LEYENDAS TUROLENSES

 

 

Jaime I EL MILAGRO DE LAS SOPAS DE AJO

Cuenta esta leyenda que, estando el rey Jaime I en la ciudad de Teruel, cayó tan enfermo que todo el mundo temía por su vida. La enfermedad parece ser que le sobrevino como consecuencia de una cacería que había realizado en tierras de Gea de Albarracín. Ni los médicos judíos de Teruel, ni los propios galenos de la Corte, acertaban el remedio para sus males, y el rey estaba cada vez peor.
A uno de sus súbditos se le ocurrió la idea de aplicar al rey el mismo remedio que había utilizado, hacía tiempo, con un familiar suyo: poner a hervir una cazuela con agua, pan y ajos.
Los médicos,desesperados,aunque creyendo la idea un disparate, aceptaron la propuesta del súbdito.
Pan y agua sí que había, pero no ajos. Sólo en tierras de Valencia podían conseguirse. Seis jóvenes caballeros se ofrecieron voluntariamente para ir a buscarlos al reino de Valencia, que por aquel entonces todavía estaba bajo dominación mora. Tras mucho buscar consiguieron cinco cabezas del sabroso condimento. De tan peligrosa expedición sólo volvió sano y salvo uno de ellos, trayendo consigo cinco cabezas de ajos.
Una anciana fue la encargada de preparar las sopas de ajo que curaron en el acto su enfermedad y tras las cuales se le abrió tanto el apetito que continuó con unas chuletas de ciervo.
A la mañana siguiente, tras dormir como un lirón, fue informado de lo caros que habían resultado los ajos, pero el Rey, agradecido, recompensó a los familiares de los caballeros fallecidos así como al superviviente. Además dispuso que el cultivo de los ajos se propagara por todo su reino a fin de no tener que ir en próximas ocasiones al reino de Valencia y pagarlos tan caros.
Este dicen que fue el origen de las sopas de ajo.

EL TORICO

Según ciertas leyendas, en tiempos remotos las villas eran levantadas en el mismo lugar en el que se abatía a un animal perseguido. En el lugar del abatimiento se erigía un santuario y a su alrededor se edificaba la villa.
En alguno de esos tiempos remotos (1170), los caballeros cristianos de Alfonso II que habían ahuyentado y expulsado a los moros que tenían tomado el territorio turolense, tras recuperarlo, decidieron fundar una villa y amurallarla para así evitar nuevos y futuros ataques moros. No sabiendo donde construirla decidieron por fin que se haría allí donde se abatiese un animal.
Cierta noche, un toro se detuvo bajo una estrella llamada Actuel, en el lugar que hoy ocupa la plaza del Torico y comenzó a bramar insistentemente.
Los caballeros, aunque presos de miedo, tomaron por buena la señal que cielo y tierra les ofrecían en aquella noche estrellada y tras abatirlo decidieron construir allí su villa.
Llegado el momento de asignarle el nombre, acordaron tomar las tres primeras letras de la palabra toro “tor” y juntarlas con las tres últimas de la estrella “uel”, obteniendo así el nombre de TORUEL.

LA FUENTE DE CELLA

Cuenta la leyenda que en cierta ocasión se secó la fuente que suministraba el agua a Cella. No se sabe si fue por destrucción del acueducto romano o por qué motivo.
Lo cierto es que, los templarios que andaban desesperados buscando agua,
descubrieron un documento en el que se detallaba que en el ángulo occidental del llano y en el mismo camino, había una fuente en forma de tinaja, a la cual solo había que quitarle la piedra que la tapaba para encontrar agua a los siete codos de profundidad. Así lo hicieron, siguieron fielmente las instrucciones y dieron con la famosa fuente que todavía hoy sigue siendo el mayor pozo artesiano de Europa.
Fuente de CellaOtra leyenda sobre la misma fuente cuenta que: En la época de Don Alfonso, cuando se intentaba la conquista de la noble Teruel, una joven recién desposada vio partir a su amado camino de esforzadas batallas. Eso esperaba un viejo, avaro y envidioso, quien no perdió ocasión para requerirla de amores. Trataba la doncella de no cruzarse con el avaro, más una mañana el destino quiso que los dos sólos se encontraran. El desprecio de la joven no pudo soportarlo el viejo quien, en un arrebato, arrojó el bello cuerpo contra las rocas. La inocente sangre tiñó de rojo la piedra, y una sombra cubrió el despertar del amado. Acuciado por el desasosiego, abandonó su lugar en la batalla y cabalgó hasta conocer su triste desdicha. Aún caliente el cuerpo de su amada bajo la tierra, espada en mano y a la vista de la muralla, fuera de la que corría asustado el malvado avaro, el caballero quiso hacer justicia, sangre por sangre que el oro no detuvo. Pues, en efecto, trató el avaro de aplacar con riquezas la sed de venganza, y a puñados ante el desnudo hierro las ofrecía, pero no sirvió de nada. La justa ira se desbordó, y el doliente amado atravesó con su espada aquel corazón, seco ya por los años y la maldad. Yació el cadáver y el sudario fue el mismo oro ofrecido. Hubo quien quiso aprovechar tanta desdicha en beneficio propio, pero las monedas malditas ardían en las manos de los que osaban arrebatarlas. Decidió el pueblo santificarlas construyendo un templo al santo del lugar, pero extraños sucesos lo impidieron. Las piedras colocadas durante el día, eran derribadas durante la noche, por la furia del espantoso espectro del viejo avaro. Al tercer día, un peregrino acertó a pasar por aquellos campos de sangre, y al oir el relato de lo acaecido, sentenció:
“Sólo el agua bendita puede servir de argamasa para estas piedras regadas con el líquido de la venganza y la condenación. Hagan lo que les digo, y el Todopoderoso les devolverá cien gotas de agua por cada una. Mas no olviden quién es el Supremo Arquitecto. Aléjense de El, y el agua traerá la enfermedad; olvídense de El, y el manantial se convertirá en fuente de terribles plagas. Y sobre todo, no ose nadie tocar el oro, pues es éste el origen de todo el mal”.
Dichas tan sabias palabras, alejose el peregrino. Acudió presto el Mosen a bendecir agua y la obra fue terminada antes de ponerse el sol. Todos volvieron a sus casas, cerraron postigos y atrancaron puertas, temiendo la respuesta del espectro. La noche vino sin luna. Un ruido como de trueno anunció la ira del fantasma quien, por mucho que lo intentó, no logró ni llegar al atrio. Presa de infernal desesperación, agachose el espíritu por sus monedas despreciadas, cuando un rayo descendió de los cielos y devolvió aquella alma al abismo del que nunca debió haber salido.
Dicen las gentes del lugar que del profundo agujero que en la tierra hizo el rayo, brotaron las aguas, y diose en llamar el sitio la Fuente de Cella. De ella riegan los campos y huertas desde entonces.


EL PORTAL DE LA TRAICIÓN

Acaeció allá por el año 1360. Por aquel entonces el rey de Castilla, Pedro I “el Cruel” y el rey de Aragón, Pedro IV andaban enzarzados en plena guerra.
Portal de la TraiciónEl ejército castellano avanzaba por Aragón saqueando y arrasando todo cuanto encontraba a su paso. Llegado a Teruel tropezó con una ciudad totalmente amurallada y perfectamente defendida.
El asedio duró algún tiempo y muchas fueron las personas que perdieron la vida o vieron seriamente dañadas sus viviendas.
Con el paso de los días los turolenses comenzaron a sentir miedo, pero entre todos destacó uno, el juez de Teruel, el cual temiendo ser torturado e incluso pagar con la muerte, decidió establecer un pacto secreto con el enemigo: abrirle el portal de San Miguel. El día tres de mayo, el día de Santa Cruz, las tropas de Pedro I entraron en la ciudad por el “Portal de la Traición” y Teruel, sin remedio, tuvo que rendirse, quedando bajo dominio castellano.
El rey castellano quedó tan satisfecho con su conquista que decidió no tomar represalias contra los turolenses, incluso les permitió que siguieran con sus costumbres.
Antes de abandonar Teruel, el ejército castellano saqueó la ciudad y se llevó consigo los pendones y banderas que los turolenses habían conseguido en nobles batallas. Al enterarse el rey aragonés de la escasa resistencia, el saqueo y lo que los castellanos habían usurpado, se enfadó tanto con el pueblo de Teruel que le retiró los Fueros. Pasado un tiempo y ante las súplicas de los turolenses, Pedro IV decidió devolverles los fueros.
Quien no perdonó nunca al juez traidor fue Teruel, tampoco pudo aplicarle justicia por haber huido con el enemigo castellano. Pero consiguió que su nombre fuese condenado al olvido borrándolo de documentos y crónicas. Así pues nunca se sabrá quien fue el tal traidor que con su cobardía cambió el nombre a una de las puertas más famosas de Teruel.


EL HONOR DE LA BRIGADIERA

Resulta un tanto curioso comprobar cómo la familia Marcilla de Teruel ha estado siempre unida a la tragedia en esta provincia.
En la ciudad de Albarracín, el edificio donde actualmente está ubicado el hotel Albarracín, perteneció a la familia Asensio de Ocón y de Marcilla. En ella vivió el brigadier José María Asensio.
Al morir el tal José María, la casa pasó a su esposa. De ella se cuenta que, durante la guerra de la Independencia, un oficial del ejército francés intentó abusar y forzarla.
La reacción del pueblo y de su familia no se hizo esperar. Atraparon al francés y lo arrojaron al vacío desde la parte de la casa que da al precipicio.
A partir de entonces se le llamó a este edificio la Casa de la Brigadiera
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PastorEL PASTOR QUE RECUPERÓ SU MANO

En cierta ocasión, un pastor de Orihuela del Tremedal, estando en el campo con sus ovejas, vio, en medio de un gran resplandor, a la mismísima Virgen.
La Señora le pidió un pedazo de torta que el pastor llevaba en su zurrón. Él muy sumisamente obedeció su petición. Cuando estaba introduciendo la mano en el zurrón la Virgen le indicó que lo hiciese con el otro brazo. Él creyó que era imposible, porque era manco. No obstante, obedeciendo, introdujo su brazo y cual no sería su sorpresa cuando en el momento de introducirla pudo comprobar que la mano que le faltaban habían quedado repuesta.
Muy contento, el pastor, habiendo reconocido ya de antemano a la Virgen, se hincó de rodillas y la adoró. La Virgen, dirigiéndose al pastor le dijo :” Baja a Orihuela de Tremedal, comunica a todo el mundo el favor que te he hecho y hazles saber a las gentes del pueblo que he decidido tomar asiento en esta tierra porque siento agrado en ser venerada en ella para beneficiar a todos aquellos que me invoquen. No tengas cuidado por el ganado, yo te lo guardaré”
Cuando el pueblo se enteró de lo ocurrido, fue en procesión a la sierra del Tremedal, al lugar que les indicó el pastor. Al llegar encontraron una imagen de la Señora, a la cual adoraron. Tras adorarla decidieron llevársela a la iglesia del pueblo por mejor, pero, por la noche, sin ellos saberlo, la Virgen volvió a su lugar, al de la aparición. Preocupado todo el pueblo por su desaparición, comenzaron a buscarla, hasta que por fin la encontraron. Comprendiendo lo que la Señora quería, decidieron construir una ermita en el mismo lugar en que se le apareció al pastor.
Pero no acabaron aquí los favores de la Virgen, pues hizo surgir un pozo que les proporcionó agua para la construcción y además, en las raíces de un árbol, fueron halladas una gran cantidad de monedas con las que se pudieron costear las obras.

Acueducto de Cella (Teruel)EL ACUEDUCTO DE CELLA

Sobre el acueducto de Cella que se ve excavado en la roca, en la carretera que va de Gea a Albarracín, hay una leyenda que cuenta lo siguiente:
El rey moro de Albarracín tenia un hijo llamado Abu Meruán, el cual estaba muy enamorado de Zaida, la hija del emir y señor de Cella. El padre de Zaida no estaba dispuesto a que los amores de ambos jóvenes se llevasen a término, pero tampoco quería disgustar a su hija. Así que le propuso una prueba a su futuro yerno: antes de cinco años debería llevar las aguas de Albarracín a Cella.
Aunque al enamorado le pareció imposible tal prueba, se puso a trabajar y a perforar las rocas con miles de hombres. Pocos días antes de cumplirse el plazo fijado de cinco años, las aguas regaban ya los campos de Cella. Abu Meruán, por fin, consiguió a su prometida.
El acueducto construido había sido realizado gracias al amor surgido entre los dos jóvenes. Hoy, al cabo de muchos años, junto al castillo de Santa Croche, que se alza en un peñasco al borde del río Guadalaviar, en el camino que conduce de Gea a Albarracín, podemos contemplar una roca con múltiples aberturas. Es la Piedra Horadada, resto y testigo de otras muchas que sirvieron para canalizar las aguas milagrosas del río Guadalaviar hasta Cella y fecundar los campos.

EL CRISTIANO Y LA CAUTIVA

Allá por el año 1234, el castillo del Mallo estaba en poder de los moros. Los vecinos de Castillo medievalMosqueruela estaban ansiosos de tomarlo, pero resultaba casi imposible porque era inexpugnable.
El alcalde moro tenía cautiva a una doncella cristiana llamada doña Gracia la cual se enamoró de uno de los sitiadores llamado Ramiro, que no cesaba de fijarse en ella.
No se sabe como se comunicaron los enamorados, pero lo cierto es que ambos amores fueron correspondidos, y en un descuido de los moros defensores, la tal Gracia facilitó la entrada a los atacantes.
Sea cierto o no, los de Mosqueruela penetraron definitivamente en el castillo el 24 de junio de 1234, el día de San Juan.


LA ESTRELLA DE GRIEGOS

En Griegos había un rey moro que tenía una hija muy hermosa. La bella joven habiéndose enamorado de un caballero cristiano, no hacía sino esperarlo día tras día sentada junto a la fuente. Harto ya su padre, hizo que un mago la convirtiese en estrella. Cada cien años aparece peinándose junto a la fuente en que fue encantada.
En cierta ocasión se le apareció a un pastor y le preguntó a quién prefería, si a ella o al peine de oro con el que se estaba peinando. El pastor eligió el peine, pero sucedió que cuando fue a cogerlo se convirtió en astilla, mientras que la princesa se convirtió para siempre en estrella.

Jaime IEL NUEVO COFRADE DE ALBENTOSA

Cierto día llegó el rey Jaime I a la localidad de Albentosa y encontrándola vacía, preguntó a un joven dónde estaba la gente de aquel pueblo. El chaval le contestó que estaban todos en el castillo, celebrando la comida de la cofradía. Allá que se fue el monarca.
Al llegar al castillo, una anciana le cerró al paso y le anunció que no podía entrar en el castillo si antes no se hacía miembro de la cofradía. En aquel momento el rey tenía tanta hambre que no quiso entrar en discusiones y se hizo cofrade.
Así es como el monarca sació su hambre y Albentosa pudo contar, a partir de entonces, con el cofrade Jaime I.

LOS AMORES DE ALVAR Y SANCHA

La historia de Álvar y Sancha acaeció en el Teruel de la Edad Media.
Ambos jóvenes, pertenecían a dos familias muy importantes de la ciudad, casi siempre enfrentadas por el dominio y control de la villa turolense: los Muñoz y los Marcilla.
Álvar era un joven pendenciero, mujeriego, amigo de la bulla nocturna y un tanto Alvar  y  Sanchafollonero. De sus aventuras y desordenada vida estaba al corriente todo el mundo, hasta los propios Marcilla.
Como a cualquier joven, le llegó también el momento de sentar la cabeza. Así que determinó cambiar aquel tipo de vida por otra más honesta y modélica.
Pero tal cambio no tenía otra explicación sino la de sentirse enamorado, enamorado como cualquier joven de su edad. Se había enamorado de Sancha, la hija de los Marcilla.
Lo que para él era un simple enamoramiento, era algo bastante más complicado para su propia familia, pues así se lo explicaron cuando les comentó que se había enamorado de tal jovencita.
A pesar de todo siguió cortejando a escondidas a su amada y la pasión amorosa entre ambos fue creciendo día tras día.
Entre tanto Álvar no cesó de insistir ante su propia familia hasta conseguir el consentimiento familiar para casarse con Sancha.
Peor le fue a la Marcilla, pues al enterarse su padre de que la cortejaba semejante elemento, le puso por guardián a una dama que no la dejaba ni a sol ni a sombra, toda vez que impedía cualquier intento de comunicación entre ambos.
El ardiente enamorado, armado del poder que da el dinero para tales ocasiones, compró a la dama-guardián para facilitarle las citas con su amada.
Pasados unos días, Alvar le propuso a Sancha huir lejos de la ciudad, a un lugar donde su amor fuera libre y no tropezase con ningún obstáculo. Ella accedió y juntos decidieron fugarse a las doce de esa misma noche. Cruzaron el portal de Zaragoza y tomando los caballos que les tenía preparados el criado de Alvar dieron comienzo a su aventura.
Entretanto, el padre de Sancha habiendo echado en falta a su hija, presionó a la dama-guardián, que estaba al corriente de lo sucedido, hasta conseguir que confesara la fuga de los enamorados. Enterados los hermanos de Sancha, partieron en su busca, cual si de un rapto y afrenta se tratara. Y camino de Alfambra, a una legua de Teruel alcanzaron a los fugados. Tras rescatar a la hermana dieron muerte a Álvar dejándolo abandonado.
El Juez de Teruel, al enterarse de lo ocurrido, mandó prender y juzgar a los asesinos. Al destierro fueron condenados, y… a levantar una cruz al muerto en el lugar del crimen.
Y así terminaron los trágicos amores de Álvar y Sancha, otros dos turolenses cuya trágica historia, siendo también trágica, no alcanzó la categoría de la de Los Amantes de Teruel.

Escudo de Mazaleón (Teruel)CON MAZAS Y COMO LEONES
Los lugareños aseguran que el nombre de su pueblo les viene del valor con el que sus antepasados se defendieron de los romanos durante las guerras púnicas.
Con mazas y como leones lucharon los ilergabones que poblaban Mazaleón para no dejarse dominar por los romanos.
Sea cierto o no, lo que sí resulta curioso es que en el escudo de esta localidad figura un leon con un mazo.

EL CAUTIVO DE MUNIESA

Se cuenta que un vecino de la localidad de Muniesa, que era muy devoto de la Virgen de la Aliaga, había sido apresado por un moro. El cautivo no cesaba de pedir a la Virgen que lo liberara.
Harto el moro de tanto escuchar sus lamentaciones, la víspera de la festividad de la Virgen, lo encadenó, lo metió dentro de un arcón y se sentó encima para que no escapara.
Al día siguiente, moro, arcón, cautivo y cadenas aparecieron en la puerta de la ermita, quedando solo como exvotos en ella las cadenas y los grilletes del cautivo.

LEYENDA DE LAS TORRES MUDÉJARES DE SAN MARTÍN Y EL SALVADOR

Omar y Abdalá eran dos alarifes mudéjares residentes en Teruel allá por el siglo XIII. Ambos se disputaban el amor de una joven y hermosa dama mudéjar llamada Zoraida. Para dirimir quién de los dos podía quedarse con la hermosa dama, decidieron, de mutuo acuerdo, competir por la mujer de sus sueños construyendo dos torres perfectas. Abdalá construyó la Torre de El Salvador, por su parte Omar hizo lo propio con la de San Martín. Terminados los dos monumentos, un jurado otorgó la victoria a Abdalá por la pulcra verticalidad de su torre . Fue de esta manera como Abdalá consiguió la mano de Zoraida. Omar por su parte, que había trabajado día y noche con sus obreros y había terminado antes su monumento, construyó una torre igualmente bella, pero un tanto inclinada. Desesperado por su doble derrota decidió poner fin a su vida arrojándose desde lo alto de la torre de San Martín.

LA BARONÍA DE ESCRICHE

En su día perteneció al barón de Escriche. El tal barón obtuvo su título y sus extensas propiedades al vencer a una legendaria fiera que por aquel entonces tenía La Baronía de Escriche (Teruel)amedrentados a los moradores de lo que después sería la baronía, incluidos los más valientes caballeros.
Para derrotar a la espeluznante bestia, utilizó un espejo y una espada. Cuando el monstruo le atacó colocó el espejo ante su cara. La fiera al verse reflejada, quedó boquiabierta ante su propia fealdad. Aprovechando tan oportuno momento, le clavó el barón la espada en la boca, que era su punto débil, y la fiera cayó abatida.
Agradecido el rey por semejante argucia y valentía, tuvo a bien concederle al barón cuantas tierras fuera capaz de recorrer durante un día.
Así nació la Baronía de Escriche, y de tal hazaña esta jota:

 

"Nadie le teme a la fiera,
que la fiera ya murió
al revolver una esquina,
un valiente la mató."

 

EL TORO DE LA MUELA DE SAN JUAN

En tiempos remotos existió una hermosa y gran ciudad en La Muela de San Juan, en el límite de la Sierra de Albarracín con la provincia de Cuenca. Los árabes, que por aquel entonces habían invadido nuestra península, arrasaron y saquearon cuantas villas y ciudades hallaban a su paso. Enterados los habitantes de la Muela, comenzaron a preparar su defensa y sobre todo a preservar y defender el tesoro de oro que se hallaba en el palacio del señor de la ciudad, un tesoro proveniente de un templo pagano anterior al cristianismo. Llegados los árabes, al ver que la ciudad no tenía ningún valor, la saquearon y la incendiaron, llevándose consigo lo que le apetecía a cada uno. Uno de ellos se llevó un toro de oro que encontró en el palacio del señor de la Muela y no se le ocurrió otra idea que arrojarlo desde lo alto del palacio a la espesura de los bosques de pinos que había allí mismo para llevárselo después. Llegada la noche, fue a buscarlo y lo enterró en una fosa muy profunda para volver a por él algún día.
Llegado el momento de retirarse las tropas árabes, Aben Jair se fue con ellas y tras si el secreto que a nadie había revelado.
Pasados varios meses, en una batalla entre cristianos y árabes, fue herido de muerte nuestro amigo Aben. Viendo que se moría, confesó su secreto a su amigo Aben Jaye, pero con la condición de que lo compartiese con sus hijos.
Días más tarde Aben Jaye se dirigió hacia la Muela de San Juan, fue al pinar de las fuentes del Tajo, contó los cien pasos en la dirección que su amigo le dijo y comenzó a cavar la tierra. Cavó y cavó y en todas las direcciones, pero nada, el toro no apareció. Aburrido de tanto cavar, lo dejó por imposible y se marchó.
Después de él otros muchos lo han buscado, pero hasta la fecha nadie ha dado con el toro. Lo cierto es que el secreto de la existencia de este tesoro en este lugar se ha transmitido de generación en generación. Hay quien dice que si algún día aparece será el día en que se reconstruya, la que fue, la maravillosa ciudad de la Muela de San Juan.

LA CONQUISTA DE CAMAÑAS

Aunque no es verídico, existe una leyenda que habla de cómo tomaron los cristianos de Alfambra la población de Camañas:
El rey moro de Camañas y el conde de Alfambra tuvieron una disputa tan fuerte que se juraron más odio del que ya se tenían. El conde, tantas veces se lo contó a su esposa, que esta acabó por enamorarse del moro. Un día la tal señora, ordenó a un segretario suyo que se desplazase hasta Camañas para hacerle saber al rey su amor y concertar una cita. Concertada la cita, el moro comenzó a prepar una pócima para mantener a la condesa muerta durante ocho días, al cabo de los cuales despertaría, estando ya el conde acostumbrado a la soledad.
Y así ocurríó, se celebró la cita, la condesa se tomó su pócima y se murió por ocho días. El conde, viendo que la condesa mantenía su cuerpo caliente, para comprobar que realmente estaba muerta, mandó verter sobre una de sus manos un chorro de plomo ardiente. Viendo que efectivamente estaba muerta, depositó un beso en la mano horadada y mandó que la enterraran. Llegada la noche, un sirviente del rey moro desenterró a la condesa y se la llevó a Camañas. Una vez allí, ambos , rey y condesa, celebraron el engaño. En lo sucesivo nuestra condesa se convirtió en reina mora, toda vez que se hacía pasar por una dama venida de tierras lejanas.
Pero ocurrió que cierto día un mendigo, que estuvo presente en la prueba de la mano, se acercó a pedir limosna a la condesa y la reconoció. El pobre hombre le faltó tiempo para ir a Alfambra a contárselo al conde don Rodrigo, el cual se trasladó a Camañas disfrazado de mendigo para pedir limosna a su difunta esposa. Ella tras reconocerlo se excusó diciendo que había sido retenida en contra de su voluntad. En ese preciso momento llegaba el rey y el conde no le quedó otro remedio que esconderse dentro de un arca. Llagado el rey fue recibido por su amada y ambos se sentaron encima del arca. Entre besos y agasajos, ella le preguntó qué daría por apresar al conde de Alfambra, a lo cual contestó él que la mitad de su reino. Oido esto, la condesa le pidió que se levantara y abrió el arca. Pero don Rodrigo reaccionó súbitamente y tocó varias veces su bocina. Sus hombres, que estaban ocultos en los alrededores, atacaron por sorpresa y vencieron a los moros. Tras la derrota, camañas pasó a dominio cristiano y el rey moro y la condesa cristiana fueron quemados vivos en la Sierra Palomera.

LA RECONQUISTA DE MORA DE RUBIELOS

A comienzos del siglo XII, Mora de Rubielos estaba en poder de los moros. En el año 1171, el rey cristiano Alfonso II, tras conquistar Teruel, decidió extender sus dominios hasta Mora de Castillo de Mora de Rubielos (Teruel)Rubielos. Llegadas allí sus tropas, cercaron la población para reconquistarla. Confiaban que al escasear los alimentos la rendición no tardaría en llegar. Pero cual no sería su sorpresa al ver que los moros arrojaban desde lo alto del castillo todo tipo de alimentos, demostrando que estaban bien aprovisionados. Desmoralizado el ejército cristiano, solicitó al rey levantar el cerco y marcharse, pues aquello podía ser eterno. Por fin el rey accedió, se levantó el campamento y comenzó el retorno. Al llegar la noche acampron en el Castellar. Estando durmiendo las huestes cristianas hizo su aparición el arcángel San Miguel revelándoles lo siguiente: “ Todos los alimentos que os arrojaban los moros eran sus últimas reservas. Intentaban desmoralizaros para que así desistieseis de vuestro empeño”.
Oido esto, el ejército de Alfonso II regresó enseguida a la Villa y tras esperar unos días consiguieron la rendición de los moros.
Así es como se explica que el arcángel san miguel sea el patrón de Mora de Rubielos.

EL PUENTE DEL DESPECHADO

Cuando ya los moros habían sido dominados por los cristianos en la provincia de Teruel, convivían ambos en paz y sosiego.
En la ciudad de Teruel, al otro lado del río, vivía una joven llamada Elvira, ejemplo de singular belleza, que además poseía ricas tierras en las vegas turolenses del Turia. Muchos eran los pretendientes turolenses que tenía, atraidos no sólo por su belleza sino también por su riqueza, pero ella, desde niña siempre estuvo enamorada de un apuesto joven turolense a quien concedió su mano y con quien se casó.
Entre los muchos pretendientes que tuvo existió uno que, al ser rechazado por la guapa joven, quedó resentido y le juró venganza.
Casada ya Doña Elvira, vivía feliz con su esposo, sin acordarse para nada de aquel pretendiente despechado.
En uno de los muchos viajes que su marido hacía a la ciudad de Teruel para solucionar asuntos o visitar a sus familiares ocurrió que una noche, al regresar a su morada, fue asesinado traicioneramente por el tal pretendiente.
Doña Elvira, muy dolorida y triste pasó el resto de sus días enlutada y sola, en recuerdo y respeto a su difunto marido. Ella misma fue la que en lo sucesivo se hizo cargo personalmente de su hacienda y negocios. Por tal motivo, al igual que su marido, debía frecuentar mucho la ciudad de Teruel y siempre lo tenía que hacer por aquel maldito puente en que asesinaron a su marido y que tan ingratos recuerdos le traía. Así es que se le ocurrió una idea: mandó construir otro puente de madera que además de acortarle el camino, le permitió en lo sucesivo olvidar aquellos malos recuerdos cada vez que iba a Teruel. Desde entonces se le conoció a este puente como el Puente de Doña Elvira.

LA PILA BAUTISMAL DE LA MATA DE LOS OLMOS

En la localidad de La Mata de los Olmos, situada entre Montalbán y el Bajo Aragón, en tiempos de la Orden de Calatrava sucedió lo que narra la siguiente leyenda:
Desde hacía ya mucho tiempo atrás, los habitantes de La Mata de los Olmos, cuando tenían un nuevo descendiente, se veían obligados a llevarlo a bautizar a la localidad vecina de Los Olmos porque no disponían de pila bautismal en su iglesia.
Ocurrió que en una de las guerras que acaecieron por aquel entonces, llegaron a La Mata un grupo de soldados heridos y muertos de hambre. Ninguno de los pueblos por los que pasaron se dignaron a darles algo de comer ni tampoco hospitalidad. Llegados a La Mata de los Olmos, los habitantes los recibieron cariñosamente ofreciéndoles comida y cama para descansar.
Al día siguiente, descansados y repuestos, decidieron reanudar su marcha, pero antes de partir, el jefe de la tropa, en agradecimiento, preguntó a los habitantes del pueblo que qué les podían ofrecer en pago por lo que habían hecho por ellos. Los de La Mata, sin dudarlo un momento, contestaron que una pila bautismal. El jefe les prometió que la tendrían lo más pronto posible.
Pasado algún tiempo, el jefe y sus soldados cumplieron lo prometido y nunca más tuvieron que ir los recien nacidos de la Mata a ser bautizados a los Olmos.
Ya en aquel entonces los soldados le llamaron al pueblo Mata el Hambre, posteriormente se le llamó Mata-la y con el tiempo La Mata de los Olmos.

 

BIBLIOGRAFÍA
* "El Bardo de la Memoria" - Francísco Lázaro Polo - Teruel, 1992
* "Rutas Aragonesas" - José L. Acín y Ramón Acín - Grupo Zeta - Zaragoza, 1998.
* "Teruel, Albarracín y Montes Universales" - Antonio Pardo - Susaeta ediciones.
* "Teruel y sus serranías" - Manuel Mercadal Ferreruela y Luis Lorente Villanueva - Editorial Everest, 1998.

 

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