio, las cenas como derecho de hospedaje, la fonsadera o redención en metálico de la obligación de participar en la guerra del Señor, las rentas de los monopolios (hornos , molinos), los derechos sobre el tránsito de personas, ganado o mercancías (lezdas, peajes, portazgo, montazgo, pontazgo, etc), los derechos sobre el uso de pastos y exacciones propias del territorio real.
Toda esta situación supuso diversos enfrentamientos con la realeza aragonesa primero y con la castellana en el siglo XVI, por defender su autonomía jurídica. Como ejemplo de la defensa de estas libertades caben destacar, entre otros, dos hechos: Uno fue El suceso de las Cortes de Teruel (1427) en el que el rey Alfonso V ahogó al Juez de Teruel, Francisco de Villanueva, y lo arrojó a la plaza desde un balcón por no consentir la intromisión real en asuntos internos del Concejo. El otro hecho fue La oposición de la ciudad a la entrada del Tribunal de la Inquisición en el año 1485, obligando a intervenir a Fernando el Católico para imponer dicho tribunal.
En tiempos de Carlos V se desobedecen órdenes reales expedidas contra sus provilegios forales. En 1591, la oposición a Felipe II supuso la pérdida de la vida en la horca o la condena a galeras de muchos amotinados turolenses, incluso clérigos. Todo ello fue la antesala de la pérdida del Fuero y de sus libertades, como así ocurrió en 1592. En 1598, los diputados de la ciudad renunciaron a su Fuero ante el Tribunal de Justicia del Reino, acogiéndose a los Fueros Generales de Aragón, de no muy buena gana.

EL ARTE TUROLENSE EN LA EDAD MEDIA

Teruel comenzó a cobrar personalidad a partir de la Edad Media, tras pasar paulatinamente a manos cristianas mediante la reconquista. Los cronistas del siglo XVI explicaron el origen de la ciudad de Teruel con argumentos tomados de la conciencia mítica, manifestada en esta ciudad con el símbolo mitológico del toro y cuya fundación queda plasmada maravillosamente en el Libro Verde de la Ciudad de Teruel.
Alguna entidad tendría el enclave arábigo turolense, situado en lugar bien estratégico, cuando fue conquistado por los caballeros de Alfonso II allá por 1170 y se procedió a reedificar la villa abriendo siete puertas en su muralla de metros y  construyendo alrededor de cuarenta torres, para posteriormente (en 1196) dotarla de siete parroquias.
Las tierras turolenses se forjaron en dura lucha contra los moros, lo que explica la abundancia la de Vista de las murallas de Albarracíncastillos, fortalezas y murallas en toda su geografía, como mudos testigos del pasado explendor político de esta tierra en los siglos medievales. Ningún conjunto más imponente que el de la ciudad de Albarracín, la cual vino a ser patrimonio de los Banu Racín en los siglos XI y XII durante el poder califal de Córdoba, y que adquirió la categoría de madina, que era tanto como plaza fuerte con su correspondiente ciudadela.
La muralla que rodea la áspera montaña tal vez se asiente sobre fundamentos árabes, aunque su alzado actual parece ser cristiano, seguramente de los siglos XIII y XIV, pues bien conocido fue el interés mostrado por Alfonso II y Pedro IV en la reparación de sus murallas.
Pero en la provincia existió otra localidad de gran importancia, Alcañiz, capaz de poducir un legado artístico a tono con su prestigio político. Su importancia radicaba en el hecho de ser la sede de la encomienda de los caballeros de Calatrava, a los que Alfonso II cedió en 1179 el castillo y su término. Como es sabido, a principios del siglo XIV se construyó el claustro ojival del castillo y la torre del Homenaje, decorada a finales de siglo con pinturas al fresco.
La torre presenta un primer piso gótico con las mismas dimensiones que el atrio sobre el que descansa. Su sala tiene arcos apuntados que arrancan del propio muro a un tercio de su altura. Tanto los muros como los arcos están decorados con pinturas al fresco, siendo la composición más interesante la Rueda de la Fortuna conservada en el ayuntamiento de Alcañiz. Algunas de las escenas de los frescos recuerdan las del artesonado de la catedral de Teruel: un letrado, un rey con un ave de cetrería, un matarife, un segador, un carpintero, etc. La serie caballeresca es bastante más extensa; en ella aparecen dos castillos a la orilla del mar, uno de ellos con los blasones de Castilla y León, un campamento y un ejército cuyos soldados muestran la cruz de Calatrava…

Castillo de Alcañiz Torre del Homenaje del castillo de Alcañiz Pintura mural de la Torre del Homenaje del castillo de Alcañiz

A lo largo de la Edad Media el mecenas del arte en Teruel fue el propio pueblo a través del clero y de las clases altas. Los párrocos y cabildos se preocuparon de pedir constantemente limosnas y colectas para la edificación de iglesias; tal fue el caso del racionero de la iglesia de El Salvador de teruel que, en 1277, consiguió permiso del obispo de Zaragoza para recoger fondos con destino a la iglesia y campanar.
En el año 1391, el arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, llevó a cabo la construcción de la iglesia de San Francisco, invirtiendo más de cien mil escudos y diez años. En ella llama la atención el purismo gótico de esta obra entre tanta construcción mudéjar.
A finales de la Edad Media, la obra más notable de la aristocracia turolense fue la capilla de la Coronación de la catedral, llevada a cabo por los Pérez Arnal hacia 1460. Ornato de esta capilla fue el retablo de la Coronación, con los rasgos propios del gótico hispano-flamenco de aquel entonces.

EL ARTE MARIANO

El abundante arte mariano, muy frecuente en tierras turolenses, viene explicado por el ambiente espiritual de lucha contra el poderío musulmán. Los reyes y caudillos marióforos fueron los primeros en apresurarse a levantar un altar en el pueblo o ciudad recién conquistado. Las advocaciones marianas en tierras turolenses se dividen en dos grupos: la de las imágenes descubiertas y las de las aparecidas. Las primeras están relacionadas con devociones remotas, cuyo culto habría sido interrumpido por la invasión musulmana. Las segundas surgen entorno a historias más o menos fabulosas de vírgenes aparecidas, manifestándose por medio de luces o resplandores. Las primitivas construcciones religiosas han sucumbido al devenir de los tiempos, por eso solamente algunas toscas imágenes de la Virgen y el  Niño, talladas en madera, nos reflejan la devoción de los primeros cristianos medievales en la provincia de Teruel.

Virgen del Tremedal (Orihuela del Tremedal) Virgen del Agua (Castellote) Virgen y el Niño (Torrelacárcel)

La imagen de la Virgen más común es la entronizada, distinguiéndose dos modelos de vírgenes románicas entronizadas: las que son completamente simétricas, con el Niño en medio de su regazo, y las asimétricas, con el niño sobre la pierna de la Madre. Ejemplo de esta última sería la Virgen del Tremedal, de Orihuela del Tremedal. Otras imágenes románicas de los siglos XII y XIII son: la Virgen y el Niño de Torelacárcel (depositada en el Museo Diocesano de Teruel), la Virgen de Bueña, dos tallas de la Virgen de la Villeta (en Peracense), la Virgen del Agua (en Castellote), la Virgen del Cid (en La Iglesuela) y la Virgen de la Vega (en Albarracín).
La fecha clave o punto de partida para la datación de algunas imágenes románicas turolenses, que han sobrevivido al paso del tiempo y sus acontecimientos, es el año 1128, cuando Alfonso I fundó la Milicia de Cristo a imitación de la Orden del Santo Sepulcro, con sede en Monreal del Campo y con la misión de defender aquella tierra fronteriza.

EL ARTE MUDÉJAR

Tras alejarse el enemigo musulmán de Teruel y retroceder hasta Valencia, la ciudad turolense aumentó en población, la cual fue más estable debido a que ya había desaparecido el trajín de las tropas militares por la ciudad. El siglo XIV fue el de mayor población alcanzada por Teruel durante la Edad Media, pues las nuevas actividades atrajeron a nuevos habitantes. Este aumento de la población es el que propició la reforma de las iglesias y el inicio de multitud de obras, todo lo cual favorecería a la villa dándole una nueva perspectiva urbana. El arte mudéjar se desarrollaría en la ciudad de Teruel gracias a las habilidades de los mudéjares aragoneses en la construcción y arquitectura. A cambio de unos impuestos especiales, los musulmanes, conservarían sus costumbres, su religión, su lengua, y con el tiempo, serían conocidos como mudéjares, término que procede del árabe “mudayyan”, que significa, “aquel a quien ha sido permitido quedarse”. Estos mudéjares serían los encargados, debido a sus habilidades y especial cualificación, de construir y decorar los edificios más representativos de la villa de Teruel en la época medieval.
El esfuerzo y empeño de las gentes de aquella época forjó lo que hoy constituye la gran herencia turolense: las más bellas obras del mudéjar español, declaradas por la UNESCO, en 1986, Patrimonio de la Humanidad
.

Para más información sobre el arte mudéjar turolense pulse AQUÍ

LA ARQUITECTURA DEL SIGLO XIV

El esquema espacial que más se ensayó en los templos turolenses durante la Edad Media fue el de la nave única con capillas laterales entre los contrafuertes. Ejemplo de ello son la iglesia de Montalbán y la iglesia de San Pedro en Teruel, entre otras. Este esquema fue el elemento característico de la arquitectura gótico-levantina, una variante del gótico que tuvo su origen en el sur de Francia y que adquirió en las tierras turolenses y en Aragón una marcada personalidad, superando a otras escuelas del gótico peninsular. Los contrastes dimensionales y las transparencias de los muros, características propias del gótico nórdico, experimentaron aquí una transformación, por cuanto se tendió a buscar un espacio más unitario por el desarrollo de la amplitud de la nave.
El modelo más sencillo y primitivo es el desarrollado en ermitas y santuarios: está basado en una nave de escasa amplitud con arcos perpiaños que sostienen a la techumbre de madera. Ejemplo de ello son el santuario mariano de la Virgen del Olivar (Estercuel) y el de la Virgen del Campo (Camarillas). Lamentablemente muchos de estos nobles santuarios y ermitas fueron abandonados al construirse templos mayores en los siglos posteriores.

Claustro del Santuario de la Virgen de la Fuente - Peñarroya de Tastavins Santuario de la Virgen del Olivar (Estercuel)

Entre los santuarios más importantes arquitectónicamente del siglo XIV caben destacar dos.
El Santuario de Montserrate en Fórnoles: Es una obra de mampostería y cantería con tres tramos, pero sólo el de los pies muestra la bóveda primitiva de cañón apuntado, mientras que el tramo de la cabecera fue transformado en el siglo XVII. La antigua portada, de carácter gótico, posee cinco arquivoltas con capiteles historiados de inspiración blíblica y otros elementos vegetales.
El Santuario de la Virgen de la Fuente, en Peñarroya de Tastavins, se dejó influir por el desarrollo artístico y espiritual del segundo cuarto del siglo XIV. Las reformas que se llevaron a cabo dejaron la ermita tal y como la podemos contemplar hoy, con su carácter gotico-mudéjar y la labor escultórica de la portada. El claustro tiene belleza rústica y proporciones macizas, con un costado del siglo XIV y los dos restantes del XVI.
Pasando al apartado de iglesias parroquiales, en el siglo XIV, caben mencionar:
La iglesia de La Cañada de Verich, que sufrió transformaciones en los siglos XVI y XIX, al igual que sucedió con la de Cella, de la que todavía quedan tres tramos antiguos.
La iglesia de Fórnoles, muy relacionada con el santuario de Montserrate y con el de la Virgen de la Fuente, presentando los capiteles de la portada escenas históricas, monstruos y elementos vegetales.
Las iglesias de Lledó y Arens de Lledó, las dos son de cantería y tienen espadaña y un elemento prismático que alberga la escalera.

Iglesia de Lledó Iglesia de San Miguel (Cantavieja) Iglesia de Valderrobres

La iglesia de Valderrobres, obra monumental cuya construcción se realizó en dos etapas: una en la primera mitad del siglo XIV, en tiempos del arzobispo de Zaragoza don Pedro López de Luna (1314-1345), y otra a partir de 1409, durante el arzobispado de García Fernández de Heredia, en la que se concluyó la fábrica anterior. La planta tiene modalidades poco frecuentes: capillas radiales discontinuas pentagonales en el ábside y laterales de tipo hexagonal. En su bonita portada principal destaca una serie de arquivoltas pronunciadas con finísimos baquetones.
La iglesia de las Madres Agustinas en Rubielos de Mora, que en sus primitivos orígenes fue parroquia de una sola nave, transformada posteriormente en el siglo XVII. Tiene portada de varias arquivoltas y capiteles decorados con monstuos, máscaras y vegetales.
La iglesia de San Miguel en Cantavieja, fue de los templarios; tiene cubierta con bóveda de medio cañón apuntado y el presbiterio de crucería, con nervios apoyados en cabezas de ángeles.
La iglesia de San Francisco en Teruel, constituye la iglesia conventual más importante del siglo XIV durante el arzobispado de García Fernández de Heredia, quien puso la primera piedra en 1392. Su estilo se aleja del eclecticismo reinante en las tierras aragonesas que ensamblaba las estructuras góticas con la mano de obra y decoración mudéjares.

LA ARQUITECTURA DEL SIGLO XV

La arquitectura de este siglo vino a ser una continuación de la del anterior, persistiendo el sistema de nave única, exceptuando la iglesia de El Pobo que posee tres naves. Dejan de existir los refinamientos característicos de la fase final del gótico.
Ex Colegiata de Mora de RubielosLa iglesia de Javaloyas (en la sierra de Albarracín) presenta un aspecto de fortaleza, similar a su coetánea de Rodenas. De esta misma época (1431) es la iglesia de Villarroya de los Pinares, cuya portada data de 1459, y que fue reformada en el siglo XVII. También la iglesia de San Miguel, en Castellote es del mismo momento ya que presenta portada con dos arquivoltas decoradas con figuras.
A la etapa final del sigo XV pertenecen las parroquias de Ráfels y Molinos, ambas caracterizadas por el desarrollo del espacio interior y elegantes proporciones, aunque concentran el interés decorativo en sus portadas. Pero sin duda alguna, el ejemplo más significativo de este siglo es la ex colegiata de Mora de Rubielos (1456), cuya magnificencia no se comprende sin vincularla al mecenazgo del señor de Mora, don Juan Fernández de Heredia. Su megalomanía quedó bien patente en la anchura de la nave (tres metros menor que la catedral de Gerona), resultando ser el ejemplo más grandioso del grupo de iglesias aragonesas de planta única.

LA PINTURA MEDIEVAL

Las tierras turolenses estuvieron abiertas a todos los cambios estilísticos.
Retablo de la Coronación de la Virgen (Catedral de Teruel)En la llamada fase internacional, durante la segunda mitad del siglo XIV, Teruel quedó sometido a la influencia  de dos centros próximos, Zaragoza y Valencia, llegando el influjo valenciano hasta Ródenas por medio del artista anónimo conocido como el Maestro de los Ocón. Pero la figura clave de la influencia valenciana fue Pedro Nicolau, aunque sus obras no están completas, ya que durante la guerra civil se destruyó la tabla central del retablo de la Virgen de la Aurora de Mediavilla (1404), de Sarrión. Junto con Nicolau destaca Gonçal Peris, autor de los retablos de Albentosa (destruido), Rubielos de Mora y Puertomingalvo, este último dedicado a Santa Bárbara y depositado en el Museo de Arte de Cataluña.
La segunda fase de la pintura gótica fue la del influjo propiamente aragonés, representado por Lorenzo Zaragoza, pintor de gran prestigio en la corte de Pedro IV. A él se le atribuyen las tablas de Santa Catalina y San Miguel (actualmente en el Museo Diocesano de Teruel) del retablo del Convento de las Claras en Teruel. Pero el pintor más significativo fue el conocido Maestro de Teruel con su obra la Virgen de la Misericordia, del Museo Diocesano.
La última fase de la pintura gótica fue la hispano-flamenca (segunda mitad del siglo XV). A ella pertenece el famoso retablo de Rubielos de Mora (de Juan Rexach), depositado en el Mueseo de Arte de Cataluña. Pero sin duda alguna, la figura más destacada fue el Maestro de la Florida, autor del gran retablo de la Coronación de la Virgen, de la catedral de Teruel.

PORTALES Y TORREONES DE LA VILLA DE TERUEL

Tras la llegada de Alfonso II al Tirwal y conquistarlo a los musulmanes, surgió la necesidad de amurallar la nueva villa, dada la proximidad del mundo almohade en la región valenciana.
La planificación consistió en delimitar la nueva villa con una muralla de 1740 metros de longitud, cuarenta torreones y siete puertas.
Estos son los siete portales (sólo algunos en pie) y los cuatro torreones (todavía en pie), que junto con algunos lienzos de muralla  pueden apreciarse en la ciudad.

EL PORTAL DE ZARAGOZA
Es la primera que se levanta en la muralla. Se la cita ya en el año 1185. Era la puerta principal sobre la que se colocaba el pendón de la villa. Se la denominaba  así porque de ella partía el camino hacia Zaragoza tras cruzar el Arrabal y el río Alfambra. También servía para dar entrada a los arrabaleros que entraban y salían a la ciudad para comprar o vender los frutos de sus tierras. Estaba situada al final del Tozal, hoy calle de Joaquín Costa. Era una torre-puerta con una pequeña capilla sobre el arco de paso y defendida por dos pequeñas torres situadas una a cada lado y a unos veinticinco metros de la puerta (una de ellas aún puede verse en la calle del Rincón). Los bajos de estas torres eran alquilados al Concejo de los herreros de la villa para realizar sus tareas de herraje, dado el enorme trasiego de caballerías que frecuentaban esta área de Teruel. En el año 1347 fue reconstruida por Pedro IV, con motivo de los festejos de la concesión del título de ciudad

EL PORTAL DE SAN MIGUEL
Se halla junto a los Arcos, a unos cincuenta metros de la iglesia de San Miguel, que le da su nombre. Se le denomina también el portal de la Traición, dado que por esta puerta y por traición del juez de Teruel entraron los castellanos (3 de mayo de 1363) y tomaron Teruel hasta 1366, en la guerra de los Pedros (Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón). Las primeras referencias que se tienen de él son del siglo XII.

Portal de San Miguel
Portal de Daroca

EL PORTAL DE DAROCA
Está situada al Noroeste del recinto amurallado y toma este nombre por ser la salida natural hacia Daroca. Parece ser que se abrió hacia el año 1278, tras la decisión de Pedro III de ubicar en esta zona a los musulmanes y llevar a los judíos a la zona alta de la ciudad, donde habían estado los musulmanes. Se le conoce también como el portal de la Andaquilla por estar relacionada con la tradición de los Amantes de Teruel. Desde el fondo del barranco tiene un acceso muy pronunciado ya que el camino discurre entre rocas. Se trata también de una torre-puerta de la que todavía puede apreciarse buena parte de ella.
Cerca de este portal y a la orilla misma del muro del seminario actual, estaba la calle de la Colina que, pegada a la muralla, llegaba hasta la calle del Salvador. Actualmente todavía queda un tramo de ella desde la Andaquilla.

EL PORTAL DE GUADALAVIAR
Es la segunda en antigüedad, pues está documentada en el año 1196. Su denominación le viene dada porque estaba orientada frente al río Guadalaviar, que era el nombre con que en la Edad Media se denominaba al tío Turia. Estaba situado en la confluencia de la calle de la Colina con la del Salvador a la cual en el siglo XIV se le llamaba calle de la Albardería porque en ella estaba el gremio de los albarderos. Era un portal situado entre dos torreones, que fueron destruidos en el año 1763 para edificar un mesón. Este portal junto con el de Zaragoza eran los únicos que no se cerraban nunca en caso de peligro (sólo en caso de guerra), pues eran los únicos por los que la gente que trabajaba en la huerta podía refugiarse en la villa, además de ser la entrada habitual  de trajineros, comerciantes, mercaderes y gentes de negocio.

LA PUERTA DEL POSTIGO
Estaba situada al lado del Portal de Guadalaviar, al final de lo que hoy es la calle Nueva. Se la cita en el año 1221. Debió ser un portal muy reducido y estrecho, pues lo que hoy es calle, era una barrancada que hacía las veces de desagüe de la villa. Se la considera una puerta supletoria del Portal de Guadalaviar, por entenderse que , al ser más pequeña, debió ser un complemento para evitar que estuviese abierta la otra en épogas de guerra o de peligro.

EL PORTAL DE VALENCIA
Se hallaba en la parte sur, al comienzo del camino que se dirigía hacia el reino de Valencia. Aparece documentada por primera vez en el año 1245. Por falta de hallazgos no está claro si se trataba de una puerta entre dos torres (una era la torre del Espolón, sobre la cual se asientan hoy los garajes de la diputación y cuya base aún se conserva; otra era la torre de la casa del Verdugo), o se trataba de una torre-puerta. Lo que sí es cierto es que era la más defendida por ser la más amenazada.

EL PORTAL NUEVO
Aparece citado en el año 1309 en el arriendo de una casa, “situada en la puerta nueva”, por parte del mayordomo de la Iglesia de Santa María a favor de la viuda de Miguel Muñoz. Era conocido también como el portal de San Esteban, por su proximidad a la iglesia del mismo nombre. Parece ser que no se hizo a la vez que la muralla. Se debió construir con posterioridad para que pudieran acceder por él a la villa y en caso de peligro, las gentes que se habían establecido entre los hoy barrios de San Julián y el Arrabal. Se hallaba al final de la calle Abadía y estaba custodiado por dos torres: una era el torreón de San Esteban (existente todavía), el otro está detrás de unas nuevas edificaciones y sólo se conserva de él medio torreón.

Además de los portales, la muralla también contaba con torreones de defensa, entre los que cabe destacar los siguientes, que todavía podemos contemplar hoy:

Torreón junto al puente de la Reina
Defendía un ángulo saliente de la muralla sobre el abrupto barranco. Está situado a la derecha del portal de San Miguel o portal de la Traición.

Torreón de San Esteban
Torreón de la Lombardera.
Torreón de Ambeles.

Torreón de la Lombardera
Es de forma poligonal y se levantó entre el portal de Zaragoza y el de San Miguel.

Torreón de Ambeles
Es un torreón estrellado que tiene por planta la estrella mudéjar de ocho puntas. Defendía la villa entre el portal de Zaragoza y el de San Esteban.

Torreón de San Esteban
Es el único que queda de los dos que flanqueaban el portal Nuevo o de San Esteban. Los restos de su compañero se hallan en los corrales de unas casas del otro lado de la calle Abadía.

LA OTRA ARQUITECTURA MEDIEVAL DE LA CIUDAD DE TERUEL

LA CIUDADELA
Fue un punto fuerte de defensa en la parte sur del recinto amurallado, el más amenazado. En principio se estableció en ella la Orden Militar de Monte Gaudio junto a la iglesia de San Juan, del portal de Valencia. Tras su decadencia, y ante el peligro de desaparición, fue reorganizada en 1188 por el propio rey Alfonso II, dándole el nombre de Santo Redentor. La situó junto al portal de Valencia y se edificó la iglesia de San Redentor (pegada a dicho portal), el hospital del mismo nombre, algunas edificaciones complementarias y la torre de Villel en el ángulo sur de la Glorieta actual. De esta forma quedó fortificado este recinto y bajo el mando de la mencionada orden militar.

LAS IGLESIAS
En el nuevo Teruel cristiano del siglo XII urgía construir iglesias para la población, y al igual que las viviendas se construyeron provisionalmente y de pequeñas dimensiones. Fueron nueve las que se construyeron: Santa María, San Martín, Santiago, San Salvador, San Juan, San Andrés, San Esteban, San Pedro y la de San Miguel que ya existía. Todas ellas eran románicas, tenían cementerio y algunas claustro. La correspondiente distribución de las parroquias se hizo de manera racional y de acuerdo a la densidad de población de cada zona.

LA IGLESIA DE SAN JUAN
Realmente no se reformó porque siguió siendo románica hasta la guerra civil, pero sí se hizo una torreIglesia de San Juan y torre del mismo nombre conocida como "La Fermosa"  (Teruel) mudéjar con la intención, no cumplida, de renovar posteriormente la iglesia. Lo que sí es cierto es que en el siglo XVIII fue recubierta de bóvedas barrocas y cubierto el mural románico del ábside con un retablo barroco, hoy altar mayor de la iglesia de San Andrés.
La torre, la más tardía de las mudéjares, se construyó en 1349, i al igual que las otras, sobre una calle y cerca del portal de Valencia. Era de tal belleza que se le llamó la fermosa. Aunque se construyó al lado de la iglesia de San Juan, estaba situada en la placeta de San Juan (hoy plaza del Tremedal), placeta anexa a la de San Juan. Lamentablemente su vida fue breve, pues antes de cumplir sus 18 años, en plena juventud, y tras haber servido de torre fortaleza del Alcázar del rey Pedro IV, desapareció para siempre a manos de los soldados castellanos que por aquel entonces también arrasaron diversas villas turolenses como las de Visiedo y Lidón.

LA IGLESIA DE SANTIAGO
Todavía no había sido reformada a principios del siglo XV. Fue en el año 1404 cuando se acometió su reforma y ampliación, pero sin ampliar demasiado sus dimensiones anteriores.

LA PLAZA MAYOR
Era el centro urbano. Se le conocía como plaza del Mercado. De ella partían y parten 8 calles. Salvo pequeñas reformas al comienzo de las calles San Juan y del Salvador, conserva la misma forma que tuvo en sus orígenes. Los porches llegaban cerca del portal de Zaragoza y estaban encuadrados en arcos apuntados sostenidos por pilares cuadrados los cuales tenían alrededor de su base unos poyos similares a los que existían en el interior de los porches.
Era escenario de actividades comerciales y de festejos populares como los toros, para lo cual se colocaban unas barreras al comienzo de cada una de las ocho calles (la parte más estrecha) y se toreaban los toros sueltos.
En el siglo XVI, al traerse las aguas a Teruel, se colocó una fuente monumental en la plaza, pero al comienzo de la calle del Tozal a fin de poder celebrar los espectáculos taurinos. Cuando en 1849 se construyó la primera plaza de toros en los llanos de San Cristóbal, como la plaza ya no se utilizaba para las corridas de toros, se destruyó la fuente (1858) que era obra de Pièrres Vedel y se construyó en el centro de la plaza la que actualmente podemos contemplar y que dista mucho de ser un monumento del valor de la que se destruyó incomprensiblemente.

EL PALACIO DEL REY
Claustro del monasterio de Sta.Clara (Teruel)Fue construido en lo que hoy es el monasterio de Santa Clara. Se alzó junto a la iglesia de Santiago en su lado norte y se extendía hasta la muralla. Disponía de un amplio patio con un gran portalón de entrada. En 1367 el rey Pedro IV lo cedió para que se instalara el convento mencionado anteriormente.
Rápidamente el palacio fue adaptado a los fines propuestos. El gran patio de entrada que daba a la calle de Santiago quedó como servicio exterior y en él se hallaba la vivienda del monjero. En torno al claustro, que era el palacio, se desarrolló el convento. El jardín se orientó hacia las murallas, al sol de la tarde. La iglesia se hizo más adelante, en terrenos vecinos (la actual es del siglo XVII y está construida sobre la primitiva).

EL PALACIO DEL OBISPO
Estaba situado en el mismo emplazamiento que ocupa actualmente. Se construyó para que el obispo de Zaragoza tuviese también su vivienda en Teruel. Junto con el palacio del Rey eran los únicos que permitía el Fuero y estaban exentos de invasión judicial.

LA MEZQUITA
Aunque en la villa convivían judíos, moros y cristianos, existía libertad de cultos. Es por esto por lo que se levantó una mezquita en lo que hoy es la plaza de Pérez Prado. Ocupaba casi toda la actual Casa de Cultura y un poco hacia la torre de San Martín. Dicha mezquita fue transformada en convento trinitario en el año 1493.

LAS SINAGOGAS
Parece ser que existieron dos. Naturalmente se hallaban en el barrio de la Judería. Aunque se desconoce su emplazamiento exacto, se cree que estaban muy cerca del torreón de Ambeles.
Recientemente y a causa de un hundimiento en la plaza de la Judería, se descubrió un sótano que parece ser pertenecía a un edificio de regular tamaño, posiblemente una de las dos sinagogas ocultas de finales del s.XIV.

Posible sinagoga oculta de la plaza de la Judería (Teruel)
Casa de la Comunidad. (Teruel)
Restos de baños moros (Teruel)

LA CASA DE LA CIUDAD Y LA LONJA
Aunque a lo largo del tiempo ha habido distintas opiniones sobre la situación de ambas, parece ser que la Casa de la Ciudad estuvo situada desde el principio en la plaza de la iglesia o plaza de Santa María (hoy plaza de la Catedral). Se volvió a construir a mitad del siglo XV, totalmente de nuevo, en el mismo lugar que ocupaba la anterior. Disponía de unos calabozos en la planta baja a los que se denominaba cárcel.
Por su parte, la lonja estuvo situada desde el principio en la plaza del Mercado (hoy plaza del Torico), pero su remodelación se llevó a cabo a finales del s.XVI. En su planta baja existía un porche con tres grandes pilares y maderas talladas.

LA CASA DE LA COMUNIDAD
Era el lugar donde celebraba sus reuniones la comunidad. Desde sus orígenes (siglo XII) estuvo situada en el mismo lugar que ocupa hoy. Actualmente se encuentra ubicado en ella el Museo Provincial.

LOS  HOSPITALES
Aunque parece ser que los gremios tuvieron sus propios hospitales, dos son los que destacaron en el siglo XII: el hospital del Santo Redentor y el de San Lázaro.
El hospital del Santo Redentor estaba situado en la Ciudadela.
El hospital de San Lázaro se le conocía también como la casa de leprosos de San Lázaro. Estaba situado en la parte noroeste del ensanche actual, junto a la entonces ermita de S. Lázaro y donde también existía un gran olmo con el mismo nombre en el que se ahorcaba a los condenados a muerte. Fue creado con el esfuerzo de los turolenses y no exento de grandes apuros económicos, pues el propio Jaime I, ante tal situación, promulgó una orden en el año 1239 por la que se ordenaba que cada aldea de Teruel entregase una fanega de trigo a la casa de leprosos. En principio se creó para atender a los leprosos, si bien posteriormente fue reedificado a expensas de Doña Magdalena de la Cañada, la cual obtuvo de Alfonso IV de Aragón el privilegio perpetuo de la administración y derechos del mismo, para ella y sus descendientes.
Durante los siglos XIII y XIV surgieron nuevos hospitales. Entre los más notables destacan:
El hospital de San Marcos: Fue el más antiguo de esta época y pertenecía a la Encomienda de San Marcos de Teruel de la Orden de Santiago. Dicha Encomienda fue fundada en el año 1220 en Teruel y disponía de una pequeña iglesia (la de San Marcos) con claustro que estaba situada junto al Palacio Real. El mencionado hospital que pertenecía a los Hermanos de la Caridad de Santiago de Teruel, estaba situado detrás de la iglesia del convento de franciscanos, según parece, en lo que hoy ocupa el palacio del duque de Procent.
El hospital de San Jorge: Estaba ubicado en el Arrabal. Se creó en 1225, año en que el Rey Jaime I fundó en la villa turolense la Compañía Militar de San Jorge.
El hospital de Peregrinos: Parece ser que estaba situado en el lugar que, durante la guerra civil, ocupaba la Diputación Provincial.
Otros hospitales que existieron pero que está sin localizar su ubicación exacta fueron: el de San Gil, el de San Julián y San Bartolomé y el de San Sebastián.

LOS BAÑOS
Si bien el Fuero detalla el uso y horario de los baños por parte judíos, moros y cristianos, no se sabe a ciencia cierta donde estaban situados. Según testimonios documentados del año 1324 podrían estar situados cerca del Portillo. Según otros podrían estar situados en la calle Santa María.

LAS CARNICERÍAS
En el siglo XII se construyó la carnicería Mayor dentro del recinto amurallado. Estaba situada en la calle corta y estrecha del Pozo, próxima a la actual calle Ramón y Cajal. En los siglos XIII y XIV se construyó otra extramuros junto al portal de Zaragoza. Posteriormente se les cambio el nombre por Baja y Alta respectivamente.

EL ESTUDIO DE GRAMÁTICA
Inició sus clases en 1397 y permaneció hasta el año 1743, año en que pasó a manos de los jesuitas que lo destinaron a colegio. Su período de mayor esplendor fue a mediados del siglo XV.
Estaba situado en lo que hoy es el Seminario, junto al Palacio Real (hoy convento de Santa Clara) y al lado de la iglesia de San Marcos.
Estuvo compuesto por varios edificios como consecuencia de las distintas ampliaciones que se hicieron.

LOS ALJIBES
Fueron mandados restaurar por el rey Pedro IV al igual que los elementos defensivos de la ciudad.
Si bien el tercero de ellos no se sabe a ciencia cierta donde pudiera estar situado, si se sabe que los otros dos están situados en la plaza del Torico.
Están cubiertos de una bóveda de cañón apuntado. El de arriba es conocido como el aljibe somero o susano y el de abajo (más pequeño) como fondonero o yusano.

EL ALCÁZAR
Terminados los tres años de ocupación castellana, Pedro IV levantó el castigo a los turolenses, por su escasa resistencia a Pedro I, y en 1374 decidió restaurar las murallas y torreones de la ciudad y construir un fuerte que se le conoció con los nombres de alcázar, castillo y ciudadela. Constituía la parte más fortificada de Teruel y estaba a cargo de la Orden de San Redentor, absorbida posteriormente por los Templarios y a principios del siglo XIV por la Orden de San Juan de Jerusalén.
Más tarde sería Felipe III el encargado de ceder el fuerte y la casa del Rey a la Orden de Santo Domingo para que se fundara allí mismo el convento de San Raimundo. Rápidamente los religiosos construyeron unas tapias para delimitar el terreno donado y dejaron inaccesible la iglesia de San Redentor, hecho que provocó un pleito entre la Encomienda de San Juan de Jerusalén y los dominicos.

EL CONVENTO DE LOS TRINITARIOS
Estaba situado muy próximo a lo que hoy es la Casa de la Cultura y un poco hacia la iglesia de San Martín y la Andaquilla. Ocupaba lo que hasta el año 1493 fue la mezquita que había junto al Estudio de Artes.

Iglesia gótica de San Francisco (Teruel)

LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO

Se inició en 1393 y a expensas del entonces obispo de Zaragoza, D. García Fernández de Heredia, el cual comprendió que, visto el estado tan deteriorado de la iglesia anterior, era necesario emprender la tarea de construir una nueva. Y se hizo de piedra y cantería, como grito de protesta, ante la gran proliferación de obras mudéjares.
Consta de una sola nave y dos puertas. La más bella es la situada a los pies, la otra se encuentra en el lado de la Epístola. Actualmente está declarada Monumento Nacional.

 

 


BIBLIOGRAFÍA
* "Reconquista y repoblación de Teruel" - José Luis Corral Lafuente – Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002.
* "La ciudad de Teruel en la Baja Edad Media" – Esteban Sarasa Sánchez - Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002.
* "La expresión artística turolense" - Santiago Sebastián López - Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja - Teruel, 1972.
* "La transformación urbana de Teruel a través de los tiempos" – Angel Novella Mateo – Instituto de Estudios Turolenses – Teruel, 1988.
* "Teruel" – Vidal Muñoz Garrido – Excmo. Ayuntamiento de Teruel - Teruel, 2004.

 

 

 

 

e-Mail

©Terueltirwal - 2007 - Prohibida la reproducción total o parcial de esta web sin la autorización expresa del propietario.
Webmaster: Jovicarso - Nules - Castellón - España