EL ARTE RUPESTRE TUROLENSE

 


INTRODUCCIÓN

El antiguo hombre prehistórico poseía un sentido de la estética instintivo que se reflejaba en la simetría y las variadas formas de los instrumentos y armas que utilizaba, las cuales no atendían sólo a la efectividad práctica, sino también a mostrar un aspecto agradable de las mismas.
Hoy podemos afirmar que a partir del Cromañón del Paleolítico Superior fue cuando alcanzó su expresión plástica de una forma concreta a través de la pintura, el grabado o el modelado escultórico, dejándonos entre los 40000 y los 10000 años un variado índice de obras mediante las cuales reflejó sus sentimientos artísticos e ideas religiosas y sociales las cuales todavía no conocemos con exactitud.
Cabe la posibilidad que los comienzos de este arte rupestre se iniciasen ya en el Musteriense (Paleolítico medio), si bien, en esta provincia de Teruel no se han encontrado muestras de él como en otras provincias españolas. Incluso sobre el asta de reno que Breuil localizó en un anticuario de París con la etiqueta Alcañiz 1872, que dató en el Magdaleniense VI, no se puede dar una valoración verídica dada la inseguridad que ofrece la noticia y de la cual nunca más se supo nada ni se obtuvo información.Los ejemplos más remotos del arte prehistórico turolense son los que corresponden al llamado Arte prehistórico levantino cuyos inicios datan del año 6000 o de fechas posteriores, según otros autores, a las que habría que anteponer la llamada fase prelevantina y sin solución de continuidad, su agotamiento hasta el Eneolítico, con una perduración que conocería la aportación del arte esquemático cuyo final habría que establecer en la Edad del Hierro, momento en que las influencias de las colonizaciones orientales, fenicias y griegas, dieron lugar a un arte indígena con reminiscencias clásicas.
A diferencia con el Arte Rupestre de esta misma etapa localizado en la zona cantábrica, donde las pinturas se albergan en profundas cuevas en las que no suele entrar luz, el levantino aparece en los denominados abrigos, cavidades poco profundas al aire libre. Otras características propias del sector levantino son la aparición de la figura humana esquematizada, la disposición de las figuras que conforman escenas de la vida cotidiana de aquellos pobladores, y el color utilizado, fundamentalmente el rojo.
Según lo anterior podríamos afirmar que el arte rupestre prehistórico de Teruel tuvo un desarrollo de más de cinco mil años, siendo muy importante desde los puntos de vista humanístico e histórico, dado que a los humanos de esas épocas sólo los conocemos a través de su cultura material, objetiva pero poco expresiva, mientras que las pinturas y grabados nos muestran animadas escenas de caza, guerra, bailes, ritos y la vida diaria con actividades económicas y laborales, además de símbolos y signos que nos permiten adentrarnos en la mentalidad espiritual de sus autores y en las creencias de la sociedad a la que se dirigían sus expresiones plásticas.

 

ARTE RUPESTRE LEVANTINO


El arte rupestre levantino es el legado más vivo que el hombre prehistórico ha transmitido a las sociedades modernas” (H.G.Bandi).

Distribución del Arte Rupestre Levantino en EspañaSe trata de una expresión esencialmente pictórica, obra de gentes de economía cazadora y recolectora, replegadas en las montañas del oriente de la península, que utilizaron como soporte las paredes de cuevas y abrigos al aire libre y que emplearon como colores el rojo, el negro y el blanco, partiendo de los óxidos de hierro y de manganeso, del carbón y del caolín, con adecuados disolventes o formando emulsiones con grasas, manejando pinceles y espátulas y mostrando una singular maestría y conocimientos técnicos que han permitido que los pigmentos se hayan conservado después de miles de años de soportar el sol, la lluvia y su propio envejecimiento. Sólo existen tres casos excepcionales en los que las pinturas se hallan en el interior de cuevas donde no llega la claridad del día (Peñarrubia de Cehegín, Arañas de Carabasí de Santa Pola y Sant Esteve de les Gralles, Lérida) y en dos los emplazamientos escogidos no están en el interior de las serranías, sino a orillas del mar (Arañas del Carabasí y cueva de la Higuera, en Mazarrón). Generalmente este arte propio de los pueblos de la serranía buscó lugares abruptos y poco accesibles y contrasta mucho con el arte de los cazadores paleolíticos, sobre todo porque en éste el protagonista fue el animal apareciendo el hombre enmascarado o con escaso realismo, mientras que el levantino convierte al ser humano en dueño y señor de las escenas, dominando a los animales cuando aparecen juntos.
Marco cronológico del Arte LevantinoEn el arte levantino no existe una unanimidad, sino una variedad comarcal y cronológica, de tal forma que pueden hallarse similitudes entre los abrigos de determinadas zonas y también diferencias surgidas de la disparidad de tiempos en que fueron realizadas. Puede comprobarse una evolución lineal en el uso sucesivo de colores, en el proceso de movimiento en las figuras, en el predominio o escasez de animales determinados y en la ordenación de formas artísticas. De esta forma podemos hablar de unos inicios estáticos, de figuras sin movimiento que aumentan progresivamente hasta llegar a inverosímiles posturas, para regresar de nuevo, cerrando el ciclo, a actitudes rígidas y movimientos reposados. Generalmente se parte de figuras de considerable tamaño, normalmente animales, para llegar a microfiguras de escasos centímetros; son excepcionales los grandes animales que superan el metro de longitud, como el ciervo de la Val del Charco del Agua Amarga y lo más normal es que pinturas de grande y pequeño tamaño sean sincrónicas en el mismo panel, bien para indicar prevalencia de algunas de ellas o para sustituir la idea de perspectiva. Puede comprobarse también que el animal dominante en una primera etapa es el toro parcialmente sustituido por el ciervo y ambos por la cabra, dejando en número muy inferior al jabalí, los asínidos, aves y otros animales, sin que aparezcan nunca los peces. Son también muy escasas las representaciones de especies vegetales las cuales, cuando aparecen como en Alacón o en La Losilla de Albarracín, no puede identificarse la especie a la que pertenecieron.
La sucesión cronológica de los colores va desde el rojo claro al rojo oscuro de diversos matices, al negro y al rojo anaranjado, y al blanco, excepcional en la sierra de Albarracín, que, según parece, es de etapa contemporánea del rojo intenso. Las técnicas normales de la pintura son el perfilado con un pincel relativamente fino, la tinta plana uniforme rellenando las siluetas o, en ocasiones, un rayado interior y pinceladas finas o gruesas según los casos. En contadas ocasiones se perfila el contorno con grabados finos, por ejemplo los dos cuadrúpedos del barranco del Cabrerizo, en Albarracín, de trazo profundo, grueso y tosco que llegó a provocar sospechas respecto de su autenticidad o época, aunque nos parezcan auténticos. El soporte se elegía pero no se preparaba y asombra que no siempre se seleccionó la superficie más apta para recibir la pintura, lo cual fuerza a suponer otros estímulos aparte de los puramente prácticos.
Bien es cierto que en muchos casos han sido repintadas las figuras sin modificar las originales, bien porque lo exigiera su deterioro físico o por posible debilitamiento de sus valores espirituales o por cambios y renovaciones exigidas. Algunas de estas superposiciones son difícilmente advertidas, pero hay casos verdaderamente expresivos, como el toro blanco de la Ceja de Piezarrodilla (Albarracín) que tenía los cuernos casi cerrados en óvalo y recibió la superposición de un toro negro que cambió los cuernos por otros en forma de lira que respetaron los de la figura original entre ellos, o los ciervos rojos del Prado de las Olivanas (Albarracín) repintados en negro, a los que se añadieron pequeños cuernos semilunares conservando las características del cuerpo de los cérvidos.
Desde el punto de vista geográfico el arte levantino se extiende por las actuales provincias de Huesca, Lérida, sur de Tarragona, Teruel, este de Cuenca, Castellón, Valencia, Murcia, Alicante y Albacete, con figuras aisladas en otros conjuntos andaluces. Comprende una amplia franja litoral separada del mismo por unos 130 kilómetros y con predominio de las serranías que protegen su aislamiento.
Todavía predomina la opinión de que entre el final del arte Paleolítico y el principio del arte levantino existió una solución de continuidad y también de que se trata de un arte exclusivo de la zona oriental de la Península, sin vinculaciones directas con otros del mismo o distinto tiempo y de países próximos o alejados. En realidad el hallazgo de plaquetas grabadas con animales naturalistas en niveles postpaleolíticos, concretamente azilienses y de figuras de gran tamaño, con fantásticas interpretaciones humanas o geométricas, algunas bajo las levantinas de Huesca, Teruel, Valencia y Murcia, están contribuyendo a cubrir el supuesto vacío de tres o cuatro milenios entre uno y otro arte. La cuestión puede resumirse diciendo que los cazadores-pintores levantinos representan las poblaciones de finales del Paleolítico, relegadas a las serranías probablemente por las crisis y revoluciones iniciadas en el Mesolítico, que conservaron sus actividades tradicionales durante mucho tiempo a causa de un aislamiento que fue rompiéndose gradualmente cuando llegaron los nuevos inventos y sistemas neolíticos a la zona próxima litoral, con la agricultura de palo o azada, la domesticación y el pastoreo (ejemplo de ello son los abrigos del Barranco del Mortero de Alacón), pudiendo llegar hasta los nuevos tiempos metalúrgicos del Eneolítico sin graves alteraciones por la dificultad de llegar hasta los reductos montañosos donde estas gentes seguían viviendo como cazadores con arco.
Bajo la óptica estilística el arte levantino va del naturalismo al impresionismo, tiene acusada tendencia a la estilización, compone alineaciones diagonales, escenas complicadas y aparentemente anárquicas, pero con las figuras relacionadas entre sí, normalmente sin perspectiva ni regulación de tamaños; los animales se representan de perfil con los cuernos o astas y los surcos de las pezuñas de frente.

Los temas comprenden animales, presentados solos, en manada, paciendo o en posición de escucha; se relacionan con los hombres que los cazan con arcos, los vigilan o acechan, a veces cubriéndose con pieles animales (Val del Charco) o los persiguen. En ocasiones los animales aparecen muertos (cierva del Prado de las Olivanas) o heridos, unas veces están siendo desollados, otras despeñándose. Interesantes y discutidas resultan también las representaciones de arañas (colmenas para otros) y de insectos, además de las huellas de cuadrúpedos, bien sean regueros de sangre de los heridos o marcas de las patas que sirven para que los cazadores traten de cobrar su presa.
El ser humano, de tipos muy variados, se representa con cuerpos estilizados, vestidos con calzones, adornados con ligas o ataduras en las piernas, plumas y gorros diversos en la cabeza, estuches fálicos, tatuajes o pinturas corporales (el garboso arquero de las Olivanas); el pelo sujeto con diadema y presentando una cabeza piriforme o bien formas alargadas y en pocas ocasiones la cabeza humana está sustituida por una de toro. El cuerpo tiende a una forma triangular, la cintura muy alargada y las piernas con diversas aberturas, llegando a la horizontal como muestra el arquerito del abrigo del Garroso en el cerro Felío de Alacón. Frente a la simplicidad de los esquemas contrasta el detalle meticuloso con que se representan a veces los ojos, nariz, dedos, barba y el aspecto juvenil.
Las mujeres son representadas con faldas de distintos tipos, parte superior del cuerpo desnuda, nalgas salientes, senos colgantes y diferenciados y, a veces, pesadas ropas, cintas colgantes; no portan nunca armas y sólo en una ocasión llevan una niña en la mano.
Las escenas humanas representadas son muy variadas: caza, luchas reales o simuladas, danzas de arqueros, bailes de mujeres y hombres, ejecución de hombres, domesticación de animales, monta de asnos, laboreo del suelo, etc. Y como utensilios destacan: cestos, escalas en escenas de recolección de miel, carcajs, flechas y numerosos signos.

 

FASES DEL ARTE RUPESTRE LEVANTINO


Juan Cabré Aguiló
El tierrabajino Juan Cabré Aguiló fue el descubridor del arte rupestre levantino en 1903 en la localidad de Cretas (Teruel), si bien su publicación se aplazó cuatro años. El naturalismo y la belleza de los ciervos de la Roca dels Moros de Calapatá, la falta de antecedentes en este nuevo arte y el elemental conocimiento de los conjuntos de las cuevas paleolíticas hicieron que, sin vacilación, se les datase en el Paleolítico siendo mantenida esta opinión por los más competentes prehistoriadotes de principios de siglo para todo el arte levantino; pero a finales del primer cuarto de la centuria los españoles impusieron la datación postpaleolítica y en la actualidad todos admiten la datación epipaleolítica o posterior, llegando algunos a fecharlo en la Edad del Bronce.
Estas serían las fases del arte rupestre levantino:


FASE I :

Denominación: Fase prelevantina.
Datación: anterior al 6000 a C.
Período cultural: Epipaleolítico.
Representaciones: grandes figuras antropomorfas, signos fantásticos, temas geométricos y esquemáticos, de un estilo radicalmente distinto al levantino, pero coincidiendo con figuras de este arte y, en ocasiones, superposición clara de éste sobre aquél.
Localización de las pinturas: Los Chaparros de Albalate (Teruel), La Valltorta (Castellón), La Sarga (Alcoy), Cantos de la Visera (Tecla), Cocentaina, Balsa de Calicanto (Bicorp) y Labarta (Huesca).

Fase I :  Prelevantina

FASE II :
Denominación: Fase antigua o naturalista.
Datación: 6000-3500 a C.
Período cultural: Epipaleolítico.
Representaciones: grandes animales, rojos, con ausencia o escasa aparición de la figura humana, actitudes reposadas o estáticas (por ejemplo el ciervo rojo de la Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz) o los toros blancos del Prado del Navazo de Albarracín).
Localización de las pinturas: Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz), Calapatá (Cretas – Teruel), Ladruñán, Albarracín.

Fase II : Naturalista

FASE III :
Denominación: Fase de plenitud.
Datación: 4000-3000 a C.
Período cultural: Epipaleolítico.
Representaciones: desaparición progresiva de los toros y de grandes animales y aparición de ciervos y cabras, en color rojo o negro, con insistente aparición del hombre, escasamente naturalista, pero no estilizado.
Localización de las pinturas: Prado de las Olivanas, Las Tajadas (Bezas), La Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz), El Secans (Mazaleón).

Fase III : Naturalista o de Plenitud

FASE IV :
Denominación: Fase dinámica-estilizada.
Datación: 3500-2000 a C.
Período cultural: Neolítico.
Representaciones: Escenas con gran movilidad.. Figuras estilizadas. Movimiento como elemento fundamental de las escenas.
Localización de las pinturas: Prado de las Olivanas, El Cerrao de Obón, Alacón, Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz) y en Albarracín.

Fase IV : Dinámica-Estilizada

FASE V :
Denominación: Fase estática.
Datación: 2000-1500 a C.
Período cultural: Eneolítico.
Representaciones: vuelta al estatismo e incluso a la rigidez, estilización por una parte y torpeza de forma por otra. También se presentan escenas agrícolas, de domesticación y pastoriles. Recibe influencias del arte esquemático en símbolos y signos que se añaden a los frisos levantinos o se yuxtaponen a ellos.
Localización de las pinturas: Cueva de Dña. Clotilde (Albarracín), Barranco del Pajarero (Albarracín).

Fase V : Estática

ARTE ESQUEMÁTICO
Denominación: Arte esquemático.
Datación: 1800-700ª C.?
Período cultural: Edad de Bronce – Edad de Hierro.
Representaciones: Simbolismo. Esquematización de las figuras. Abstracción
Localización de las pinturas: Almohaja, Pozondón y Beceite

Arte Esquemático

Todos estos abrigos debieron ser santuarios o lugares de reunión donde tendrían lugar ceremonias o cumplimiento de ritos, con carácter religioso o social, sin que pueda excluirse un cierto historicismo conmemorativo que podría alcanzar incluso a las escenas que suponemos banales y de la vida diaria, pero cuya significación desconocemos. El artista levantino pudo cumplir un rito mediante el acto de pintar o no, pero en cualquier caso sirvió a la sociedad de la que formaba parte y propició actos públicos que reflejan la vida real sin perjuicio de que se les diese un oculto significado. Un hombre tendido en el suelo y herido por flechas frente a un grupo de arqueros que levanta sus armas en señal de júbilo puede representar la ejecución de un prisionero, también la del espíritu del mal, pero sin duda las ejecuciones se realizaban así, como las escenas de caza que quizá quieran significar la consecución de un propósito.
Resumiendo, el arte levantino es producto de una evolución en espacio cerrado e incluso aislado, desarrollado por un pueblo de cazadores de serranía que conservaba la tradición de viejas ideas paleolíticas, pero con aire original y autóctono.

 

ARTE RUPESTRE DE LOS ABRIGOS DE ALBARRACÍN (TERUEL)

En la comarca de Albarracín, sobre las areniscas triásicas de color rosado, llamadas rodeno, y en los términos municipales de Ródenas, Pozondón, Albarracín, Bezas y Tormón, fueron plasmadas unas figuras de arte levantino de enorme interés, indudable personalidad y rasgos comarcales bien definidos. Dichas pinturas, conocidas desde 1909, fueron estudiadas por Martín Almagro, quien añadió numerosos descubrimientos, con un total de 16, entre los que las agrupaciones de figuras blancas o los núcleos de caballos son de lo más interesante que se conoce.
El conjunto de arte rupestre levantino de "El Parque Cultural de Albarracín" es, sin duda, uno de los más importantes de España debido a su alta densidad de abrigos con gran variedad de figuras y estilos. La Diputación General de Aragón, consciente de su alto valor cultural, tuvo a bien incluirlo en el conjunto de Parques Culturales de Aragón según ley 12/1997 de 3 de diciembre, de Parques Culturales de Aragón.
Abrigo bajo formaciones de rodeno en plena  sierra de Albarracín (Teruel)Así mismo fue declarado Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español con categoría de Monumento, de acuerdo con lo establecido en los artículos 9.1 y 12.1 de la Ley 16/1985, de 25 de Junio del Patrimonio Histórico español y el artículo 21 de RD 111/1986, de 10 de Enero modificado por el RD 64/1994, de 21 de Enero y teniendo en cuenta el artículo 40.2 de dicha Ley.
Y como no podía ser menos, también la UNESCO (en 1998) lo declaró Patrimonio de la Humanidad incluyéndolo dentro del Arte Rupestre del Arco Levantino.
Este conjunto presenta asimismo particularidades propias que le confieren una singularidad comarcal indiscutible, caracterizada por el empleo exclusivo en algunos abrigos, del color blanco frente al rojo característico, la existencia de grabados autónomos, técnica rara en esta región, y lo poco abrupto de su terreno.
Cada uno de los diecinueve abrigos posee características particulares y, aunque estilísticamente levantinos, presentan grandes diferencias que los individualizan. La variación existente en cuanto naturalismo y esquematismo de un abrigo a otro, indican en cierto modo una evolución desde los más antiguos, con una concepción más naturalista, a los más recientes caracterizados por la estilización de las figuras.
Cuatro son los conjuntos de Arte Rupestre que existen en la comarca de Albarracín, unidos entre sí por la carretera que va de Albarracín a Bezas y desde allí por pista a Tormón. Son los siguientes:

Conjunto de El Rodeno de Albarracín:
Situado a 4 km. de la ciudad de Albarracín, en el paraje denominado El Pinar. Es el que mayor número de abrigos posee:
-Abrigo de la Fuente del Cabrerizo.
- Abrigo de Doña Clotilde.
- Abrigo de Lázaro.
- Abrigo de los Toricos del Prado del Navazo.
- Abrigo de la Cocinilla del Obispo.
- Zona del Arrastradero: con los abrigos de las Figuras Diversas, del Ciervo, del Medio Caballo, de los Dos Caballos, del Toro Negro y el del Arquero de los Callejones Cerrados.

Conjunto de las Tajadas de Bezas:
Situado a 19 km de Albarracín y con tres abrigos:
- Abrigo del Huerto de la Tajada Bajera.
- Abrigo de la Paridera de las Tajadas de Enmedio.
- Abrigo contiguo a la Paridera de las Tajadas de Enmedio.

Conjunto de las Olivanas:
Emplazado en Albarracín y con dos abrigos:
- Abrigo del Pajarero.
- Abrigo de las Olivanas.

Conjunto del Prado de Tormón: Situado en la localidad de Tormón y con tres abrigos:
- Abrigo del Tío Jorge.
- Abrigo de la Ceja de Piezarrodilla.
- Abrigo de las Cabritas Blancas.

Todo visitante interesado en estas manifestaciones histórico-artísticas puede conseguir información y publicaciones orientativas y explicativas en el Centro de Información del Parque Cultural de Albarracín (Albarracín)

ABRIGOS DEL CONJUNTO “EL RODENO DE ALBARRACÍN

Abrigo de los Toricos del Prado del Navazo. Ya era conocido desde antiguo por los naturales del país y aunque E. Marconell ya dio cuenta de su existencia en 1892, nadie le hizo caso y no fueron recogidos por los científicos hasta después de la publicación de Calapatá (1903) por Cabré. Martín Almagro realizó excavaciones muy cerca de este abrigo y halló un conjunto de materiales epipaleolíticos.
La cueva tiene un friso de tres metros de longitud y agrupa una veintena de figuras en dos paneles horizontales. Arriba una fila de cinco grandes toros naturalistas con medidas que oscilan entre los 70 y 80 centímetros y otros cinco más pequeños y un cérvido agrupados en el centro y la parte inferior del panel, con longitud entre 20 y 29 centímetros; en el mismo centro de las pinturas y dentro de una pequeña oquedad hay cinco arqueros que miden entre 8 y 21 centímetros.

Toricos Blancos. Prado del Navazo. (Albarracín)
Abrigo del Prado del Navazo (Albarracín)
Ciervo. Abrigo del Navazo (Albarracín)

Todas las figuras están pintadas en blanco lechoso con técnica de tinta plana muy espesa, notándose algunos trazos rojos que en ocasiones pueden ser provocados por los tonos rosados de la arenisca. En cualquier caso si que parece estar claro que el color blanco correspondería a la fase más antigua del arte levantino.
Los grandes toros , parados y estáticos,tienen los cuernos y las pezuñas en perspectiva torcida. Los animales pequeños son levemente posteriores, a juzgar por uno de ellos que se superpone a otro grande y estarían relacionados con un hombre que marcha hacia la izquierda, sin arco ni flechas. Los hombres parece que están escondidos en una grieta. Hay que destacar el distinto tratamiento que el arte levantino, en su fase naturalista, da a los animales y a los hombres, hecho que se nota extraordinariamente en este abrigo y que resulta inexplicable. De haber querido, un pintor que es capaz de pintar los excelentes toros de Albarracín, hubiera podido reproducir un hombre con la misma fidelidad.

Abrigo de la Fuente del Cabrerizo. Está localizado junto al barranco Arriuelo y en su confluencia con el río Guadalaviar bajando del Navazo. En este abrigo existe un grabado de équido, de 50 centímetros de largo, realizado mediante una incisión profunda y ancha, marcándose las crines y el pelo del interior del cuerpo con líneas cortas y superficiales, resultando muy rudo, sobre todo las patas y la cola que están reducidas a simples trazos. Mejor realizado, pero con notable desproporción entre cuello y cuerpo es el grabado de un ciervo de 14 centímetros de altura, de surco fino y cortas astas. Para algunos autores estos grabados han resultado un tanto sospechosos, suponiéndolos obra de pastores. En cualquier caso no resulta fácil buscar argumentos de congruencia puesto que no existen grabados en el arte levantino. Suponiéndolos auténticos serían más o menos contemporáneos, de la fase de grandes animales escasamente movidos o estáticos.

Toro. Abrigo de la Cocinilla del Obispo. (Albarracín)
Grabado. Barranco de la Fuente del Cabrerizo. (Albarracín)
Toro. Abrigo de la Cocinilla del Obispo. (Albarracín)

Abrigo de la Cocinilla del Obispo. Está localizada en el Prado del Navazo o Callejón del Plou según Cabre. Contiene un friso con una serie de toros que cubre cuatro metros de largo. Los toros son seis, los dos de la izquierda girados hacia su derecha y los restantes hacia la izquierda. Todos son de arte naturalista, cuatro de ellos parados y los otros dos en actitud de subir una fuerte pendiente o de arrancar a correr. Los colores utilizados son el blanco y el rojo claro, y se advierten unas manchas blancas que podrían indicar que inicialmente todas las figuras fuesen blancas y repintadas posteriormente en rojo, muy claramente en los dos toros de la derecha, de los cuales uno tiene el ojo y la nariz negros y el otro todo el ojo rojo oscuro. Todas las figuras tiene el perfil sutilmente grabado y los cuernos en perspectiva torcida. La cronología relativa daría como más antiguas las manchas blancas, seguidas de las figuras rojas claras, las de rojo oscuro y los repintados negros.
En este lugar también fueron halladas por Almagro restos líticos epipaleolíticos.


Abrigo de Doña Clotilde.
Se halla situado cerca de la masada de la Losilla. Ofrece un conjunto de pinturas en un grabado de estilización que destaca sobre todos los de la región. En una excavación en la base del abrigo M. Almagro halló industrias mesolíticas y neolíticas y, desde luego, estilísticamente nos hallamos frente a unArbol. Abrigo de Doña Clotilde. (Albarracín) arte muy evolucionado, que no introduce las novedades esquemáticas, pero que dista muchísimo de las figuras animales o humanas del arte levantino clásico. Las figuras son de color rojo claro advirtiéndose en dos o tres lugaresrepintados de color rojo oscuro. En total se cuentan 41 figuras, entre ellas un arbolito con pequeños frutos ovalados que ha sido interpretado como un pino y que, juntamente con el ejemplo de Alacón, son las únicas representaciones vegetales seguras de todo el arte levantino. Existe también un hombre de cabeza poco marcada que porta del ronzal un extraño cuadrúpedo doméstico, probablemente un équido. Hay además seis hombres muy estilizados, con un sombrero o montera horizontal semejante al que se aprecia en Dos Aguas, en representaciones más naturalistas. Cabe destacar que dentro del esquematismo hay distintos grados muy apreciables, por lo que este abrigo es fundamental para establecer una evolución de la fase final del arte levantino, de acuerdo con el final de la ocupación del covacho. Los animales son bastante difíciles de identificar y corresponden a una etapa en la que la individualización de las especies importa poco, cosa que no debe atribuirse a la mera simplificación de rasgos, pues en el arte esquemático, con muy pocos trazos se diferencian toros, ciervos, cabras y équidos.

Abrigos de la zona de la Losilla, camino del Arrastradero.
Comenzaron a ser descubiertos en 1971. Han proporcionado un buen número de pinturas de caballos, animal desconocido hasta entonces en las pinturas rupestres de Albarracín. Además de lo anterior también han aportado nuevos estilos y colores. Los abrigos de esta zona son los que se relacionan a continuación. Presentan la peculiaridad de presentar escasísimos toros, que era el animal predilecto de los pintores de Albarracín, predominan los ciervos y las cabras y aparecen con cierta insistencia los caballos, ausentes en las pinturas hasta entonces conocidas. La estilización humana es muy acusada.

Abrigo de los Callejones Cerrados.
En él halló Almagro un arquero aislado en una pared lisa de arenisca. Representa un hombre bastante esquemático, de 19 centímetros de longitud, tendido en el suelo, en actitud de disparar el arco, única postura hallada en todo el arte levantino. Aparentemente el arquero está desnudo, tiene una anómala cabeza y quiza es un cazador emboscado esperando la presa. A su alrededor la única pintura es un trazo del mismo color rojo del arquero.

El abrigo de las Figuras Diversas.
En él vemos utilizado el color rojo claro, lo que desmiente la hipótesis de que las figuras blancas aparecieron por la imposibilidad de pintar con visibilidad en rojo claro sobre el rosado de las areniscas. Los animales son: un ciervo naturalista y estático de 22 centímetros de largo, un toro de iguales características pero más pequeño y en color rojo violáceo, una figura humana filiforme y sin brazos, en el mismo color, y otra de color anaranjado que levanta los brazos sobre la cabeza sosteniendo un objeto redondeado.

El covacho del Ciervo.
Nos presenta un ciervo de 30 centímetros de largo en tinta plana roja, aparte de manchas correspondientes a otras figuras. Al igual que las figuras del abrigo de las Figuras Diversas, deben ser incluidos en la fase III, pues en esta zona las figuras arcaicas blancas y rojas debieron provocar imitaciones como estas.

El abrigo del Medio Caballo.
Conserva cuatro figuras en rojo vinoso entre las que destaca medio caballo naturalista, con excelente pintura de la mitad delantera sobre la que destaca su cabeza. Peor conservados est án los dos toros enfrentados en color muy oscuro, casi negruzco, y los restos apenas visibles de un cuadrúpedo de color blanco, sin que por desgracia haya superposiciones que nos confirmen la secuencia blanco, rojo vinoso, rojo oscuro. En la parte derecha del abrigo , aunque poco visibles, se aprecian tres ciervos en rojo y en el techo numerosas figuras humanas de color rojo vivo claro, cabras y un grupo de caballos, todos en técnica de tinta plana en los animales y de pincelada gruesa en los hombres.

Caballo. Abrigo de los dos Caballos. (Albarracín)
Caballo. Abrigo de los dos Caballos. (Albarracín)
Medio caballo. Abrigo del Medio Caballo. (Albarracín)

El abrigo de los Dos Caballos. En él pueden contemplarse dos caballos de color rojo claro y tintas planas.

Abrigo del Arquero.
Está aislado y presenta la figura de un arquero.

Abrigo del Arquero Negro.
Presenta la figura aislada de un hombre corriendo, con las piernas dobladas, portando un venablo en su mano y un ángulo negro detrás de él.

La covacha de las Figuras Amarillas.
Fue descubierto por I. Aparicio en 1978. Presenta tres figuras humanas en color rojo muy claro y sumamente estilizadas, remotamente emparentadas con las de la cueva de Doña Clotilde.

El abrigo del tío Campano.
Descubierto por Tomás Collado Villalba. Presenta pinturas de animales cuatrúpedos en color rojo castaño. Entre ellas sedistinguen: un cervido, la cabeza de otro y un équido. Así mismo existen otros abrigos inéditos como el del Mojón con un toro negro y el de Lázaro con figurillas rojas de un estilo muy diferente al de los restantes abrigos de la zona.

EL CONJUNTO RUPESTRE DE LAS OLIVANAS (ALBARRACÍN)

El abrigo de las Olivanas, juntamente con el de la Ceja de Piezarrodilla, permiten establecer una cronología relativa de los colores en la secuencia blanco-rojo claro, rojo castaño o vinoso, negro rojo y rojo muy oscuro, aunque no documentan cambios estilísticos consiguientes a ellos, salvo los cuernos ovales sustituidos por los abiertos o en forma de lira, en los toros. La frecuencia y el repintado de ciervos sobre ellos y la escasez de otros animales ofrecen un aspecto particular de estos abrigos.

Ciervo del Abrigo del Ciervo. Pinares de la Losilla. (Albarracín)
Arquero. Abrigo del Arquero. (Albarracín)
Figuras humanas. Abrigo del Pajarero (Albarracín)

Abrigo rupestre del Barranco del Pajarero. Este pequeño e interesante gupo de figuras fue descubierto por Almagro en 1959 y contiene cinco figuras en dos grupos en las que se cree ver una danza agrícola. Las figuras, muy torpes de realización, aunque no esquemáticas, miden, la mayor 13 centímetros, y tres de ellas son mujeres con una falda de bordes rectos. Una de ellas, encorvada sobre el suelo, lleva en una de sus manos un pico angular.

Abrigo rupestre de las Olivanas. Se le conoce también con el nombre del Prado de las Olivanas. Es de los más importantes de la sierra de Albarracín y aporta soluciones a algunos de los problemas cronológicos del arte levantino en general. Sus pinturas fueron recogidas por el P. García en 1926 y publicadas en la misma fecha por Breuil y Obermaier con el nombre de abrigo de Tormón sin sacarles el debido partido por su empecinamiento en la datación paleolítica del arte levantino. El friso está pintado sobre la arenisca triásica a lo largo de 9 metros y conteniendo 33 figuras en rojo vivo oscuro, en negro y, probablemente, en una primera fase blanca sobre la que se repintó en rojo. De ser así tendríamos rojo sobre blanco, negro sobre rojo y, por consiguiente una cronología relativa de los tres colores. Por otra parte también existen copias exactas de figuras en el mismo color u otro..
Describiendo el friso de izquierda a derecha tenemos en primer lugar un grupo de varias esquematizaciones humanas, una de ellas de apenas 3 centímetros de altura, dentro de una pequeña depresión de la pared, repitiéndose así la utilización de grietas como escondrijos, tal como ocurría en el Prado del Navazo.; esta minúscula figura es de color rojo carmín y las restantes de color rojo claro.

Conjunto del Prado de las Olivanas (Albarracín)

A la anterior le sigue una bellísima figura de color rojo vivo representando un ciervo de 36 centímetros de largo con nacientes astas que, como las pezuñas, se representan en perspectiva torcida; hacia él camina un arquero de 13 centímetros de altura, con sombrero alto y pecho triangular, cintura muy estrecha y piernas muy detalladas. Más hacia la derecha hay un ciervo análogo al citado, tanto en color como en estilo y forma, pero con la zona delantera del cuello grabada. El grupo central está dividido en tres fajas horizontales: la superior formada por cuatro animales vueltos hacia la izquierda, con cuerpo de cérvido, pero con atributos de bóvido, lo que indica claramente que fueron repintados; aquí la tinta visible es la negra, muy difuminada, con la línea de perfil muy marcada, cuernos semilunares y medidas entre 34 centímetros el mayor y 28 el más pequeño. Las patas delanteras abiertas para abrevar o pacer son propias de los ciervos, así como la delgadez de las extremidades y los cuartos traseros; por otra parte el perfilado y el modelado de la cabeza y el cuello y lo tenue de la tinta plana evidencian una sucesión de técnicas acomodadas a los modelos originales.

Ciervo. Las Olivanas (Albarracín)
Arquero en marcha. Las Olivanas. (Albarracín)
Équidos. Las Olivanas (Albarracín)

La zona intermedia es aún más interesante, pues se cubre con dos bellísimos toros, uno vuelto hacia la izquierda y el otro hacia la derecha y adosados, que responden a la técnica y características citadas con anterioridad, pero con una corrección del par de patas delantero que deja al animal con seis patas, unas que parecen las más antiguas en posición de reposo y las otras dos de marcha; las más modernas han sido reforzadas en sus extremos con color rojo castaño, circunstancia que se repite en las patas posteriores de 45 centímetros de largo. Cola con cola se muestra otro toro del mismo estilo y pequeños cuernos semilunares que tiene una tercera pata delantera; ambos toros parecen tener un fondo rojizo artificial que se nota en el contorno, por lo que debe suponerse que fueron pintados en color rojo claro, repintados en negro y retocados posteriormente en rojo oscuro.
En la zona inferior del grupo central se observan dos hervíboros mal conservados en negro modelado y frente a ellos un arquero de color rojo castaño. Debajo otras dos figuras humanas en color negro, incompletas, una de un hombre con un tridente en la mano y otra que podría ser una mujer, portando entre ambos un pequeño cuadrúpedo, escena muy interesante aunque no se ve con la suficiente claridad, pero sí lo suficiente para comprobar que el animal de rojo claro fuese pintado superpuesto a las dos figuras humanas, más pequeña la de la mujer y con falda corta.

Toro. Las Olivanas. (Albarracín)
Arquero caminando. Las Olivanas. (Albarracín)
Toro. Las Olivanas. (Albarracín)

En la parte derecha del abrigo hay también tres filas paralelas de figuras predominantemente animales; arriba una gran figura de toro negro de 60 centímetros de largo, de aspecto semejante a los del Navazo, cuerpo largo, cuernos ovalados junto con pezuñas en perspectiva torcida, acusado morrillo, perfilado fuerte y una tercera pata en el par delantero que denota un repintado que, por algunos detalles, parece de negro sobre rojo; inmediatamente delante hay un toro más pequeño y de otro estilo, con la cornamenta muy abierta, contorneado por una línea roja, salvo en la papada y las patas delanteras. Junto a estos animales había un hombre del que se conservan solamente las piernas. La fila intermedia contiene un bello toro negro, en el que se aprecian algunos toques de blanco que evidencian una superposición, y lo propio ocurre con un équido negro incompleto frente a él. Más a la derecha un ciervo también negro y a sus dos lados restos de dos toros en silueta en color rojo y algunos restos de pintura. En la fila inferior hay una decena de figuras blancas que no responden al estilo ni tamaño de las arcaicas de Albarracín; los demás animales son bóvidos, algunos con el cuerpo rayado verticalmente, aunque la defectuosa conservación impide precisar más sobre estas pequeñas figuras.
Por último, en el extremo del friso hay dos figuras en color rojo castaño de excepcional interés, separadas una de otra por una amplia zona sin pintar y no obstante formando escena; se trata de un gamo muerto, desplomado, con el cuello colgante y las patas flexionadas; hacia él y marchando a grandes zancadas, con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, llevando en la mano un gran arco de una sola curva y un manojo de flechas, un garboso arquero que va a cobrar la pieza que ha matado. Se adorna con un sombrero de alta copa en la cabeza, del que se advierte una pequeña visera; se detallan la nariz saliente y la boca, con el cuerpo desnudo sobre el que se han tatuado o pintado líneas horizontales; no debe tratarse de vestiduras, pues se advierte claramente el sexo además del abombamiento del tórax y el vientre.

CONJUNTO RUPESTRE DE LAS TAJADAS DE BEZAS (TERUEL)

En esta zona de las Tajadas T. Ortego halló sílex y cerámicas datadas entre el Epipaleolítico y la Primera Edad del Hierro. En lo que a arte rupestre se refiere, viene representado por los siguientes abrigos y covachos:

Covacho del Huerto. Presenta un curioso conjunto compuesto por tres hileras de gruesos puntos rojos con una longitud de 83 centímetros y paralelas al suelo, con aspecto de haber sido impresos con los dedos y de significado desconocido puesto que se separan mucho de las huellas o regueros de sangre existentes en otros abrigos; las líneas exteriores se cierran dejando en el interior otra central. Hay además una torpe figura de 20 centímetros de largo en color rojo vivo, perfilada con seguridad y con trazos interiores que se transforman en más espesos en el pecho y cabeza, con la técnica de modelado que parece previa a la tinta plana. Tal figura podría tratarse de un gamo hembra o de una cierva.

Cuadrúpedo. Abrigo de las Tajadas. (Bezas)
Abrigo. (Bezas)
Cabritas blancas. Abrigo de las Tajadas. (Bezas)

Covacho de la Paridera. Muy próximo al anterior y descubierto por T. Ortego en 1947. Presenta dos bellísimas ciervas de 20 centímetros de longitud cada una. Resulta muy interesante su color blanco aplicado con pinceladas muy ténues; un poco más al norte hay otras dos figuras muy finas: una cierva blanca de la que no se conserva más que la cabeza, el cuello y las dos delgadísimas patas delanteras estando el resto cubierto por una capa negruzca de moho y delante de ella dos líneas blancas paralelas que parecen venablos y una pierna humana aislada, sin que nunca se pintase el resto de la figura. El otro animal es un ciervo rojo oscuro, en tinta plana, de 20 centímetros de largo en actitud de remontar una pendiente.

CONJUNTO RUPESTRE DE TORMÓN (TERUEL)

En las cercanías de esta localidad aparecen varios abrigos entre los que destacan:

La cerrada del Tío José o del Tío Jorge. Descubierta en 1924 por Breuil. Conserva un toro en muy mal estado, de color rojo castaño y tinta plana; de él sólo queda la mitad anterior, de 38 centímetros, con los cuernos en perspectiva torcida, cabizbajo y en actitud de embestir.

Toro del abrigo de la Ceja de Piezarrodilla. (Tormón)
Cabritas blancas del abrigo del mismo nombre . (Tormón)

La Ceja de Piezarrodilla. En ella descubrió Breuil una importante pintura de un toro de 74 centímetros de longitud, cuerpo alargado y estilo naturalista, patas cortas y poderosas, cuernos liriformes en su versión negra, color en el que fue repintada la primitiva figura blanca sobre la que se superpuso cuidadosamente la tinta negra, salvo en los cuernos, que se dejaron con su forma oval entre los negros de la segunda fase. Esta superposición de figuras idénticas denotan la sucesión blanco-negro, pero conservando el mismo estilo del toro precedente.

Abrigo de las Cabritas Blancas.
Se halla situado cerca de los dos abrigos anteriores. Está constituido por un conjunto de cápridos blancos de un estilo muy diferente al de las grandes figuras blancas de la sierra.

PINTURAS DE LOS ABRIGOS DEL CALAPATÁ (CRETAS – TERUEL)

Se hallan ubicados en el barranco del Calapatá, concretamente en el lugar conocido como La Tejería. En estos abrigos pueden apreciarse los ciervos pintados que Juan Cabré descubrió en 1903 y publicó en 1907, con S. Vidiella, siendo el modesto artículo aparecido en el Boletín de Geografía e Historia del Bajo Aragón el arranque de todos los estudios sobre el arte levantino. Por desgracia las pinturas fueron arrancadas y actualmente se hallan custodiadas, en tres pedazos, en el Museo Arqueológico de Barcelona. Una parte del conjunto aún se conserva.
El nombre que el pueblo adjudicó al soporte en el que están pintadas fue el de Roca dels Moros o dels Cuartos e incide en la creencia de que las pinturas eran la señal del lugar donde estaba enterrado un tesoro, justamente donde los ciervos indican con el morro.
Las pinturas, de color rojo, representan tres ciervos naturalistas, de exquisito arte, de 33 centímetros de longitud la mayor de ellas, en tinta plana, dos de ellos afrontados, uno con las patas replegadas y el tercero saliendo de la escena. La perspectiva torcida de asta y cascos y el detallismo de representación (orejas, boca, cola) hizo que Cabré ni siquiera se plantease la posibilidad de que estas pinturas fueran distintas de las cantábricas que el reconocimiento de la autenticidad de Altamira había puesto de moda. El conjunto del destruido friso medía 2,32 metros de largo y en su parte derecha también en rojo había un toro más pequeño que los ciervos, y aparentemente, de peor arte, y sobre él un dudoso felino, una cabra y un caballo tampoco demasiado claros y varios trazos confusos. Cabré afirmó que el perfil se había marcado con una finísima línea grabada, sin reforzar el trazo con pintura, como en otros sitios, y rellenado el interior con una tinta plana regular de color rojo-carmín oscuro. No existe ninguna representación humana y el conjunto podría incluirse dentro de la fase II, la más antigua del arte levantino.

Cabra corriendo. Peñasco dels Gascons en el Barranco del Calapatá (Cretas- Teruel)
Cabeza de ciervo. Roca de los Moros (Cretas)
Conjunto de la Roca de los Moros. Cretas (Teruel)

En el barranco de Els Gascons de la misma localidad de Cretas, Juan Cabré encontró en 1908 un conjunto de pinturas y de discutibles grabados; aquellas eran dos hermosos ciervos naturalistas, parcialmente superpuestos, marchando hacia la izquierda, del mismo estilo y época que los de la Roca dels Moros, pero uno rojo y otro, sobre él, negro. Sin duda éste es posterior, pero fue reproducido con las mismas características que el antiguo, fenómeno paralelo al repintado que se repite muchas veces en el arte levantino y que impide establecer secuencias cronológicas fundadas en el estilo en muchas ocasiones. Ambos fueron grabados someramente en el perfil y rellenados de tintas planas. En el ángulo superior izquierdo del friso hay dos arqueros, en reposo, con los enormes arcos de tres curvas preparados como si estuvieran a la espera de los ciervos, en color rojo castaño, y con ellos en el mismo color otra figura humana y dos cabezas de cabra. La parte inferior del panel está compuesta por dos cabras de largos cuerpos huyendo en perspectiva diagonal hacia la izquierda de un arquero que corre tras ellas, mientras que un cáprido de cuernos cortos parece haberse rezagado del grupo; las figuras están pintadas en negro y son de un estilo naturalista muy correcto, contemporáneas del ciervo negro y forzosamente de finales de la fase II y principios de la III, aunque al seguir los modelos más antiguos puede darles un estilo arcaizante.
Los grabados copiados por Cabré eran accidentes naturales o, en todo caso, nada se ve de ellos. Este conjunto fue visitado por Bosch Gimpera en 1923 y 1924 cuando había sido arrancado, como el de la Roca dels Moros, pasando a la colección Cabré de Calaceite, donde, en 1954, Enrique Vallespí localizó la figura incompleta de un ciervo, muy desgastada y perdida. Algunos restos fueron localizados aún en la roca por el equipo de la profesora Utrilla, pero estos abrigos de la zona de Cretas han desaparecido prácticamente por la equivocada conducta de Juan Cabré que arrancó las figuras para evitar que fueran destruidas.

PINTURAS DE LOS ABRIGOS DE MAZALEÓN (TERUEL)

Las dos cuevas de esta localidad que contenían pinturas rupestres han desaparecido no hace mucho tiempo como consecuencia de unas manos desalmadas y destructivas.
Els Secans, que así se llamaban los abrigos, contenía un grupo de pocas figuras en color rojo carmín oscuro y fueron descubiertos por Pérez Temprado en 1917, en la Val dels Secans, cerca de la confluencia con el río Matarraña. La figura central era un garboso arquero marchando hacia la izquierda con las piernas en compás muy abierto, la cabeza piriforme con una melena que cae sobre los hombros, sujeta con una diadema sobre las sienes y vista de frente, como el cuerpo triangular con una brevísima cintura; las piernas se muestran de perfil, con amplios calzones que llegan casi hasta la rodilla y que terminan por abajo en dos puntas; en las piernas los adornos llamados jarreteras, quizá ataduras o según otras opiniones polainas que protegían las pantorrillas, se ataban cerca de la rodilla y dejaban sobresalir la piel por encima de la atadura. Los pies están doblados hacia la izquierda mostrando la dirección de la marcha y los brazos doblados sosteniendo con la mano derecha un arco cuya cuerda se confunde con las flechas.
Cierva del abrigo de Las Caídas del Salbime. (Mazaleón)A su izquierda dos figuras de menor tamaño representan arqueros, uno de ellos con el arco colgado de su mano derecha, ambos de color más oscuro y teóricamente de dotación posterior. A la derecha una curiosa forma animal, de cuadrúpedo inidentificable, con el cuerpo formado por un óvalo de color rojo claro, pudiéndose apreciar dos cortas patitas y muy pocos detalles, debiendo corresponder a la última fase del arte levantino. Tendríamos así en un abrigo que mide solamente 8,20 metros de anchura, tres fases de la evolución del arte rupestre levantino (fases III, IV y V). Por desgracia todas estas figuras han sido brutalmente arrancadas y no se conserva nada de ellas. En los alrededores del abrigo se recogieron numerosas muestras de industria lítica del tipo de los talleres del Bajo Aragón, epipaleolíticas las más antiguas, sin que podamos asegurar la contemporaneidad absoluta con las pinturas.
Las Caídas del Salbime, abrigo descubierto en 1920, también por Lorenzo Pérez Temprado e igualmente destruido, en parte, permaneció inédito hasta 1952 y estaba muy cerca del poblado hallstáttico del Piuro del Barranc Fondo, de Mazaleón. Se componía de dos grupos de figuras, uno formado por una graciosa cierva de 8 centímetros de longitud, con el perfil rojo fuertemente acusado y el interior relleno de una tinta plana del mismo color, pero más desvaído. El animal está en actitud de correr hacia la izquierda saliéndole al paso un hombre de cabeza redonda, sin que se viera si llevaba o no arco y con los brazos levemente curvados, pudiéndose adjudicar esta escena a la fase III. Un segundo grupo, en el mismo color rojo de la cierva, comprende diversas estilizaciones humanas, de la fase IV-V, algunas muy confusas; una de ellas es un hombre marchando hacia la derecha y otra podría ser interpretada como una mujer con un niño en brazos, terminando el cuerpo de aquella no por dos piernas sino por un trazo único cerrado por una base de tendencia triangular como encontramos en las estilizaciones del Eneolítico. También se recogieron en los alrededores silex de aspecto epipaleolítico.

ARTE RUPESTRE DE LA VAL DEL CHARCO – ALCAÑIZ (TERUEL)

Por los problemas que plantea y en algún caso resuelve, el abrigo de La Val del Charco del Agua Amarga es de los más interesantes del arte rupestre levantino, con ciertas peculiaridades que lo separan de los de Castellón y Valencia y de otros de la provincia de Teruel.
El presente abrigo fue descubierto por Carlos Esteban en 1913 y es uno de los más importantes del arte rupestre levantino. Está situado en el término municipal de Alcañiz (Teruel) y guarda una gran relación con el covacha del Plano del tío Pulido, con varios ciervos naturalistas; se puede acceder a él también desde la localidad de Valdealgorfa.
En 1915 fue publicado por Cabré, dando la noticia de sílex trabajados de los alrededores, de puntuaciones rojas en la Cuesta del Pel, de un gravado de ciervo y pinturas negras en las proximidades del abrigo que deben ser simples formas naturales.
El abrigo se abre a poniente, lo que es bastante común en los lugares con pinturas que, frecuentemente, dominan un barranco desde la cabecera o lugares donde los animales saciaban su sed; resulta arriesgado poner en relación la orientación hacia el ocaso del sol con ritos relacionados con el nacimiento y la muerte, sobre todo porque existen bastantes covachos que se abren en otra dirección.
El complejo friso pintado mide aproximadamente 6,80 m de largo por 1,70 m de alto y contiene cerca de ochenta figuras, la totalidad de ellas en rojo, aunque de muy diversos matices y, con seguridad, de distintas épocas. Unas muestras realizadas por J. Tomás proporcionó materiales de sílex meso-neolíticos, con un buril raspador microlítico, microburiles sobre hojas, un triángulo microlítico, hojitas y lascas, todo ello conservado en el Museo de Teruel, además de fragmentos de cerámica.
La conservación de las pinturas es muy deficiente por el lavado y frotado a que son sometidas para acentuar su visibilidad, lo que ha dado lugar a la formación de una capa de carbonato cálcico sobre las mismas; algunas de las figuras que fueron vistas por Cabré han desaparecido total o parcialmente, lo cual no es de extrañar ya que estaban bastante mal conservadas en 1915.

Cabeza de ciervo. Abrigo de la Val del Charco. (Alcañiz)
Figura femenina. Abrigo de la Val del Charco. (Alcañiz)
Cabra descendiendo. Abrigo de la Val del Charco. (Alcañiz)

En resumen, y desde el punto de vista técnico, todas las representaciones son pinturas, sin grabados autónomos o de perfilado de tintas planas; aquellas son perfiles simples lineares, perfiles con modelados en la cabeza, cuello, pecho y patas, pinceladas simples, llenas o bien múltiples, paralelas y casi yuxtapuestas, tintas planas simples, sobre todo en las grandes figuras. Los colores oscilan entre el rojo claro ligeramente violáceo, rojo intenso vivo, rojo carmín violáceo, castaño, rojo negruzco, a veces muy oscuro, rojo muy claro o rojo bermellón, a cuya secuencia otorgamos un valor cronológico; no se utilizó el negro, aunque el rojo negruzco oscuro debió hacer su papel y el predominio absoluto es del color rojo violáceo castaño. El bermellón sería ya de época eneolítica y el resto de los colores son difíciles de poner en relación con las formas de las figuras y su estilización, porque se desconoce el número de repintados que pudieron producirse y, de hecho, encontramos en el mismo color figuras naturalistas y esquemáticas.
Las escenas presentan un predominio de la figura humana (42 figuras humanas y una veintena de animales) y representan persecución y caza de tres cabras, acoso de un jabalí herido, acecho de un hombre enmascarado con una piel de animal o de un hechicero junto a dos ciervos, uno de los cuales pace tranquilamente sin advertir su presencia, quince arqueros lanzados a la carrera con perspectiva diagonal y con las piernas formando una línea horizontal. Son numerosas las figuras que están aisladas o de las que se ignora la relación que pueden tener con otras pinturas próximas y, en algún caso, superpuestas: la mujer de grandes dimensiones, dos ciervos superpuestos parcialmente y algunas más de hombres y animales.
Los animales que más abundan son las cabras, naturalistas, a las que siguen los ciervos, un solo toro claro y otro dudoso y un jabalí. Los hombres son arqueros en su casi totalidad, representados de perfil y corriendo o marchando hacia la izquierda, con sólo dos de frente y tres o cuatro hacia la derecha; su expresión normal es de pecho triangular, piernas desproporcionadamente gruesas, cabezas redondas con algunos peinados piriformes, melenas y algunas plumas, peinados o sombreros. Existe algún ejemplo de expresión del sexo, si bien es poco frecuente en este arte levantino, bien porque permanece oculto por los paños, calzones, estuches fálicos, etc, o bien porque se presentan seres humanos asexuados. Casi todos los arqueros llevan calzones largos y muestran los músculos gemelos de las piernas. La mayor parte de los hombres llevan arco y flechas, éstas con punta y emplumadura y aquellos de doble curva la mayoría. La representación femenina es escasa, tal es así que se reduce a una de 50 centímetros de altura, con falda acampanada y con picos colgantes, nalgas salientes y cuerpo filiforme. También se aprecian muchos trazos y manchas indescifrables, algunos de ellos se asemejan a chozas.
La vida que reflejan las pinturas de la Val del Charco es exclusivamente de cazadores sin ningún atisbo de recolección ni de animales domésticos. Un papel especial, que no se sabe cuál podía ser, correspondería a la gran mujer de la parte derecha del friso y al gran ciervo, los cuales sobresalen por tamaño entre todas las demás figuras.
Si lo que nos interesa es la descripción del friso, de izquierda a derecha encontramos una cacería de cabras, en la que tres de estos animales corren hacia la izquierda acosadas por otros tantos hombres con arcos y en posturas distintas. Tales hombres son de estilos distintos: uno de ellos lleva tres plumas sobre el pelo, tiene cabeza redonda y viste calzones y jarreteras muy abultadas, una de estas con dos puntas colgantes; el otro hombre es bajito y escasamente curvado, no va adornado con plumas, marcha sin correr, lleva un enorme arco y un haz de flechas en su mano derecha; el tercer hombre es mucho más pequeño, apenas puede definirse. Los tres hombres-arqueros forman una semicircunferencia en cuyo centro están las dos cabras que huyen. En todas estas figuras que forman una escena, hay diferencias de matiz del color rojo violáceo; algunas de ellas bien podrían haber sido repintadas o bien añadidas para completar la escena. Distinta y ajena a la escena es la bonita cabra de color entre rojo violáceo y negruzco, de excelente arte, que corre hacia la izquierda, de la cual fue dibujado sólo su perfil, con trazo grueso y modelado relleno de color en la cabeza, cuello y pecho, con poderosos cuernos y sin marcar las patas traseras. Realmente esta figura está aislada del resto y posee una técnica excepcional de arte levantino clásico.
La parte inferior del friso está libre de figuras, que vuelven a aparecer a la derecha de la última cabra anterior, aunque sean difíciles de relacionar. Hay un gran arquero de 21centímetros de altura, actualmente de color carmín negruzco que parece estar pintado sobre rojo más claro. Lleva en la mano derecha un manojo de flechas y va peinado con una melena, sujeta con diadema, que se ve de perfil. Camina deprisa, si bien las piernas no llegan a alcanzar la horizontalidad como en otras escenas. Cerca de esta gran figura pueden apreciarse otras más pequeñas correspondientes a dos arqueros, uno casi esquemático, un cuadrúpedo, unas líneas verticales paralelas que bien podrían ser flechas y un signo esquemático.

Humano corriendo. Abrigo de la Val del Charco. (Alcañiz)
Parte delantera de una cabra. Abrigo de la Val del Charco. (Alcañiz)
Arquero corriendo. Abrigo de la Val del Charco. (Alcañiz)

En la parte superior derecha se sitúa una de las escenas más famosas del yacimiento, la caza del jabalí, en la que este animal, herido, pintado en rojo vivo, corre hacia la izquierda, siendo perseguido por un pequeño arquero, desproporcionado en relación a la bestia, que lleva en su mano derecha el arco y las flechas. Ambas figuras son de muy buen arte. A continuación podemos apreciar un gran toro en rojo claro, de 60 centímetros de longitud, muy perdido y con seguridad una de las más antiguas figuras del abrigo; tiene superpuesto un arquero muy estilizado de color violáceo oscuro y con testículos visibles.
Justamente debajo del toro vemos una de las más famosas escenas del arte levantino, la de unos quince arqueros corriendo desaforadamente, con las piernas paralelas al suelo y formando una diagonal descendente. No hay superposiciones, salvo una de dos figuras del mismo estilo y color; el tono rojo es violáceo, más o menos oscuro. Esta carrera resulta curiosa dado que no se advierte ningún animal delante; parece una simple carrera de guerreros con arco, uno alto con sombrero, otro con dos plumas y todos mal conservados generalmente.
Existen también otras figuras de interés secundario entre las que cabe citar un ciervo lanzado a la carrera, con el perfil en rojo vivo, aislado y sin formar escena; una cabrita corriendo ante un arquero que la persigue y que nos demuestra que en la Val del Charco no hay escenas en las que los arqueros disparen, como en Cavalls, sino que persiguen animales heridos para capturarlos.
En la parte inferior del friso existe una escena muy interesante en la que un individuo, que parece estar gateando o tendido en el suelo, levanta la cabeza con acusada nariz y barba de chivo llevando tres plumas sobre ella y como si cubriese el cuerpo con una piel animal enmascarándole para poder acercarse sin ser advertido ni olido por los ciervos contiguos, uno que se le superpone y que parece desentenderse del cazador marchando hacia la izquierda y otro que pace tranquilamente.
En la parte alta y más a la derecha se aprecia una línea angular que podría interpretarse como una choza o cabaña y una figura femenina con la parte inferior del cuerpo redondeada; junto a ella una mancha triangular que bien podría tratarse de otra choza. Más a la derecha y aislados se superponen parcialmente dos ciervos, uno completo mirando hacia la derecha y otro, hacia la izquierda, del que sólo se aprecian cabeza y cuello.
Debajo de la pareja de ciervos hay una destacable figura pero mal conservada, se trata de un ciervo de 80 centímetros de largo y que podría rebasar el metro si estuviese completo; es de color rojo violáceo intenso en la cabeza y parte del pecho que bien pudieron se repintados, y de color rojo el resto del cuerpo, faltándole las patas que se han perdido; la intensidad del color aumenta también en la línea del perfil que originalmente debió ser una tinta plana de color uniforme. Sobre el ciervo y alrededor de él se pintaron varias pequeñas figuras, entre ellas una graciosa cabra de color carmín negruzco y pequeños arqueros muy esquemáticos que podrían ponerse en relación con otra cabra corriendo, de color carmín negruzco, incompleta, con un trazo lleno en la cabeza y el resto del cuerpo, del que faltan las patas traseras con sólo el perfil.
Para finalizar, en el extremo superior derecho del friso hay una gran figura de mujer, aislada, de 50 centímetros de altura, vista de perfil y vuelta a la derecha, cabeza con melena, cuerpo formado por una línea muy fina mostrando el pecho y los brazos muy cortos, el seno redondeado y alargado, cuerpo muy ensanchado en las caderas, con una falda que llega hasta media pierna y terminada en picos en ambos lados, piernas gruesas y pies vueltos hacia la derecha. Su color es rojo carmín oscuro.

ARTE RUPESTRE DE LA ZONA DE SANTOLEA (TERUEL)

El conjunto de abrigos de esta zona se halla emplazado en las estribaciones del Maestrazgo, dentro de los términos de Ladruñán y Castellote y próximos al río Guadalope. Uno de ellos se encuentra en la confluencia del río Bordón con el Guadalope, junto al enorme cantil llamado El Morrión; el del término de Castellote en el barranco Gómez. Fueron descubiertos en 1945 por Teógenes Ortego y publicados por Eduardo Ripio, que, en 1960 añadió nuevos conjuntos del friso alto de El Pudial y el abrigo del Arquero (Ladruñán) y el abrigo de la Vacada (Santolea).

El abrigo del Arquero, está situado en la partida de El Pudial (Ladruñán - Teruel). Se halla muy ahumado por haber servido de abrigo y donde se encendió fuego. Conserva ocho figuras que en la escena principal contienen una mujer con falda corta hasta debajo de las rodillas y un arquero con arco de triple curva y un haz de siete flechas en su mano izquierda, además de una suelta preparada para colocarla en el arco; lleva un gorro de copa elevada, seguramente con una pequeña visera al estilo de los de Alacón y Tormón y también calzones y un adorno o jarretera; mide 23 centímetros de altura. Junto al arquero hay una mujer de la que se conserva la parte inferior con falda corta, terminada en pico, postura inclinada y nalgas salientes. Otras figuras bien diferenciadas son un macho cabrío, de largos cuernos, quizá moribundo, huellas del animal herido y tal vez una mancha de sangre y un arquero.

Arquero en posición de marcha. Abrigo de El Pudial. (Ladruñán)
Arqueros luchando. Abrigo de la Vacada. (Castellote)
Arquero. Abrigo de El Pudial. (Ladruñán)

El friso abierto de El Pudial, dista unos 100 metros del anterior; contiene cinco figuras de color ocre calabaza, una cabra incompleta y cuatro hombres.

El abrigo de El Torico,
se halla también en Ladruñán. Tiene un solo toro, de perfil, vuelto hacia la izquierda en una tinta plana rojo violácea, con un solo cuerno y el arranque del toro en perspectiva frontal. Dicho toro mide 54 centímetros de largo y es una figura bastante antigua.

El abrigo de La Vacada,
puede visitarse en la localidad de Castellote (Teruel). Contiene alrededor de 72 figuras, con una escena central de un rebaño de bóvidos y además una quincena de arqueros, cuatro cabras, dos ciervos, un asno, un équido, un posible felino y una mujer. El conjunto contiene dos interesantes toros pintados primero en rojo violáceo y repintados en rojo carmín y una cabeza del mismo animal vista de frente y sin cuerpo, con los cuernos formando casi un semicírculo en forma de lira.
Según Ripoll la cronología de los abrigos de la zona de Santolea sería la siguiente: los más antiguos serían los bóvidos de color rojo violáceo de la izquierda del abrigo de la Vacada, emparentados con los arcaicos de Albarracín; grandes arqueros y mujer de la Vacada y el Pudial; figuras repintadas en color rojo carmín; arqueros en movimiento, y finalmente figuras esquemáticas.

ARTE RUPESTRE DE ALACÓN (TERUEL)

Los abrigos están localizados a lo largo del Barranco del Mortero, parte de ellos junto a su cabecera y otro a unos 4 km, en los cantiles del Cerro Felío. La cueva Hipólito de este barranco es la que proporcionó los materiales del eneolítico antiguo. En la cabecera del barranco existe una charca con agua permanente que explica, en cierto modo, la presencia de los cuatro abrigos próximos a ella.

La cueva de la Tía Mona. Su conjunto principal consta de nueve figuras, siete arqueros que persiguen a una cabrita; de ellos dos presentan una curiosa esquematización con una línea corporal muy curvada y larga, faldellines atados a la cintura y grandes colgantes en las pantorrillas. Uno de los arqueros muestra los dedos de los pies y otro el sexo muy diferenciado. A quince metros puede apreciarse una figura de un bóvido de pequeño tamaño. Además de lo anterior también existe un pequeño panel de 50 centímetros en cuadro y dos figuras aisladas a la izquierda; estas son un cuadrúpedo indeterminado y una cabra repintada en rojo oscuro sobre un ciervo de color rojo claro del que se ven las astas por debajo de los cuernos de la cabra; todo ello viene a proporcionarnos una secuencia de colores y de especies animales.

Arquero. Covacho Ahumado. (Alacón)
Los siete arqueros. Abrigo de los trepadores. Alacón)
Figura  humana. Covacho de la Tía Mona. (Alacón)

La cueva Ahumada, está ennegrecida por el humo de las hogueras, en ella pueden apreciarse 32 figuras de pequeño tamaño, de color rojo oscuro y mal conservadas; pueden agruparse en tres escenas, dos de ellas son cabras perseguidas por arqueros, algunos muy esquemáticos, otra con dos cabras más perseguidas por un supuesto felino de fauces abiertas y de figura perfilada. Los otros dos grupos están compuestos por hombres más o menos esquemáticos y de distintos estilos. Merecen especial atención dos árboles, uno de ellos con un animal que bien podría tratarse de un cánido sentado sobre sus patas traseras y el otro con un hombre ligeramente inclinado que parece estar recogiendo sus frutos; ambos miden alrededor de 20 centímetros de altura y se representan de forma muy simple mediante una raya vertical sobre la que inciden en ángulo agudo una serie de rayitas más pequeñas. Estas raras pinturas vegetales y el supuesto perro podrían adjudicarle a este abrigo una datación neolítica de acuerdo con otras escenas de cultura semejantes que existen en los demás abrigos del Mortero.

El abrigo de los Trepadores,
está situado en el centro de los tres de la orilla derecha del barranco. En él existen pinturas a más de 4 metros del suelo, habiendo desaparecido seguramente muchas más. Han sido localizadas 32, como un hombre sentado cogiendo sus rodillas con las manos, un supuesto felino y un équido que parece llevar un hombre sobre el lomo. Un grupo de guerreros muy estilizados levanta sus arcos sobre la cabeza tras haberlos disparado sobre un hombre tendido en el suelo. Junto a ellos hay una escena de combate de arqueros, muy esquemáticos. Todo ello está pintado en color rojo violáceo a castaño. Merecen especial mención las cuatro figuras de trepadores por árboles o escalas, uno de ellos con una bolsa y otro con un faldellín que cuelga verticalmente de la cintura. Alguna escena podría ser de recolección y contribuir con la del jinete a una datación neolítica.

El abrigo de los Borriquitos, es el más próximo a la laguna. Sus figuras, alrededor de 22, están muy destruidas; tiene a la izquierda un solo guerrero esquemático con cuatro borricos y ciervos y tal vez un cánido. El grupo central presenta en la parte alta un hombre montando un borrico de largas orejas y otro animal semejante es acosado por un grupo de arqueros. Todo el conjunto tendría una datación tardía al repetirse aquí la mención de animales dosmesticados y montados.

Borriquillo. Cueva de Eudoviges. (Alacón)
Borriquillo seguido por un humano Abrigo de los borriquillos. (Alacón)
Arquero en posición de disparo. Frontón de los Capridos.  (Alacón)

La cueva de Eudoviges, contiene dos toros muy toscos, no esquemáticos. Posee además algunas esquematizaciones humanas, todo ello de época muy tardía. Unas excavaciones llevadas a cabo al pie de las pinturas han suministrado materiales musterienses y también algún que otro sílex eneolítico.

El abrigo de los Recolectores, se halla emplazado a la izquierda del barranco y fue descubierto en 1959 por E.J.Vallespí. Comprende 13 figuras, una de ellas es un hombre agachado hacia la izquierda con un palo de cavar en las manos. Otros tres más, muy esquemáticos, están en actitud parecida. En una segunda cueva encontramos cabras acompañadas de hombres filiformes, dos de ellos llevan un curioso sombrerillo cónico. No cabe duda de que aquí estamos ante una agricultura de palo cavador o pico de madera. En todos estos abrigos del mortero también es bastante común la estilización de las figuras, en general de pequeño tamaño, pero con cuidado en la representación de detalles como la visera de un gorro de uno de los arqueros del covacho Ahumado o la cara del cavador de los Recolectores.
A lo largo de los bordes acantilados del Cerro Felío se abren cuatro cuevas descubiertas por T.Ortego en 1947, salvo el Frontón de los Cápridos que fue hallado por Ripoll en 1952.

Lepóridos. Frontón de los Lepóridos. (Alacón)
Figura vegetal. Covacho Ahumado. (Alacón)
Miniaturas. Abrigo de las Miniaturas. (Alacón)

La cueva del Garroso, es más amplia y está mejor protegida que el resto de los abrigos del cerro Felío. En ella existe un friso de 120 centímetros por 80 en el que pueden contemplarse muchísimas figuras. A la izquierda siete arqueros, de cuerpo filiforme y uno de ellos negro, rodean a una graciosa cabrita. La figura más importante es un garboso arquero que ocupa el centro del panel y que corre, con las piernas casi horizontales, hacia la derecha; lleva calzones con unos amplios rebordes que podrían ser el cierre superior de las polainas, ya que un abultamiento en la pierna derecha debe interpretarse como el saliente del músculo gemelo; el cuerpo es rectangular y ancho y se presenta de frente, como la cabeza, peinada con melena sujeta con una diadema y cayendo sobre los hombros; en las manos lleva dos flechas con las puntas hacia delante y emplumaduras lanceoladas en el extremo opuesto. El color es rojo carmín ligeramente violeta y las dimensiones 12 centímetros de alto y 18 las piernas. Alrededor de esta figura, sin formar escena con ella, se advierten puntos que podrían tratarse de insectos volando, tres cabritas diminutas y un arquero, entre otras figuras. En el ángulo superior derecho puede verse un signo geométrico indescifrable.

Arquero. Covacho del Garroso. (Alacón)
Cabra rampante. Cueva del Garroso. (Alacón)
Figuras humanas. Covacho del Garroso. (Alacón)

El Frontón de los Cápridos, dista a una altura de dos metros sobre el suelo. Consta de 22 figuras cuyo color rojo oscila entre el violáceo y el rojo claro e incluso matices aproximados al violeta. En el centro puede contemplarse un hermoso ciervo de 37 centímetros de largo, naturalista, con astas en perspectiva torcida y herido por un venablo que lleva clavado en el pecho mostrando haber sido primero perfilado, luego relleno el interior y repintado varias veces. Cerca de él cuatro arqueros acosan a una cabrita y otros dos persiguen a un cáprido. Los colores utilizados en este caso son rojo claro, rojo vivo y carmín negruzco.

ARTE RUPESTRE DE ALCAINE (TERUEL)

El arte rupestre de esta localidad se halla concentrado en el conocido abrigo de la Cañada de Marco. Sus pinturas fueron descubiertas en 1965 y dañadas gravemente antes de que T. Ortego las publicase. Las 56 figuras que todavía se conservan podemos contemplarlas sobre un cantil en la orilla derecha del río Martín. De entre los distintos grupos sobresale el central, muy dañado, con un cuadrúpedo indeterminado y una cabra a la derecha, y una importante escena con una figura de cabeza alargada, pecho triangular, larga cintura y arranque de las piernas cerrado por una línea horizontal que parece ser un paño colgante a modo de taparrabos, piernas largas y brazos arqueados con las manos fundidas con el cuerpo en la cintura. A su derecha se aprecia una extraña figura humana conservada sólo en parte, con rayitas en la cabeza, que parece llevar un arco y dirigirse hacia una cabrita lanzada a la carrera. Encima se observa la mitad inferior de un hombre de gruesas piernas, sin pantalones y de cuerpo muy delgado, y más a la izquierda una extraña figura de mujer, de cabeza muy pequeña, falda sin picos y con el borde inferior recto; en la parte superior del cuerpo se distingue un seno de perfil voluminoso y colgante; está pintada sobre un cuadrúpedo y tiene a su izquierda un signo en forma de M.

Cierva. Abrigo de la Cañada de Marco. ( Alcaine )
Figura femenina y cabras. Abrigo de la Cañada de Marco. (Alcaine)
Cabra ascendiendo. Abrigo de la Cañada de Marco. (Alcaine)

En el centro del friso contemplamos dos magníficos ciervos, naturalistas y en tinta plana, superpuestos a una cabrita y algunas manchas de color rojo claro. Los colores utilizados son rojo claro, rojo violáceo, rojo carmín, castaño, rojo vivo y negro, este último destaca excepcionalmente. Las figuras esquemáticas existentes deben ser fechadas en la Edad de Bronce.

ARTE RUPESTRE DE LA ZONA DE OBÓN (TERUEL)

Tres son los abrigos descubiertos por Javier Andreu en las laderas del río Martín y barrancos confluyentes de la localidad de Obón (Teruel):

El abrigo de El Cerrao:
Situado muy cerca de la cueva Hocino de Chornas aguas arriba del río Martín. Contiene 27 pinturas humanas, en color rojo, con predominio del violáceo. Mientras que Hocino de Chornas presenta tipos humanos absolutamente peculiares en lo Arquero impresionista. El Cerrao de Obón. (Obón)referente a la provincia de Teruel, en el Cerrao hallamos arqueros como los de la Val del Charco del Agua Amarga de Alcañiz, aparte de otros diminutos y totalmente esquemáticos. Los arqueros se muestran con calzones y jarreteras, melenas ceñidas por diademas, arco y flechas sujetados por la mano derecha y cruzando el cuerpo en ángulo recto, corriendo hacia la izquierda con las piernas horizontales y cuerpo triangular; son dos y están un tanto alejados entre sí. Otra figura de gran tamaño con sombrero cilíndrico y caminando hacia la derecha dificilmente puede ponerse en relación con otro que está ante él, también grande, pero muy estilizado. Finalmente se aprecian un grupo de arqueritos que forman círculo disparando sus arcos hacia el interior de él, pudiéndose interpretar como una escena de guerra o quizá como una danza de arqueros. Existen muchas figuras indescifrables, algunas de las cuales han sido publicadas como animales. Tampoco es clara una supuesta sentación femenina. Los arqueros más antiguos serían de la fase III y las pinturas corresponderían a la fase IV y la transición a la V.

El covacho Hocino de Chornas.
Es un covacho poco profundo, con pinturas junto a la entrada realizadas en su totalidad en negro y todas referidas a representaciones humanas. El conjunto se divide en dos grupos o escenas: La escena de la izquierda presenta tres hombres; uno de Arquero. Cueva de Hocino de Chornas. (Obón)ellos tiene aspecto naturalista, cabeza redonda, labios salientes y nariz pronunciada, brazos cortos (el derecho sostiene un arco). El cuerpo es rectangular y las piernas, abiertas en compás, detallan el músculo gemelo en la pantorrilla izquierda y algunos salientes que podrían corresponder al sexo o a un adorno de la cintura. Las otras dos figuras de este grupo se presentan estilizadas, una con las piernas dobladas en ángulo obtuso y un larguísimo arco y la otra presenta una cabeza aplanada y un cuerpo rectangular, faltando el resto.
El grupo del lado derecho está formado por un arquero de brazos y piernas angulares, muy estilizado, mostrando el pene, un arco y tres flechas.
Entre ambos grupos existe un signo vertical que se abre en la parte superior en otros tres, siendo la única pintura del covacho de color rojo oscuro y de significación enigmática.
En las representaciones de este abrigo cabe subrayar la divergencia existente entre el hombre naturalista y los demás, sin que pueda separarse de ellos y debiendose situar todos en la fase final, entre la IV y la V fase.


El abrigo de La Coquinera.
Resulta un tanto inédito y, aunque en fase de estudio, ya se puede anticipar que contiene interesantes perfiles de bóvidos en color rojo, (uno con perspectiva torcida y de color rojo violáceo y otro con los cuernos en perspectiva normal y de color rojo vivo), figuras indeterminadas y otras manchas todavía no descifradas. Cerca de este abrigo existe otro con arte esquemático y varios más en fase de estudio.

ABRIGOS DE ALBALATE DEL ARZOBISPO (TERUEL)

Los abrigos de esta localidad turolense se encuentran en el Cañón de los Estrechos. Son dos, uno con arte seminaturalista y esquemático en el centro del desfiladero y otro con arte levantino a la entrada, en el paraje conocido como Los Chaparros. En este lugar hay tres grupos de pinturas: uno levantino clásico con arqueros de varios tipos, cérvidos, équidos y otros cuadrúpedos, en color rojo; otro levantino de tipo local, con muchas semejanzas con algunas de las figuras de Obón, de estilo tosco y desmañado; y figuras subnaturalistas muy rudas y de mal movimiento.

Los Estrechos. (Albalate del Arzobispo)

Todas las pinturas aludidas anteriormente son de color rojo carmín. Hay además un grupo de figuras esquemáticas en rojo claro, entre ellas una excepcional serie de seis personas cogidas de la mano, en actitud de danza, y finalmente figuras negras muy recientes y difíciles de datar. El total de las figuras asciende a más de sesenta y están distribuidas en un núcleo de paneles centrales y otros laterales. Las figuras esenciales son: dos arqueros acosando a un jabalí herido, una mujer joven embarazada y desnuda, tipos humanos con enorme barriga y pecho abombado, y animales como ciervos y cabras. La cronología de este abrigo iría desde la fase prelevantina de los signos esquemáticos, a la clásica de los paneles centrales, de las fases III y IV, esencialmente, y a las finales subnaturalistas y esquemáticas que llegarían hasta la Edad de Bronce.


EL ARTE ESQUEMÁTICO

Si bien el arte levantino es propio y exclusivo de una zona muy delimitada de la península, el arte esquemático es de difusión universal, y desde luego el término resulta convencional y muy alejado de lo que normalmente entendemos por esquema; esto es patente, sobre todo en lo que a la provincia de Teruel se refiere, donde el arte levantino ofrece una evolución que tiende a la estilización de la figura humana y la rigidez y tosquedad de la animal, por lo que habría que admitir que, como muchos abrigos levantinos muestran, hay figuras que son el final del arte anterior con procesos de estilización y degeneración y la aportación de nuevas ideas que llegan a España por la zona sudeste, muchas de ellas originarias del próximo Oriente y datables desde el IV milenio, aunque difundidas en el III y penetrando lentamente hacia el interior. Así como hay una solución de continuidad entre el estilo paleolítico y el levantino, la sociedad eneolítica turolense admitió las nuevas ideas y las incorporó a los abrigos que servían a sus necesidades religiosas, sociales o políticas con un doble movimiento: incorporación de figuras esquemáticas a abrigos levantinos (como por ejemplo las figuras en rojo anaranjado de muchos de ellos) o bien se pintaron en zonas próximas. Podemos utilizar como ejemplo los abrigos del río Martín en Albalate, con los Chaparros de estilo levantino a la entrada del cañón y el estilizado y esquemático de los Estrechos en el centro de él; o el de la Coquinera en Obón con un abrigo levantino con toros y otro, a pocos metros de él, totalmente esquemático. Finalmente, hay abrigos exclusivamente esquemáticos con una duración en el tiempo que muy posiblemente alcance hasta la llegada de las influencias estéticas y formales de las colonizaciones orientales.
En cualquier caso no cabe pensar que el arte esquemático sea el momento final de la evolución de las estilicaciones levantinas, sino consecuencia de un cambio de mentalidad aportado por los metalúrgicos que se enterraron en megalitos, en cuevas o fosas y que introdujeron símbolos nuevos, como los ídolos oculados, los hombres en phi, los halteres, las formas bitriangulares, etc., y animales cuyos cuerpos se expresan por una línea horizontal y otras rectas perpendiculares para la cabeza con el cuello o las patas. Ciertamente existen formas que Bosch Gimpera llamó subnaturalistas que conservan las características del arte naturalista, pero habiendo perdido todo realismo y, en la provincia de Teruel, determinados abrigos como Los Estrechos de Albalate del Arzobispo pueden ser fundamentales para aclarar esta zona híbrida, tanto en lo cultural como en lo cronológico.

Pinturas esquematizadas. Los Estrechos. (Albalate del Arzobispo)
Figuras humanas esquematizadas. Cueva de doña Clotilde. (Albarracín)
Grabado esquemático. Puntal del Tío Garrillas. (Pozondón)

El friso de la Fenellosa. De puro arte esquemático es el firso de La Fenellosa, en el Parrizal de Beceite, con estilizaciones animales y humanas y un hombre en pie sobre un équido, que refleja representaciones de divinidades orientales y que se repiten en otros lugares como por ejemplo en Lecina (Huesca).

Los Estrechos de Albalate del Arzobispo. Sobre un entrante de una pared vertical e inaccesible, presentan 25 figuras en rojo y negro, esquemáticas todas las rojas y subnaturalistas las negras. Ello resultaría excepcional suponiendo una evolución desde el subnaturalismo al esquematismo y una sucesión rojo-negro en lo que a colores se refiere, salvo que admitamos que en este caso el rojo intenso cumple el papel de rojo muy claro o anaranjado de otros yacimientos. Existen algunas figuras de excepcional interés, como una mujer con el sexo marcado y la cabeza radiada; otra masculina sexuada con los dedos de las manos marcados; dos figuras (posiblemente un hombre y una mujer) en pie sobre el dorso de un toro, y en el mismo color negro de todas ellas un caballo y otros cuadrúpedos. Existen también un esquema negro sobre otro rojo y una figura humana negra que corta también otro trazo rojo. El sentido sacralizador de las pinturas se complementa con la representación de figuras radiadas y orantes.

Pinturas esquematizadas.  La Fenellosa. (Beceite)
Conjunto de grabados. Peña de la Albarda. (Pozondón)

El abrigo de la Peña de la Morería. Este inédito abrigo se halla emplazado en una cueva en Frías de Albarracín (Teruel). En él se aprecian: un signo vulvar, una mano en color rojo negruzco, algunas figuras animales y algunas figuras humanas mal definidas, que no permiten establecer una clasificación segura, aunque evidentemente no son pinturas paleolíticas ni tampoco levantinas en sentido clásico.

El abrigo de la Coquinera.
Lo encontramos en la localidad de Obón (Teruel). Posee varios grupos de figuras de hombres de cuerpo rectangular alzando los brazos, ciervos esquemáticos muy característicos y numerosos trazos geométricos, en total unas quince figuras aproximadamente.

Grabados varios.
Algunos grabados turolenses más destacados, con cronología de finales de la Edad del Bronce e incluso posterior, son los siguientes:
- Los del Puntal del tío Garrillas en Pozondón (Teruel)
- Los de la Peña de la Albarda y del abrigo de los Tioticos en el barranco Cardoso de Almohaja (Teruel)
- Otros similares cerca de Albarracín.

UN ARTE VIVO

Lógicamente, con el paso del tiermpo se producen novedades en el estudio de este arte rupestre, derivadas de los nuevos descubrimientos y las revisiones de las pinturas ya conocidas. En lo que concierne al arte levantino turolense las novedades esenciales corresponden a nuevos descubrimientos de abrigos pintados que aportan otros modos de interpretación y que permitirán la realización de un corpus de los abrigos del río Martín. A las pinturas ya conocidas ( de Alacón, Alcaine, Obón y Albalate del Arzobispo) se han sumado otras y una larga serie de grabados de edad indecisa por el momento, en su mayor parte relacionados con ritos de agua, en Ariño, cerca de los antiguos baños, en la afueras de Albalate y en los Pozos Boyetes de Peñarroyas, aparte de los del cerro de San Pedro Mártir de La Portellada.
Uno de los más importantes descubrimientos de estilo levantino ha sido el del abrigo de La Higuera o del Cabezo del Tío Martín en el barranco de Estercuel en Alcaine donde, aparte de un posible felino, hay una escena con figuras formando un triángulo en la que destaca un ciervo naturalista pintado sobre un tronco de árbol con ramas cortas y rematado por una figura esquemática de hombre con los brazos en jarras, coronándose todo el conjunto por dos oquedades naturales bordeadas del mismo color rojo violáceo de las pinturas, con figurillas esquemáticas de la misma época en el interior, naciendo otras figuras humanas seminaturalistas del árbol y de una de las patas del ciervo. Esta clara alusión a la fecundidad animal-vegetal, y por tanto humana, se completa con una mujer embarazada pintada sobre una figura masculina acurrucada.
Otro de los nuevos conjuntos descubiertos es el del Frontón de la Tía Chula en Oliete, de época seminaturalista con tendencia esquemática, donde una serie de trazos verticales paralelos se cruza en ángulo recto con otros horizontales. Sólo en la base se localiza la figura de un hombre cornudo junto a una especie de cabaña.
Recientemente ha sido revisado el conjunto de pinturas rupestres de La Cañada Marco en Alcaine (Teruel). Así también ha sido revisada a fondo la obra El Arte rupestre aragonés. Aportaciones a las pinturas esquemáticas de Albalate del Arzobispo y Estadilla ya que el hallazgo de los Estrechos y los Chaparros se ha visto complementado por los Estrechos II.
Para finalizar, añadir que todavía quedan por revisar numerosas pinturas rupestres de esta provincia turolense que a buen seguro nos aportarán nueva información y hallzgos nuevos.

 

BIBLIOGRAFÍA
" El Arte rupestre en la provincia de Teruel "
Autor: Antonio Beltrán Martínez
Instituto de Estudios Turolenses - Teruel, 1998

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