Vasija decorada de El Castillo de Albarracín

LA PREHISTORIA TUROLENSE

 

 

INTRODUCCIÓN

El hombre prehistórico fue un ser con historia, un ser que buscó respuestas a los problemas que le planteó su actividad cotidiana, y lo hizo desde su mentalidad mágica y mítica, la cual evolucionaría con el paso de los siglos hacia un pensamiento estructurado y lógico. Pronto empezó a buscarle un sentido a la vida, más allá de su propia presencia. Actuó y configuró progresivamente una red de estructuras mentales y reales (económicas, sociales y culturales) que definieron sus relaciones con el medio físico y con sus semejantes.

 

ESTUDIOS SOBRE LA PREHISTORIA TUROLENSE

La primera noticia sobre hallazgos prehistóricos en la provincia de Teruel procede de Josef Cornide (1799) al referirse a las antigüedades encontradas en el Cabezo de Griegos. Pocos años después, Evaristo Colera, rector de Valdeltormo, nos informa de los restos del Cabezo del Cuervo, de Alcañiz. Los primeros trabajos arqueológicos fueron realizados por Pablo Gil, en el Cabezo de Alcalá, de Azaila, y, posteriormente, en 1892, Eduardo Marconell publicó en la revista “Miscelánea Turolense” las noticias sobre el yacimiento de La Cocinilla del Obispo, de Albarracín.
De izquierda a derecha: Juan Cabré, Serrano, Obermaier,Siret, Breuil y AlcaldeLlegados al siglo XX, se da una primera fase donde la actividad de prospección, estudio e interpretación de la prehistoria turolense se intensifica notablemente. Todo ello es obra de un grupo de eruditos tierrabajinos, agrupados en torno al “Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón”. También por influencia de este grupo y por su intensa actividad prospectora se justifica la presencia en la Tierra Baja del Institut d´Estudis Catalans, con el reconocido prehistoriador Pere Bosch Gimpera, y de l´Ecole des Hautes Études Hispaniques de Burdeos. Desde 1914, Pere Bosch, Vidiella, Pérez Temprado, Colominas, Durán, Serra Rafols y, de manera especial, a partir de 1919, Juan Cabré, se vinculan a las campañas de excavación de numerosos yacimientos arqueológicos de las cuencas del Guadalupe y del Matarraña. También lo harán Pierre Paris, Bruhl, Obermaier y Breuil.
Fue a partir de 1942 cuando se inició una segunda fase en los estudios de la prehistoria en las tierras turolenses. El profesor Almagro Basch excava en Griegos y, en 1949, el profesor Antonio Beltrán Martínez se hace cargo de la cátedra de Prehistoria y Arqueología en la Universidad de Zaragoza. Ambos se convertirán en figuras claves para entender lo que ocurrirá después en la evolución de los estudios. Este después se concreta en la creación del Servicio Arqueológico de la Diputación Provincial de Teruel, con Purificación Atrián al frente durante muchos años, del que nació el actual Museo Provincial de Teruel, con su equipo de investigadores y técnicos dirigidos por Jaime Vicente Redón; y también en la presencia de profesores universitarios, vinculados a los centros de Teruel y al departamento de Ciencias de la Antigüedad, que realizaron o propiciaron estudios sistemáticos sobre la prehistoria, con una intensa prospección y catalogación de yacimientos. En este apartado hay que destacar la creación del Seminario de Arqueología y Etnología Turolense, obra del profesor del Campus Universitario Francisco Burillo Mozota, cuya labor es imprescindible para entender el avance de los estudios sobre la prehistoria en la provincia.
Finalmente, y vinculados al Instituto de Estudios Turolenses como centros adscritos, cabe señalar las actividades de investigación del Taller de Arqueología de Alcañiz, con José Antonio Benavente, y el Grupo de Estudios Masinos, de Mas de las Matas, coordinado por Martín Costera.

 

EL PALEOLÍTICO Y EL MESOLÍTICO

Durante esta etapa el hombre que habita las tierras turolenses vive en grupos itinerantes, con una economía depredadora, recolectora y cazadora, refugiándose en cuevas (Eudoviges, de Alacón) y abrigos rupestres. La horda fue la organización social más primigenia para los colectivos humanos existentes.
El ambiente en que vivió el hombre del Paleolítico evolucionó notablemente desde el principio hasta el final de la etapa, dada la amplitud cronológica de la misma. Al hablar de los yacimientos y materiales encontrados en tierras turolenses no se debe pasar por alto el paisaje de aquel entonces, un paisaje con grandes herbazales, en un clima húmedo y templado, donde habitaban grandes bóvidos, ciervos y caballos. Al final del periodo, durante el Mesolítico, se desarrolló una fase más templada, con bosques de coníferas y caducifolias.

Abrigos en los Estrechos de Albalate del Arzobispo

En lo que a restos arqueológicos del Paleolítico se refiere, no son muchos los que existen en la provincia de Teruel, además de que primitivas adscripciones al mismo, hechas por algunos estudiosos, han sido puestas en duda posteriormente. Por el contrario sí hay testimonios de la fase Musteriense (Paleolítico Medio), como es el caso del Abrigo de Eudoviges (Alacón), excavado por Barandiarán, y el de la Cueva de los Toros (Cantavieja), estudiado por Utilla y Álvarez.
La fase de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, conocida como Mesolítico y Epipaleolítico, cuenta con varios ejemplos en la provincia de Teruel: los yacimientos de La Botiquería dels Moros (Mazaleón), con una datación, realizada por el procedimiento del carbono 14, de 5600 a.C. aproximadamente; y la Cueva de los Toros, de Cantavieja, así como el Pudial de Ladruñán, y Els Secans, también en Mazaleón.

 

EL NEOLÍTICO

Según Gordon Childe, el Neolítico es un lento y complejo proceso evolutivo en el cual el hombre nómada fija su hábitat; establece relaciones de dominio con el medio y organiza el territorio, con formas de poblamiento estables en las áreas geográficas más avanzadas. Aparece, asimismo, una organización social centrada en el clan familiar: multiplica el utillaje de uso doméstico; descubre la alfarería y configura una actitud hacia lo divino, hacia las creencias. Así lo confirman los hallazgos encontrados en los yacimientos europeos del área de los Balcanes y de Sicilia, más cercanos para nosotros que los del Oriente Próximo.

Collar de conchas perforadas del Puntal de la Almendrera en Mezquita de Loscos
Conjunto de cerámicas de El Castillo de Frías de Albarracín

No obstante, el Neolítico, en las tierras turolenses posee muchos caracteres retardatarios, con una lenta evolución, donde perduran unos modos de vida en consonancia y continuidad con los del Epipaleolítico y donde una verdadera neolitización no se dará hasta finales del periodo y en el Eneolítico. Se desarrolló en un clima moderadamente cálido y húmedo, que propició la existencia de pinos, encinas y carrascas. Todo ello en la etapa de transición climática boreal-atlántica y durante el periodo Atlántico.
El yacimiento donde se constata la presencia de un horizonte cerámico neolítico es el de la Botiquería dels Moros, de Mazaleón, en su nivel número 6, donde el carbono 14 establece la fecha 4500-4000 a.C. Las gentes de la Botiquería dels Moros se aprovisionaban de caza, pues conocían el conejo, el ciervo, el jabalí y el corzo, sin contar con elementos que hagan pensar en la presencia de actividades agrícolas. Esto ratifica la idea de que se trata de pobladores con una fuerte impronta epipaleolítica que, a mediados del V milenio, conocen las cerámicas decoradas, bien sea con el cardium, o bien sea impresas con otros instrumentos.

 

APARICIÓN DE LOS POBLADOS ESTABLES Y LA METALURGIA

El Eneolítico o Bronce Inicial (2500/2000 a 1750/1500 a.C.) presenta en las tierras turolenses unos aspectos interesantes. Es ahora cuando, verdaderamente, aparece un poblamiento estable y significativo, aunque no se abandona del todo la itinerancia, con la presencia de yacimientos al aire libre (las cuevas y abrigos se destinan fundamentalmente a enterramientos). Este nuevo panorama se justifica por la concurrencia de factores muy variados: un considerable crecimiento demográfico, derivado de la mejora de las condiciones de vida; unas innovaciones neolíticas que se van asimilando; el inicio de la metalurgia del cobre (como lo constatan las posibles pruebas de explotación del cobre en la Sierra de Albarracín); la mejora de la dieta, con una mayor variedad de alimentos, y la presencia de una cerámica lisa, sin decorar, con unas formas que perdurarán a lo largo de toda la Edad del Bronce.
Punta de flecha (Frías de Albarracín). Hacha plana (Ariño). Cazuela de cerámica (Bezas)Los asentamientos de esta fase inicial de la Edad del Bronce se agrupan en varios tipos: en cuevas (Las Graderas y Baticambras de Molinos; La Ubriga, de El Vallecillo; La Loma de la Sima, de Ejulve), en abrigos rocosos cercanos a los ríos y áreas de cultivo, y en los “talleres de sílex”. Estos asentamientos, sin protección de ningún tipo, son tal vez campamentos itinerantes, situados en altitudes medias y poco montañosas. Mayoritariamente quedan adscritos cronológicamente al Eneolítico y primeras etapas de la Edad del Bronce.
Los materiales descubiertos demuestran un cierto avance tecnológico. Entre ellos caben destacar: hachas planas y puñales con remache (Alloza); punzones de cobre (Albalate del Arzobispo); puntas de cobre (Manzanera); puntas de flecha con pedúnculos y aletas (Albalate del Arzobispo, Alcañiz, El Cañizar y Manzanera).
Otro de los aspectos interesantes para el estudio de los modos de vida de esta fase lo constituye los enterramientos. Normalmente aparecen en cuevas, como por ejemplo Las Graderas y las Baticambras de Molinos; en abrigos en los que se denota el uso de elementos constructivos artificiales (abrigos de El Subidor, La Caraza y la Tarranclera en Albalate del Arzobispo; el Covacho de Hipólito, en Alacón); y en depósitos con estructuras artificiales tipo fosas y lajas ( Mezquita de Loscos, Albalate del Arzobispo, Valderrobres, etc).
Terminado este período del Bronce Inicial, las transformaciones de la Edad del BronceHacha de talón (Bronce Final) se producirán a lo largo de unas fases cronológicas, durante las cuales el número de yacimientos se incrementarán considerablemente. Las referencias fundamentales de esta Edad en nuestra península se ubican en el SE, donde se desarrolló un importante foco cultural, bajo la denominación de Cultura de Almería, la cual obtuvo su plenitud en la Cultura de El Argar, iniciada con anterioridad al año 1700 a.C. Precisamente, se ha creído durante algún tiempo que esta Cultura de Almería, al igual que el Bronce Valenciano influyeron en la configuración y desarrollo del Bronce Inicial y Medio en Aragón. No obstante los investigadores siempre han destacado el gran desconocimiento y el vacío existente en lo que a los estudios de esta etapa se refiere en las tierras aragonesas.
Resumiendo todo lo anterior, puede decirse que en la etapa conocida como Bronce Medio los poblados son bastante abundantes y generalmente se ubican próximos a los ríos y en zonas cultivables. En ellos se denota una notable ordenación urbana y en algunos de ellos ciertas fortificaciones (Cabezo del Cuervo, de Alcañíz, y Alto Batán en Teruel).
Ateniéndose a las pruebas del carbono 14, estas serían las fechas obtenidas de los yacimientos de la fase del Bronce Pleno, algunos de los cuales se prolongaron hasta la Primera Edad del Hierro: Yacimiento de El Castillo, en Frías de Albarracín (1520 a.C); Cabezo del Cuervo, en Alcañíz (1270 a.C); La Hoya Quemada, en Mora de Rubielos (1310 a.C ). Los materiales hallados en estos yacimientos permiten reconstruir el hábitat y los modos de vida de sus pobladores. Por ejemplo, en el yacimiento de El Castillo, de Frías de Albarracín, se perciben cinco niveles de ocupación, así como vasijas ovoides y otras carenadas, con cuellos largos y cortos, bases planas y superficies lisas y poco espatuladas, y decoradas con incisiones y ungulados en los bordes y adornadas con cordones. Además de lo anterior también aparecen vasos perforados, fragmentos de una vasija con asa, fragmentos óseos, conchas perforadas, molinos abarquillados, brazaletes de arquero, punzones de hueso, etc.

 

EL BRONCE PLENO Y EL BRONCE FINAL

Durante estas fases se multiplican los elementos materiales de la cultura y se intensifican los intercambios entre las diferentes comunidades. Con la piedra se comienza la técnica de elaboración de objetos pulimentados tomando como materia prima el granito, las dioritas, los basaltos y otras varias. Con el metal se comienzan a elaborar herramientas tales como puntas de flecha de bronce, hachas, puñales, etc. En el campo de la cerámica aparecen vasijas espatuladas, predominando las formas ovoideas, semiesféricas, vasos coladores así como asas de diversos tipos. La decoración es casi siempre ungular, con improntas de dedos, y apliques de cordones. Poco a poco las formas se van diversificando: botellas, copas, vasos en cazoleta, escudillas y otros tipos de recipientes similares.
Algunos de los yacimientos turolenses más destacados de esta fase plena son: La Escondilla ( Villastar), La Punta de la Planilla (Segura de Baños), La Peña del Castillo (Cucalón), Santa Catalina (Villahermosa del Campo), Prado de las Boqueras ( Tramacastiel), El Castillejo (Lechago), El Cañizar (Alcañiz), El Saso (Alcorisa), Valdoria (Albalate del Arzobispo).

 

LA CULTURA DEL HIERRO Y SU URBANISMO

El cambio climático acaecido en Europa hacia el 1300-1200 a.C. supuso el desplazamiento de grupos humanos hacia otros lugares; uno de tantos fue el Bajo Aragón Turolense. Con su llegada se produjo un cambio en la economía y en los sistemas productivos, se intensificaron los avances técnicos y se ampliaron y mejoraron las explotaciones agrícolas y ganaderas.
Sobre la llegada de estos grupos humanos, son muchas las teorías existentes, pero en lo que a las tierras turolenses se refiere los asentamientos pueden clasificarse en dos grupos:
1- El de Gandesa-Bajo Aragón: Constituye el grupo más antiguo del valle del Ebro y está formado por dos ramas: la emparentada con los grupos humanos del Rhin medio, de la fase Hallstatt A1 y B1 ( de 1200 a.C. a 750 a.C.) y otra más reciente, asociada con los del Hallstatt B2.
2- El grupo de la Serranía de Cuenca-Serranía de Albarracín, de cronología más avanzada y con menor densidad. Las sierras del centro de la provincia serían las que marcarían el límite de la penetración del grupo del valle del Ebro.
La cultura resultante será una mezcla entre el sustrato de las poblaciones del Bronce mezclado con las aportaciones de estos pueblos y, ya más tarde, en los siglos VI-V a.C, con la aparición de las primeras influencias protocoloniales y protoibéricas.

Espada de antenas de Fila de la Muela (Alcorisa)
Cuenco con decoración polícroma (Almohaja). Vasija decorada (Mazaleón). Peineta (Plou)
Figura masculina de terracota. Yacimiento de Pompeya (Samper de Calanda)

Durante esta etapa los asentamientos que aparecieron fueron de tres tipos: 1- Poblados situados en la cumbre de pequeños montículos, con una ordenación urbana definida, aunque con diferentes modelos ( Siriguarach, en Alcañiz; Tossal Redó, en Calaceite; Escondines Altes y Baixes, en Mazaleón). 2- Poblados situados en montes más estratégicos y dominando el curso de caminos o de ríos (el primer nivel de Azaila; Valdelosmiros, en Molinos; San Cristóbal y Piuró del Barranc Fondo, en Mazaleón; Mas del Hambre, en Los Olmos; Cabezo del Cuervo, en Alcañiz). 3- Poblados en llanuras (Cabezo de la Cisterna, en Alba; Tajada Bajera, en Bezas; Acacia Gorda del Molino, en Almohaja)
Estos yacimientos presentan un urbanismo con agrupamientos de casas, sin calles y grandes recintos para el ganado; otros disponen de una calle central delimitada la cual debió servir en ciertos momentos para guardar el ganado. También aparecen elementos defensivos muy bien delimitados así como elementos constructivos que nos dan una idea de las características de las cabañas.
Otro de los aspectos a destacar en esta etapa son los enterramientos tumulares situados junto a los poblados. Según Tomás Maigí su tipología es muy variada, siendo los más antiguos, del siglo VII a.C, de lajas, y los más recientes, preibéricos, de cistas alargadas.
En el Bajo Aragón destacan los yacimientos de: El Cascarujo, en Alcañiz (47 túmulos); Vall de la Cabrera, en Calaceite; la necrópolis de la primera ciudad de Azaila, y la necrópolis del Piuró Fondo, en Mazaleón. Por su parte en la sierra de Albarracín destaca el yacimiento de El Cuarto, en Griegos, donde han sido hallados grandes túmulos y un escudo de bronce.
En lo referente a la cerámica, destacan las cerámicas excisas y acanaladas, así como las pintadas, siendo las vasijas de grandes dimensiones las que se adornan con decoraciones plásticas originales (vasija de Fila de la Muela, en Alcorisa).
Otros materiales hallados en los yacimientos evidencian una actividad agrícola, como por ejemplo las piedras de molino, los machacadores y ciertos materiales de sílex.
En lo referente a los metales, cabe destacar la espada de antenas de Fila de la Muela (Alcorisa). No obstante resulta curioso que, a pesar de que a esta etapa se le denomina “del Hierro”, la presencia de este material es casi simbólica en los yacimientos anteriores al siglo VII a.C.
Casi todos los yacimientos de esta fase de la Primera Edad del Hierro presentan un estrato superior adscrito a la fase de la cultura ibérica, manifestado por la existencia de cerámica fabricada a torno y por la presencia de materiales de origen colonial mediterráneo. Los yacimientos posteriores, muchos de ellos asentados en el mismo lugar, son el testimonio de unos cambios sociales y culturales, posibles gracias a la existencia previa de estas comunidades a las que denominamos “prehistóricas”.

 

LAS GRUTAS DE CRISTAL Y EL HOMBRE DE MOLINOS

Las Grutas de Cristal, tambi én llamadas Cuevas de las Graderas, exploradas por primera vez en 1963, se hallan en la localidad de Molinos (Teruel), población a la que se accede desde la carretera de Teruel a Alcañiz, unos 9 Km. antes de llegar a Alcorisa.
Bajo los montes de la localidad mencionada, pertenecientes al Cretácico, se esconde uno de los paisajes más fascinantes de cuantos se pueden ver en Aragón, las cuevas de las Graderas, popularmente conocidas como las Grutas de Cristal. A tan sólo unos cuantos metros por debajo de la superficie se encuentran las que quizá sean las cuevas más hermosas descubiertas en suelo aragonés. Un universo sorprendente, fascinante, repleto de maravillosas formas.
La formación de las cuevas se ha llevado a cabo mediante procedimiento kárstico. Este fenómeno se origina por la acción de las aguas de la lluvia o de deshielos, sobre rocas calcáreas o yeso. El contacto de estos materiales con el agua produce una disolución química que favorece la erosión de la roca. El carbonato cálcico presente en la roca caliza en contacto con el dióxido de carbono de la atmósfera y el ácido carbónico del agua se disuelve lentamente dando lugar a un paisaje cuajado de grietas, simas, cuevas y cavernas.

Mandíbula del Hombre de Molinos
Formaciones del interior de las Grutas de Cristal
Estalactitas y estalacmitas
Curiosa formación del interior de las Grutas de Cristal (mesa camilla)


La cavidad, con sus 620 metros de longitud, se compone de pequeñas salas unidas mediante cortas galerías. El acceso se realiza por una entrada a pie llano, a partir de la cual aparece una bifurcación que conduce a una galería con numerosas estalactitas, estalactitas excéntricas y estalagmitas, con curiosas formas e intensos brillos e irisaciones. El recorrido continúa hacia la Sala Marina, constituida por un laberinto de cavidades de medianas proporciones dispuestas entorno a una galería central repleta de formaciones arracimadas de pequeño tamaño y gran colorido, así como un pétreo arrecife coralino que invade todo el suelo. En ella también podemos observar maravillosas formaciones curiosas que el agua ha ido esculpiendo a lo largo los siglos: una mesa con mantel, una torre inclinada, una gran tarta nupcial, coladas, columnas, banderas, y las masas o acumulaciones de carbonato cálcico de color blanco, también llamadas “leche de luna”.
Prosiguiendo nuestro camino llegaremos al Palacio de Cristal, envuelto por pequeñas cavidades diferentes e independientes las unas de las otras, pero todas formando parte de un gran conjunto. La cavidad, que hace las veces de corredor, va aumentando a cada tramo y las formaciones que se nos muestran se vuelven cada vez más elaboradas. Tras unos cuantos metros nos hallamos ante el Palacio de Cristal, en el que una gran columna apoyada sobre una roca divide la sala en dos y donde las dimensiones de la sala así como la variedad de formas, similares a las de la Sala Marina,se multiplican.
En el interior de la cueva fue descubierta la mandíbula del Hombre de los Molinos, resto del homínido más antiguo hallado en Aragón (25.000 años de antigüedad). Pero además la cueva ha proporcionado restos de cerámica del Neolítico y diversas muestras que indican el uso funerario de la misma en aquella época.
El museo de la propia localidad, sito en los antiguos lavaderos, alberga la mencionada mandíbula hallada en la Cueva de las Graderas. Se exhibe en una vitrina situada en la sala de Paleontología, y en el mismo espacio se guardan otros fósiles extraídos del mismo yacimiento y se muestra, a través de fotografías y paneles, el proceso de investigación llevado a cabo con estos hallazgos.
Para contactar con el museo llamar al siguiente número de teléfono del Ayuntamiento 978849085.

 

PREHISTORIA Y ARQUEOLOGÍA EN EL MUSEO PROVINCIAL DE TERUEL

El Museo Provincial de Teruel, ubicado en la Plaza de la Marquesa, en pleno centro de la ciudad de Teruel, alberga una gran cantidad de materiales y hallazgos, todos ellos procedentes de las excavaciones realizadas en los diversos yacimientos de esta provincia. Desde la planta segunda y hasta la planta cuarta, en sus respectivas salas, podemos visitar la secci ón de Prehistoria y Arqueología.
Sala I: Exposición de algunas muestras del período Paleolítico, como los útiles Musterienses procedentes del Covacho Eudoviges de Alacón, o los de la Cueva del Toro de Cantavieja.
Del periodo Epipaleolítico podemos contemplar los restos de la Botiquería dels Moros, de Mazaleón, con siete niveles de habitación; uno de los yacimientos imprescindibles para el conocimiento de la Prehistoria aragonesa.
Del período Neolítico destacan, entre otros, los materiales de cerámica cardial de la Botiquería dels Moros (Mazaleón), y los útiles de sílex del yacimiento de Alonso Norte de Alcañiz.
Sala II: Está dedicada al arte rupestre levantino de la provincia de Teruel. Mediante reproducciones fotográficas se muestra la totalidad de los tres conjuntos más importantes: Albarracín, Bajo Aragón y Río Martín. Todo ello está complementado con textos y estudios sobre el significado de este arte, sus variados estilos y su composición.

Útiles del Paleolítico Medio.Covacho de Eudoviges. (Alacón)
Vasija de cerámica. Bronce Medio. El Castillo. (Frías de Albarracín)
Cuenco polícromo. Edad de Hierro. Acacia Gorda.(Almohaja)
Vaso inciso.Edad de Hierro.San Jorge.(Plou)

Sala III: En ella se hallan expuestos materiales del Neolítico como los de la Cueva de las Graderas (Molinos), Cueva de la Ubriga (El Vallecillo), Loma de la Tejería (Albarracín) o la Cueva Hipólito (Alacón).
Del período del Bronce Antiguo y Medio se muestran materiales de yacimientos tan interesantes como: La Cueva Negra (Albalate del Arzobispo), El Castillo (Frías de Albarracín), El Cabezo del Cuervo (Alcañiz), La Hoya Quemada (Mora de Rubielos), etc.
Sala IV: Constituida por reproducciones fotográficas de los más importantes conjuntos del arte rupestre esquemático. También se muestran algunos vaciados como por ejemplo los del Puntal del Tío Garrillas (Pozondón).
En el resto de las vitrinas de esta sala podemos contemplar piezas del Bronce Final, entre las que destaca el gran vaso de Tajada Bajera (Bezas); ricos materiales de la Primera Edad del Hierro, como los vasos polícromos de la Acacia Gorda del Molino (Almohaja); la urna teriomorfa de San Cristóbal (Mazaleón); así como las cerámicas acanaladas incisas y excisas del Cabezo de la Cisterna (Alba), las del Cabezo de San Jorge (Plou) o las de la Muela Pequeña del Rajo (Teruel).
Para más información sobre el Museo Provincial de Teruel, pulse aquí.

 

 

BIBLIOGRAFÍA
"Las tierras turolenses durante la Prehistoria" - Montserrat Martínez González - Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002.

 

 

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