El sentimiento más puro, Isabel y Diego

Se puede morir por amor? Teruel tiene una conmovedora historia que responde a esa pregunta.

El amor es uno de los sentimientos más sublimes. Las historias de amantes nos han cautivado desde siempre. Por amor, se libraron grandes batallas, se perdieron reinos. Por amor el ser humano es capaz de cometer los actos más impensables. Es una de las fuerzas más grandes que mueven a la humanidad toda.

Los pueblos se hacen grandes gracias a las historias que cuentan de ellos, algunos pueblos son recordados por ser cuna de grandes guerreros, otros por haber parido a reconocidos pensadores; pero un mito, una historia, es lo que hace a un pueblo permanecer en la mente de muchas personas, no importa si este pueblo ya ni existe, si su nombre desapareció. Una buena historia mantiene por la eternidad al pueblo que fue protagonista de ella, una tras otra generación, escribirán y contarán sobre ella y se convertirá en inspiración para otras historias.

En torno a San  Valentín, Teruel, capital de la provincia del mismo nombre en España, conmemora la fiesta anual de Las Bodas de Isabel Segura. Todo el pueblo participa y rememora una historia  de amor famosa en el continente.

bodas

En aquél lugar de iberia, de tierra rojiza, en donde tener posesiones lo era todo, un par de jóvenes enamorados vivían su idilio. Ella gozaba del beneficio de ser de una familia acaudalada, sus vestidos eran de los más elegantes y su vida social era la de una noble. El joven, alcanzaba a vestirse con ropa discreta, propia de un hijo segundón, sin posesión alguna y sin derecho a herencia. Podía esperarse que el futuro de estos enamorados pronto llegara a su final.

En aquellos tiempos de Las Cruzadas, un hombre podía embarcarse en ellas y hacer fortuna y ganarse un nombre y por qué no un título. Sin embargo, eran héroes en su mayoría quienes no regresaban, volver no era tan ben visto como morir por la noble cusa. Era una época de batallas sangrientas y sin tener nada, la única forma de lograr prosperidad era hacerse soldado de aquella lucha religiosa.

Ante la insistencia de los enamorados, la familia de la joven, accedió a darle un plazo de 5 años para que su enamorado consiguiera la fortuna necesaria para ofrecerla a cambio de la mano de su hija. Y con la esperanza de lograrlo el joven partió a Las cruzadas, nada se supo de él; mientras se acercaba el final del plazo, el amor de la doncella estaba intacto y la esperanza de que su amor regresara para desposarla no reposaba.

Pero, la fecha estaba muy cerca y no se sabía nada del joven. Hasta que un día, erguido y montando su caballo, llegó. A su llegada escuchó el trinar de las campanas y de inmediato pensó que se debía a su arribo al lugar, él había conseguido la fortuna necesaria, no solo para desposar a su amada; sino también para darle una vida que estuviera a su altura.

isabel y diego

Sin embargo, aquellas campanas no eran lo que él esperaba, al acercarse al centro del pueblo, se dio cuenta que celebraban un matrimonio, y a eso obedecía el sonar de las campanas. Su amada, era la novia que se cansaba con otro hombre. El padre de la joven, al ver que llegó el término del plazo que les había dado a los jóvenes enamorados, entregó a su hija a otro hombre que contaba con las posesiones exigidas por él.

El joven enamorado, al encontrarse con la dama le pide un beso, y ella como una dama recién casada se niega a esa petición, su mirada y su cuerpo pedían a gritos hacerlo; pero la razón pesa más. Él se desploma ante la negativa y cae, ella desconcertada corre desesperadamente hacia a él, la multitud observa asombrada la escena; pero el joven enamorado no reacciona, la pena y el amor le han causado una muerte instantánea, la dama desconsolada y entre lágrimas lo besa y en un instante ella también muere al lado de su eterno enamorado.

Aquellos que nunca pudieron consumar su amor descansan juntos en la Iglesia de San Pedro. Sus cuerpos son enterrados juntos como testimonio de lo grande que era su amor. Esa es la historia de los Amantes de Teruel. Historia de la que puedes ser testigo visitando el lugar donde yace el amor más grande.