Gigantesco enfrentamiento bélico, de gran alcance
histórico y bajo durísimas condiciones climatológicas,
acaecido en la ciudad de Teruel, sus alrededores y orillas
del río Alfambra, desde mediados de diciembre del
año 1937 hasta finales de febrero de 1938; período
durante el cual se estuvo jugando en Teruel el destino de
España.
En aquel entonces Teruel saltó a la primera plana
de los grandes diarios nacionales y extranjeros y su nombre
resonó por todas las ondas de radio. La mayoría
de quienes leían o escuchaban aquello, no sabían
ni tan siquiera dónde estaba Teruel, Alfambra ni
el Turia, una geografía ignorada, un lugar en el
que se batían hombres y donde máquinas infernales
vomitaban hierro, fuego y muerte.
Conocer el pasado de Teruel, los hechos históricos
y sus causas, es la mejor garantía para no caer en
la trampa de creer que la guerra sea un medio para conseguir
ciertos fines.
Es preciso conocer con precisión la guerra que asoló
las tierras turolenses, esa historia que no puede ni debe
repetirse jamás, pero que lamentablemente tuvo como
escenario esta noble capital y buena parte de su provincia.
EL
PELIGRO DEL SALIENTE DE TERUEL
La devastadora Guerra Civil española iniciada en julio
de 1936 no tuvo un efecto inmediato en esta provincia de Teruel,
ni en su capital; tal es así que el Ejército no
disponía de más representación en la ciudad
que la Caja de Reclutas a cargo de un teniente. Todo estaba
bajo el control de las fuerzas de orden público (Guardia
Civil y de Asalto), las cuales se adhirieron a la rebelión
contra la república deteniendo a los dirigentes más
importantes de la izquierda, entre los que se hallaba el alcalde,
Gregorio Vilatela, que fue trasladado a Zaragoza para ser fusilado
más tarde.
Era ésta una provincia fundamentalmente rural, con predominio
de la agricultura, salvo Utrillas y Ojos Negros donde los yacimientos
de lignito y de hierro respectivamente, eran la excepción
de la economía. Alrededor del 90% de la población
vivía en núcleos rurales, la mayoría de
ellos pequeños. Según el censo de 1930, Teruel
capital tenía 13.590 habitantes, siguiéndole Alcañiz
, en el Bajo Aragón, con 9.000.
El estancamiento demográfico de los años 30 llevó
consigo la ausencia de conflictos sociales; no obstante preocupó
bastante a los gobiernos republicanos de izquierda porque en
las elecciones de 1933 y 1936 esta provincia otorgó la
mayoría electoral a los candidatos de derechas. A pesar
de todo, cabe destacar que las secciones de la Federación
Nacional de Trabajadores de la Tierra participaron activamente
en la huelga campesina de junio de 1934, por lo cual sufrieron
una gran represión. También la CNT tuvo su protagonismo
tanto en Teruel capital como en la ciudad de Alcañiz.
Desde
que la ciudad de Teruel se alineó ,el 20 de julio, al
bando sublevado, sus acontecimientos bélicos estuvieron
condicionados por factores que poco tuvieron que ver con los
de orden estructural. La suerte que corrió cada una de
las comarcas turolenses en julio y agosto de 1936 dependió,
en gran medida, de la llamada “guerra de columnas”,
sin líneas de frentes fijos. Varias columnas de milicianos
procedentes de Valencia y Barcelona efectuaron su penetración
por el este y el norte, obligando a las fuerzas rurales de la
Guardia Civil a replegarse hacia la capital abandonando las
poblaciones de las comarcas correspondientes. El resultado fue
que siete distritos judiciales y buena parte de los de Teruel
y Albarracín quedaron bajo dominio republicano con un
total de 178.000 personas. Del otro lado, los adheridos a la
Junta Militar de Burgos, quedaron reducidos al partido judicial
de Calamocha y la mitad de los de Albarracín y Teruel
capital con un total de 76.000 personas aproximadamente.
Por ambas partes se tardó más de un año
en fijar las líneas de combate, siendo bastante escaso
el potencial bélico empleado por ambas partes, o sea,
ninguno de los dos bandos invirtió grandes esfuerzos
de guerra en los frentes. A pesar de todo sí que existieron
combates de cierta intensidad como por ejemplo el de Teruel
(diciembre de 1936) y el de Bronchales y Celadas, que en abril
de 1937 fueron ocupadas por unidades milicianas así como
en Portalrrubio.
La zona republicana de la provincia de Teruel dependió
políticamente del Consejo de Aragón desde octubre
de 1936 hasta el 18 de agosto de 1937 en que fue disuelto por
decreto del Gobierno Negrín, pasando a depender a partir
de entonces de la Administración Central cuyo gobierno
nombró a Ignacio Mantecón gobernador general.
Llegado el verano de 1937, el teniente coronel Fontán
(segundo Jefe del Estado Mayor Central) emitió un informe
dando cuenta de un ataque que los adversarios habían
efectuado por Bronchales y destacando el peligro y amenaza que
podía constituir Teruel para las comunicaciones entre
Cataluña y Valencia. Analizada esta situación,
a finales de agosto del mismo año, se procede a reorganizar
las fuerzas republicanas del frente de Teruel y se crea el Ejército
de Levante, al mando del coronel Hernández Saravia, formado
por los cuerpos del Ejército XIII y XVI, con los respectivos
puestos de mando en Alfambra y Libros, cubriendo así
los frentes norte y sur de Teruel. Dos meses se tardó
en construir las tres líneas de fortificaciones, faltando
todavía en noviembre la artillería y unos 14.000
hombres para cubrir las líneas.
TOMA
DE POSICIONES REPUBLICANAS
Tras la caída del norte de España en poder de
las tropas franquistas y haber perdido allí la República
catorce divisiones, Franco empleó un solo frente ininterrumpido
desde los Pirineos hasta Sierra Nevada con los 60.000 hombres
que habían actuado en el norte, además de las
nuevas reservas.
Llegado el mes noviembre de 1937, el curso de la guerra y las
necesidades estratégicas llevaron al Alto Mando Republicano
a fijar su atención sobre Teruel. Por otro lado el Estado
Mayor Central Republicano, según un informe del general
Vicente Rojo, elevado al ministro de defensa Indalecio Prieto
el 30 de noviembre de 1937, preveía una nueva ofensiva
del adversario sobre el Jarama y Guadalajara. Intuían
que la próxima ofensiva de Franco podía pretender
apoderarse de Madrid vía Guadalajara o dirigirse al la
zona mediterránea para partir en dos la zona republicana.
Rojo y su Estado Mayor, intentando adelantarse a la ofensiva
de Franco, elaboraron rápidamente varios planes para
apoderarse de la iniciativa estratégica: uno de ellos
era el “Plan P”, con el que se pretendía
romper el frente franquista por Extremadura, al sur del Guadiana,
ocupar los pasos del mismo desde Medellín hasta la frontera
portuguesa y converger sobre Sevilla. Los otros dos planes se
trataban de dos contragolpes estratégicos : el de Huesca
y el de Teruel.
Efectivamente era cierto que Franco y su Estado Mayor estaban
listos para lanzar una ofensiva sobre Madrid, pues ya tenían
concentradas, en forma escalonada, doce Divisiones desde el
valle del Jalón hasta Medinaceli.
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A
principios de diciembre, Rojo propuso al Consejo de Guerra del
Gobierno Republicano adelantarse a la ofensiva de Franco con
su Plan P. Planteaba que debía ser realizado por el ejército
de maniobra, que estaba recién formado y por los de Andalucía
y Extremadura. Además exigía 1600 camiones de
transporte y una considerable cantidad de aviación. El
ministro de Defensa y los otros cuatro ministros que constituían
el Consejo de Guerra del Gobierno, pensando que el Plan P conllevaba
demasiados riesgos, optaron por llevar a cabo el contragolpe
estratégico de Teruel. La finalidad del susodicho contragolpe
de Teruel para el ejército republicano era de carácter
defensivo y con él intentaban conseguir ocupar el saliente
de Teruel, tras cortar sus comunicaciones con Zaragoza y establecer
las líneas en las alturas de las sierras de Albarracín
y Palomera.
El 5 de diciembre el plan ya está decidido, siendo aprobado
el día 8 por el Consejo de Guerra del Gobierno de la
República. Además era preciso realizar el ataque
en el mes de diciembre para así poderse adelantar al
golpe que las tropas de Franco preparaban sobre Madrid. Los
cometidos y distribución de tropas fueron los siguientes:
- Una columna de 16.000 hombres y 15.000 en reserva, al mando
del teniente coronel Juan Ibarrola que actuaría por la
derecha.
- Una columna (XX Cuerpo del Ejército), de 10.000 hombres
y 3.000 de reserva, mandada por el teniente coronel Leopoldo
Menéndez que atacaría por el centro.
- La columna XVIII C del E, con 18.000 hombres, mandada por
el teniente coronel Enrique F. Heredia dispuesta para atacar
por la izquierda.
Estas tres columnas quedaban bajo el mando del Jefe del Cuerpo
del Ejército de Levante, Juan Hernández Saravia
con su Estado Mayor.
Además de las tres columnas, estaba previsto que interviniesen
también tres batallones de tanques ( uno en cada columna
) y 148 piezas de artillería.
El conjunto de todas las fuerzas iba a quedar a cargo del Ministro
de Defensa junto con el Jefe del Estado Mayor Central y el Jefe
del Estado Mayor del recién creado Ejército de
Maniobra.
El día 12 de diciembre se da la orden general de ataque
para el día siguiente 13, pero dificultades surgidas
durante los días 13 y 14 obligan a retrasarla hasta el
15.
ATAQUE REPUBLICANO
En la madrugada del día 15 de diciembre de 1937, con
un intenso frío y muchos grados bajo cero de temperatura,
dio comienzo la ofensiva republicana con unos 40.000 hombres,
desde la localidad de Villalba Baja, a diez kilómetros
de Teruel. De la citada localidad es de donde partió
la 11 División del XXIII Cuerpo del Ejército mandada
por Líster, la cual se encargó de cortar la carretera
de Zaragoza en el kilómetro 137 y se adueñó
de Concud alrededor de las cuatro de la tarde. Una hora después
la 25 División alcanzaba San Blas. El XVIII Cuerpo del
Ejército, al mando del teniente coronel Enrique F. Heredia,
que había salido de Rubiales, no pudo enlazar en este
día con el XXII Cuerpo del Ejército por las dificultades
surgidas en su avance, lo consiguió el día 20.
La 41 División sí que pudo ocupar El Campillo
al final del día 15, tras hacer 200 prisioneros. Peor
suerte corrió el XX Cuerpo del Ejército, que además
de actuar con sólo dos divisiones, estuvo paralizado
durante cuatro días en el puerto de Escandón,
frente al enemigo, no pudiendo aprovechar las intervenciones
de los tanques.
Globalmente los objetivos habían sido conseguidos, y
por tal motivo el general Rojo felicitó calurosamente
tanto a sus tropas como a los jefes por su brillante actuación.
El
día 16, el XVIII Cuerpo del Ejército ocupó
los Morrones, la Casa del Cura y varias cotas, toda vez que
el XX Cuerpo del Ejército atacaba Castralvo para hacerse
con él el día 19.
El día 17 enlazan en Los Morrones los Cuerpos del Estado
XVIII y XXII.
El día 18, la 34 División se apodera de la Muela
de Teruel.
El día 19, tras desplomarse las posiciones franquistas
de Puerto Escandón y Castralvo, son ocupadas por el XX
Cuerpo del Ejército. Por otro lado la 25 División
del XXII Cuerpo del Ejército se apoderaba de la zona
del cementerio de la ciudad de Teruel, mientras que la 34 llegaba
a los arrabales de la ciudad y ocupaba el campo de fútbol.
La lucha no fue fácil, ya que un intenso temporal de
nieve les dificultaba las maniobras a ambas Divisiones.
Franco
no estaba dispuesto a ceder Teruel a los Republicanos, es por
ello que el mismo día 15 de diciembre decide suspender
la operación prevista sobre Madrid y fijar su atención
en Teruel, realizando los desplazamientos de tropas necesarios
para ayudar y socorrer a los allí sitiados bajo el mando
del coronel Rey d´Harcourt. Los primeros desplazamientos
de tropas se iniciaron los días 16 y 17 de diciembre
y fueron la 81 y 84 Divisiones del Ejército de Franco,
al mando del general Aranda, el cual instaló su cuartel
general en Santa Eulalia del Campo. Tres días más
tarde, el día 20, Franco ordenaba el traslado al frente
de Teruel de las Divisiones 54,61 y 82, firmando la orden de
ataque cuarenta y ocho horas después.
Entre tanto, el día 21 de diciembre las tropas republicanas
entraron en la ciudad de Teruel por el Ensanche, la plaza de
Toros y la estación de ferrocarril, llegando al día
siguiente al corazón de la ciudad. Los defensores se
refugiaron y resistieron “a lo Alcázar de Toledo”
en los edificios más sólidos ( el Seminario, la
Comandancia Militar, el Banco de España, Convento de
Santa Clara, etc.), en espera de la llegada de las columnas
de refuerzo.El
mismo día 22 de diciembre, el general Franco firmó
una directiva al general Dávila, jefe del Ejército
del Norte, ordenándole la concentración alrededor
de la ciudad de Teruel de dos cuerpos de ejército: el
del Sur del Turia dirigido por el general Varela y el del Norte
del Turia al mando del general Aranda. Un total de ocho divisiones
que se fueron situando en línea entre los días
25 y 27 de diciembre. El día 23 de diciembre Franco envió
otra orden a Rey d´Harcourt nombrándole comandante
de la plaza de Teruel e instándole a resistir a toda
costa hasta la llegada de los refuerzos.
Llegado el día 24, y tras el fracaso de la primera contraofensiva
franquista, Vicente Rojo cree que el enemigo ha desistido en
su lucha y decide retomar el Plan P (la toma de Extremadura).
Tras conseguir el acuerdo con el Ministro de Defensa, Rojo regresa
a Barcelona el día 25 y luego a Madrid. En mala hora
abandonó Teruel, pues justo el día 29 se desató
la ofensiva franquista de Aranda y Varela, la cual obligó
al Jefe del Estado Mayor Central Republicano a volver rápidamente
a los frentes de Teruel; mientras tanto, y durante su ausencia,
la lucha en interior de la ciudad estaba a cargo de la 40 División,
de la reserva del Ejército de Levante, dirigida por el
comandante de carabineros, Andrés Nieto, y los combates
en las calles por el comandante de milicias Valeriano Marquina.
Fue en este día 29 cuando las fuerzas de García
Valiño y Muñoz Grandes conquistaron la Muela de
Teruel, siendo desalojados por la noche por la 70 División
del republicano Toral. Pocas horas duró en sus manos,
pues al día siguiente volvía a estar en poder
de Valiño.
CONTRAOFENSIVA NACIONAL
La contienda mantenida entre ambas partes se desarrollaba en
condiciones muy penosas, pues las temperaturas rondaban los
veinte grados bajo cero y los combatientes no estaban lo suficientemente
equipados como para soportar aquel clima tan extremadamente
frío. Según testimonio del propio teniente coronel
Francisco Ciutat de Miguel, jefe de operaciones del Estado Mayor
del Ejército de Maniobra, algunos disparaban ráfagas
de ametralladora para así poderse calentar las manos
en el tubo caliente del arma. Y los hombres que por la noche
asaltaron la Muela de Teruel, tenían las manos tan heladas
que al no poderse servir del fusil se veían obligados
a utilizar granadas de mano a las cuales arrancaban el fiador
del seguro con los dientes.
Igualmente de adversos e impresionantes eran los testimonios
de los adversarios. Manuel Aznar, refiriéndose al día
31 de diciembre, describe el campo de batalla como una inmensa
sábana blanca de nieve, que rápidamente se convertía
en hielo. El mismo hielo reventaba los motores y depósitos
de agua de los camiones y automóviles, incluso se daban
casos de conductores que morían helados pegados a sus
volantes.
A pesar de todo, el ataque franquista llevado a cabo por las
fuerzas de Aranda y Varela puso en grave peligro a los republicanos
que se habían adueñado de Teruel.
El día 31 de diciembre, las fuerzas de Aranda ocuparon
Concud y San Blas. Entre tanto, por la mañana, la División
Navarra que mandaba Valiño (del Cuerpo del Ejército
de Varela) se encargaba de la reconquista de la Muela de Teruel,
consiguiendo llegar a las inmediaciones de la ciudad hacia media
tarde.
En la última
noche del año 1937, bajo una noche de nieve y frío
intenso, Teruel sufría los más duros ataques,
sin luz, con muchos edificios y viviendas destruidas y rodeado
por doquier de armas de destrucción y muerte. El coronel
Rey d´Harcourt envió aquella misma noche una carta
a las fuerzas franquistas de la Muela de Teruel en la que decía
“No podemos resistir más. Si mañana no llegáis
nos rendiremos al enemigo republicano”.
Entre tanto, Rojo no duda ni por un momento en tomar las medidas
más severas. Ordena a las unidades que ocupen de nuevo
sus posiciones y les hace llegar la siguiente orden el mismo
día 31 de diciembre:” Al amanecer deberá
hallarse en condiciones de defensa la primera línea actual,
desde el alto de Celadas hasta San Blas y Teruel, que será
defendida sin idea de repliegue. De la conducta de las tropas
y mandos depende mañana la victoria ante el enemigo que
viene a socorrer a Teruel y el triunfo de la guerra puesto en
peligro. Por ello, todo jefe de la unidad que abandone sus posiciones
de defensa, será juzgado sumarísimamente”.
A la mañana del 1 de enero de 1938 las dos brigadas de
carabineros ya estaban de nuevo en los puestos abandonados el
día anterior, pero esta vez reforzadas con dos brigadas
de la División 25 y otra de la 40. Pero además
de esto, Rojo, el mismo día 1, con el permiso de Prieto
toma las disposiciones de mayor alcance: Disponer del V Cuerpo
del Ejército, mandado por Juan Modesto Guilloto, el cual
estaba formado por las divisiones 46 y 47 y la 35 División
Internacional. De esta manera, Rojo pasaba a emplear casi todo
el ejército de maniobra, que era la mejor pieza de que
disponía el ejército republicano. Se trataba pues
de una táctica de choque frontal (una auténtica
masacre de vidas humanas), que lo único a que conducía
era a acentuar el desgaste de efectivos.
DOS BATALLAS CONCÉNTRICAS
Rojo y Prieto temían que la concentración de tropas
de Franco en este frente, fuera también el comienzo de
una ofensiva más profunda hacia el Mediterráneo.
Por tal motivo, el mismo día 1 de enero, Prieto envió
una comunicación a Rojo para que fijase las zonas posibles
de resistencia, en caso de un gran repliegue de las unidades
republicanas de primera línea.
Así pues, durante la primera semana de enero de 1938,
el frente de Teruel presentaba dos batallas concéntricas:
Por un lado, en el interior de la ciudad de Teruel, los combatientes
mandados por los coroneles Rey d´Harcour y Barba extremaban
sus últimas posibilidades de resistencia, que de ser
agotadas les llevaba irremediablemente a la rendición
al final de la semana; por otro lado, las tropas de Varela y
Aranda no hacían sino aumentar su presión sobre
la ciudad, creando verdaderas situaciones difíciles para
los republicanos, pero sin conseguir todavía ningún
objetivo. Para Varela la hazaña de Toledo era irrepetible
aquí, pues tenía enfrente un ejército que,
aunque con defectos, no era inexperto, y era consciente de que
las fuerzas por ambos bandos estaban equilibradas (unos 75.000
hombres), si bien ellos, los nacionales, tenían una clara
superioridad aérea y artillera.
Del
2 al 9 de enero, el Cuerpo del Ejército de Aranda fue
duramente atacado por las fuerzas republicanas, sufriendo fuertes
bajas, además el tiempo era tan infernal en nieve y temperaturas
extremas, que se vio obligado a paralizar las operaciones desde
el día 5 al 16 de enero por este motivo y por los constantes
contraataques republicanos, que le impedían avanzar hacia
el valle. Tan sólo destacaron los fuertes ataques que
las tropas franquistas efectuaron el 6 de enero en Concud y
Sierra Palomera, pero sin ningún resultado satisfactorio.
Entre tanto la batalla no cesaba en las angostas calles de la
ciudad de Teruel, donde la gran cantidad de casas destruidas
reflejaban los desastres de la guerra. Y es que la atención
durante aquellos días estaba centrada en la conquista
definitiva de la ciudad de Teruel, para lo cual debía
caer la resistencia de los dos reductos que quedaban: el Hospital
de la Asunción, donde se habían refugiado los
del Gobierno Militar, y el Convento de Santa Clara, en el que
se cobijaban los antiguos defensores del Seminario.
REY
D´HARCOURT FIRMA LA RENDICIÓN
El día 7 de enero de 1938 el coronel Rey d´Harcourt,
no pudiendo resistir más, se ve obligado a firmar la
rendición de la ciudad, junto con el Gobierno Militar
y las 1.500 personas que aproximadamente habían en el
Hospital de la Asunción, entre las que se hallaban combatientes,
heridos, mujeres y niños. El acta que Rey y sus oficiales
firmaron decía así:
“ Estimamos que después de veinticuatro días
de defensa sin recibir ayuda del exterior contra un enemigo
muy superior en número y material, perdidas todas las
posiciones, excepto los edificios del Hospital de la Asunción,
ruinas del Colegio Sadel y parte del Gobierno Militar, aislados
e incomunicados del edificio del Seminario que aún resiste,
agotadas todas las provisiones, careciendo de agua, escaseando
las municiones, agotadas las bombas de mano, desaparecidas entre
los escombros las armas automáticas, con un noventa por
ciento de bajas en la oficialidad, perdida la moral de la tropa,
entre la que es continua la deserción al campo enemigo,
el Gobernador de esta plaza, de acuerdo con los jefes y oficiales
que suscriben, teniendo en cuenta la existencia de más
de mil quinientos heridos sin la debida asistencia por falta
de material sanitario, y amenazados de muerte por los medios
modernos de combate acumulados por el enemigo republicano como
artillería de grueso calibre, tanques, lanzallamas y
minas, de las cuales han hecho uso previamente destruyendo el
Banco de España, Hospital del Casino y gran parte del
Gobierno Militar, consideran que se han agotado todos los medios
que el deber y el honor militar aconsejan en la defensa de esta
plaza, cuya prolongación no podría beneficiar
a la marcha general de las operaciones, no obteniendo más
resultado que el sacrificio del personal no combatiente y heridos
(…) por lo cual acuerdan la rendición de las posiciones
del Hospital de la Asunción, Colegio Sadel y Gobierno
Militar en la parte que aún conservan, con la condición
de que sean respetadas las vidas del personal civil”.
En
realidad, Rey d´Harcourt intentó ponerse en contacto
telefónico a las nueve esa misma noche del día
7 con el Jefe del Ejército Republicano de Levante, pero
como la comunicación era deficiente, fue autorizado por
Hernández Saravia para que se trasladase al Cuartel General
desde donde pudo llevar a cabo la comunicación por teletipo
de forma factible. Así pues, y de esta manera, quedó
zanjada la rendición con Saravia, cuyas condiciones fueron
aceptadas plenamente por Prieto, ya que a él no le dio
tiempo de dictarlas.
Pero entre tanto, en el convento de Santa Clara todavía
resistían el coronel Barba y sus combatientes; hallándose
entre ellos personal civil así como el obispo de la diócesis
y el gobernador civil. La defensa se hacía tan imposible
que algunos de los soldados que montaban guardia huyeron aquella
misma tarde.
Llegada la tarde del día 8 de enero se anunciaba por
teletipo que la ciudad de Teruel se había rendido por
completo y se estaba procediendo a la evacuación del
personal civil, prisioneros y heridos. Este mismo día
también el Cuartel General de Franco reconocía
la derrota a través de un parte emitido a tales efectos
y en el que se acusaba a Rey d´Harcourt de no haber sabido
resistir.
Rey d´Harcourt fue asesinado por un grupo de incontrolados,
en cambio el coronel Barba y el gobernador civil fueron devueltos
por las autoridades francesas a la España de Franco.
Con este triste episodio se cerraba la primera parte de la batalla,
favorable al Estado Mayor Republicano tanto en sus objetivos
estratégicos como tácticos, no obstante la Batalla
de Teruel todavía no había llegado a su fin.
En los breves días de relativa calma que sucedieron,
el ejército republicano hizo un recuento tanto de bajas
como de prisioneros desde el día 7 al 9 de enero. Estos
fueron sus datos de personas capturadas:
- Convento de Santa Clara y Seminario: 2.000 combatientes y
2.000 personas civiles.
- Hospital de la Asunción y Gobierno Militar: 40 jefes
y oficiales, 450 soldados, 700 heridos entre paisanos y militares,
y 1000 personas civiles.
Naturalmente no todas las personas civiles fueron consideradas
prisioneros. Según Rojo lo fueron 80 jefes y oficiales,
2621 de tropa y 866 civiles. La cantidad de personas civiles
que fueron evacuadas de la ciudad de Teruel también ascendió
a varios millares.
En lo referente a las bajas, según Rojo, fueron las siguientes:
BAJAS
HASTA EL 31 DE DICIEMBRE DE 1937 |
| XIII
Cuerpo del Ejército |
400 |
| XVIII
Cuerpo del Ejército |
880 |
| XIX Cuerpo del Ejército |
670 |
| XX Cuerpo del Ejército |
1686 |
| XXII Cuerpo del Ejército |
1565 |
Total |
5201 |
BAJAS
DEL 1 AL 8 DE ENERO DE 1938 |
| XIX
Cuerpo del Ejército |
316 |
| XVIII
Cuerpo del Ejército |
685 |
| XIII
Cuerpo del Ejército |
436 |
| 40
División |
200 |
Total |
1637 |
COMIENZA
LA LARGA BATALLA DE DESGASTE
A pesar de lo acaecido en la ciudad de Teruel, Franco siguió
con su idea de maniobra y ordenó el 14 de enero de este
mismo año 1938, que Aranda atacase por el norte hacia
Celadas y el Muletón y Varela hiciese lo propio por el
sur y el suroeste.
Por su parte, Rojo, el día 10 de enero reorganizó
el Ejército de Maniobra, antes de dejarlo en manos de
Saravia, y se dispuso a poner en acción todo el V Cuerpo,
que estaba mandado por Modesto, la 47 División dirigida
por Gustavo Durán, la 35 Internacional a cargo del polaco
Walter, y la 46 División al mando de Valentín
González conocido como “El Campesino”. Además
también quedaron en línea los Cuerpos del Estado
XII,XVIII y XIX, pasando a la reserva el XX y el XXII por ser
los que más desgaste habían sufrido. Como Jefe
del Ejército de Maniobra quedó nombrado el coronel
Menéndez.
El día 17 de enero el nacionalista Aranda ataca los altos
de Celadas en dirección al Muletón, que consigue
ocupar al día siguiente, día en que en una de
las brigadas de los defensores se crea una situación
de pánico y desobediencia, a pesar de las severas medidas
que adoptó el jefe de la 40 División.
El día 21, el republicano Saravia lanzó por el
norte, por los términos de Visiedo y Rillo, a la 27 División,
al mando de Del Barrio, con objeto de cortar el avance de las
tropas de Aranda por ese flanco, e impidiéndole así
cruzar el río Alfambra. Lo consigue quedando muy quebrantada
la V División de Navarra entre los atacantes. Entre tanto
la 35 División de los internacionales sufría gran
número de bajas en los combates del Muletón.
La contraofensiva republicana de Del Barrio, que se prolongó
hasta el 30 de enero, fue de gran importancia, pues llegaron
hasta Singra y cortaron la carretera de Teruel-Zaragoza desde
Villarquemado hasta Monreal del Campo, lo cual hizo que Aranda
estuviese a punto de perder la comunicación con su retaguardia,
cosa que no sucedió gracias a que consiguió restablecer
la situación con el apoyo de su aviación.
Al no poder continuar el avance, Franco y su Estado Mayor reconsideraron
por completo la situación: Los ataques frontales iban
a ser sustituidos por maniobras de envolvimiento y el frente
iba a ser uno solo, pero esta vez desde Perales del Alfambra
y Sierra Palomera hasta el sur de Teruel. A su vez, Franco reorganizaba
su dispositivo, movilizando el Cuerpo del Ejército Marroquí,
varias Divisiones de Navarra y la División de Caballería
a cuyo mando estaba Monasterio. En total, catorce Divisiones
eran puestas en acción, quedando en reserva el Cuerpo
de Ejército Italiano.
La lucha se estaba transformando en una dura batalla de desgaste.
El objetivo de Franco era un triple objetivo “político”:
Salvar el prestigio del ejército nacional, demostrar
que era el más fuerte, y que conseguía lo que
se proponía.
El día 5 de febrero, del todavía año 1938,
el general Yagüe, con sus tres Divisiones, rompía
el frente republicano entre las localidades de Corbatón
y Pancrudo, tras haber iniciado su marcha en Portalrrubio, localidad
sita a 60 kilómetros al norte de Teruel. Las líneas
republicanas que estaban débilmente defendidas por las
brigadas 132 y 61, favorecieron la penetración de las
tropas nacionales por la brecha abierta entre los pueblos de
Argente y Visiedo, ocupando al día siguiente Perales
del Alfambra. El ataque en tres direcciones iniciado en la madrugada
del día 6 dejaba fuera de combate a toda la 42 División
republicana, pues los tanques, la artillería y la aviación
utilizada por los franquistas era muy superior.
De
esta manera, las tropas franquistas conseguían cerrar
la bolsa del Alfambra y dejaban en una situación muy
difícil al XIII Cuerpo del Ejército que trataba
irremediablemente de conservar sus posiciones en Sierra Palomera
y Alfambra. Antes del día 10, las unidades del XIII Cuerpo
del Ejército Republicano quedaron absolutamente inservibles
y sierra Palomera pasó a ser ocupada por los nacionales,
así como Alfambra y buena parte de la margen izquierda
del río de su mismo nombre, que estaba defendida por
la 27 División. Las pérdidas del XIII Cuerpo del
Ejército en la retirada de Sierra Palomera fueron de
3000 hombres, 3600 fusiles, 60 ametralladoras y cinco piezas
del 10´5.
Ante tal situación, Rojo ve que irremediablemente es
necesario relevar al resto del ejército con la única
reserva de que disponía, la 47 División de la
región de Valencia, y sin dudarlo da la orden para que
se complete el sector de Montalbán. Así pues el
XX Cuerpo del Ejército era sustituido por una agrupación
de Divisiones al mando de Galán.
Ciertamente los 125.000 hombres del bando nacional, con 400
cañones, que habían atacado con fuegos convergentes
durante cuatro días en el frente de Teruel, protegidos
además por una superioridad aérea, no sólo
consiguieron una penetración de 30 kilómetros,
sino que también lograron agotar las posibilidades del
adversario que disponía de menos reservas y menos fuegos
artilleros y aéreos. El propio Rojo así lo reconocía
en informe de 21 folios dirigido a Prieto el día 16 de
febrero en el que, entre otras cosas, le comunicaba:”
La calidad de los mandos es mala y los cuadros de mandos insuficientes.
Hay batallones donde debía haber veinte oficiales y sólo
hay cuatro o cinco …”
A fin de cubrir el hueco abierto por los nacionales en el sector
de Montalbán, entre las líneas que cubrían
el ejército de Levante y el Ejército del Este,
fue trasladado hasta allí el XXI Cuerpo del Ejército
Republicano, comandado por Juan Perea, que estaba en Lérida.
La 27 División, mandada por Del Barrio perteneciente
a dicho Cuerpo, había llegado allí a finales de
enero y pocos días después lo hizo la 34 División
de Etelvino Vega y dos Brigadas Internacionales más.
Así pues, y con estos refuerzos, las fuerzas republicanas
inician una contraofensiva desde Segura de Baños. Apoyados
por la artillería y tanques, recuperan un amplio sector
y el 15 de febrero cortan las comunicaciones con Portalrrubio
y Vivel del Río. Las fuerzas nacionales de Yagüe
contraatacan, pero, al ofrecer gran resistencia las de Perea,
los combates se prolongan hasta el día 18 de febrero.
Entre tanto la vacía y ruinosa ciudad de Teruel era guarnecida
desde la primera semana de febrero por la 46 División.
La defensa estaba constituida por dos líneas de trincheras
unidas por vías de comunicación en la margen derecha
del Alfambra; y detrás, por la misma orilla izquierda,
la línea principal de resistencia, con nidos de hormigón,
trincheras y zanjas de comunicación. Esta línea
de fortificación rodeaba la loma del cementerio hasta
llegar al casco urbano, para continuar después por los
edificios principales de resistencia. En aquellos fatídicos
momentos la ciudad turolense no contaba con ningún tipo
de reservas y se abastecía diariamente con los víveres
que el ejército republicano disponía en La Puebla
de Valverde y en Sarrión, cuyas vías de comunicación
tenían bien aseguradas.
EL
CERCO DE TERUEL
Tras consolidar sus posiciones en la orilla del Alfambra, los
Cuerpos del Estado mandados por Aranda y Yagüe, iniciaron
la proyectada maniobra de envolvimiento de Teruel. El Cuerpo
del Ejército de Galicia, dirigido por Aranda, pasó
al ataque atravesando el Alfambra, entre tanto la 1 División
de Navarra fijó al adversario junto a Teruel. El ataque
de norte a sur comenzó el 17 de febrero y fue apoyado
por un gigantesco y demoledor bombardeo, durante seis horas,
y con los más potentes bombardeos en picado (bombas de
200 y 500 kilos), que se habían conocido hasta entonces.
Los Stukas alemanes comenzaban así, en cielos turolenses,
su movida historia militar, y de esta forma la Alemania Hitleriana
utilizaba la guerra civil española como banco de pruebas
de sus máquinas de guerra, que muy poco después
emplearía en la Segunda Guerra Mundial. Teruel y Guernica
fueron las víctimas de esta horrenda experiencia.
Retornando a los combates del día 17, las tropas del
Cuerpo del Ejercito de Galicia, comandadas por el general Aranda,
atacaron en varias direcciones para pasar el río Alfambra
e iniciar así la maniobra de envolvimiento. La 66 División
dirigida por Barrón cruzó el río por sorpresa,
por el molino de Villalba Baja, consiguiendo una penetración
de tres kilómetros por la sierra y alcanzando cotas de
más de mil metros. Sin embargo, la 150 División,
que intentó cruzar el río Turia frente al Muletón,
fue rechazada por las tropas de Galán; el objetivo lo
consiguió durante un ataque nocturno. Tampoco consiguió
cruzar el Alfambra ese mismo día 17 al ser rechazada
por la 67 División republicana de Fulgencio González.
El
día 18, Barrón se agregó a las dos divisiones
nacionales, con el fin de proteger el movimiento envolvente
frente a los ataques que lanzaba la 25 División republicana
de Vivancos. Este mismo día la 150 División consigue
atravesar el río Alfambra por el término municipal
de Tortajada y subir hasta el Tocón a 1266 metros de
altitud. A su vez los moros y legionarios intentan hacerse con
el cerro de Santa Bárbara sin conseguirlo, mientras que
los navarros atacan la zona del cementerio de Teruel, siendo
rechazados por la 101 brigada de la 46 División.
El día 19, aun cuando la capital presentaba un aspecto
de inmovilización, la acción de envolvimiento
proseguía con violentos combates y la devastadora artillería.
Las tropas de Aranda proseguían con éxito su camino,
toda vez que Barrón le seguía cubriendo de los
ataques del debilitado XIII Cuerpo del Ejército Republicano,
el cual ya se sentía amenazado en el sur de la capital
por la División de Caballería del General Monasterio.
Llegada la noche, el cerco de la ciudad era cada vez más
estrecho, pues los nacionales ya se habían hecho con
Santa Bárbara y los combates se intensificaban en el
Mansuelo y la loma del cementerio turolense. A las once de la
noche, Rojo comunica a Prieto la delicada situación en
que se encuentran, así como el relevo de Galán
por Modesto en ese frente. A su vez Rojo, ordena a las tropas
que en caso de extrema necesidad se retiren hacia el sur de
la ciudad, si persiste el avance envolvente de los nacionales.
La finalidad de Rojo era doble: evitar la pérdida de
los miles de hombres que tenía cercados y agotar las
mínimas posibilidades de resistencia. Además,
no hay que olvidar que la ciudad de Teruel, más que una
ciudad, era una zona atrincherada de primera línea con
grandes necesidades de asistencia sanitaria y que precisaba
urgentemente evacuar los heridos hacia hospitales de la retaguardia,
ya que sólo existía un único hospital de
campaña encargado de prestar primeros auxilios.
A
TERUEL LE QUEDAN DOS DÍAS
A tan sólo dos días del final de la contienda
en Teruel, el alto mando republicano no se equivocaba en las
escasas posibilidades que le quedaban de conservar la plaza
de Teruel, y máxime cuando se da cuenta de que con la
llegada de la División 84 del Cuerpo del Ejército
de Galicia a la localidad de Valdecebro, aumentaba la amenaza
de que quedase cortada la carretera general Teruel-Valencia.
A pesar de todo, Rojo todavía no había perdido
las esperanzas en la mañana del día 20 de este
mes de febrero de 1938, pues sus fuerzas de la 46 División,
todavía seguían batiéndose en el Mansuelo
desde la noche anterior. De todas las formas una idea le rondaba
constantemente en su cabeza: Si perdía definitivamente
la zona del cementerio turolense, Santa Bárbara y el
Mansuelo, la situación iba a tener una muy difícil
salida.
A lo largo de este día 20 quedaron cortadas todas las
comunicaciones normales de la ciudad con el exterior, excepto
el camino que iba a Villaspesa. Los moros de Regulares de la
83 División fueron los que se encargaron de llegar hasta
el llano y situarse en el kilómetro 1 de la carretera
de Valencia, ocupando con esta maniobra la plaza de toros y
las casas del ensanche.
Cada vez el cerco era más reducido, ya que la 84 División
alcanzaba también todo el llano del Turia y la línea
de ferrocarril Teruel-Valencia en el kilómetro 141, tras
haber ocupado previamente con tanques y caballería la
localidad de Valdecebro. Antes de completarse el cerco, todavía
dio tiempo a efectuar una evacuación de heridos por el
camino de Villaspesa, la misma noche de este día 20.
La jornada de este día fue realmente fatídica
para los últimos defensores republicanos de Teruel. La
aviación republicana sólo había podido
intervenir en dos ocasiones, una a las ocho y otra a las once
de la mañana.
La aviación nacional no dejó ni un momento de
golpear a la 46 División , que quedó subdividida
en tres partes y sin mando conjunto:
- La 10 brigada quedó al este del Mansuelo, o sea, al
otro lado del cerco sitiador.
- La 209 brigada se quedó en la margen izquierda del
río Turia.
- La 101 brigada, con 1500 combatientes quedaba emplazada en
el corazón de la cercada capital. Esta brigada estaba
mandada por el comandante Pedro Mateo Merino, que también
ejercía de comandante militar de la plaza.
Llegada la noche del día 20, sólo un milagro habría
podido salvar la plaza de Teruel, pues al caer la noche la maniobra
de envolvimiento de los nacionales hizo retroceder a la 101
Brigada desde el otro lado del Viaducto al interior de la ciudad.
El cerco, ya cerrado, quedó como un doble anillo, con
un frente interior hacia la plaza y otro exterior. El primero
estaba constituido por las Divisiones 1, 150 y 81, y el segundo
, el exterior, entre 6 y 10 kilómetros de distancia,
lo formaban la División 13 a cargo de Barrón,
la 84 y 83 mandada por el general Martín Alonso, y la
61 División a cuyo cargo estaba el coronel Muñoz
Grandes.
En
tales circunstancias, la única posibilidad que les quedaba
a los republicanos era romper los dos anillos del cerco mediante
un fuerte ataque exterior. Precisamente a esto fue a lo que
se dedicó Rojo durante todo el día 20. Para tal
efecto se trasladó a Cedrillas y encargó al teniente
coronel Ibarrola que dirigiese la operación. Tal acción
debía llevarla a cabo la 28 División, recién
llegada de Cataluña. La otra fuerza de apoyo sería
la 35 División Internacional mandada por Walter. Pero
el ataque no dio los resultados esperados, pues se empezó
tarde, a las 11 de la mañana, y tras un primer ataque,
las tropas de la 28 División se vieron obligadas a retroceder
ante la respuesta del adversario; incluso uno de los batallones
huyó a la desbandada. Se acababa de perder la última
oportunidad.
LLEGÓ EL FINAL
Ante tal situación, los mandos republicanos comienzan
a tomar extremadas medidas de resistencia. Fueron distribuidas
las últimas existencias de intendencia y se dio orden
de escatimar las municiones y vituallas. Según el comandante
Mateo, si esto no se cumplía y no se rompía el
cerco desde el exterior en 48 horas, los 2000 hombres sitiados
eran conducidos a una inevitable inmolación. También
se podía optar por otra solución extrema: romper
el frente desde dentro, por los puntos débiles que el
cerco presentaba en la zona del valle del Turia. El jefe de
la División así lo aprobó, pero con una
condición: mantener la resistencia un día más
y tomar las previsiones para salir del cerco en la noche del
21 la 22 de febrero, si no se presentaban dificultades. Para
llevar a cabo la operación de ruptura, se designó
al segundo batallón de la 10 Brigada, al mando del comandante
Justino Frutos. Cada batallón constituiría una
columna de marcha; con la primera iría el Estado Mayor
Divisionario y con la última el de la brigada.
Una vez tomada la decisión comienza la lucha casa por
casa en el Arrabal de Teruel y se rechaza un violentísimo
ataque con caballería desde el Mansuelo hasta Castralvo,
pero a las 11 de la noche todavía seguía protegido
el valle del Turia. Sobre las once y media de la noche, Modesto
le comunica a Rojo que se está combatiendo a distancia
en el lindero de Teruel norte, este y oeste, y que no tiene
enlace con el sur; era normal, pues en esta parte sur tan sólo
quedaban algunos fragmentos de la 46 División, que había
perdido la conexión con el mando.
A las 12 de la noche de este día 21, Rojo le enviaba
a Modesto el siguiente parte:”Comprobada la salida de
las fuerzas propias de la plaza de Teruel, proceda a la organización
defensiva del frente en ese Cuerpo dividiéndolo en sectores
de división, cubriendo la línea a que hace referencia
la orden de esta fecha a la una de la madrugada.
La defensa de toda la línea se hará con la máxima
intensidad, haciéndola todo lo fuerte que los medios
consientan, siendo zonas de esfuerzo principal la de Valdecebro,
carretera de Puerto Escandón y Villaspesa.”
Antes que Modesto, Rojo ya sabía que la complicada evacuación
de Teruel había acabado de realizarse. Lo había
sabido por el teniente coronel Aurelio Matilla, jefe del Estado
Mayor del XIX Cuerpo del Estado, que estaba al tanto de la retirada,
porque, en efecto, a las diez de la noche había comenzado
en Teruel la operación de ruptura del cerco, por parte
del Estado Mayor de la 46 División, la Brigada 101, un
batallón de la brigada 10 y las fuerzas de guardias de
asalto que se hallaban dentro de la plaza. Tal y como estaba
previsto, salió en cabeza el Estado Mayor Divisionario,
al mando de Palacios, abriéndose camino a duras penas,
porque debían sortear los puestos de moros y falangistas
que había dispuestos de forma dispersa. Después
de vadear las heladas aguas del Turia, algunos de los combatientes
republicanos de la primera columna fueron hechos prisioneros,
sin embargo El Campesino y la mayoría de la primera columna
consiguieron llegar a las líneas de Villaspesa poco después
de la media noche.
Y de esta manera la ciudad de Teruel se quedó sin un
solo hombre que ofreciese resistencia, ni armas, ni abastecimientos.
DESPUÉS DE LA BATALLA
Hacia las ocho de la mañana del día 22 de febrero
de 1938, las fuerzas de Valiño y Aranda ocupaban ya la
plaza de Teruel, sin embargo, las radios no ofrecieron la noticia
hasta las diez de la noche. A esta hora se daba a conocer además
que había sido hecho prisionero Palacio, Jefe del Estado
Mayor Divisionario, así como las cifras de prisioneros.
Los combates todavía se prolongaron durante dos o tres
días más. Durante los dos primeros las tropas
franquistas consiguieron ocupar Castralvo y Villaspesa. Al tercer
día, Modesto logró estabilizar los frentes de
la margen derecha del río Alfambra y el Puerto de Escandón.
En la madrugada del día 22, Prieto intentó comunicarse
con Rojo, y al no poderlo hacer porque éste estaba durmiendo
en su puesto de mando de Barracas, decidió dar la noticia
al mundo entero, antes de que fuese anunciada por el Cuartel
General de Franco, para evitar que le acusasen de haber manipulado
la información.
Fotos de José Demaría Vázquez "Campua". 20-2-1938. Prohibida su reproducción |
A
las diez de la mañana del mismo día 22, Prieto,
que había convocado al Consejo Superior de Guerra, se
vio obligado a retrasar la reunión durante unos minutos
para volver a ponerse en contacto con Rojo. En dicha comunicación
Prieto le manifestaba su extrañeza por la forma ordenada
y con escasas bajas en que se había realizado el repliegue
de las tropas de la ciudad de Teruel, a la vez que recababa
información más detallada de la misma. Rojo, por
su parte, le respondió que así se lo había
comunicado “El Campesino”, y añadía:
“A fin de cuentas, da lo mismo que esta ruptura fuera
más o menos violenta. El hecho cierto es que la plaza
de Teruel ha llegado a estar envuelta y que la guarnición,
cifrada en unos dos mil hombres, incluidas las fuerzas de asalto,
se ha abierto paso a viva fuerza y teniendo bajas en estas luchas.
La retirada, por lo que a mí concierne, no sólo
no la censuro, sino que la apruebo, y por eso usted sabe que
se dio la orden para que así se hiciese en el momento
oportuno”.
Durante la conversación mantenida, Rojo, sintiéndose
agotado y sin fuerzas, pone su cargo a disposición del
Gobierno. La decisión es aceptada por Prieto y su Gobierno
en la mencionada reunión, siéndole comunicada
al día siguiente 23.
ÚLTIMAS
RESISTENCIAS
Después de la batalla del Alfambra y la de la ciudad
de Teruel, acaecidas en la Comarca de Teruel y sus alrededores,
la provincia todavía sufrió algunos altercados
bélicos.
Entre el 9 de marzo y mediados de abril de 1938 se produce la
ruptura del frente republicano que se extendía desde
Vivel y Rudilla hasta Belchite, y la caÍda de Montalbán,
Utrillas, Andorra, Calanda y Alcañiz. Para tal cometido
el Ejército Nacional disponía de los 70.000 hombres
que quedaron disponibles tras la batalla de Teruel, más
los 90.000 que sumaban los Cuerpos del Ejército de Navarra,
Aragón, Marroquí e Italiano. En total 160.000
hombres frente a los 100.000 del contrincante republicano. Además
de esto, cabe también mencionar otros elementos de apoyo
con que contaba el ejército franquista: 165 baterías
de artillería y 300 aviones, de entre los cuales 100
eran Cóndor (alemanes) y 100 Legionarios (italianos).
En los dos días siguientes al 9 de marzo los nacionales
desarticularon las líneas defensivas y consiguieron realizar
penetraciones de hasta 15 kilómetros diarios entre los
días 9 y 15. El 12 de marzo El Cuerpo del Ejército
Marroquí ocupó Montalbán y el Cuerpo del
Ejército de Galicia Utrillas, centro neurálgico
de toda la comarca minera. Por su parte, el Cuerpo Italiano
entraba en Calanda y llegaba a Alcañiz en la noche del
día 13, adelantándose a Líster que también
se dirigía allí con su 11 División. A partir
de Alcañiz, los ataques prosiguieron en dos direcciones:
una hacia el Ebro por Gandesa y Caspe, y otra hacia Morella,
la cual consiguió Aranda el 4 de abril, para así
llegar al Mediterráneo. Entre tanto en tierras turolenses
se llegaba a una relativa calma a partir del 15 de marzo, fecha
en que el Ejército Mayor Central restablecía una
mínima cohesión en los frentes. No obstante los
pueblos del norte de Teruel ya se habían perdido, quedando
como avanzada norte del Teruel republicano la línea Rillo-Aliaga.
Esta relativa calma se prolongaría hasta mediados de
mayo en que Franco reemprende una nueva embestida, pero fallida,
para apoderarse de Valencia y su entorno.
La línea defensiva republicana se apoyaba en el arco
que iba desde Teruel a la Sierra de Irta, cuyo vértice
era Ejulve y su nudo de comunicaciones Aliaga, lugar desde el
que se apoyaban a las tropas situadas en la Sierra de Sant Just.
Llegada la segunda quincena de abril, Franco toma la decisión
estratégica de golpear Castellón y Valencia, y
está convencido de que hay que lanzar lo más fuerte
de la ofensiva sobre la línea Teruel-Segorbe-Sagunto,
por considerarla más fácil que la línea
recta por la costa. A tal efecto se procede a la concentración
de seis divisiones nacionales en la dirección Ejulve-Aliaga,
que tan sólo estaba cubierto por las Divisiones Republicanas
25 y 28.
Llegado
el 23 de abril, las seis Divisiones del Cuerpo del Ejército
de Castilla se lanzaron al asalto de las posiciones de Ejulve
y Aliaga, las cuales fueron conquistadas con bastante facilidad
a causa de la desproporción de fuerzas. Los demás
sectores, que habían resistido, tuvieron que replegarse
para no ser envueltos; de esta manera los atacantes consiguieron
una penetración de más de cuarenta kilómetros
entre Ejulve y Valdelinares, donde quedaron retenidos tras un
mes de combates permanentes. Mientras tanto, y durante este
mismo tiempo, continuaban los duros combates en el alto valle
del Guadalope y en la Sierra del Pobo; en los últimos
días los republicanos recibieron el refuerzo de las brigadas
de carabineros de la 40 División.
A partir del día 4 de mayo, el general nacional García
Valiño atacó las líneas republicanas de
Cintorres (Castellón), no pudiendo traspasar sin embargo
la línea Cantavieja-Iglesuela del Cid, que estaba defendida
por el XXI Cuerpo del Ejército Republicano. Lo consigue
cuando la mencionada fuerza se retira por peligro de envolvimiento,
cayendo también en su poder la localidad de Mosqueruela
el día 17 de mayo. De esta manera, el territorio de dominio
republicano en la provincia se iba quedando reducido a las líneas
escalonadas conocidas como el Gran Arco de Mora de Rubielos,
de unos cien kilómetros de extensión.
El día 8 de junio se produce la entrada de la División
de Navarra en Adzaneta (Castellón), con el consiguiente
peligro para todas las líneas republicanas situadas al
norte del río Mijares, y el corte de comunicaciones entre
Mora de Rubielos (capital de la zona republicana) y Castellón.
El día 18 del mismo mes, Varela tomaba Alcalá
de la Selva y se aproximaba a Linares de Mora. Por esta misma
fecha era ganada a los republicanos la ciudad de Castellón
tras un combate callejero que se prolongó durante los
días 14 y 15 de junio.
Para principios de julio el frente de Teruel presentaba una
situación gravísima; las fuerzas nacionales habían
conseguido cortar la carretera Teruel-Valencia a la altura de
Manzanera y el general Dávila conseguía ocupar
, el día 4 de julio, las localidades de Villel, Camarena
y Manzanera. De esta manera la bolsa de Mora de Rubielos y Rubielos
de Mora se prolongaba hasta Linares y Castelvispal, y la situación
pasaba a ser muy comprometida.
El día 13 de julio, un violentísimo ataque sobre
el frente de Mora del Rubielos y Sarrión consiguió
abrir una brecha por la que penetraron las divisiones motomecanizadas
italianas, que llegaron el 16 de julio a Barracas (Castellón).
De allí intentaron dirigirse al Ragudo, al cual no pudieron
llegar por ser atacados y cercados por las baterías republicanas
de la 54, 70 y 19 Divisiones. Gracias al Cuerpo del Ejército
de Castilla y el del Turia pudieron retroceder y librarse del
fuego enemigo. En esta intervención cabe destacar que
curiosamente, junto con el Cuerpo del Ejército del Turia,
aparecieron el 17 de julio un batallón de carros alemanes,
en plan experimental, que más tarde serían utilizados
en la invasión de Francia de 1940 junto con los M-4.
A partir del 18 de julio cualquier esfuerzo de penetración
fue estéril.
Durante toda la jornada del 24 de julio cesó la actividad
bélica, pero al día siguiente era el Ejército
Republicano el que cruzaba el Ebro, obligando a Franco a rehacer
sus planes. Y aunque incluso la batalla de Valencia había
finalizado, todavía quedaron algunos reductos de resistencia
republicana por Bezas y Terriente (Teruel), donde las unidades
del Ejército de Levante debían enlazar, por los
Montes Universales, con las fuerzas del Ejército del
Centro. Incluso se dieron algunas luchas entre Manzanera y Sarrión
en septiembre de 1938.
Y con estas últimas resistencias turolenses quedaba zanjada
la Batalla de Teruel, no así la Guerra Civil que todavía
se prolongaría durante buena parte de 1939.
OTROS
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BIBLIOGRAFÍA:
" La Batalla de Teruel"
Autor: Manuel Tuñón de Lara
Instituto de Estudios Turolenses. Teruel
1997 |

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