LA
IGLESIA PARROQUIAL DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Su construcción data del año 1695 tal y como puede
comprobarse en una piedra de la esquina sureste del templo en
la que se lee: “Se asentó la primera piedra el
20 de septiembre de 1695”.
Su constructor parece ser que fue el mismo que construyó
la de la localidad turolense de Villarquemado, dado que los
planos son idénticos y las fechas aproximadas.
La fachada principal y entrada al templo están orientadas
al medio día. Está construida a base de mampostería
y ladrillo, estando fuertemente reforzadas sus esquinas con
piedra tallada.
Arquitectónicamente es un templo de estilo barroco con
tres naves ( una central y dos laterales) y planta de cruz latina.
La cabecera de la nave central presenta un ábside de
forma semicircular rematado por un cimborrio octogonal y éste
a su vez en un casquete semiesférico. Las bóvedas
están conformadas por arcos de medio punto, o medio cañón
con lunetas. El pórtico, de estilo barroco, presenta
dos columnas, balaustrada y hornacina,y todo ello en piedra
tallada.
Dispone de presbiterio, dos sacristías, baptisterio (bajo
el coro), coro y torre.
Durante la guerra civil sufrió numerosos desperfectos
por la acción de la artillería y la aviación,
al ser este pueblo línea divisoria entre ambos contendientes
y por espacio de más de dos años. A todo lo anterior
hay que sumar la desaparición de retablos, imágenes,
ornamentos sagrados, libros litúrgicos, objetos de culto,
y el propio Archivo Parroquial con abundantes escritos y documentos
antiguos que eran testimonios fidedignos de la historia del
pueblo; con su destrucción y quema en el Plano, y cuyas
cenizas esparcieron los vientos, se perdió el acervo
inmenso de historia, cultura, tradición, etc, que los
antepasados habían legado con tanto trabajo, ilusión
y cariño.
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Cabe
resaltar también que durante la contienda aludida, esta
iglesia quedó convertida en garaje, cocinas y hospital
militar.
Terminada la guerra se procedió a rehacer la bóveda
de la sacristía primera, a la colocación de nuevas
puertas, y a las reparaciones más urgentes con el fin
de abrirla nuevamente al culto. Posteriormente se pavimentó
la nave central y se construyó un nuevo altar así
como nuevas repisas para colocar las imágenes. Finalizadas
las obras de restauración se colocaron y ordenaron las
imágenes en las diferentes capillas. En su lugar correspondiente
se hace constar la desaparición de los retablos e imágenes.
Sin duda, éstas eran de talla y algunas de gran valor
artístico y religioso. Pero el inmenso valor lo formaban
los retablos, que cada capilla ostentaba, así como el
grandioso retablo del Altar Mayor. Como ejemplo de ello cabe
destacar que en la actual capilla del Pilar, estaba ubicado
el retablo de Santa Ana, de incalculable valor, que, según
la tradición, procedía del desaparecido pueblo
de Villarplano.
En el transcurso del tiempo se le han practicado sucesivamente
nuevas fases de reformas y mejoras hasta presentar el aspecto
que actualmente podemos contemplar.
La
torre
Se halla adosada sobre el ángulo izquierdo de la iglesia.
Hasta el campanario presenta forma de prisma cuadrangular y
desde el campanario al capitel forma de prisma octogonal, siendo
esta última parte un añadido y de diferente estilo.
En el año 1960 se desmontó todo el tejado de dicha
torre al haber quedado parcialmente hundido. Hasta 1976 que
se acometió su reforma, los dos pisos y la escalera de
la misma tuvieron que soportar todo tipo de inclemencias meteorológicas.
Tampoco las campanas pudieron voltearse dado el gran riesgo
que suponía el desplazamiento hasta las mismas.
Finalmente, y teniendo en cuenta el alto riesgo que suponían
los continuos desprendimientos, tras las diligencias oportunas,
se acordó comenzar la restauración, la cual se
emprendió el 17 de mayo de 1976.
Las campanas
La grande data del año 1842, pesa 270 kg. En el centro
de la misma hay una cruz con pedestal punteado y una inscripción
que dice:”Reinando la Majestad de Dª Isabel II y
la Constitución de la Monarquía Española”
La pequeña data del año 1914, pesa 150 kg. En
el anillo superior se lee “María Nicolasa”.
En el centro se aprecia una cruz, un escudo y la siguiente inscripción:”
Fundición de campanas de Vicente Domingo Roses. Madrid”.
El reloj de la torre
Fue adquirido e instalado en el año 1924. Durante la
guerra civil sufrió grandes desperfectos además
de la pérdida de su esfera luminosa. En 1946 se reparó,
durando su reparación hasta el año 1975.
Terminada la restauración de la Iglesia, y a instancias
del vecindario, se procedió a su reparación quedando
rehabilitado e instalado el 29 de mayo de 1980, pero ahora con
su correspondiente y moderna transformación electromecánica
que incluso le permite funcionar durante 24 horas en caso de
corte del fluido eléctrico.
EL
CEMENTERIO PARROQUIAL
Desde
los primeros siglos del Cristianismo, los cementerios fueron
considerados como lugares sagrados sujetos a la autoridad eclesiástica.
Generalmente han existido en todas las diócesis dos tipos
de cementerios, según la entidad constituyente: los parroquiales
y los municipales. Sin embargo, en unos y otros, siempre ha
sido la iglesia la que ha ejercido la jurisdicción espiritual.
En lo que al cementerio parroquial de Villalba Baja se refiere,
cabe decir que estaba ubicado junto al ábside de la Iglesia
Parroquial, en su parte noreste, concretamente en el solar que
actualmente ocupan las escuelas y el Ayuntamiento. Su construcción
podría remontarse al año en que se construyó
la iglesia (1695) o posteriores, por el contrario se desconoce
el año en que dejó de prestar servicio.
En las excavaciones llevadas a cabo para levantar los cimientos
de las actuales escuelas y Ayuntamiento (1985), aparecieron
múltiples restos humanos así como numerosos elementos
cerámicos con que se acompañaba antiguamente a
los difuntos.
En el año 1944, siendo obispo de la diócesis el
excmo. Fr. León Villuendas Polo, y a petición
del Ayuntamiento de Villalba Baja, el obispado acuerda poner
en venta el solar de dicho cementerio. Las razones expuestas
eran el desmoronamiento de los muros y la necesidad de su desaparición
del centro de la población por motivos de sanidad y urbanización.
Finalizados los trámites correspondientes, se exhumaron
los restos que allí descansaban y se procedió
a su traslado al otro cementerio, conocido hoy como el cementerio
viejo. Tras limpiar y adecentar el solar, se iniciaron las obras
de construcción de las escuelas y Ayuntamiento anteriores
a las actuales.
EL
REBOLLO GORDO
Se
encuentra situado en la partida del Monte, en dirección
a Corbalán. Mide más de cuatro metros de anchura
y cuenta con una edad de más de mil años de vida.
Pertenece a la familia de las fagáceas y se identifica
con la especie “quercus tozza”, especie
propia de parajes frescos. Posee una copa ancha, corteza cenicienta,
hojas verdosas, largas, caedizas y pálidas en el envés,
flores en amento y espiga articulada con bellotas solidarias
sobre colgante corto.
Compite en antigüedad con el Pino Escobón de Linares
de Mora de 23 metros de altura y medio siglo de edad, y con
el pino de San Bernabé situado entre Linares de Mora
y Nogeruelas.
LA
ANTIGUA ERMITA DE SAN CRISTÓBAL
Los
antepasados de Villalba Baja fueron fieles devotos de San Cristóbal
y las generaciones posteriores han sabido conservar viva la
antorcha de su devoción. Las raíces de ésta
y sus cultos se hunden en los cimientos de la fundación
del propio pueblo.
La antigua ermita de San Cristóbal está enclavada
en el monte de su mismo nombre, a 1070 metros de altura. Es
un edificio antiquísimo cuya fecha de construcción
se desconoce por la desaparición del Archivo Parroquial
durante la Guerra Civil.
En
el correr de los años esta ermita ha sufrido multiples
reparaciones. En la contienda civil (1936-1939) quedó
desvalijada y destrozada. Terminada aquella, fue reconstruida
y abierta al culto, aunque pocos años después,
parte del tejado necesitó de una nueva reparación.
No es ninguna obra de arte; su construcción es sencilla
y sus materiales nobles: piedra, yeso y madera. Sin embargo,
los cimientos son sólidos y fuertes como la misma roca
sobre la que se asientan sus muros.
Al estar situada en el vértice del puntal es azotada
continuamente por las inclemencias climatológicas continentales
que la envuelven; prueba evidente de ello son las frecuentes
reparaciones que requieren tanto su cubierta como las propias
paredes.
LA NUEVA ERMITA DE SAN CRISTÓBAL
Tras
la última reparación interior y exterior de la
antigua ermita (1980), el pueblo comentó y propuso la
necesidad de construir una nueva en un lugar del término
que reuniese unas mejores condiciones tanto de proximidad y
paisajísticas, como de fácil acceso. La idea no
cuajó en aquel año, pero si dos décadas
después. En 1999, tras varias reuniones del Ayuntamiento
y la Sociedad del Término con los vecinos, se aprobó
su construcción en la partida del Robollo Gordo.
Su construcción comenzó a principios de mayo de
1999, quedando terminada a mediados de mayo del 2000. En ella
participó todo el pueblo. Dicha construcción no
fue continua sino por etapas y fundamentalmente durante los
fines de semana.
No es una rica catedral, ni un magnífico templo; tampoco
posee ricos retablos, ni insignes imágenes policromadas,
pero si resulta muy acogedora y rodeada de un paraje natural
autóctono. Dispone de un porche o pórtico que
sigue la línea tradicional de los siglos XVII y XVIII.
Su inauguración y bendición estaban previstas
para el 12 de junio del 2000 (día de Pentecostés),
pero por complicaciones de fechas y fiestas se aplazó
al 12 de agosto del mismo año, víspera de las
fiestas patronales de la Asunción y San Roque.
LO
QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ
LA
FUENTE MARÍA SALVADOR
El año 1925 ha pasado a la historia de Villalba Baja
como el año de la traida de las aguas y la construcción
de la fuente María Salvador. El acontecimiento llenó
a los villalbinos de una alegría innenarrable, ya que
no tenía precedentes.
El manantial del que se alimentó la fuente era el mismo
que el actual: el que se halla situado en la partida María
Salvador, a cuatro kilómetros del pueblo.
La
fuente pública quedó instalada en la calle de
San José, junto a la carretera Tarragona-Córdoba.
Era de ladrillo, con lienzos revocados de cemento, de forma
rectangular, y con una pila al pie para recoger el agua de sus
dos caños.
Al año siguiente (1926) se le añadío el
abrevadero y, pocos años después, el lavadero
a escasos metros de la misma, el cual todavía está
en activo.
En 1960 comenzó a mermar el agua. Realizadas las averiguaciones
y trabajos pertinentes, se comprobó que el suelo sobre
el que se asentaba la fuente había falseado y había
roto la tubería.
Dado que la obra a emprender suponía unos elevados costes
económicos, el Ayuntamiento procedió a solicitar
de la Diputación Provincial de Teruel la ayuda económica
pertinente para cubrir los gastos. La solicitud fue aceptada
y la obra quedó incluida en el Plan de Cooperación
Provincial 1962-63. Comprendía la demolición de
la fuente María Salvador, la construcción de la
nueva y actual fuente con su abrevadero correspondiente, así
como la reposición de tuberías y desagües.
LAS
HERRERÍAS
Hoy
día ya no existen, no obstante merece la pena mencionarlas
dada la importancia que tuvieron en su tiempo. Algunas de ellas
eran particulares, otras del Ayuntamiento.
Pertenecían al ayuntamiento las siguientes:
La de la calle Mayor: En el año 1925 fue subastada, quedándosela
en arrendamiento un vecino del pueblo. Tras cerrarse, el local
fue vendido a uno de los vecinos Villalba.
La del antiguo corral del horno: Data del año 1933 y
estaba situada en lo que actualmente es el frontón.
La del ayuntamiento viejo junto al trinquete: Se construyó
en 1945 y se cerró en 1964.
Entre las particulares destacaron las siguientes:
Una ubicada en una casa de la calle J. Antonio ( en el barrio
Bajo).
Otra situada en la calle San José y que estaba especializada
en la construcción y reparación de carros.
LA ANTIGUA CASA CONSISTORIAL
Y LAS ANTIGUAS ESCUELAS
Se desconoce el año de su construcción. La única
referencia escrita que existe sobre la situación del
antiguo edificio que contenía el Ayuntamiento y Escuelas
antiguas, data de los años 1889-90. En el documento correspondiente
se menciona la Casa Consistorial y las Escuelas, sitas en la
plaza. El edificio constaba de dos plantas: En la primera, o
planta baja, se hallaban la secretaría, el salón
de sesiones, el calabozo y la carnicería, y como pórtico,
el típico trinquete aragonés. En la segunda estaban
las dos escuelas unitarias y el granero para leñas que
antiguamente se utilizó como almacén del diezmo
y pósito.
Sus
materiales eran mampostería y estaban rejuntados con
argamasa de cal; los arcos del trinquete de sillería
y con dos accesos al mismo.
Tras sufrir el edificio varios y serios desperfectos durante
la guerra civil, el Ayuntamiento tomó la decisión
de adquirir el antiguo solar del Cementerio Parroquial para
la construcción de un nuevo Ayuntamiento y escuelas.
El citado terreno fue concedido por el Obispado de Teruel en
el año 1944. Conseguido el terreno, y tras los trámites
correspondientes, se iniciaron las obras del nuevo edificio
que albergaría el nuevo Ayuntamiento y las nuevas escuelas.
En la planta superior se instalaron el Salón de Sesiones,
la Secretaría y el Archivo. La planta baja fue ocupada
por las dos Escuelas Nacionales.
Con el paso de los años estas nuevas escuelas y Ayuntamiento
volvieron a necesitar de nuevas reformas, hasta que por fin
a partir del año 1985 se pudo disponer del nuevo y moderno
edificio que hoy existe, el cual vuelve a albergar al nuevo
Ayuntamiento con sus correspondientes dependencias, las nuevas
escuelas, el consultorio médico y el centro social situado
en su planta baja.
EL HORNO
En lo que actualmente es el frontón existió un
horno, cuya fecha de construcción se desconoce. Fue reparado
durante los años 1938, 1943 y 1950. En 1963 se cerró
definitivamente y en 1971 se derribó por estar en ruinas.
EL MOLINO
Se halla situado en la partida “El Molino”, en la
margen izquierda del río Alfambra,
muy
próximo a éste y al pueblo. Hoy día esta
fuera de funcionamiento y muy deteriorado.
Se desconoce el año de su edificación. Los materiales
de construcción son de mampostería y están
rejuntados con argamasa de cal y yeso. Los arcos de la acequia
son de piedra labrada.
El edificio con sus cuadras, corral y paso mide unos mil metros
cuadrados de superficie y contiene un huerto.
En la planta baja se hallaban las cuadras, un amplio local con
dos muelas, la limpia y la cocina. En la parte alta es donde
estaban las habitaciones propias de la vivienda. Disponía
de agua potable y servicio eléctrico, pues él
mismo dio servicio eléctrico al pueblo desde el año
1945 hasta el año 1951.
EL BATÁN
Es
otro de los edificios en ruinas del que sólo quedan restos
de algunas paredes. Se halla a 1 km aproximadamente de la localidad
y en la partida de su mismo nombre.
Aunque se desconoce la fecha de su construcción, si se
sabe que este edificio era un batán en el que se preparaba
la lana y se fabricaban los lienzos y tejidos que luego eran
exportados al interior de la península.
El edificio constaba de dos plantas: en la primera se hallaban
los talleres que se nutrían del agua de la Acequia Madre.
En la parte superior estaba la vivienda.
Hoy sus muros desmoronados por el paso de los años, agrietados
por el rugido del viento y horadados por las lluvias y nieves,
evocan un ayer lejano de actividad y servicio a la comunidad.
LOS PEIRONES
Son
pequeños monumentos diseminados por calles y plazas de
los pueblos cuya construción suele ser sencilla y los
materiales nobles: piedra, adobes, ladrillo, etc, y a veces
con revestimiento de yeso y cal. En su parte superior contenían
una hornacina con la imagen de un santo o la efigie del mismo
grabada en azulejos. La terminación solía ser
una cruz de hierro.
A estos peirones concurría el pueblo en el transcurso
del año y por diferentes motivos: bendición de
términos, rogativas, inicio de romerías, ejercicio
de novenas etc.
En lo que a Villalba respecta, existieron cuatro peirones dentro
del casco urbano, los cuales desaparecieron durante la guerra
civil y años posteriores:
El Peirón de "las Almas": Estaba situado al
final de la calle del Pilar. Tenía hornacina y en su
interior tres efigies grabadas en azulejo: la del centro dedicada
a las almas, la de la derecha a la Virgen del Pilar y la de
la izquierda a San José.
El Peirón de "San Miguel": Emplazado en la
calle Mayor, próximo a la iglesia en su parte oeste.
También constaba de hornacina y en su interior azulejos
con la efigie del santo.
El Peirón de "Santa Bárbara": Se hallaba
en la calle Rosario. Su forma es idéntica al anterior
y con una efigie de la santa.
El Peirón de "San Pascual": Estaba ubicado
en la calle de su mismo nombre y en la partida las Menas. Su
forma era similar a los anteriores y contenía una imagen
del santo.
EL FERROCARRIL DE VILLALBA
Esta vía de comunicación fue solicitada ya en
el año 1853. El 22 de enero de 1926 se anunció
el proyecto de ejecución el cual conseguiría vertebrar
la provincia. Era la gran obra pública diseñada
por la dictadura de Primo de Rivera para satisfacer las, entonces
como ahora, justas y necesarias demandas de la población.
El ingeniero turolense Bartolomé Esteban se encargó
de los estudios previos y durante cuatro años se edificaron
hangares y estaciones, se removieron y explanaron tierras, se
abrieron túneles, se levantaron puentes…toda una
infraestructura necesaria para superar la orografía tremendamente
abrupta de estos territorios.
El tramo Canfranc-Francia fue inaugurado el 18 de julio de 1928,
pero otros tramos como el de Caspe-Fraga y Teruel-Alcañiz
(que pasaba por Villalba Baja) que entre los años 1925-30
ya estaban terminados a falta sólo del tendido eléctrico,
por problemas jurídicos y económicos fueron abandonados,
no llegando a funcionar nunca. Cabe destacar que en el tramo
Teruel-Alcañiz trabajaron alrededor de 25 operarios de
Villalba Baja y aproximadamente otros 200 de diferentes provincias
españolas.
En algunos mapas topográficos, todavía hoy puede
observarse una línea que discurre paralela a la carretera
nacional 420 en el entorno de Villalba Baja.
Hoy, al pasar obligatoriamente delante de la ESTACIÓN
en nuestras idas y venidas a Teruel, nos vemos obligados a contemplar
con tristeza como el tiempo intenta llevarse los recuerdos de
una ilusión que nunca se cumplió, y… lo
que todavía es peor, que casi 80 años después
nadie en este país se haya acordado de la estación
ferroviaria de Villalba Baja y de las otras muchas que también
fueron abandonadas en nuestra geografia española, ni
haya tenido la delicadeza de aprovechar sus majestuosos edificios
en beneficio de las poblaciones correspondientes.
Un proyecto de Vía Verde pretende recuperar su uso; si
en Villalba ya no se va a oir el traqueteo de las locomotoras,
al menos que la disfruten ciclistas y caminantes.
BIBLIOGRAFÍA
* "Villalba Baja: Historia, tradición y costumbres" - Timoteo Galindo Guillén y Francisco Julián Garzarán - Martín impresores - Valencia, 1986

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