HISTORIA DE LA CIUDAD DE TERUEL

 

INTRODUCCIÓN


La ciudad de Teruel, con 915 metros de altitud, se asienta sobre un espolón de 40 metros de altura, muy próximo al cauce del río Turia, en la confluencia de dos depresiones intra-ibéricas: Calatayud-Daroca-Teruel y Alfambra-Teruel-Landete. Ofrece una visión pintoresca al caminante, viajero o turista que se acerca tanto por el Norte desde Zaragoza, como por el Sur desde Valencia, o por las riberas del Turia desde Cuenca, ofreciendo la postal de sus edificios escalonados en distintos planos decorados con la silueta y galanura de sus torres mudéjares.
Su posición estratégica, no sólo desde el punto de vista defensivo, sino también como nudo de comunicaciones entre el litoral mediterráneo y el interior de la Península Ibérica, ha supuesto ser un lugar de paso de muchas gentes y razas desde la Prehistoria hasta nuestros días.

 

BREVE RESUMEN HISTÓRICO

Aunque la región estuvo habitada ya desde el chelense, las primeras noticias que existen de una población en el lugar que actualmente ocupa la ciudad de Teruel, se refieren a la celtibérica Turba”.
Conquistada por los musulmanes en el siglo VIII, permaneció en su poder hasta el año 1171 en que les fue arrebatada por los caballeros cristianos de Alfonso II.
Durante el periodo de ocupación musulmana recibió el nombre de Tirwal y ocupó la parte más alta del actual Teruel, espacio que nada tiene que ver con  los primeros habitáculos de la Villa Vieja, poblado muy pequeño, anterior a la reconquista y sin ningún tipo de amurallamiento que se hallaba ubicado en lo que hoy se conoce como la plaza de la Judería.
En 1171, ante la conquista de Valencia por los almohades, Alfonso II conquistó el Tirwal a los musulmanes, lo amuralló, dejando siete puertas para acceder a él, y lo incorporó a la Comunidad de Daroca, hasta que en 1177 le concedió fueros propios y la nombró capital de la extensa Comunidad de Teruel. A partir de este momento Teruel experimentó un notable crecimiento gracias a su situación en la ruta de Levante y desarrolló una importante industria pañera y de armas; pero siguió siendo hasta el siglo XIII lugar de frontera entre el reino moro y el cristiano. Su castillo fue cedido primero a la orden del Redentor y a partir de 1196 a los templarios. Una vez disueltos éstos fue ocupado en 1317 por los hospitalarios.
En 1347 Pedro IV le concedió el título de ciudad y le prometió construir una catedral que no se vio cumplida hasta 1577.
En 1363, durante la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, la ciudad cayó en poder del castellano, pero fue recuperada por el aragonés tres años más tarde. Tal fue el enfado de Pedro IV con los turolenses, por su escasa resistencia ante Pedro I, que les quitó los fueros y emancipó algunas aldeas de la comunidad. Más tarde, arrepentido el aragonés, perdonó a los turolenses, pero a partir de entonces comenzó un largo pleito entre Teruel y las aldeas emancipadas.

Pedro I de Castilla Pedro IV de Aragón

En el siglo siguiente la ciudad se enfrentó al poder de los Reyes Católicos, que en 1484 impusieron la Inquisición, la cual iba en contra de los fueros de Teruel. La ciudad resistió, pero al final, en 1486, por la fuerza de las armas, se implantó la Inquisición y los cabecillas de la rebelión fueron quemados.
Durante los cien años posteriores se prolongó la defensa de los fueros, alcanzando su punto álgido en las llamadas Alteraciones de Teruel y Albarracín, cuando las dos comunidades se enfrentaron al poder absoluto de la monarquía, pues las dos comunidades gozaban de sus propios fueros, independientes de los de Aragón. Tras una larga disputa con Fernando II, Carlos V y Felipe II, este último impuso su criterio por la fuerza de las armas. Finalmente, en 1598, el monarca extendió los fueros de Aragón a Teruel y Albarracín.
Durante los siglos XV, XVI y mitad del XVII Teruel experimentó cierta prosperidad, reflejada en su crecimiento demográfico (392 vecinos en 1495 y 503 en 1650), sin embargo a partir de la segunda mitad del XVII inició su decadencia, aunque mantuvo sus industrias de paños y de armas.
Durante la guerra de la Independencia fue transitoriamente sede de la Junta de Aragón (mayo de 1809) hasta la llegada de las tropas de Suchet (diciembre de 1809).
Reducida a funciones administrativas y a una pequeña industria de carácter local, su población quedó totalmente estancada hasta finales del XIX (9500 habitantes en 1857; 9900 en 1899). Esta característica todavía perduró en los treinta primeros años del siglo XX en los que sólo aumentó su población en unos 3000 habitantes. El estallido de la Guerra Civil convirtió a Teruel en un marco de operaciones hasta que, a mediados de 1938, se alejó el frente de tierras aragonesas y tras terminarse la guerra en 1939, se procedió a la rápida reconstrucción de la ciudad, dado el lamentable estado en el que había quedado. ( véase La Batalla de Teruel ). Fue hacia 1960 cuando alcanzó los 20.000 habitantes y posteriormente en 1986 los 28.156. Actualmente cuenta con 35.510 habitantes, pero todavía sigue siendo la capital de España con menor población.

Este resumen queda completado con las páginas del apartado "Teruel Provincia", que hacen referencia a la historia de la provincia de Teruel.

ALFONSO II, FUNDADOR DE TERUEL

Alfonso II “el Casto”  fue el primer soberano de la Corona de Aragón y conde de Barcelona desde 1162. Presidió en Zaragoza las primeras Cortes Aragonesas documentadas y con asistencia de las burguesías urbanas (1164). Sus intereses transpirenaicos le enfrentaron con Francia y Navarra. Casó con Sancha (1174), hija de Alfonso VIII de Castilla, de la que tuvo a Pedro II y a Constanza, luego reina de Hungría. Con el rey castellano firmó el Tratado de Cazorla (Soria), por el que Aragón adquiría derecho a conquistar el Levante islámico hasta Biar, reconociendo a Castilla los derechos sobre Murcia. Conquistó entre otras: Valderrobres, Gandesa, Orta, Ulldecona, Mora de Rubielos, Cantavieja, Alfambra y Teruel, a la que dio fuero (1177).
Alfonso IIHeredó de su madre el reino de Aragón, de su padre el condado de Barcelona, de su primo Don Ramón Berenguer el de Provenza (1166), y más tarde el de Rosellón (1187), como sucesor de su poseedor el conde Gerardo.
Ni bien tomó el bastón de mando; Alfonso II se lanzó a la conquista de territorios haciendo aflorar su alma aragonesa. A lo largo de su reinado consiguió extenderse aún más hacia el sur y hacia el norte, lo que le llevaría a guerrear por todo el continente. En primer lugar, venció en batalla a las temibles huestes del rey taifa de Murcia, a la que convirtió en tributaria de Aragón.
Los murcianos pagaron grandes cantidades de oro a los catalano-aragoneses, lo que permitió a Alfonso II avanzar más allá de los Pirineos. En aquellos momentos Francia era un cúmulo de posesiones feudales poco cohexionadas, en las que un aventurero con valor y astucia podía medrar bastante. Alfonso II convirtió al conde de Tolosa en vasallo de la Corona de Aragón y se quedó con todas sus posesiones, de tal forma que una porción importante del sur de Francia pasó a formar parte de la Corona.
Pero Alfonso II, además de estas conquistas, también se ocupó de mejorar sus tierras. Las riquísimas tierras del sur de Aragón necesitaban ser repobladas, y así fue como dispuso la fundación de la mítica ciudad de Teruel.
Se suele atribuir la fundación de la ciudad de Teruel a los Íberos, bajo el nombre de Turba. Sin embargo, los datos concretos que se tienen indican que sus tierras fueron conquistadas a los árabes por Alfonso II en el año 1171. Un año antes Pedro Ruiz de Azagra había conquistado ya Albarracín. La reconquista repobló la región y dio a su economía un carácter ganadero.
La llegada de los almohades a Valencia supuso llevar a la práctica la consolidación de fronteras mediante fortificaciones, fueros y el apoyo a las Órdenes Militares del Temple, Hospital, Calatrava y Alfambra, a las que se entregaron castillos y propiedades dando lugar posteriormente a múltiples encomiendas. Como ejemplo, la zona que hoy constituye el Maestrazgo, salvo alguna excepción, perteneció a estas órdenes militares, llegando en algunos casos tal posesión hasta el mismo siglo XIX.
El centro de Teruel es la plaza del Torico, presidida por una columna con un toro en su parte superior. Precisamente se dice que el nombre de Teruel deriva de la palabra toro ya que según cuenta la leyenda, el rey decidió alzar la ciudad en el lugar exacto donde fie avistado un astado con los cuernos ardiendo.
En lo que actualmente es la plaza del Torico, Alfonso II emitió un emotivo discurso a sus súbditos en que les prometía un paraíso alrededor de la urbe. Se dice que, al colocar su primera piedra, profirió como símbolo de su fundación la frase “Teruel existe”.
Alfonso II falleció en Perpiñan el día 25 de abril de 1196. Su cuerpo fue trasladado al monasterio de Poblet (Tarragona). Desde entonces, este monasterio fue el panteón oficial de los reyes de Aragón.

ORÍGENES LEGENDARIOS Y MÍTICOS DE LA CIUDAD DE TERUEL

Turba o Teruel es la ciudad del toro. Turia es el río del toro y los turboletas o turos son los adoradores del toro que acudían al santuario, muy cerca del actual Teruel, de Peñalba de Villastar a rendir culto a uno de los dioses más prestigiosos de los celtíberosen la época prerromana: el dios Luna.
Todos los historiadores que se han ocupado del origen de la ciudad de Teruel, coinciden en la existencia de esta población en época fenicia con el nombre celtíbero de Turba, que ellos cambiaron porThorbat o Torbet. Los griegos la denominaron Turbalium y los romanos Turba oppidum (ciudad de Turba).
El tema del toro y Teruel andan ligados desde los inicios de la época medieval, en que la leyenda sirve de elemento referencial para dilucidar y justificar su fundación. La tradición será el elemento que mantendrá vivo, en las gentes, un atisbo, un recuerdo de su pasado, aun cuando no se deban aceptar por la ciencia histórica unos hechos emotivos, al no poder ser probados con documentos.
Esta tradición lleva a aplicar al escudo de la ciudad el emblema del toro y la estrella como resabio de los relatos tradicionales que cuidadosamente guardamos la mayoría de los turolenses. Se tiene la creencia de que “los adalides de Alfonso II (Sancho Sánchez Muñoz, Blasco Garcés de Marcilla, Pedro Álava y otros), al conquistar la fortaleza de Teruel, encontraron un toro bravo a quien iba siguiendo desde el firmamento una estrella muy brillante. Toro y estrella que Sancho había visto en sueños, merced a una inspiración divina, fueron las señales que le habían de marcar el sitio donde había de establecer la nueva población”.
Los artistas que trabajaron en la techumbre de Santa María de Mediavilla (actual Catedral de Teruel), también se preocuparon por la moda  del toro y la estrella en aquellos años y, de esta manera, plasmaron hasta en cuatro espacios de la techumbre ambas figuras.
El canónigo zaragozano Vicencio Blasco Lanuza, en su obra “Historias Eclesiásticas y Seculares de Aragón”, escrita entre los años 1619 y 1622, también plantea el emplazamiento de Teruel en el altozano actual cuando expone:”Los adalides de Alfonso II andando buscando lugar acomodado para el edificio, que pretendían començar, llegaron a donde ahora está la Çiudad y hallaron un toro grande, sobre el qual aparesció una estrella – presagio de felices sucesos- con que resolvieron fundarla allí tomando por blasón de sus armas un toro y una estrella, que hoy se precia aquella Çiudad dellas y por esto se llama del Toro, Toruel, y después Teruel…”  En base a este relato las gentes del siglo XVII y las posteriores hasta el siglo XX tratarán de imponer la teoría del origen de Teruel: TOR por  toro y UEL por la las tres últimas letras de la estrella Actuel, que formarían el topónimo TORUEL.
Algunos prosistas históricos del siglo XVIII y principios del XIX establecieron otros supuestos sobre el origen de Teruel. Uno de ellos es el que expone el hecho de que los fenicios, cuando desembarcaron en las costas del Mediterráneo (siglos VII-VI a.C), algunos sigueron el curso de un río en busca de un lugar donde establecerse. Llegados a un espacio de buena tierra y mucho ganado, decidieron asentarse allí y edificar un pueblo, dándole al río el nombre de Tur-riar o Turia (por la abundancia de toros) y a la población Turba.
Continuando con esta tradición pupular de leyenda, en el siglo XIX, el historiador turolense Pedro Pruneda (1830-1869) escribió lo siguiente en referencia a los sueños de Sancho Sánchez Muñoz, sobre el origen y fundación de Teruel: “En el nombre de Dios pusieron en obra la dicha población et anduvieron por todas las otras muelas que están cerca desta villa, et non hobieron tan buenas señales como en esta muela do es agora la villa de Teruel. Et los adalides et los más sabidores de tal fecho subieron a la muela et allí do es agora la plaza de mañana en el alba trobaron un bel toro et andaba una bella estrella sobre él. Et luego que los vido el toro comenzó a bramar, et dijeron los adalides que aquí habían buenas señales por fer la población do aquel toro les clamaba; et daquel toro tomaron señal. Et por esto facen en la señal toro y estrella…”

 

 

BIBLIOGRAFÍA
* "Rutas Aragonesas" - José L. Acín y Ramón Acín - Grupo Zeta - Zaragoza, 1998.
* "Teruel, Albarracín y Montes Universales" - Antonio Pardo - Susaeta ediciones.

* "Teruel y sus serranías" - Manuel Mercadal Ferreruela y Luis Lorente Villanueva - Editorial Everest, 1998.
* "Teruel" – Vidal Muñoz Garrido – Excmo. Ayuntamiento de Teruel - Teruel, 2004.

 

 

 

 

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