Los acontecimientos ocurridos en España entre los años 1808 y 1814, que la historiografía suele denominar casi unánimemente Guerra de la Independencia, forman parte de un episodio más general como fue el intento de construcción de una Europa napoleónica. Por otra parte, y quizá por primera vez, participaron voluntaria o involuntariamente todos los españoles en un conflicto que interrumpió su modo tradicional de vida y que acabaría transformándolo radicalmente. Porque en 1808 comenzó un largo camino que llevaría al hundimiento del viejo sistema feudal para ser paulatinamente sustituido por el modo de producción capitalista. Estaríamos en los inicios de la revolución burguesa española.
Buscando las causas más próximas, que no las únicas, que desencadenaron el conflicto, habría que remontarse a los acontecimientos de marzo de 1808, con el estallido del motín de Aranjuez, que supuso la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la subida al trono de Fernando VII. En medio del júbilo popular por el ascenso del nuevo rey no se escuchó ningún grito que reclamase la más mínima mejora. Todo podría haber pasado inadvertido si no se hubiera producido la invasión francesa. La desaparición en abril del reciente rey, retenido en Bayona por Napoleón, la percepción de la fuerte presencia francesa, que hasta entonces no había sido demasiado cuestionada, y la desconfianza del pueblo en el aparato del Estado y en los hombres que lo servían, precipitaron los acontecimientos. Los sucesos del 2 de mayo en Madrid fueron como la mecha que hizo estallar el polvorín, y un sinfín de asonadas envolvió las ciudades y pueblos españoles en los días siguientes.
En Zaragoza el estallido revolucionario se producía el 24 de mayo de 1808. El pueblo asaltó la casa del capitán general pidiendo armas y acabaron encerrándolo en el castillo de la Aljafería, donde se adueñaron también del arsenal que allí se guardaba. Durante dos días los zaragozanos, sin cabeza que los guiara, se hicieron dueños de la situación. La aparición de Palafox en la escena buscado en su escondite de La Alfranca, a unas leguas de la capital, para darle la capitanía general, supuso el final de la revolución y el comienzo de la guerra.
El movimiento insurreccional de Zaragoza pronto sería conocido en el resto de Aragón a través de los bandos y proclamas que Palafox envió el día 31 a todos los corregidores, y a través también del correo que llegaba a los particulares. Las reacciones no se hicieron esperar. Tras el desconcierto inicial, que muchas veces se traducía en alborotos y desórdenes de todo tipo, la velocidad de los acontecimientos, así como las órdenes de Palafox llamando al aislamiento universal, fueron regularizando la situación y una frenética actividad organizadora se fue apoderando de casi todo el territorio. Surgieron Juntas en las ciudades, villas y lugares, y en pocos días masas de campesinos se dirigían hacia Zaragoza para engrosar el recién nacido Ejército de Aragón.
CONSTITUCIÓN DE LAS JUNTAS
Una reacción característica de estos primeros momentos fue la constitución de Juntas que vendrían a llenar el vacío momentáneo de autoridad en el plano local. Aunque estaba bastante mal conocido este movimiento juntista, lo que se sabe es que se constituyó en casi todos los pueblos de Aragón; en unos casos sustituyeron a los antiguos regimientos y, en otros, coexistieron con ellos. Ni su denominación ni su composición eran homogéneas, aunque todas tenían una característica más o menos común: el poco peso del sector popular, al mismo tiempo que un acusado dominio del clero. Fueron estas juntas las que gestionaron las ciudades, villas y lugares, sin que se tendiese a la formación de una Junta de Juntas. La llamada Junta Suprema, formada en la sesión de Cortes del 9 de junio, fue un organismo titubeante, sin una autoridad clara y que desapareció definitivamente en septiembre de 1808 con la formación de la Junta Central.
En Alcañiz recibió el nombre de Junta de Gobierno, y pertenecieron a ella: Diego de Teruel, Joaquín Félez, los canónigos Joaquín Exea y Pascual Lasala; Juan Antonio Millán; Manuel Ulzurrun de Asanza; mosen Francisco Aguilar; fray Joaquín Pascual, superior y prior de los dominicos; Fermín Ram de Viu; Mariano Pascual; fray Domingo Romeo, prior del Carmen, y fray Lorenzo de Barbastro, entre otros.
En Teruel la Junta quedaba constituida en los últimos días de Mayo y tenía una amplia representación de todos los estamentos ciudadanos. Así por el estado eclesiástico destacaban Blas Joaquín Álvarez de Palma, obispo; Gabriel Antonio de Ortuño, doctoral; Manuel Gabarda, prior del capítulo general de racioneros; Juan Bautista, racionero de la parroquia de San Miguel; el prior de los Carmelitas Descalzos; el ministro de la Trinidad; el guardián de San Francisco; el prior de los Dominicos; el comendador de la Merced, y el guardián de los Capuchinos. Por el ayuntamiento: Tomás Canet, alcalde mayor, abogado de los reales consejos; Pedro Aguavera, noble; José Vicente Bruscas, regidor y caballero hijodalgo; Salvador Campillo, abogado y regidor; Alejandro Barrachina, diputado del común; Ambrosio Campos, diputado del común; Pedro Calza y Esteban, abogado de los reales consejos y procurador síndico. Como secretario, el del ayuntamiento, Antonio Marco y Coley. Además, durante los primeros meses formaron parte de la Junta de Gobierno otras personas, como fue el caso de Isidoro de Antillón, Juan Romero Alpuente, Juan Arascot.
Entre las muchas decisiones tomadas por esta Junta destacan: la que se tomó cuando el 8 de junio corrió la noticia de la venida del ejército francés de Moncey a Cuenca, tratando de interponer un cordón de tropas en la frontera con Castilla. Por orden de 6 de julio de 1808 juzgaba la conducta del general de los franciscanos que había ido a Bayona a discutir la constitución bonapartista en la Asamblea allí reunida. Por decreto de 7 de julio, la Junta ordenaba el embargo de los bienes del conde de Fuentes en lugares de Teruel y su partido. Otro acuerdo de la Junta de 3 de agosto ordenaba quemar en la plaza Mayor de la ciudad la Constitución de España e Indias, bajo el nombre de Joseph Bonaparte.En Albarracín la Junta de Gobierno se constituía por acuerdo del 5 de junio y estaba compuesta por: Manuel Clemente, corregidor, como presidente y como vocales todos los miembros del ayuntamiento; el doctoral Antonio Francisco de Bustelo; el magistral Juan Bautista; Pascual López de Eraso, cura párroco de Santiago; el rector de las Escuelas Pías, Mariano Antonio de Santo Tomás; José Zalón, representante del clero; el capitán Juan de Escriche, representante del ejército; y como secretario Tomás Fernández Rajo.
En la ciudad de Teruel el aislamiento discurrió por caminos bastante tortuosos. El 3 de junio ya se había creado alguna tensión, pues los vecinos alistados se empeñaron en que se inscribiese a todos, sin excepción de clases ni personas, incluyendo a los tonsurados. Se temió también que los fondos no alcanzasen para la paga diaria de todos los que se alistasen, a pesar de que se habían tomado providencias para ello. Respondiendo a la llamada de Palafox se enviaron cerca de mil hombres a Zaragoza al mando del gobernador Antonio Quadros, que llegaron en la madrugada del 3 de julio a La Puebla de Alfindén. Quadros murió el 4 de agosto defendiendo la puerta de Santa Engracia. El conde de Montijo comunicó a la Junta de Teruel que iba a pasar con un ejécito de socorro hacia zaragoza y quería que se le enviase un batallón de Teruel. Así se hizo y el 8 de agosto partía el batallón hacia el ejército de Montijo. Al enterarse de los apuros de Zaragoza, se reunió otro batallón de 800 hombres en Villarquemado, partiendo hacia ella el 16 de agosto. El resto de las tropas, entre las que se encontraban todos los desechados de los cuerpos anteriores, tenía orden de reunirse en Santa Eulalia para seleccionar un tercer batallón, pero como la situación de Zaragoza apremiaba se ordenó que partiesen todos para alcanzar a los segundos, y el 31 de agosto llegaron a Zaragoza.
Por lo que respecta al Bajo Aragón, Palafox envió a Alcañiz al comandante Gerónimo Torres y al teniente Antonio Madera como comisionados para animar el alistamiento. En pocos días consiguieron alrededor de diecisiete mil afiliaciones. El 6 de junio, ante el apremio de Palafox, remitían ocho mil hombres a Zaragoza, y el día siete partía Rafael Estrada con los de Alcañiz, reuniendo a los alistados de Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda, Quinto y Fuentes ( unos 1800). El día 11 de junio llegó a Zaragoza otra partida de Albalate del Arzobispo y pueblos limítrofes; el 5 de julio se presentaron 200 hombres escogidos de Cantavieja y su bailía, que fueron destinados a batallones de voluntarios.
ASEDIO A ZARAGOZA
A comienzos de 1809 continuaba con mucha crudeza el asedio de Zaragoza. Pero es bien sabido que, por un lado, crecían los esfuerzos dispersos por ayudar a la capital con maniobras de diversión, y por otro, que para los sitiadores era vital acabar con las fuentes de resistencia. En la orilla derecha, el 26 de diciembre de 1808 Francisco Palafox, en su paso hacia Cuenca, encargó al intendente Pedro Elola, la reunión de dispersos con el objeto de dirigirse después a Zaragoza. Elola, al parecer, se extralimitó, organizando con 2200 hombres armados el llamado Cordón de Samper, que se desplegaba desde La Zaida hasta Vinaceite, y que sería desbaratado por el general francés Wathier a finales de enero, por lo que debieron retirarse a Caspe y Mequinenza. Wathier se instaló en Alcañiz, desde donde controlaba los caminos de Valencia y Tortosa. Por fin, el 20 de febrero, agotadas las esperanzas de ser auxiliada y exhausta por el contundente asedio, capitulaba Zaragoza.
La rendición de Zaragoza no significó, ni mucho menos, el fin de la guerra ni de la resistencia. Pero la prisión de Palafox y de alguno de sus colaboradores más directos, así como el desmantelamiento de la Junta que él había nombrado en los últimos días del asedio, llevaron a la Junta Central Suprema a publicar el decreto de 18 de marzo de 1809, que disponía la constitución en el territorio libre de una denominada Junta Superior de Aragón y parte de Castilla en la que tenían representación los partidos de Teruel (el abogado Salvador Campillo), Albarracín (el abogado Mateo Cortés), Calatayud (José Antonio Foncillas, prior del Santo Sepulcro), Daroca (Cosme Laredo) y los señoríos de Moya (Andrés Núñez de Haro) y de Molina de Aragón (Francisco López Pelegrín). El 29 de mayo de 1809 se constituía esta Junta en Teruel bajo la presidencia del ex regidor de Zaragoza, Valentín Solanot.
Tras la caída de Zaragoza, el mariscal Lannes intentó por todos los medios la capitulación del resto de las plazas fuertes de Aragón: Monzón, Jaca, Mequinenza y Benasque. Pero sus gobernadores rehusaron, resistiendo la intimidación e incluso la presencia de individuos de la Junta de Zaragoza, que fueron enviados por el francés para tal fin. Ante las negativas, finalmente los franceses se decidieron por las operaciones militares en los primeros días de marzo de 1809.
EL CONTRAATAQUE DEL GENERAL BLAKE
A mediados de abril de 1809 la Junta Central ordenó la formación de un Segundo Ejército de la derecha, denominado de Aragón y Valencia, cuyo mando se dio al general Joaquín Blake, que estaba en Tortosa bajo las órdenes de Reding. Estaría compuesto por la división aragonesa de Lazán y de las fuerzas que aportara la Junta Valenciana, la cual, por rencillas existentes, no llegó a aportar los ocho batallones apostados en Morella.
Con todas las fuerzas reunidas, Blake creyó poder iniciar una ofensiva, sabiendo que el Tercer Cuerpo del Ejército francés estaba atravesando un mal momento. Pidió al gobernador de Lérida, Casimiro Lavalle, que procurase llamar la atención de los franceses en el sector del Cinca, mientras que él salía de Tortosa el 7 de mayo, acercándose a la división francesa que bajo el mando del general Laval estaba en Alcañiz y alrededores, obligándole a evacuar la ciudad el 18 de mayo hacia Samper de Calanda.
Suchet se hacía cargo el 19 de mayo del mando del Tercer Cuerpo del Ejército, comprendiendo rápidamente la gravedad de la situación. El día 21 salía Suchet de Zaragoza con la división Musnier para reforzar la de Laval que estaba concentrándose en las alturas de Híjar. Desde allí se dirigió a Alcañiz, donde el día 23 se encontró con los españoles, los cuales le causaron una notable derrota. Quizá Blake debió perseguir a los franceses y redondear así su victoria, pero se detuvo en Alcañiz seis días, llegando el 30 de mayo a Caspe, donde celebró su victoria, moviéndose después camino de Zaragoza, dando orden para la reunión de todos sus hombres en esta plaza para intentar frenar a Suchet. Éste se preparó a conciencia, tratando de erradicar la indisciplina, puso trincheras en Torrero y mejoró la fortificación de la Aljafería. Después salió al encuentro de Blake y lo derrotó sucesivamente en María, Belchite y Alcañiz, derrotas que causaron un gran impacto en la opinión pública aragonesa.
Una vez pasado el peligro de la contraofensiva de Blake, Suchet actuó con rapidez: después del 19 de junio ocupó Calanda, Alcañiz y Caspe, pasó el Ebro por esta localidad el 23 y 24 de junio de 1809 y reconoció Mequinenza, que seguía inconquistable. Cruzó el Cinca por Graga, pasó por Monzón y ocupó Barbastro. Todo ello sin grandes dificultades, al menos por el momento.
La derrota de Blake suponía el fin de la resistencia, al menos temporalmente, en la orilla derecha del Ebro. Allí sólamente subsistía una división, al mando del coronel Ramón Gayán, que desde su base en el estratéico punto del santuario de la Virgen del Águila trataba de proteger los accesos a los partidos de Calatayud y Daroca, así como la comunicación de Zaragoza a Teruel. Los franceses, después de algunos titubeos iniciaron su marcha hacia el sur. Desde Alcañiz lanzaban ofensivas en dirección a Mequinenza y al entorno del río Algás, donde subsistían también algunas tropas aragonesas; también organizaban en el vasto partido bajoaragonés expediciones para aprovisionarse de alimentos y para cobrar impuestos.
El 20 de julio de 1809 los franceses desalojaban a Gayán de la Virgen del Águila, obligándole a retirarse al lugar de Tornos, esperando unirse a otras tropas que venían en su auxilio. Nada impedía ahora el avance francés hacia los partidos de Daroca y Calatayud. Este último extenso y potente, les interesaba enormemente para aprovisionarse y para impedir a los aragoneses reorganizarse a sus espaldas cuando avanzasen hacia Teruel.
Para evitar discrepancias entre los jefes de la misma graduación, Blake ordenó al brigadier Pedro Villacampa que pasase a la orilla derecha del Ebro para recomponer la división que hasta allí había mandado Gayán. Durante el mes de agosto, Villacampa trató de contener a los franceses en el partido de Calatayud, pero el último día del més Suchet le obligaba a salir de este territorio y refugiarse en la sierra de Ojos Negros y en Albarracín; en el santuario de la Virgen del Tremedal fijó su base de aprovisionamiento y de adiestramiento de sus nuevos reclutas. En el Tremedal estuvo hasta el 25 de octubre, fecha en que los franceses le atacaron, destruyeron el lugar y le obligaron a buscar un refugio alternativo en Nuévalos. Villacampa no se veía lo suficientemente fuerte y además carecía de armamento y vestuario para equipar convenientemente a su división. Durante lo que quedaba de año estos problemas le hicieron evitar todo enfrentamiento con el enemigo, cosa que, por cierto, fue duramente criticada por los habitantes de Albarracín, que se sintieron bastante desprotegidos.
LA CONQUISTA DE TERUEL Y ALBARRACÍN
Villacampa permaneció inactivo en Nuévalos durante gran parte del mes de noviembre de 1809, esperando inútilmente la llegada de los refuerzos que le enviaba la Junta de Valencia en forma de columna volante. Pero este destacamento por diversas causas nunca llegó, así que, cansado de esperar, decidió regresar a su base del santuario de Nuestra Señora del Tremedal. Allí fue sorprendido, se dice que por una traición, por los franceses al mando del coronel Henriod, quienes le obligaron a alejarse primero hacia Albarracín y después a Nuévalos. Al ser perseguido de cerca tuvo que moverse a toda prisa hacia Agoncillo y Peralejos y, finalmente a Checa, donde llegó el día 15 de diciembre, si bien tuvo que salir al día siguiente hacia Gea de Albarracín.
Los franceses, conocedores de las dificultades de Villacampa, único obstáculo hacia Teruel, decidieron avanzar con más rapidez. Laval escribió a la Junta de Teruel el 20 de diciembre anunciando su llegada a la ciudad con un contingente de 5000 a 6000 hombres. Escribío también a la ciudad de Albarracín para pedir raciones de pan, vino, carne y cebada para sustento de las tropas, que no tardarían en llegar ( lo hicieron el 26 por la noche y, aunque sólo estuvieron hasta el 27 por la mañana, causaron un gran terror entre la población). Estos anuncios hicieron que la Junta Superior de Aragón decidiera marcharse de Mora de Rubielos hacia Segorbe el mismo 20 de diciembre. Otras tropas francesas, la división de Musnier, de 2000 hombres, producía una correría desde el 22 de diciembre por Mas de las Matas, Bordón, Olocau y Mirambel hasta Cantavieja, Fortanete, Aliaga, Pitarque y Alcorisa. En los primeros días del año 1810 había regresado de nuevo a Alcañiz.
A finales de 1809 el balance no podía ser más desastroso para los aragoneses en la orilla derecha del Ebro: los franceses habían ocupado gran parte del territorio, apenas quedaba resistencia en la plaza de Mequinenza y en la división de Villacampa.
A comienzos de 1810 la escasa actividad de los aragoneses en la orilla derecha permitía a Suchet plantear con más tranquilidad su proyectada conquista de Valencia, primero, y, abortada ésta, la de la baja Cataluña, que le ocupó la primera parte del año e, incluso, en el caso de Tortosa, el bloqueo iniciado en Junio del 1810 no concluyó hasta enero de 1811. Para contener a Villacampa, Suchet destacó el XV regimiento ligero de Habert desde Tortosa, que se unió a las fuerzas del Plieque y Kliski que estaban cerca de Alcañiz. La contestación tuvo bastane éxito y la actividad de Villacampa fue escasa hasta fin de año, limitándose a algunos golpes a columnas de aprovisionamiento.
El nuevo año de 1811 trajo algunas novedades. El general Bassecourt, comandante del Segundo Ejército, ordenaba a El Empecinado que uniera sus fuerzas a las de Villacampa en las montañas de Albarracín. Entre finales de enero y finales de marzo ambos jefes recorrieron Cuenca y el norte de la provincia de Guadalajara perseguidos de cerca por las tropas de los generales Abbé y París, con las que se encontraron en Checa el 31 de enero y en Cobeta el 9 de marzo. A partir del enfrentamiento de Checa, los franceses se consideraron dueños de la Sierra del Albarracín. Pusieron guarnición en la ciudad y nombraron corregidor a Francisco Camporredondo, aunque no duró mucho tiempo en el cargo. En julio y agosto los españoles estaban en torno a Calatayud.
El 25 de agosto, Suchet había recibido la orden de Napoleón de preparar el sitio de Valencia; así, el 15 de septiembre formó tres columnas en Teruel con las que se dirigió a la capital mediterránea. La estrategia aragonesa consistio en, por un lado, acudir en ayuda del ejército valenciano y, por otro, molestar lo más posible la logística francesa. Así, la división de Villacampa se dividió en dos: uno activo y volante, al mando del propio Villacampa, que recibió la orden de ocupar Begis, y otro de instrucción al mando de José Obispo, que era enviado a impedir el transporte de víveres y municiones por los caminos de Nules y Castellón. El 27 de diciembre era dispersado el ejército de Blake por Suchet en las inmediaciones de Valencia; la mitad huyó hacia Castilla y la otra mitad entró en Valencia con el general. El 9 de enero de 1812 capitulaba la capital.
A comienzos de 1812 Napoleón ya planeaba la invasión de Rusia. Como quiera que eso significaba tener que sacar tropas de España, era imprescindible dejar pacificada su retaguardia, acabando con la resistencia en el Ebro. Así en el més de enero creaba el ejército del Ebro con el objetivo de perseguir a las guerrillas hasta su extinción, poniendo a su frente al veterano general Reille. La línea del Jiloca se había convertido en estas fechas en pieza clave para el control de las comunicaciones Teruel-Zaragoza; por eso los enfrentamientos más duros se produjeron en este entorno. El general Pannetier regresó tras la toma de Valencia a Zaragoza vía Teruel con ocho batallones y miles de prisioneros valencianos. Desplegó seis batallones a lo largo del Jiloca, restableciendo una posición fortificada en Calatayud.
Villacampa que había podido escapar de Valencia, reaparecía el 10 de febrero de 1812 en Terriente y el 13 en Albarracín, dedicándose en los meses siguientes a destrozar destacamentos franceses de los generales Palombini y Pannetier, como es el caso de Campillo (15 de marzo) y Ateca (22 de marzo). Pese a la persecución de la división Palombini, que quiere obligarle a caer en una trampa, Villacampa se burla una y otra vez de los franceses, asestándoles duros contragolpes como el del 28 de marzo en Pozondón, donde captura un batallón entero del 2º regimiento italiano. En mayo se disuelve el ejército del Ebro, lo que pone de manifiesto la inoperancia de la táctica de las columnas móviles francesas.
Wellington, tras su victoria en Salamanca consiguió que las guerrillas de Castilla la Vieja, Soria, Navarra y Vizcaya no fuesen molestadas durante casi todo el verano y principios de otoño de 1812. Por su parte José I se retiraba el día 1 de septiembre hacia Valencia y lo hizo con tal premura y precipitación que la guarnición de Guadalajara quedó aislada al no puder unirse. El Empecinado la obligó a rendirse, consiguiendo así equipar muy bien a su división con los militares capturados. La guarnición de Cuenca (con unos 1400 hombres) también tuvo que ser evacuada, siendo atacada por Villacampa en Utiel el 16 de agosto cuando regresaba a Valencia. De similar forma fue evacuada Soria por Caffareli el 13 de septiembre, dejando así campo libre a Durán para que pudiera invadir Aragón. El 4 de noviembre de 1812, Reille se trasladó al ejército de Portugal, siendo sustituido por el general Barón de Perís, buen conocedor de Aragón. Durante los tres meses que Perís estuvo en Valencia, la posición francesa quedó bastante deteriorada, pues: se abandonaron los distritos del alto Cinca, los corregimientos de Tarazona, Borja y Calatayud y los lugares fortificados en el Jalón de Calatayud y La Almunia. Las guarniciones del Jiloca estaban aisladas y tan sólo subsistía en su poder Daroca, eslabón vital para mantener las comunicaciones con Valencia.
Llegado el 16 de diciembre, Villacampa sitió Daroca junto con Durán y Gayán. Severoli, con tan sólo cuatro batallones, salió de La Almunia al día siguiente (17 de diciembre) y por Cariñena se dirigió a Daroca, llegando a ella el día 18.
A principios de marzo de 1813 Suchet trasladó a Pannetier a Valencia, evacuando Teruel, y Villacampa, aprovechando el vacío que se había creado, comenzó sus operaciones en Montalbán, Belchite y Alcañiz. Severoli se movió para hacerle frente y Villacampa se retiró hacia Cantavieja, desde donde podía actuar contra Alcañiz, atacar la carretera costera de Tortosa a Valencia o interferir la comunicación Valencia-Teruel-Zaragoza.
Pese a que el diez de abril Suchet había iniciado una ofensiva que alcanzó un éxito inicial, el desequilibrio de fuerzas le hizo suspender las operaciones. Con objeto de reforzar sus tropas, Suchet llamó a la columna de Severoli, que vigilaba a Villacampa. Tras la marcha de Severoli los franceses sólo mantuvieron algo de presencia en Alcañiz y Zaragoza. Sus objetivos quedaban reducidos ahora a mantener las comunicaciones entre Zaragoza y Jaca, Valencia-Teruel, y las que bajaban por el Ebro hasta Tortosa.
A su vuelta de Rusia, Napoleón, utilizando el ejército del Norte de Clausel, pensó en realizar una campaña con el objetivo de aniquilar las partidas. El fracaso fue total porque el Emperador no tuvo en cuenta los grandes problemas logísticos y administrativos que tendrían que soportar sus tropas. Así que a partir de julio de 1813, con la evacuación francesa de Zaragoza, comenzó el principio del fin.
MANIFIESTO A LOS ARAGONESES FIRMADO POR SUCHET EN ALCAÑIZ
REPERCUSIONES DEL DOMINIO FRANCÉS EN EL URBANISMO TUROLENSE
Aparte de notables destrucciones, como la de un ala del edificio del Seminario de Teruel, ocupado y fortificado por los franceses y que nunca fue reedificado, con lo cual generó un solar que sirvió para ampliar la plaza, en la ciudad de Teruel la gran repercusión de la guerra en el urbanismo se cifra en la aparición de lo que se conoce como El Óvalo y su zona anexa de La Glorieta.
En plena lucha antinapoleónica fue destruido el convento de capuchinos que se había fundado entre 1525 y 1633, un edificio situado en la parte sur de la ciudad entre el postigo de capuchinos y el convento de los dominicos.
Como consecuencia de todo ello, la zona sur de la ciudad, extramuros, sufrió una intervención urbanizadora generando un bonito paseo el cual se extendía al pie de las viejas murallas que, como consecuencia del nuevo vial, acabaron convertidas en casas particulares abiertas a un espacio de acogida de viajeros. Las destrucciones de la guerra determinaron que además de nacer este espacio amplio y ajardinado, se acabara proyectando sobre el talud natural una hermosa escalinata que pregonaba el mudejarismo turolense y ponía en conexión este Óvalo con la nueva estación de ferrocarril.
La ciudad de Alcañiz, desde que fue ocupada por las tropas francesas en 1809, quedó sometida a un fuerte saqueo del que emergió expoliada en gran parte de sus riquezas y con un tercio de su casco urbano derruido por los franceses.
Este deterioro urbano se había iniciado cuando en razón de mejorar las condiciones defensivas de la fortaleza desmontaron varios edificios, como el convento de los dominicos, con el fin de procurarse maderamen. También continuaron derribando muchas casas, en busca de otros elementos, desde la iglesia de Santiago hasta el gran Portal de San Pedro inclusive, las casas situadas entre el derruido portal y el de Las Herrerías y todas las ermitas del Calvario junto con algunos edificios menores.
BIBLIOGRAFÍA:
"La guerra de la Independencia en la provincia de Teruel"
Autor: Herminio Lafoz Rabaza
Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 2002
|

e-Mail
©Terueltirwal - 2007 - Prohibida la reproducción total o parcial de esta web sin la autorización expresa del propietario.
Webmaster: Jovicarso - Nules - Castellón
- España